CRÍTICA
por
Leandro Marques
Creer o no creer (real vs.
no real)
¿Será posible arrastrar sobre nuestros hombros cada una
de nuestras experiencias pasadas, cada uno de nuestros errores,
ca-da uno de nuestros hallazgos? ¿O será preferible –y posible–hacer de tanto en tanto borrón y cuenta nueva, empezar de cero,
olvidar, hacer de cuenta como que nada pasó, y seguir adelante?
Acerca de las decisiones y elecciones que definen nuestras
identidades, pero sobre todas las cosas, una encantadora
historia de amor, "¡Olvidate de mí!" cuenta con un aditamento
especial, poco frecuen-te en los últimos años (por no decir
décadas) del mundo del cine: es una película que lleva el sello
de su guionista, Charlie Kauf-man. El creador de las historias de
"Cómo
ser John Malkovich", "Adaptation
(El ladrón de orquídeas)" y "Confesiones
de una mente peligrosa", entre varias otras, se ha convertido en
un guionista de culto, y más allá de cualquier mote, en garantía
de relatos ondulo-sos, desprovistos de lugares comunes y cargados
de chispazos de ingenio. En esta ocasión, Kaufman se reunió con
el experto y pres-tigioso realizador de videoclips, el francés
Michel Gondry, con quien también ya había trabajado en otro
film, "Human
nature", para llevar adelante un proyecto con rasgos
similares a "Cómo ser John Malkovich" que, si bien no alcanza el
efecto hechizante de aquélla, es capaz de fascinar de la misma
forma.
La
narración, el modo en que se desarrolla la trama, la manera en que
está filmada la película, es acorde con una de las propuestas
del film: desordenar estructuras, y fusionar hasta no
discernir tanto
la realidad de la no realidad (en lo que hace al relato) como
lo verosímil de lo inverosímil (en lo que se refiere al jui-cio
de quienes lo miran). Kaufman construye un mundo donde aparece
como factible obtener, a través de computadoras y cables
enchufados a la cabeza, un mapa de los recuerdos del cerebro
humano y neutralizarlos de modo tal que pasen al olvido
definitivo. Gondry aporta a ese mundo imágenes simples y bellas,
excelente banda sonora, planos originales (por qué no
decirlo: denotan procedencia del mundo del videoclip) que se
suceden con vértigo, uno tras otro. Y una vez que la esencia de
la historia se armoniza con la dinámica de las imáge-nes, cosa
que sucede paulatinamente, a partir de que las piezas
comienzan a encajar unas con otras, el resultado es parecido a
las sensación de intensidad emocional que puede llegar a
despertar un viaje.
Joel (Jim
Carrey estupendo, basta de etiquetas para él) y Cle-mentine
(la siempre bella y carismática Kate Winslet) se encuen-tran
alguna vez. Como de casualidad. Él es tímido e inseguro. Ella es
avasallante, impulsiva, también insegura. Se aman sin ninguna
razón. El comienzo del relato sólo muestra indicios, pistas
sueltas, de lo que luego sucederá. Contado sin prestar demasiada
atención al orden de los sucesos. Por eso, de repente, un plano
muestra a Joel en su auto, desencajado, impotente, incrédulo. Y
sin Clementi-ne, obviamente la causa de sus penas. Difícil de
explicar y de en-tender, pero así sucedió, de un momento a otro,
que los recuerdos de ella se vaciaran de su imagen. Sin otra
opción que resignarse a eso, Joel no puede comprender ni aceptar
lo que le pasa: ella ya no sabe quien es él.
Más allá
de los distintos sucesos de la trama, de sus idas y venidas. De
sus momentos de humor, de misterio, de romance. Y quitando de
lado la a veces demasiado exagerada compleji-dad en su
desarrollo, la película de Gondry/Kaufman no cesa de plantear
preguntas. Lo más interesante es que esas cuestiones no son
únicamente hacia fuera (al espectador) sino hacia adentro, tanto
desde su lugar de his-toria como desde su lugar de texto. Kaufman
crea un relato que po-dría definirse como una mentira
tranquilamente creíble. Ese es su gran mérito, porque a partir
de esta construcción verosímil invita al espectador a plantearse
también sus preguntas, a tratar de visualizar los acertijos que
merodean su alma. Su avidez de diálogo, su ambiciosa
pretensión de trascender la panta-lla, de ironizar sobre su
propia condición de real e irreal a la vez, hacen de la cinta una
incesante acumulación de sensaciones y pensamientos que
acompañan los desesperados intentos de Joel por reencontrarse
con su amor perdido.
Si bien es
lo suficientemente amplia para disparar en la cabeza de cada
espectador planteos diferentes, "¡Olvidate de mí!" pone de
manifiesto una idea que pareciera asomarse en cada historia de
Kaufman: lo real no es más que una construcción del hombre. La
realidad, por lo tanto, no es una e infinita –la vida así sería
dema-siado estática y aburrida–, sino que tan sólo es una
explicación convincente de las cosas que pasan. Por más absurda
que parez-ca (de no creer, detenerse en la “realidad” del mundo
actual).
Calificación:
    
Imágenes de "¡Olvídate de mí!" - Copyright ©
2004 Focus Features, This Is That Productions y
Anonymous Content. Distribuida en España por TriPictures. Todos los derechos
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