CRÍTICA
por
Miguel Á. Refoyo
La deconstructiva naturaleza del amor
Charlie Kaufman y Michel Gondry componen una magistral y
com-pleja fábula romántica que tiene en el juego de tiempos su
mayor virtud narrativa
Cuenta Charlie Kaufman que
Mi-chel Gondry le mencionó
la idea de "¡Olvídate de mí!" suponiendo qué pa-saría si un buen
día se encontrara una tarjeta en el buzón que dijera que ha sido
borrado de la memoria de al-guien. El guionista en seguida
recurrió a un poema de Alexander Pope que comienza con los
versos “¡Qué felices son los inocentes! Olvidando el mun-do, y
por éste olvidados. Brillo eterno de una mente inmaculada. Cada
ple-garia aceptada y con cada una, una renuncia”. Con esta
premisa, la preci-sa y brillante maquinaria de Kaufman erigió
una comedia oscura y triste fundamentada en el olvido como
sentimiento del amor perdido y muchas veces añorado. En ella se
cuenta la historia de Joel, un hombre tímido, retraído y
depresivo que un buen día decide improvisar su jornada
escapándose en un tren que no le llevará a su trabajo, sino a un
pueblecito ribereño. En una solitaria playa, camina y
reflexiona, ahogando su melancólica existencia en sus propios
pensamientos. En el camino de vuelta conoce a la extraña e
hiperactiva Clementine, una joven de la que se enamora al
instante. En este punto, cuando han pasado más de veinte minutos
de proyección, aparecen los títulos de créditos y co-mienza la
película. Es entonces cuando lo ideal se transforma en
insoportable y las diferencias que atraían a la pareja se
rompen. Al poco tiempo, Joel descubre que Clementine ha acudido
a la consul-ta de un médico que se dedica a borrar los recuerdos
de su rela-ción. Joel decide someterse al mismo lavado de
cerebro, pero a medida que ella desaparece de su geodesia
emocional, vuelve a enamorarse de ella en un laberinto de
recuerdos que indican que, a pesar del triste final de su
relación, ha sido la mujer de su vida.
El elemento de ciencia ficción o pseudoficción que supone que
una empresa (Lacuna Inc.) borre por un sencillo proceso los
recuerdos de una persona, pasan instantáneamente a un trasfondo
de credibilidad cuando el verdadero hilo narrativo de la
película emerge a la superficie de las profundi-dades narrativas
con las que Kaufman y Gondry plantean un intenso melo-drama
obsesivo, personal e íntimo que fragua su interés en el
suge-rente término de intentar solucio-nar en sueños lo que uno
no fue capaz de arreglar en la realidad. Una historia de
corazones rotos que interpela sobre la vida, el amor, la memoria
y el olvido, entendiendo que el amor es lo único por lo que vale
la pena haber vivido. Para encubrir este viejo tema del amor,
los creadores recurren a la dimensión de la conciencia, a un
puzzle de situaciones contrapuestas, jugando arriesgadamente en
el filo, enalteciendo su imprescindible visión con una capacidad
de sorpresa inquietante. Como viene siendo habitual en sus
crea-ciones, "¡Olvídate de mí!" es Charlie Kaufman en estado
puro. Una nueva profundización en la fragmentación y desglose
del guión, la gran condición que hace inmensa la perspectiva
narrativa de este genio (que recuerda a lo que algunos han
venido a llamar ‘maze-cinema’, seguido por otros cineastas
modernos como Christopher Nolan o Gaspar Noé), una
experimentación llena de puntos de giros retroactivos (y a su
vez progresivos), de acción minada con un inge-nio inquieto y
amenazante, dejando el carácter y el pensamiento al-terados por
el tiempo, por la fugacidad de los sentimientos que, con los
recuerdos y la añoranza, mutan, acreditando que dentro del amor
existe lo ilógico. Pero más allá de jugar con la afasia
tempo-ral, con la deconstrucción narrativa, la gran virtud de
esta magis-tral película es que, en su intención no está la
originalidad sino el propósito de contar una historia que
muestra la verda-dera naturaleza del amor, concibiendo su
destino e inevitabili-dad, su sentido de la injusticia y la
predestinación.
Contrariamente a lo que se pueda pensar, debido a lo intrincado
de su disposición argumental casi perfecta, la coherencia es
absoluta, pese a de-senvolverse en distintos tiempos,
rea-lidades y dimensiones, ocurriendo la mayor parte de la cinta
dentro del ce-rebro de Joel, de sus recuerdos, de sus deseos.
