LA BUTACA
Revista de Cine
Películas
Tráilers
Imágenes
 
   
    APUNTA TU CORREO

Cada semana los
últimos estrenos de cine
 
 

De compras de cine por internet
      De compras de cine por internet
De compras de cine por internet

√ Fácil      
Cómodo
√ Seguro  
√ Rápido
  

 
 
 


 

ARCHIVO DE PELÍCULAS

A B C D E F G H I J
K L M N Ñ O P Q R
S T U V W X Y Z 0-9

 

ALGO EN COMÚN
(Garden State)


Dirección y guión: Zach Braff.
País:
USA.
Año: 2004.
Duración: 109 min.
Género: Comedia dramática.
Interpretación: Zach Braff (Andrew Largeman), Natalie Portman (Sam), Peter Sarsgaard (Mark), Ian Holm (Gideon Largeman), Ron Leibman (Dr. Cohen), Method Man (Diego), Jean Smart (Carol), Ann Dowd (Olivia), Denis O'Hare (Albert), Geoffrey Arend (Karl Benson), Alex Burns (Dave).
Producción: Pamela Abdy, Gary Gilbert, Dan Halsted y Richard Klubeck.
Producción ejecutiva: Danny DeVito, Michael Shamberg y Stacey Sher.
Música: Chad Fisher.
Fotografía:
Lawrence Sher.
Montaje: Myron Kerstein.
Diseño de producción: Judy Becker.
Dirección artística: Laura Ballinger.
Vestuario: Michael Wilkinson.
Estreno en USA: 28 Julio 2004.
Estreno en España: 1 Abril 2005.

 

CRÍTICA
por David Garrido Bazán

Veinteañeros desorientados, inteligencia y descubrimientos

  Sería relativamente sencillo despachar una película tan interesan-te como "Algo en común" recurriendo a una serie de lugares comu-nes que, por otra parte, parecen extenderse como la pólvora en buena parte de las reseñas que he tenido ocasión de leer sobre ella. Por un lado, resulta casi obligado citar "Beautiful girls", ya que tanto el hecho de que el argumento de esta película se centre en ese siempre temible regreso al hogar familiar que uno abandonó hace años, como la presencia de Natalie Portman en un papel que muy bien podría ser la continuación natural de aquella descara-da niña que hacía temblar los cimientos del mundo del confuso Ti-mothy Hutton, remiten de forma inevitable a aquel estupendo filme del malogrado Ted Demme. Por otro, que el protagonista de la pelí-cula sea un veinteañero confuso enfrentado con su padre y que la misma tenga una maravillosa banda sonora que se ajusta como un guante al mecanismo narrativo y emocional de la cinta (y en la que, para colmo, no falta un tema de Simon y Garfunkel) puede hacer que sea razonable pensar que estamos ante una cierta puesta al día de "El graduado", aquel film de Mike Nichols por el que se pa-seaba otro confuso Dustin Hoffman, aunque en realidad "Algo en común" tenga mucho más que ver con otra joya del cine indepen-diente de los 70, "Harold y Maude" de Hal Ashby, como el propio Zach Braff se ha encargado de señalar. Finalmente, los hay que han querido, agarrándose al desconcierto y la angustia vital de Lar-ge y al estoicismo con el que acepta la sucesión de personajes y situaciones surrealistas con las que se enfrenta, ver en "Algo en común" coincidencias con "Lost in translation" de Sofia Coppola o, más acertadamente, con el universo de Wes Anderson y los incla-sificables pero en el fondo entrañables personajes que desfilan por títulos como "Academia Rushmore", "Los Tenenbaums: Una familia de genios" o "Life aquatic". Hasta el primerizo y añorado Kevin Smith de "Clerks" o "Persiguiendo a Amy" viene a la mente.

