CÓMO SE HIZO "UNA CASA
EN EL FIN DEL MUNDO"
Notas de producción © 2004
Manga Films
Cuando Una Casa en el Fin del
Mundo se publicó en 1990, recogiendo críticas entusiastas, el
actor Tom Hulce y el director de teatro Michael Mayer leyeron el
libro y, sin comunicarse para nada, ambos se sintieron
cautivados por la historia. La altamente apreciada novela de
Michael Cunningham llegó a lo más hondo de cada uno de ellos,
pero por razones distintas. «Era una historia muy singular que
se hacía maravilloso narrarla» —comenta Hulce—. «También me
recordaba el lugar donde me crié y una amistad que tuve.» La
reacción de Mayer no se vinculó tanto a su infancia como a su
vida ya adulta. «Tenía ya treinta años y estaba empezando a
pensar sobre los caminos que había tomado en mi vida y en el
modo en que, después de 10 años de vivir en Nueva York, había
creado una familia de amigos y colegas. De tal modo que me
identifiqué plenamente con la noción de que nacer en el seno de
determinada familia no significa necesariamente que sea la
familia con la que vivirás el resto de tu existencia».
Además del
aprecio que sintieron por la historia, ambos hombres
vislumbraron inmediatamente las posibilidades cinematográficas
del libro. Seis años después de su trabajo en Amadeus (Amadeus,
1984), por el que fue nominado al Oscar, la carrera
interpretativa de Hulce tanto en televisión como en teatro y
cine estaba en su punto culminante, pero al mismo tiempo —nos
dice—: «mi cerebro estaba cambiando. La particular obsesión por
encarnar un personaje concreto se estaba haciendo menos
atractiva. En su lugar, la energía se dirigía hacia los retos
que supone narrar una historia completa.» Fue este estado de su
mente el que le llevó a percibir que lo que quería era realizar
una versión cinematográfica de la novela de Cunningham, así que
procedió a asegurarse los derechos.
Al mismo
tiempo, Mayer recuerda haber pensado: «Algún día, alguien hará
una película de esto y lo único que espero es que no la
fastidie. Entonces, cuando algunos años después me enteré de que
Tom Hulce estaba efectivamente preparando el film, pensé:
“¡Vaya! Espero que no lo estropee”.
Mientras
Hulce desarrollaba el proyecto, no dejaba de preguntarse quién
podría incorporarse al mismo como director. «Sabía que
necesitábamos a alguien que fuera verdaderamente fenomenal con
los actores, pues la historia es de las que depende
absolutamente de ellos» —nos comenta Hulce, quien ya había
asistido a ver varias de las producciones teatrales de Mayers,
entre la que se contaban “Side Man,” ganadora del Tony, “A View
from a Bridge,” y “Stupid Kids—. «La interpretación en todas
esas producciones era extraordinaria, sutil, llena de matices,
sorprendente. Y el trabajo de Michael con esos actores jóvenes
era soberbio.» Para Hulce, el hecho de que ésta podía ser la
primera incursión de Mayer como director cinematográfico no
tenía la menor importancia. Como él mismo comenta: «Para los
directores de todo el mundo resulta moneda común el ir y venir
de un medio al otro, del escenario al celuloide. Y además, la
escenificación de Michael posee una poderosa cualidad
cinemática, hay musicalidad en su trabajo, un fuerte sentido
visual.» Esto, quizá más que nada, convenció a Hulce de que
Mayer podía aportar el equivalente cinematográfico a la
magnífica prosa de Michael Cunningham.
«Tom me llamó
inesperadamente» —recuerda Mayer—. «Siempre fui gran admirador
de sus capacidades interpretativas; me impresiona sobremanera la
integridad que rezuma todo su trabajo. Por ello, sólo pensar que
él deseaba trabajar conmigo en algo de gran calidad se hacía
apasionante. Cierta noche, durante una cena, ambos hablaron
sobre la admiración que les suscitaba la novela y sobre los
retos que la misma planteaba a la hora de trasladarla a la gran
pantalla. Para Hulce era prioritario hallar a un guionista capaz
de adaptar el bello lenguaje del libro; Mayer sugirió pedirle al
propio Cunningham que escribiera el guión. «En Nueva York, llevo
tratando con Michael en sociedad desde hace años» —dice Mayer—.