Con una planificación na-rrativa de compleja construcción y
portentoso efecto formal, Kaufman subvierte los designios del
género en-trelazando los indicios descriptivos de su magnífico
guión hacia atrás. Por tanto, la entidad, la habilidad y la
sor-presa de este excelente filme consisten en detallar el final
en su prodigioso prólogo para, mediante los recuerdos de Joel,
desvelar su significado. Lo que el guionista está haciendo, en
definitiva, es reunir una asombrosa conjunción de virtudes como
perspectiva del misterio que abarcan los deseos internos, los
más gratos recuer-dos, los sueños y una realidad transformada en
onírica, circunscrita a una solución médica que hace desvanecer
los recuerdos del pa-sado en unas horas. Como dijo Armand
Salacrou, “Un hombre sin recuerdos es un hombre perdido”, y en
ese terreno es donde Gon-dry y Kaufman construyen un hilo
conductor que juega con el espa-cio y el tiempo, construyendo y
deconstruyendo una historia que sólo puede ser entendida por la
subjetividad del espectador. Es "¡Olvídate de mí!" una película
de muchas lecturas que apela a con-tinuidad espontánea a medida
que la historia profundiza en su com-plejidad. Y es que nunca
fue tan cierto que el sentido de una pelí-cula está en los ojos
del que mira, del que siente de una manera u otra lo que está
viendo. Kaufman sumerge al público en sus laberín-ticos paisajes
ficticios, pesimistas y psicológicos, pero ampliando el
recorrido al sugerir una historia teñida de intelectualismo
existencial y emocional que obliga al espectador a cuestio-narse
acerca de la vida, del pasado, del presente y el futuro en
un viaje de recuerdos que atormentan, pero sin los cuales la
felici-dad, en casi todos los casos fugaz y frágil, no tendría
sentido. Se trata, por tanto, de la película más humana de este
genio del guión y una historia escrita en un lenguaje de
emociones y no sólo de re-flexiones e imágenes.
Este drama cómico o comedia dra-mática sobre las dificultades
que aca-rrea el amor y la vida en pareja esgri-me
conscientemente conceptos que procuran llegar al interior de un
dese-namorado, pretendiendo así entender las insondables dudas y
preguntas del corazón, aquéllas que hacen amar, tolerar,
aceptar, aprender a per-donar, las que vuelven vulnerables a los
enamorados que, a pesar de sa-ber que la pasión es una etapa y
que lo efímero muchas veces se convierte en rutina insoportable,
tiene su valor en la segunda oportunidad, en el ins-tante en que
el alma se desnuda, volviendo a nacer, encontrando de nuevo el
amor, reflejado todo ello en imágenes y secuencias pretéritas
que van cobrando sentido según avanza la acción en el presente,
retrocediendo en los recuerdos del pasado. Un efecto de
originalidad temporal que nunca devora el peso de sus
protagonis-tas. Y aunque "¡Olvídate de mí!" se construya bajo
unos personajes ambiguos y enigmáticos, solitarios e
incomprendidos (característi-cos en la espectacular carrera de
Kaufman), aflora su genialidad a través de la imaginería
visual de Michel Gondry, que se adapta al portentoso guión de
Kaufman y lo hermana a la perspectiva de su cosmos gráfico,
traduciendo visualmente, de forma dinámica y sencilla, el
desdoblamiento de univer-sos paralelos que propone el guionista,
aportando lo necesario para narrar esta difícil y hermosa oda al
romanticismo donde la me-moria y su fragilidad quedan
simbolizadas por la continua contrapo-sición de los libros,
dibujos y recuerdos, alegorías de la subsisten-cia de la
memoria, y, por otra parte, la nieve, alusión al gélido olvi-do,
a la limpieza de recuerdos que son utilizados para revelar que
mientras Joel y Clementine observan las constelaciones sobre el
río helado, mientras escapan al proceso de limpieza de memoria
que ellos han solicitado, los ecos del mundo real repiten los
mis-mos errores.
En todo este fascinante recorrido por la desbordante capacidad
argumental de la película, aportan un embrujo fuera de lo común
un Jim Carrey, en su mejor
papel, que vuelve a demos-trar su pulso dramático, su
conten-ción de gestos y muecas, para ofre-cer una lección de
interpretación, co-mo ya lo hiciera en "The
Majestic" y "El show de Truman". Igualmente en estado
de gracia se muestra esa asombrosa actriz llamada
Kate Wins-let que, pese a lo
irritante e imprevisi-ble de su personaje, consigue traspa-sar
la pantalla con una dulzura y un magnetismo que desarman
cualquier (e incomprensible) prejuicio que se tenga ante la
protagonista de "Titanic", una de las mejores actrices que ha
dado el cine contemporáneo. En este apartado ar-tístico, los
secundarios, espectadores inconscientes del drama de amor de los
protagonistas, Elijah Wood,
Kirtsen Dunst y, sobre todo,
Tom Wilkinson y el
camaleónico Mark Ruffalo,
merecen to-dos los elogios de un trabajo excepcional.
Con todo
ello, bajo la mirada oculta de una Nueva York fría y
me-lancólica, la nueva película de Gondry, ambigua, sutil y
sencilla en su complejidad, supone un poema visual al amor. Pero
no un amor encauzado al romanticismo entristecido, sino
recurriendo al amor desquiciado e impulsivo, que susurra
nostalgia y pesimismo, pero que encuentra en su extraño final
una ventana a la esperanza, a la creencia en el destino como vía
de la indescifrable felicidad. Una película dedicada al
eterno brillo de las mentes inmaculadas (las que evoca el título
original), aquéllas que entenderán que no se puede esquivar el
amor, aunque no se recuerde ni siquiera de quién se está
enamorado o por qué se quiere es-tarlo.
Calificación:
    
Imágenes de "¡Olvídate de mí!" - Copyright ©
2004 Focus Features, This Is That Productions y
Anonymous Content. Distribuida en España por TriPictures. Todos los derechos
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