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UNA CASA EN EL FIN DEL MUNDO
(A home at the end of the world)


cartel
Dirección: Michael Mayer.
País:
USA.
Año: 2004.
Duración: 96 min.
Género: Drama.
Interpretación: Colin Farrell (Bobby Morrow), Robin Wright Penn (Clare), Dallas Roberts (Jonathan Glover), Sissy Spacek (Alice Glover), Wendy Crewson (Isabel Morrow), Ryan Donowho (Carlton Morrow), Asia Vieira (Emily), Jeffrey Authors (Frank), Ron Lea (Burt Morrow), Matt Frewer (Ned Glover), Barna Moricz (Wes), Joshua Close (Reiner).
Guión: Michael Cunningham; basado en su novela.
Producción: Tom Hulce, Christine Vachon, Katie Roumel, Pamela Koffler, John Wells, John N. Hart Jr. y Jeffrey Sharp.
Música: Duncan Sheik.
Fotografía:
Enrique Chediak.
Montaje: Andrew Marcus y Lee Percy.
Diseño de producción: Michael Shaw.
Dirección artística: Edward Bonutto.
Vestuario: Beth Pasternak.
Estreno en USA: 23 Julio 2004.
Estreno en España: 15 Septiembre 2006.

CÓMO SE HIZO "UNA CASA EN EL FIN DEL MUNDO"
Notas de producción © 2004 Manga Films

  Cuando Una Casa en el Fin del Mundo se publicó en 1990, recogiendo críticas entusiastas, el actor Tom Hulce y el director de teatro Michael Mayer leyeron el libro y, sin comunicarse para nada, ambos se sintieron cautivados por la historia. La altamente apreciada novela de Michael Cunningham llegó a lo más hondo de cada uno de ellos, pero por razones distintas. «Era una historia muy singular que se hacía maravilloso narrarla» —comenta Hulce—. «También me recordaba el lugar donde me crié y una amistad que tuve.» La reacción de Mayer no se vinculó tanto a su infancia como a su vida ya adulta. «Tenía ya treinta años y estaba empezando a pensar sobre los caminos que había tomado en mi vida y en el modo en que, después de 10 años de vivir en Nueva York, había creado una familia de amigos y colegas. De tal modo que me identifiqué plenamente con la noción de que nacer en el seno de determinada familia no significa necesariamente que sea la familia con la que vivirás el resto de tu existencia».

 

  Además del aprecio que sintieron por la historia, ambos hombres vislumbraron inmediatamente las posibilidades cinematográficas del libro. Seis años después de su trabajo en Amadeus (Amadeus, 1984), por el que fue nominado al Oscar, la carrera interpretativa de Hulce tanto en televisión como en teatro y cine estaba en su punto culminante, pero al mismo tiempo —nos dice—: «mi cerebro estaba cambiando. La particular obsesión por encarnar un personaje concreto se estaba haciendo menos atractiva. En su lugar, la energía se dirigía hacia los retos que supone narrar una historia completa.» Fue este estado de su mente el que le llevó a percibir que lo que quería era realizar una versión cinematográfica de la novela de Cunningham, así que procedió a asegurarse los derechos.

  Al mismo tiempo, Mayer recuerda haber pensado: «Algún día, alguien hará una película de esto y lo único que espero es que no la fastidie. Entonces, cuando algunos años después me enteré de que Tom Hulce estaba efectivamente preparando el film, pensé: “¡Vaya! Espero que no lo estropee”.