  Todas las referencias citadas hasta el momento son no sólo perfectamen-te válidas sino suscribibles al 100% por el que firma estas líneas. Sin em-bargo, resultaría algo corto de miras y sin duda injusto quedarse con eso y minusvalorar lo mucho que ha logrado Zach Braff con esta propuesta llena de inteligencia, melancolía, sensi-bilidad y excentricidad, una pelí-cula sin duda irregular y desequi-librada, tan llena de momentos brillantes como de algunas equi-vocaciones de lo más perdonables en una ópera prima que no elude en ningún momento su enorme sentido del riesgo y que, lo más importante de todo, muestra a las claras una voluntad autoral como no se ha visto en el panorama reciente del cine independiente ame-ricano (esa etiqueta tan manoseada y que a menudo esconde una repetición de fórmulas tan poco atractivas como ese cine comercial al que se ofrece como falsa alternativa), si exceptuamos, claro es-tá, los referentes a los que hacía alusión en el párrafo anterior. Tan-to es así que una de las sensaciones iniciales que produce "Algo en común" es la de extrañeza. Pero no extrañeza por las situacio-nes y personajes que pueblan el muy a menudo surrealista viaje personal de Large en su regreso al hogar, sino extrañeza porque un producto de estas características, que tiene la doble virtud de cons-truir un discurso inteligente que por una vez no trata a los destina-tarios del mismo como imbéciles y además no tiene por qué –ni quiere en ningún momento– dejar de ser una película poderosa-mente personal, haya conseguido franquear la barrera de lo que hoy en día se considera “un producto rentable” sin tener que pagar casi ningún peaje que quizás la hubiera desvirtuado de forma irre-parable.

  Zach Braff –escritor, director y protagonista– ha creado una des-concertante pero muy atrayente mezcla de melancolía, romanticis-mo y crisis existencialista que sin duda tiene un fuerte componente autobiográfico. Su personaje es un tipo en perpetuo estado de per-plejidad, en parte causado por las drogas con las que lleva atibo-rrándose desde hace años por prescripción de un padre psiquiatra que trataba de controlar un supuesto problema de agresividad, y en parte por su propia crisis vital, puesta de manifiesto desde las pri-meras imágenes de la película. Large se encuentra fuera de lugar allá donde está, ya sea en ese dormitorio de su piso en Los Ánge-les –que más se asemeja a un aséptica y desnuda habitación de hospital–, a bordo de un avión que atraviesa un mar de turbulencias o en la fiesta que le organizan sus viejos amigos de la infancia, lle-na de alcohol, drogas y sexo, en cuyo ambiente le resulta imposi-ble integrarse. Su continuo estado de estupefacción ante todo lo que le rodea (que vive con el mismo gesto entre hastiado y resigna-do del Bill Murray dirigido por Wes Anderson o Sofia Coppola) y la forma en la que Braff nos hace partícipes de lo aturdido y en el fon-do lo perdido que se encuentra –a través de una puesta en escena que aísla continuamente al personaje en el encuadre, le ralentiza o inmoviliza frente al mundo en movimiento que está a su alrededor–, permite una fácil identificación del personaje por parte del especta-dor, que desarrolla una especie de instintivo cariño hacia un tipo que, aun en su desorientación –de la que poco a poco vamos cono-ciendo detalles sueltos–, no se mueve jamás por el camino del ci-nismo desaforado o la nihilista huida hacia delante de otros retratos generacionales como pudieran ser los mostrados en películas co-mo "Ghost world" o "Trainspotting"; muy al contrario, Large se hace querer por la forma en la que pasa sin hacer ruido por ese mundo a ratos incomprensible que le rodea.

