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Dirección: Michel Gondry.
País: USA.
Año:
2004.
Duración: 108 min.
Género:
Comedia romántica.
Interpretación: Jim Carrey (Joel
Barish), Kate Winslet (Clementine Kruczynski), Kirsten Dunst
(Mary), Mark
Ruffalo (Stan), Elijah Wood (Patrick), Tom Wilkinson (Dr. Howard
Mierzwiak), Thomas Jay Ryan (Frank), Jane Adams (Carrie), David
Cross (Rob), Ryan Whitney (Joel joven), Lola Daehler (Clementine
joven).
Guión: Charlie Kaufman; basado
en un argumento de Michel Gondry, Charlie Kaufman y Pierre
Bismuth.
Producción: Steve Golin y Anthony
Bregman.
Música: Jon Brion.
Fotografía: Ellen Kuras.
Montaje: Valdís Óskarsdóttir.
Diseño de producción: Dan Leigh.
Dirección artística: David Stein.
Vestuario: Melissa Toth.
Estreno en USA: 19 Marzo 2004.
Estreno en España: 24 Septiembre 2004. |
CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Memoria emocional
La personalidad de Charlie Kauffman ("Cómo ser John
Malko-vich", "Adaptation") como guionista pesa más que la de
Michel
Gondry como director, y marca indeleblemente esta película con
sus constantes cinematográficas: el juego del tiempo y la
ruptura de la narrativa convencional, la memoria y la búsqueda
en la infan-cia de una explicación del presente, la multiplicidad
de una identi-dad extravagante y algo neurótica, y la existencia
de universos pa-ralelos donde realidad y mundo imaginario se
mezclan e interac-túan.
Joel (Jim
Carrey), un
joven inadaptado, encuentra el sentido de su vida al conocer a
Clementine (Kate Winslet) y
enamorarse de ella. Al poco tiempo, la relación cae en la
rutina y un día descubre que ella le ha olvidado: se ha sometido
a un tratamiento neurológi-co por el que le ha borrado de su
memoria, para recomenzar su vida. Dolorido y desesperado, Joel
procederá él también a hacer de-saparecer de su cerebro todos los
recuerdos de Clementine, aun-que la tarea no será tan fácil.
Se trata
de una película sobre las segundas oportunidades y la necesi-dad
de amar las limitaciones y defec-tos del otro, sobre la propia
identidad y la memoria como esencia de la per-sona, sobre el amor
y la capacidad de rectificación para anular el fatalismo
determinista. Y del matrimonio como lugar para dar un sentido a
la vida y “buscar la paz de un alma jodida” –en palabras de la
sufrida Clementine– que busca la felicidad en un mundo que en
ocasiones se presenta como una pesadilla de la que uno quiere
olvidarse. Así es la vida también para Joel, que ve discurrir
sus más bellos recuerdos junto a otros no tan felices, queriendo
borrar estos últimos como si de una película so-metida a moviola
se tratara. Triunfo absoluto de la subjetividad, don-de la
realidad se recrea a conveniencia en el interior del propio
ce-rebro, y donde el amor se identifica con la memoria hasta
reducir la persona a un nombre o un recuerdo que, si se olvida,
destruye con-sigo al amado.
La
compleja estructura de su guión exige del espectador paciencia y
la complicidad de entrar en un juego en el que se rompen las
coordenadas espaciales y, sobre todo, las tem-porales, con un viaje
al pasado y unos intentos por reconstruirlo desde el presente.
En esa alambicada trama, entre mágica y oníri-ca, el espectador
continuamente se verá obligado a reescribir la historia, a ir de
lo real a lo imaginario (a lo que se supone que son recuerdos
que pronto se borrarán), a pasar de un dramático presen-te a la
dulce infancia, y de ésta al inmediato pasado en el que la pareja
se conoció y decidió romper relaciones. Pero aunque ese rit-mo
vertiginoso exige una actitud activa, quien mantenga la atención
descubrirá unos sugerentes planteamientos acerca de la vida, el
amor y el arrepentimiento, a la vez que se conmoverá ante bellas y
poéticas escenas como la del estanque helado o la casa que se va
derrumbando.
Narrativa
posmoderna que rompe con las estructuras habituales,
pensamiento profundo sobre el individuo y el amor, e innovadora
puesta en escena apoyada en recursos visuales sencillos como
lu-ces focales, sobreexposiciones de luz o montaje de videoclip
–ám-bito del que procede Gondry–, todo para crear unas atmósferas
de desamor y perplejidad. Si el guión es extraordinario, las
inter-pretaciones de Jim Carrey y Kate Winslet no le van a la
za-ga, con una expresividad que no cae en lo histriónico ni en lo
senti-mental, y que sí trasmite fuertes emociones que llevan la
película de la tragedia a la comedia, y vuelta: queda así una
obra original y vanguardista, densa y a la vez entretenida, de
ésas que dan para hablar a la salida del cine.
Calificación:
    
Imágenes de "¡Olvídate de mí!" - Copyright ©
2004 Focus Features, This Is That Productions y
Anonymous Content. Distribuida en España por TriPictures. Todos los derechos
reservados.
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