  Mientras Hulce desarrollaba el proyecto, no dejaba de preguntarse quién podría incorporarse al mismo como director. «Sabía que necesitábamos a alguien que fuera verdaderamente fenomenal con los actores, pues la historia es de las que depende absolutamente de ellos» —nos comenta Hulce, quien ya había asistido a ver varias de las producciones teatrales de Mayers, entre la que se contaban “Side Man,” ganadora del Tony, “A View from a Bridge,” y “Stupid Kids—. «La interpretación en todas esas producciones era extraordinaria, sutil, llena de matices, sorprendente. Y el trabajo de Michael con esos actores jóvenes era soberbio.» Para Hulce, el hecho de que ésta podía ser la primera incursión de Mayer como director cinematográfico no tenía la menor importancia. Como él mismo comenta: «Para los directores de todo el mundo resulta moneda común el ir y venir de un medio al otro, del escenario al celuloide. Y además, la escenificación de Michael posee una poderosa cualidad cinemática, hay musicalidad en su trabajo, un fuerte sentido visual.» Esto, quizá más que nada, convenció a Hulce de que Mayer podía aportar el equivalente cinematográfico a la magnífica prosa de Michael Cunningham.

  «Tom me llamó inesperadamente» —recuerda Mayer—. «Siempre fui gran admirador de sus capacidades interpretativas; me impresiona sobremanera la integridad que rezuma todo su trabajo. Por ello, sólo pensar que él deseaba trabajar conmigo en algo de gran calidad se hacía apasionante. Cierta noche, durante una cena, ambos hablaron sobre la admiración que les suscitaba la novela y sobre los retos que la misma planteaba a la hora de trasladarla a la gran pantalla. Para Hulce era prioritario hallar a un guionista capaz de adaptar el bello lenguaje del libro; Mayer sugirió pedirle al propio Cunningham que escribiera el guión. «En Nueva York, llevo tratando con Michael en sociedad desde hace años» —dice Mayer—. «Y lo cierto es que se entusiasmó ante el reto de reinventar tanto la historia como los personajes de cara a la versión cinematográfica.» Para Cunningham, que inicialmente estaba convencido de la imposibilidad de narrar la historia en sólo dos horas, se trataba de una gran oportunidad: «Michael [Mayer] me convenció de lo contrario con respecto al tiempo necesario, y tuvo razón. Trabajamos juntos largo tiempo y con ahínco sobre las páginas del guión; en el curso de esta escritura, nos hicimos muy buenos amigos».

  Mientras el proyecto proseguía su fase de desarrollo, los realizadores se pusieron en contacto con algunas productoras, entre ellas Killer Films, sita en Nueva York. «Había leído el libro cuando empezaba a incorporarme en el mundo laboral, pero era demasiado joven para entenderlo realmente en aquel momento» —comenta Christine Vachon, la fundadora de Killer Films—. «Sin embargo, cuando volví a leerlo, me di cuenta de que se trataba de una historia que no se había contado sobre cierta generación en una determinada época y lugar».

  Killer Films fue todo un acierto para los realizadores. «Se dedican meridianamente a servir a sus directores y su visión de la película» —comenta Hulce. «Christine (Vachon), Pam (Koffler) y Katie (Roumel) brillan con luz propia a la hora de mimar a sus directores » —afirma el productor John Wells, cuya compañía fue la que fundó Killer Films. «Y al mismo tiempo defienden con uñas y dientes la naturaleza frecuentemente controvertida de sus largometrajes.» —añade Hulce. Igual que éste, Killer estaba convencida de que Mayer era el director idóneo para el proyecto. «Para nosotras, la cuestión no está en los días que alguien ocupa un plató cinematográfico, sino que reside en tener confianza en la capacidad de alguien para narrar una historia y comunicar su visión de la misma a la gente que trabaja para él —explica Vachon—. «Al hallar a Michael, estaba totalmente claro que éste era capaz de cumplir ambos requisitos».

  Este largometraje significa la primera vez que Killer Films une esfuerzos con Hart Sharp Entertainment desde que ambos sellos lo hicieron en Los chicos no lloran (Boys Don’t Cry, 1999). «Desde el mismo momento en que acabé de leer la novela de Michael Cunningham, ésta se convirtió en uno de mis libros favoritos » —comenta el socio Jeff Sharp—. «Al haberme criado en Ohio y tener experiencias similares a las de esta película, estaba cantado que me identificaría con la historia. También se trababa de una espléndida ocasión de volver a hacer equipo con Killer Films. Christine, Pam y Katie son unas maravillosas compañeras.» Hart Sharp se incorporó como productora por medio del capital de True Film Fund, y así el proyecto vio oficialmente la luz verde. Hart nos dice: «Siempre he estado al tanto y admirado el trabajo de Michael Mayer en el teatro, desde “Stupid Kids” a “A View From the Bridge.” Cuando se presentó esta ocasión para que Michael efectuara el paso al medio cinematográfico, que tanto le habíamos animado a hacer Jeff y yo mismo, Hart Sharp se comprometió a participar con miras a permitirle materializar su sorprendente visión artística».