«Y lo cierto es que se entusiasmó ante el reto de reinventar
tanto la historia como los personajes de cara a la versión
cinematográfica.» Para Cunningham, que inicialmente estaba
convencido de la imposibilidad de narrar la historia en sólo dos
horas, se trataba de una gran oportunidad: «Michael [Mayer] me
convenció de lo contrario con respecto al tiempo necesario, y
tuvo razón. Trabajamos juntos largo tiempo y con ahínco sobre
las páginas del guión; en el curso de esta escritura, nos
hicimos muy buenos amigos».
Mientras el
proyecto proseguía su fase de desarrollo, los realizadores se
pusieron en contacto con algunas productoras, entre ellas Killer
Films, sita en Nueva York. «Había leído el libro cuando empezaba
a incorporarme en el mundo laboral, pero era demasiado joven
para entenderlo realmente en aquel momento» —comenta Christine
Vachon, la fundadora de Killer Films—. «Sin embargo, cuando
volví a leerlo, me di cuenta de que se trataba de una historia
que no se había contado sobre cierta generación en una
determinada época y lugar».
Killer Films
fue todo un acierto para los realizadores. «Se dedican
meridianamente a servir a sus directores y su visión de la
película» —comenta Hulce. «Christine (Vachon), Pam (Koffler) y
Katie (Roumel) brillan con luz propia a la hora de mimar a sus
directores » —afirma el productor John Wells, cuya compañía fue
la que fundó Killer Films. «Y al mismo tiempo defienden con uñas
y dientes la naturaleza frecuentemente controvertida de sus
largometrajes.» —añade Hulce. Igual que éste, Killer estaba
convencida de que Mayer era el director idóneo para el proyecto.
«Para nosotras, la cuestión no está en los días que alguien
ocupa un plató cinematográfico, sino que reside en tener
confianza en la capacidad de alguien para narrar una historia y
comunicar su visión de la misma a la gente que trabaja para él
—explica Vachon—. «Al hallar a Michael, estaba totalmente claro
que éste era capaz de cumplir ambos requisitos».
Este
largometraje significa la primera vez que Killer Films une
esfuerzos con Hart Sharp Entertainment desde que ambos sellos lo
hicieron en Los chicos no lloran (Boys Don’t Cry, 1999). «Desde
el mismo momento en que acabé de leer la novela de Michael
Cunningham, ésta se convirtió en uno de mis libros favoritos »
—comenta el socio Jeff Sharp—. «Al haberme criado en Ohio y
tener experiencias similares a las de esta película, estaba
cantado que me identificaría con la historia. También se trababa
de una espléndida ocasión de volver a hacer equipo con Killer
Films. Christine, Pam y Katie son unas maravillosas compañeras.»
Hart Sharp se incorporó como productora por medio del capital de
True Film Fund, y así el proyecto vio oficialmente la luz verde.
Hart nos dice: «Siempre he estado al tanto y admirado el trabajo
de Michael Mayer en el teatro, desde “Stupid Kids” a “A View
From the Bridge.” Cuando se presentó esta ocasión para que
Michael efectuara el paso al medio cinematográfico, que tanto le
habíamos animado a hacer Jeff y yo mismo, Hart Sharp se
comprometió a participar con miras a permitirle materializar su
sorprendente visión artística».
Incluso antes
de que los realizadores comenzaran a forjar el reparto, ya
recibieron una inesperada llamada de la CAA (Creative Artist
Agency). «Se trataba del agente de Colin Farrell informando de
que el actor había leído el guión y de que se mostraba
enormemente interesado en encarnar el papel de Bobby.» Esto
acontecía antes del éxito de Farrell en Última llamada (Phone
Booth, 2002) y Minority Report (Minority Report, 2002), y Mayer
es el primero en admitir que no tenía ni idea de quién era
Farrell. «De hecho, el día en que iba a encontrarme con Colin en
el Chateau Marmont de Los Ángeles, fue el mismo en que Vanity
Fair salió a la venta con él en portada. Había algunos
ejemplares de la publicación en el vestíbulo del hotel.» Pero
estaban ya empezando a correr los rumores acerca de la notoria
capacidad del joven actor. Farrell, que se había leído el guión
en su sofá de Dublín a la cinco de la madrugada, se sintió
cautivado por la escritura de Michael Cunningham. «Leí el guión,
y luego leí la novela de Michael; su estilo es sencillamente
prodigioso; en sus palabras hay mucho corazón y espíritu».