  Por suerte para él, se va a cruzar en su camino Sam (una luminosa Natalie Portman), una chica a la que conoce de casualidad y que representa en cierto modo todo lo opuesto al mundo de Large. Sam posee una arrolladora energía capaz de despertar a cual-quiera con su optimista visión de la vida. Gracias a su encantadora virtud de adaptarse a un ser tan apático co-mo Large y a su extraordinaria sensi-bilidad para conectar con esa parte de él que lleva tanto tiempo anestesiada, Sam logrará rescatarle de esa crisis de angustia vital en la que lleva tanto tiempo sumido. Lo sé, no estamos ante algo novedoso ni original: es una historia tan vieja como el cine y contada una y mil veces. Sin embargo, ya sea por esa irresistible sonrisa (la escena en la que ambos se conocen, que no puede estar narrada de un modo más simple – plano/contraplano mientras él accede a oír la música que ella escucha en sus cascos–, es plenamente efectiva), ya sea por la forma en la que consigue que él se abra a ella –formando una pareja de extraña química que se complementa a la perfección–, Braff consigue conmovernos a base de esa mezcla de inteligencia y ternura que lleva de la comprensión al sentimiento de una forma tan natural como exenta de estridencias.

  Dentro de una historia en el fondo tan convencional como ésta, lo que verdaderamente hace de "Algo en común" una película tan estimable es el gusto de su director por cuidar el detalle y, sobre todo, la sucesión constante de situaciones y personajes que van de la extravagancia más o menos acep-table al más puro surrealismo, aunque a alguno se le puede atragantar tal acumulación, como por otra parte suele suceder con el cine de Wes Anderson o el de Sofia Coppola. Zach Braff, prota-gonista de una de las series más rompedoras en este campo que ha dado la televisión en los últimos años, la muy recomendable "Scrubs", parece haber aprendido bien alguna que otra lección de cómo sacar partido del gag visual inesperado y llevárselo a su cam-po. Así, "Algo en común" deja para el recuerdo algunas imágenes impactantes más por el desconcierto que provocan en el especta-dor (parejo al de Large) que por su innegable comicidad: el plano de éste probándose en un cuarto de baño una camisa hecha con el mismo dibujo del papel que hay en las paredes, el cuadro colgado del techo del despacho de un neurólogo porque ya no hay sitio en su pared rebosante de diplomas o ese surrealista despertar en el que lo primero que ve Large es... un caballero con armadura medie-val con una caja de cereales preparándose el desayuno, son algo más que simples golpes de inspiración destinados a demostrar el ingenio de Braff, ya que se inscriben a la perfección en el desarrollo de la cinta y ayudan no poco a cimentar su peculiar atmósfera.

  "Algo en común" es en el fondo una reflexión bastante agridulce sobre el inevitable camino hacia la madurez que conlleva enterrar y despedirse para siempre del adolescente que se niega a crecer y aceptar que la vida contiene en su interior una notable dosis de dolor, frustración y amargura que va pareja a los momentos de feli-cidad. Braff no se regodea en ese pe-simismo sino que, más bien al contra-rio, parece tomar más partido por el optimismo vital, a veces rayano en el absurdo, del personaje de Sam, ca-paz de despertar a Large de su letargo, quizás porque ella aún no ha tenido que atravesar esa fase que él ya ha dejado atrás. Resulta interesante ver cómo Braff rodea a su personaje de otros que pare-cen conformarse en sus distintas formas de vivir la vida: tan felices (o tan desgraciados) pueden parecernos ese enterrador que no pide nada a nadie y se lleva bien con esa mediocridad que ha decidido aceptar y por la que tampoco nadie puede exigirle nada; o ese mi-llonario inventor del velcro silencioso cuya vida en esa mansión su-ya –desprovista de muebles pero con sauna, piscina y un carrito de golf para desplazarse por ella– deja pasar de forma despreocupada en torno a una fiesta continua. Large no se nos muestra así como una persona con mucho que ofrecer, zarandeado por la vida o digno de compasión, sino alguien igual de mediocre (o de ‘normal’) que sus amigos, alguien que simplemente se siente perdido y confuso porque no se permite a sí mismo sentir nada: ni el dolor cotidiano ni, claro está, el amor. De ahí que, al término de ese extraño viaje iniciático (tras la visita a esa pareja que cuida de un ‘abismo inson-dable’ y es feliz con ello), acabe por proferir gritos a la tormenta cuando por fin consigue conectar consigo mismo, en un acto de li-beración absoluta.

