CRÍTICA
por
Juan Beiro Martínez
La imagen
de un río que fluye abre y cierra la última película de
Adolfo Aristarain. Los ríos,
nos enseña uno de sus personajes, sirven para pescar, nadar en
ellos, lavarse…, pero sobre todo, para desnudar nuestra alma
ante ellos y contarles nuestros secretos, para hundir nuestros
problemas y que se los lleve la corriente. "Ro-ma" es el río
particular que Aristarain se ha construido para exorci-zar sus
recuerdos de infancia y juventud y lanzarlos al agua,
des-prendiéndose así, al compartirlos con los demás, del daño
emocio-nal que puedan haberle causado. Lo malo de los exorcismos
per-sonales, de los autoanálisis vitales, es que esas vidas
deben ser originales, enriquecedoras o al menos opuestas a las
nuestras, pa-ra que resulten interesantes. Que tu mamá era muy
buena y te quería mucho… pues hombre, la mía también.
Un joven periodista (Juan Diego Botto)
es contratado por una editorial para mecanografiar el libro
autobiográ-fico de un escritor (José
Sacristán), ya prácticamente retirado y con un
le-jano pasado de éxitos literarios. El escritor, huraño,
cascarrabias, de vuelta de todo y desencantado de la vida,
cumple con todos los requisitos del ya habitual personaje
protagonista de las últimas películas de Adolfo Aristarain,
papeles que hasta el mo-mento tan bien ha interpretado Fede-rico
Luppi, y que a todas luces son una plasmación de la verdadera
per-sonalidad (al menos cinematográfica) del director argentino.
Si Woody Allen suele representarse, ya sea a través de sí mismo
o de otros actores, como una persona neurótica y angustiada,
Arista-rain se configura a sí mismo como alguien serio y
concienciado, siempre con la palabra adecuada en los labios y el
comportamiento más ético en las formas. Y aquí, en su última
realización, es fran-co, no trata de engañarnos: esta es una
película autobiográfica, en la que se nos muestra el proceso de
formación y de edu-cación sentimental de ese personaje/espejo,
proyección en la ficción del propio director. Es la “forja
de un rebelde”, pero de un rebelde pasivo y, para sorpresa
nuestra viniendo de quien viene (uno de los mejores directores
de habla hispana de nuestros días), anodino.
Uno de los
personajes de la película ya se lo advierte al protago-nista:
“tú observas el mundo desde el rincón”, lo que no deja de ser
una fácil estrategia de guión para justificar a este
protagonista que realmente no observa, sino que tan sólo mira la
vida pasar. Seré malo: si la ficción de la película se
prolongase un poco más de los ya extensos 155 minutos y
pudiéramos enterarnos de cuál ha sido la recepción pública de la
autobiografía ya publicada, no sería de extrañar que la
respuesta fuera la de un total fracaso editorial. Por-que, como
si homenajease al título de su película anterior, Arista-rain
no parece querer alejarse de los lugares comunes de la narración
cinematográfica: las situaciones presentadas no escapan de lo ya
contado, de lo ya trillado. Los personajes que aletean
alrededor del protagonista, y que parecen ser proyec-ciones de
personas reales, conocidas en su momento por el direc-tor, no
resultan tan interesantes como debieron haberlo sido en la vida
real. En la pantalla se limitan a ser arquetipos en situaciones
manidas: primeros escarceos sexuales, amores fracasados, ami-gos
revolucionarios… todo envuelto en un transcurrir histórico
abo-cetado. No traspasan la pantalla, no emocionan como debieron
emocionar al propio Aristarain a lo largo de los años, porque
son personajes que no van más allá del cliché.
Todo esto convierte a "Roma" en una película ya vista y
conocida, pero no por ello aburrida de ver. Si por algo destaca
el último cine de Aristarain es por la predominancia del
diálogo: los personajes se atreven a emitir grandes parrafadas
en las que senten-cian, expresan dogmas vitales y muestran sus
respectivos modos de entender el mundo, pero todo ello de la
manera más ágil y entretenida. Los diálogos son extensos pero
sencillos, y las ideas quedan claramente expli-cadas.
Aristarain tiene la rara ca-pacidad de proyectar en palabras
pensamientos que todos compartimos en algún rincón de nuestra
mente, e integrarlos en la narración de una forma natural,
en la que resulta creíble que todos los personajes parlo-teen
como si fueran filósofos en un foro de la Atenas clásica. Pero
no es mero teatro filmado: Aristarain abandona ese feísmo
natura-lista de sus últimas puestas en escena y, acompañado de
una cuidada ambientación artística y de una espléndida
fotografía en scope de José Luis
Alcaine, consigue la película más estética-mente
elaborada de su más reciente filmografía.
Ya desde
el título, el director muestra una preferencia destacada por uno
de los personajes: Roma, la madre entre las madres. Para
Aristarain las mujeres ya son de por sí siempre, por definición,
mu-cho más inteligentes y precavidas que los hombres, en una
perpe-tua idealización que alcanza aquí su cumbre en la
representación de la perfecta figura materna que constituye
Roma: una mujer ca-riñosa sin ser agobiante, liberal sin ser
despreocupada, tolerante sin ser sumisa. Roma, a la que
presta una labor inigualable la actriz argentina
Susú Pecoraro, es el personaje más
vivo, más de verdad de la película, y con dos o tres apuntes
de ex-presión en su mirada consigue remitirnos a esa parcela de
amor materno-filial que, ya sea mayor o menor, todos guardamos
en nuestro interior. En torno a ella se conforman los mejores
momen-tos del filme, y por eso éste adolece de su mera aparición
episódi-ca una vez avanzado el metraje. Roma es la verdadera
protagonis-ta: ¿por qué, entonces, no narrar a través de sus
ojos? ¿Por qué convertirla en un personaje secundario, que poco
a poco va desapa-reciendo?
"Roma" se
intuye fácilmente como uno de los proyectos más per-sonales de
Adolfo Aristarain, y su proceso de escritura se presien-te
doloroso pero a la vez emocionante. Es una pena que esa
sen-sación no pueda ser completamente compartida durante su
visiona-do: se adivinan destellos de emoción, pero no luz plena.
Y es que la vida, que tan intensa y compleja nos parece al
vivirla, puede con-vertirse en algo insípido y común al intentar
contársela a los de-más.
Calificación:
    
Imágenes de "Roma" - Copyright © 2004 Tesela
P.C. y Aristarain P.C..
Distribuida en España por Alta Films. Todos los derechos
reservados.
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