  Incluso antes de que los realizadores comenzaran a forjar el reparto, ya recibieron una inesperada llamada de la CAA (Creative Artist Agency). «Se trataba del agente de Colin Farrell informando de que el actor había leído el guión y de que se mostraba enormemente interesado en encarnar el papel de Bobby.» Esto acontecía antes del éxito de Farrell en Última llamada (Phone Booth, 2002) y Minority Report (Minority Report, 2002), y Mayer es el primero en admitir que no tenía ni idea de quién era Farrell. «De hecho, el día en que iba a encontrarme con Colin en el Chateau Marmont de Los Ángeles, fue el mismo en que Vanity Fair salió a la venta con él en portada. Había algunos ejemplares de la publicación en el vestíbulo del hotel.» Pero estaban ya empezando a correr los rumores acerca de la notoria capacidad del joven actor. Farrell, que se había leído el guión en su sofá de Dublín a la cinco de la madrugada, se sintió cautivado por la escritura de Michael Cunningham. «Leí el guión, y luego leí la novela de Michael; su estilo es sencillamente prodigioso; en sus palabras hay mucho corazón y espíritu».

  Para el papel de Clare, que se apodera de los corazones de Bobby y Jonathan, los realizadores necesitaban a una actriz capaz de transmitir las contradicciones del personaje. Hallaron a su perfecta Clare en Robin Wright Penn. «Se trata de una actriz cinematográfica absolutamente brillante, a todas luces capaz de abordar un papel como éste » —comenta Hulce—. «Y además, siempre se hace fascinante observarla.» Para Wright Penn, Clare es una mujer cuyo amor por Bobby y Jonathan es lo que realmente necesita, sin embargo, a la larga, le resulta imposible conseguirlo. «Todos nacemos con esa necesidad de tener una familia y un hogar. Pero a veces no se puede hallar todo en una única persona. Y nunca… se trata de esa tristeza que embarga el amor. Y Clara es consciente de ello».

  Dallas Roberts, que efectúa aquí su debut como protagonista de un film, encarna a Jonathan. Se trata de un joven actor que tanto Hulce como Mayer conocieron cuando era alumno en la Juilliard School de Nueva York. Para Hulce, el personaje de Jonathan es el aglutinante que mantiene la historia compacta, y Roberts entendió esto completamente. «Jonathan está tratando de abrirse camino, intenta ser feliz y vivir su vida » —comenta Roberts—. «Quiere irse de Cleveland, y lo logra, para acabar en el East Village neoyorquino de principios de los 80. Y creo que en cierto modo piensa que eso no es suficiente. Se trata de un tipo solitario y trata de paliarlo con sexo casual y su amor por Clare. Y entonces aparece Bobby, quien puede darle a ella lo que a mi me es imposible.» Roberts también quedó muy afectado por la lectura tanto del guión como de la novela. «Primero fueron las palabras. Michael Cunningham es un verdadero forjador del lenguaje; resulta imposible leer su prosa sin quedar marcado por ella».

  Una cosa es hallar actores que puedan dar vida a personajes jóvenes afrontando los distintos estadios de la maduración, y otra cosa bien distinta es dar con alguien que pueda abordar el papel de una mujer madura que experimenta sutiles cambios a lo largo de veinte años. Éste fue el reto de los realizadores a la hora de encontrar a alguien que diera vida a Alice, la madre de Jonathan. «Recurrimos a una de las actrices más grandes» —comenta Hulce—. «Acudimos a Sissy Spacek».

