CRÍTICA
por
Leandro Marques
Niñas, doctores, tabúes
"La niña santa" no es otra película argentina que se
estrena. La gran diferencia con cualquier otra película
argentina que se estrene pasa por el hecho de que este film es
el esperado segundo trabajo de Lucrecia
Martel, cuya opera prima, "La
ciénaga", premiada en Berlín y elogiada en todo el
mundo, la convirtió en una de las reali-zadoras más talentosas y
prometedoras del país. Producida por
Pedro Almodóvar y seleccionada para la competencia
oficial de Cannes, nada menos, la nueva obra de Martel, quien
también escri-bió el guión, confirma su capacidad para contar
historias y concebir climas densos en mundos poco explorados.
Pero al mismo tiempo, este film evidencia un exceso de recovecos
y desvíos que obstacu-lizan y dificultan más de lo necesario la
fluidez y continuidad de la trama.
La historia se desarrolla en un hotel, sin tiempo, pero no
actual, de algún lugar indeterminado, pero que no es Buenos
Aires. Ese lugar sirve de es-cenario para el desfile de un trío
de personajes principales que están mu-cho más conectados entre
sí de lo que tienen conciencia, y de lo que hu-bieran elegido si
contaran con la opor-tunidad de hacerlo. Los ojos que nos
muestran lo que sucede allí son los de Amalia (María
Alché), una bella adolescente que vive junto a su
ma-dre, empleada del hotel, en una de las habitaciones. Ella va
todavía a la es-cuela secundaria, es alumna de un colegio
católico, sólo de muje-res, donde recibe fuertes influencias de
las ideas religiosas que im-parte el establecimiento. Entre
ellas, la de encontrar una vocación y un camino para servir a
Jesús de la mejor manera. Invisible, pero presente, también
crece junto a ella y sus compañeras una manera –tabú,
silenciosa– de afrontar el erotismo y el despertar de la vida
sexual.
Su mamá,
Helena (Mercedes Morán),
trabaja en el hotel donde vive con su hija. Cansada, despeinada,
divorciada, no puede tolerar que su ex marido haya tenido
mellizos. Son tiempos en los que se lleva a cabo un congreso de
otorrinolaringología. Por lo que los cuartos se llenan de
médicos que vienen a participar, o sea, a tra-bajar un poco y
disfrutar mucho del tiempo libre que tienen. En medio de su
relato, Martel se toma tiempo para situar su mirada, con mucho
humor, en el mundo de los médicos, personajes oscu-ros (y
festeros) si los hay. Ésa es una de las virtudes de la
direc-tora, el guiño, el desvío, la búsqueda del detalle, la
explora-ción de universos ajenos. Su capacidad para hacer
pausas, hacer suyos los tiempos del relato. Uno de los
doctores que asisten a los distintos seminarios es el Doctor
Jano, rostro imper-turbable, silencioso, formal. Él,
interpretado de manera notable por
Carlos Belloso, es el tercer lado del triángulo
protagónico. Sólo con mirarlo alcanza para saber que hay algo
raro y tensionante en esa persona inexpresiva.
Con el
transcurso de los días, el doctor y Helena irán acercándo-se.
Pero un roce de cuerpos desubicado (literalmente, una apoya-da)
y un posterior cruce de miradas impensado provocará también la
conexión entre él y Amalia. Ella descubre en ese contacto
inde-bido el punto más oscuro de Jano, y se propone salvar su
alma. Sin saber la amistad del doctor con su mamá, la chica lo
busca, lo persigue, lo mira. Intenta ayudarlo, pero sus propias
inquietudes, sus propios descubrimientos de su cuerpo y de la
pasión nunca en-señada son factores que enriquecerán –a favor de
la trama– el ca-mino a recorrer. Con la historia así planteada,
Martel juega con los tiempos narrativos, genera climas, busca
introducirse con la cáma-ra en los cuerpos de los protagonistas,
en su sensibilidad, en sus rincones más oscuros, más perversos,
en las fantasías nunca ex-plicitadas.
La sugestión es uno de los re-cursos más utilizados por la
di-rectora. Cada fragmento de la his-toria es incompleto, no
cerrado. La atmósfera que se construye se percibe siempre
incómoda e in-quietante. Pero a la vez es pesada y difícil
de acompañar. Porque, de pron-to, con el transcurso de la trama,
se hace patente su falta de matices que permitan algún tipo de
quiebre en el ánimo del espectador. El humor se ofrece como la
principal –pero no de-masiado consistente– ruptura con la
monotonía y el tono grisáceo del rela-to. De este modo, la
sugestión se transforma en exceso de suges-tión. La cinta da
vueltas y vueltas sobre lo mismo. Construye figu-ras fijas,
engloba cualidades como el mal, la perversión, el tabú, la
religión, la soledad en un personaje o una institución concreta
que las representa. Lo no incompleto, entonces, lo no dicho, no
resulta lo suficientemente estimulante como para transformarse
en diálogo con el espectador. Quizás porque la historia no
fluye, no parece soltarse nunca, sino que al contrario, se
retuerce y complica a me-dida que avanza. Esto no quiere decir
que el modo de organizar y de relatar la película no funcione,
de hecho no es así, la película se mantiene firme hasta el
final. El mismo final es uno de esos que obligan a quedarse
sentado en la butaca unos minutos más de lo frecuente, hasta que
los créditos se acaban. Lo que sí se refleja es una decisión de
estilo, una idea acerca de cómo contar una historia difícil: en
ese aspecto, la elección de la directora pasa por agregar
confusión en lugar de allanar el camino y simplificar el relato.
"La niña
santa" es la esperada segunda película de Lucrecia Mar-tel. La
confirmación de un modo propio de narración y de una ma-nera
particular de entender el mundo. Nada es de color de rosas en
el cine de la realizadora, nada es liviano, nada es simple.
También, por otra parte, este segundo trabajo sirve como pauta,
co-mo testigo de un proceso de aprendizaje que atraviesa la
directora, y al mismo tiempo como prueba y promesa de que lo
mejor está aún por venir. Todavía quedan, por suerte, muchas
cosas por pulir y entender. Talento, esto es ya cosa segura, es
lo que le sobra.
Calificación:
    
Imágenes y notas
de cómo se hizo "La niña santa" - Copyright © 2004 Lita Stantic
Producciones,
El Deseo, Senso Producciones, La Pasionaria, R&C Produzioni y
Teodora Film. Distribuida en España por Nirvana. Todos los derechos
reservados.
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