CRÍTICA
por
Miguel Á. Refoyo
Una
fábula de niños perdidos
Excelente
alternativa a Harry Potter; estamos ante una extrañeza de
creación visual estilizada y su entendimiento del sentido de
es-pectáculo cinematográfico para consumo de todos los públicos.
Es casi
inevitable no citar al fenóme-no de masas Harry Potter al
comen-zar a hablar de una película tan extra-ña e insólita, oscura
y fascinante, co-mo es "Una serie de catastróficas desdichas de Lemony Snicket". Dos propuestas muy dispares, casi análo-gas
sobre la ficción de aventuras in-fantiles, asentadas en un niño
mago de J. K. Rowling, y en los tristes y sombríos huérfanos de
Daniel Handler (más conocido por su pseudónimo
Lemony Snicket), dos
variantes de un didactismo pedagógico afincado en obras
literarias que han sido un fenómeno de masas antes de ser
llevadas a la gran pantalla. Y es que, después de tres entregas
con dispar suerte de las aventuras del mago de Hogwarts, ya iba
siendo hora de una disyuntiva, un necesario cambio que tuviera
la calidad suficiente para arrebatarle la hegemonía al mago Potter.
Alternati-vas para críos con imaginación que, más allá de los
píxeles de las consolas y la gilipollez de la televisión actual,
encuentran el placer de la lectura como esparcimiento y no como
exigencia. Y eso, en los tiempos que corren, es todo un logro.
El filme
de Brad Silberling ha condensado los tres primeros li-bros de la
serie ("Un mal principio", "La habitación de los reptiles" y "El
ventanal") para narrar la funesta historia de Violet, Klaus y
Sun-ny, los desdichados hermanos Baudelaire. La fábula, con
claros in-dicios artísticos de un mundo de aristas ojivales y
oscuridad tene-brosa, comienza con la noticia de la muerte de sus
padres, pasan-do su tutela al malvado Conde Olaf, un excéntrico
aficionado a los disfraces que buscará por todos los medios la
manera de hacerse con la cuantiosa herencia que les ha quedado a
los huérfanos. Sil-berling, partiendo de una atenuada adaptación
de Robert Gordon, presenta la acción en un
"off" particular,
hablando directamente al público, por medio de un narrador de
cuentos (en la versión original con la voz
Jude Law) que imbuye
al espectador en una umbro-sa crónica llena de infortunios, de
enfrentamientos con el te-nebroso Olaf, con un tétrico modo de ver
la vida de unos per-sonajes que viven su colosal aventura
atribulados ante sus penosas circunstancias.
Así, los
dos hermanos mayores, Klaus y Violet, destilan con evidente
circunspección y melancolía una ex-traña precocidad, la ruptura
de una ni-ñez afligida, aquella que ni el bebé ha
encontrado perceptible en su lenguaje intencional, cuando
intenta pronunciar ininteligibles palabras. Las situacio-nes que
se plantean no son ama-bles ni edulcoradas, sino realmen-te
terribles, como en los cuentos de corte psíquico de los Hermanos Grimm, las fábulas victorianas de Dickens o las historias de
Roald Dahl. Por lo tanto, estamos ante una cinta de propósitos
que van más allá de ofrendar un producto dife-rente, consecuencia
del respeto por parte de los autores para con la obra de Snicket.
En su principio se habla de que si se espera un elfo feliz, ya
podemos abandonar la sala, pues en vez de es-to, comprobamos, de
entrada, que la familia queda destruida con la muerte de los
padres y el brutal viaje iniciático de los tres Baudelai-re en
su confrontación con la realidad. Cierto es que no son niños
normales, ya que su capacidad intelectual está por encima de lo
que un infante suele mostrar, pero el vestigio premeditado que
resi-de en su finalidad fabulesca sigue siendo tan clásico como
maca-bra. Y no es otro que el enfrentamiento a una infancia
lacrada por la orfandad en un mundo de adultos, cruel y
despiadado, algo que re-cuerda por momentos a la línea argumental
de "La
noche del caza-dor", la obra maestra de Charles Laughton,
en insólita mezcla con una cosmología de magia oscura procedente
del mejor Terry Gi-lliam.