  Como debe ser en toda obra de un debutante con ganas de apor-tar algo a esto del cine, Braff asume riesgos que en algún que otro caso se traducen en equivocaciones por otro lado bastante com-prensibles. Es el caso de algunos diálogos de la película, que de puro pretenciosos resultan simplemente demasiado artificiales para ser creíbles (el de Sam y Large en la bañera, por ejemplo), aleján-dose de la emoción que pretenden transmitir; o el caso también de algunas secuencias (como la que transcurre en el hotel de los mi-rones) cuya utilidad resulta bastante dudosa. Quizás no le hubie-ra venido mal, a alguien del talento de Braff, que un guionis-ta con más experiencia le hubiera ayudado a pulir ese libre-to repleto de ingenio, pero a ratos deficitario, de una mayor coherencia y ritmo narrativo. Resulta sorprendente que, a con-tracorriente del discurso que ha venido enarbolando a lo largo de to-da la proyección, al final Braff se empeñe en atar todos los cabos sueltos —la relación de Large con su padre (un espléndido Ian Holm) o la historia de amor con Sam— con un desenlace tan con-vencional y complaciente que malogra en parte los logros de un fil-me tan notable. Quizás, como decía Woody Allen en la ficción de "Annie Hall", convirtiendo allí en final feliz la dolorosa ruptura que por otro lado vivía en la realidad con Diane Keaton, Braff suscribiría eso de «¿Qué quieren que les diga? Era mi primera obra...» Habrá que seguirle la pista: es un cineasta interesante.

  Y no puedo concluir este comentario sin hacer mención indispensable a una espléndida banda sonora cu-yos temas se ajustan de maravilla al viaje emocional de esta obra: basta con disfrutar los sones del "Don’t panic" de Coldplay justo des-pués de que Large oye a su padre de-cirle que su madre ha fallecido; con-moverse con la melodía del "New slang" de The Shins que Sam le hace escuchar a Large en la sala de espera mientras ambos se miran; ver bailar claqué (¡descalza!) delante de una chimenea a Sam con el estribillo del "Fair" de Remy Zero; o deleitarse con el genial "Let go" de Frou Frou durante ese final en el aeropuerto, para darse cuenta de que estamos ante un autor que cuida las músicas (¡y las letras!) que suenan en su película con un excepcional esmero y un sentido de la oportunidad con el que este cronista sintoniza al máximo. De lo más recomendable.

Calificación:


Imágenes de "Algo en común" - Copyright © 2004 Fox Searchlight Pitures, Miramax Films, Jersey Films, Double Feature Films y Camelot Pictures. Distribuida en España por Buena Vista International. Todos los derechos reservados.

Página principal de "Algo en común"
Añade "Algo en común" a tus películas favoritas
Opina sobre "Algo en común" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda "Algo en común" a un amigo
 


OTRAS PELÍCULAS

Iris     La puta y la ballena     Héctor     Sonny     Amar al límite (Love the hard way)

estrenos | novedades | críticas | cartelera | preestrenos | vídeo y DVD | de compras
sorteos | reportajes | especiales | carteles | buscar | afiliación | listas de cine
reseñas de un butaquero | quiénes somos | contacto | publicidad

LA BUTACA
Revista de Cine online
Copyright © 2005 LaButaca.net. Valencia (España).
Prohibida su reproducción sin consentimiento expreso. Todos los derechos reservados.
 

 

Estrenos
Novedades
Críticas
Cartelera
Preestrenos
Vídeo y DVD
De compras
Sorteos
Especiales
Reportajes
Clásicos
Carteles
Libros
Videojuegos
Buscar
Afiliación
Listas de cine
Reseñas de
un Butaquero

La ventana indiscreta
Top10
Opinión
Quiénes somos
Contacto

Publicidad
Añadir a Favoritos