  Procedente del gran éxito de su interpretación en En la habitación (In the Bedroom, 2001), Spacek sintió curiosidad por el guión y aún más por el personaje de Alice. «Cuando empieza la historia, Alice parece una madre y ama de casa feliz de clase media que vive en Ohio a principios de la década de los 70. Ha decidido permanecer en el seno de un matrimonio no demasiado feliz, pero tiene un hijo adolescente que tiene un amigo llamado Bobby, quien, tras una serie de hechos, acaba por vivir con ellos. Se trata de un muchacho bastante misterioso. Durante un corto periodo de tiempo, se crea una burbuja fantástica en la que viven Alice, mi hijo Jonathan, y Bobby. Ella se ve arrastrada a ese mundo; es el momento en que las cosas le van mejor a Alice».

  Además de ejercer su magia sobre el reparto, el guión de Michael Cunningham fue toda una inspiración para el equipo técnico cuando el rodaje dio inicio en Toronto, en abril de 2003. «Muchos de los integrantes del equipo técnico leyeron el guión; muchos de ellos, con una experiencia en televisión y cine que se extendía a diez y quince años, afirmaron que se trataba del mejor trabajo en el que habían participado» —nos dice Farell—. «Puede parecer una tontería, pero lo cierto es que todos… los maquinistas, los del transporte... rezumaban admiración por el film».

  Dado el grado de intimidad que la historia exigía, el background teatral de Mayer se revelaba como mucho más importante que su falta de experiencia en un plató cinematográfico. «No podría dejar de decir lo maravilloso que es Michael Mayer» —observa Spacek—. «Procede del teatro, y ama a los actores. Se concentra en la interpretación».

  Cuando Mayer mira atrás, se da cuenta de que para él la mayor diferencia con respecto a su trabajo en los proscenios ha sido el proceder sin seguir el orden de las secuencias. «Rodamos el desenlace del film al principio. Los actores que encarnaban a Bobby y Jonathan en sus años adolescentes se fueron durante dos semanas, y luego volvieron a aparecer. Mi mayor desafío consistía en mantener el viaje emocional de cada uno de los personajes al tiempo que me tenía que concentrar en cada secuencia específica. Todo esto es muy distinto del teatro, donde siempre se ensaya por orden cronológico y se ayuda a los actores a que den forma completa a sus interpretaciones para que puedan afrontar ocho sesiones a la semana. Para Farrell, la experiencia teatral de Mayer ha sido un plus. «Nos aportó tanto detalle… afrontaba una escena en solitario, encarnando tres personajes a la vez: y pese a que no lo hacía como lo haríamos cada uno de nosotros, entendías perfectamente de qué estaba hablándonos».

  La producción tenía un programa de rodaje de 34 días. El rodaje principal se efectuó en Toronto, con unos pocos días adicionales en Phoenix y Nueva York. Para Mayer, no dejó de tratarse de un reto desde el primero al último día. «Teníamos que recrear 4 periodos de tiempo distintos, 4 estaciones, 4 localizaciones principales, tres actores dando vida a Bobby, dos actores haciendo lo propio con Jonathan... era un programa muy breve, y sin posibilidad de tiempo extra.» Pero todo ello no hizo sino que Mayer exhibiera lo mejor de sí mismo. «No era consciente de que era la persona adecuada para la empresa. Realmente reinaba en mi un gran control sobre todo. Podía controlarlo todo al milímetro.» Si de algo ha servido esta experiencia ha sido en que la misma le ha brindado a Mayer nuevas oportunidades en una vida profesional ya colmada. «Haber realizado esta película ha resultado una experiencia creativa de lo más satisfactorio. Estoy ansioso por hacer otro largometraje, aunque si sólo me fuera dada la oportunidad de hacer una única película, me sentiría muy feliz de que fuera ésta».


Imágenes y notas de cómo se hizo "Una casa en el fin del mundo" - Copyright © 2004 Killer Films, John Wells Productions, Plymouth y Hart Sharp Entertainment. Distribuida en España por Manga Films. Todos los derechos reservados.

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