En el
terreno de lo sutil y de los dobles sentidos, "Una serie de
catastróficas desdichas de Lemony Snicket"
podría percibirse co-mo una excelente alegoría de todas aquellas
películas infantiles (y de adultos) que se inclinan hacia la
excesiva condescendencia res-pecto al espectador, gravitando su
eficacia en un despego delibera-do de cualquier atisbo almibarado
del cine infantil actual, sustitu-yéndolo por un humor negro y
bilioso que, a veces, no tiene ningu-na gracia debido a la
excesiva crueldad con que se muestran algu-nas acciones. Tal vez
ahí resida la única barrera que impide que la película de Silberling se pueda convertir en un clásico del cuento gótico,
en la excesiva frialdad y atrocidad de mu-chos de sus pasajes, y
porque quizás no se llega a empatizar lo suficiente con
los niños como para meterse de lleno en sus desventuras con el
Conde Olaf. Es en este personaje donde reside también otro sutil
inconveniente, debido a la interpretación de un
Jim Carrey que,
como es habitual en algunas de sus películas, no se adapta al
personaje, sino que acaba dándole vida haciendo eso que tanto se
le reprocha, es decir, caer en el histrionismo más des-acertado
con sus habituales aspavientos y contorsiones físicas y
faciales. Un error, porque el Conde Olaf acaba siendo un
referente cómico, nunca terrorífico y amenazante. Lastre que no
se percibe en los tres intérpretes infantiles,
Emily Browning
(perturbador nue-vo rostro), Liam Aiken, y las gemelas
Kara y Shelby Hoffman, que, ayudados con sus exóticas facciones, y pese
al distancia-miento de sus personajes, recrean con éxito y
ternura la triste his-toria de los Baudelaire.
"Una serie de catastróficas desdi-chas de Lemony Snicket" es un cuen-to de hadas triste y oscuro, un
forma-to narrativo ideal para explorar una re-alidad alternativa
no necesariamente realista, como en los cuentos de Ed-ward Gorey,
donde el espíritu misce-láneo está atmosféricamente más cerca del
expresionismo lúgubre que de cualquier fábula colorista. Un
as-pecto cuidado hasta el milímetro, cua-jado de opulenta
imaginería, de grada-ción nebulosa, con un impresionante diseño
de producción de Rick Hein-richs (los decorados, el vestuario, el
atrezzo, esa mezcla entre am-biente victoriano) y de la
esplendorosa fotografía de Emmanuel Lu-bezki (que da una lección
abrumadora de una excelente sobriedad en el uso de las ópticas y
contraluces), ambos habituales del cine de Tim Burton, con el
que tanto tiene que ver un universo de Sni-cket donde existe un
extraño tono lóbrego y onírico, donde la belleza anida en todo
aquello que hace volver la mirada del alma a las formas oscuras
de la realidad. Donde la muerte, em-pezando por los padres Baudelerie y tutores posteriores, va dando forma y sentido a la
vida de unos niños abocados a sufrir, pero, pa-radójicamente, eso
es lo que les mantiene unidos ante cualquier adversidad. Los
niños pueden estar esclavizados en una casa sór-dida, privados de
afecto y bienestar, pero aún así encuentran refu-gio entre sí
mismos.
Resulta
curioso, citando a Tim Burton, las coincidencias que tiene "Una
serie de catastróficas desdichas de Lemony Snicket" con "Bi-telchus", cuyo parecido entre el surreal
personaje de Burton y el Conde Olaf se extrema no sólo al
antedicho excentricismo histrióni-co, sino al vestuario, la
capacidad de caracterización de ambos, una boda con una menor,
su humor negro, serpientes gigantes… Y es que, como sucedía en
aquélla, y en toda la obra del director de "Sleepy Hollow", la
mezcla de dosis de aventura, fantasía fabulesca y comedia negra,
se mantiene gracias a un perfecto equilibrio de todas sus
disposiciones narrativas y estéticas. Por eso, el mane-jo del
ritmo narrativo de Silberling para la creación visual es-tilizada,
y su entendimiento del sentido de espectáculo cine-matográfico
para consumo de todos los públicos, le otorgan un territorio
propio y de gran brillantez.
Un cuento no moralista de personajes
en busca de su destino in-mersos en una niñez terrorífica, con
paisajes agrios y umbrosos, desde el abismo emocional de la
pérdida de los padres hasta la nostalgia de la lejanía del hogar, que convoca lo mejor de la palabra escrita en una
entidad cinematográfica de personalidad y factura impresionante,
reflejada, ejemplarmente, en unos créditos finales que son una
pequeña joya. Una cinta destinada a ávidos lectores, futuros
creativos, mentes inquietas e incluso enajenados amantes de las
delicias visuales. "Una serie de catastróficas desdichas de
Lemony Snicket" es,
ante todo, una pequeña gran sorpresa.
Calificación:
    
Imágenes de "Una serie de catastróficas
desdichas de Lemony Snicket" - Copyright © 2004 DreamWorks Pictures, Paramount
Pictures, Scott Rudin Productions y Nickelodeon Movies. Distribuida en
España por UIP. Todos los derechos
reservados.
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