Para el papel
de Clare, que se apodera de los corazones de Bobby y Jonathan,
los realizadores necesitaban a una actriz capaz de transmitir
las contradicciones del personaje. Hallaron a su perfecta Clare
en Robin Wright Penn. «Se trata de una actriz cinematográfica
absolutamente brillante, a todas luces capaz de abordar un papel
como éste » —comenta Hulce—. «Y además, siempre se hace
fascinante observarla.» Para Wright Penn, Clare es una mujer
cuyo amor por Bobby y Jonathan es lo que realmente necesita, sin
embargo, a la larga, le resulta imposible conseguirlo. «Todos
nacemos con esa necesidad de tener una familia y un hogar. Pero
a veces no se puede hallar todo en una única persona. Y nunca…
se trata de esa tristeza que embarga el amor. Y Clara es
consciente de ello».
Dallas
Roberts, que efectúa aquí su debut como protagonista de un film,
encarna a Jonathan. Se trata de un joven actor que tanto Hulce
como Mayer conocieron cuando era alumno en la Juilliard School
de Nueva York. Para Hulce, el personaje de Jonathan es el
aglutinante que mantiene la historia compacta, y Roberts
entendió esto completamente. «Jonathan está tratando de abrirse
camino, intenta ser feliz y vivir su vida » —comenta Roberts—.
«Quiere irse de Cleveland, y lo logra, para acabar en el East
Village neoyorquino de principios de los 80. Y creo que en
cierto modo piensa que eso no es suficiente. Se trata de un tipo
solitario y trata de paliarlo con sexo casual y su amor por
Clare. Y entonces aparece Bobby, quien puede darle a ella lo que
a mi me es imposible.» Roberts también quedó muy afectado por la
lectura tanto del guión como de la novela. «Primero fueron las
palabras. Michael Cunningham es un verdadero forjador del
lenguaje; resulta imposible leer su prosa sin quedar marcado por
ella».
Una cosa es
hallar actores que puedan dar vida a personajes jóvenes
afrontando los distintos estadios de la maduración, y otra cosa
bien distinta es dar con alguien que pueda abordar el papel de
una mujer madura que experimenta sutiles cambios a lo largo de
veinte años. Éste fue el reto de los realizadores a la hora de
encontrar a alguien que diera vida a Alice, la madre de
Jonathan. «Recurrimos a una de las actrices más grandes»
—comenta Hulce—. «Acudimos a Sissy Spacek».
Procedente
del gran éxito de su interpretación en En la habitación (In the
Bedroom, 2001), Spacek sintió curiosidad por el guión y aún más
por el personaje de Alice. «Cuando empieza la historia, Alice
parece una madre y ama de casa feliz de clase media que vive en
Ohio a principios de la década de los 70. Ha decidido permanecer
en el seno de un matrimonio no demasiado feliz, pero tiene un
hijo adolescente que tiene un amigo llamado Bobby, quien, tras
una serie de hechos, acaba por vivir con ellos. Se trata de un
muchacho bastante misterioso. Durante un corto periodo de
tiempo, se crea una burbuja fantástica en la que viven Alice, mi
hijo Jonathan, y Bobby. Ella se ve arrastrada a ese mundo; es el
momento en que las cosas le van mejor a Alice».
Además de
ejercer su magia sobre el reparto, el guión de Michael
Cunningham fue toda una inspiración para el equipo técnico
cuando el rodaje dio inicio en Toronto, en abril de 2003.
«Muchos de los integrantes del equipo técnico leyeron el guión;
muchos de ellos, con una experiencia en televisión y cine que se
extendía a diez y quince años, afirmaron que se trataba del
mejor trabajo en el que habían participado» —nos dice Farell—.
«Puede parecer una tontería, pero lo cierto es que todos… los
maquinistas, los del transporte... rezumaban admiración por el
film».
Dado el grado
de intimidad que la historia exigía, el background teatral de
Mayer se revelaba como mucho más importante que su falta de
experiencia en un plató cinematográfico. «No podría dejar de
decir lo maravilloso que es Michael Mayer» —observa Spacek—.
«Procede del teatro, y ama a los actores. Se concentra en la
interpretación».
Cuando Mayer
mira atrás, se da cuenta de que para él la mayor diferencia con
respecto a su trabajo en los proscenios ha sido el proceder sin
seguir el orden de las secuencias. «Rodamos el desenlace del
film al principio. Los actores que encarnaban a Bobby y Jonathan
en sus años adolescentes se fueron durante dos semanas, y luego
volvieron a aparecer. Mi mayor desafío consistía en mantener el
viaje emocional de cada uno de los personajes al tiempo que me
tenía que concentrar en cada secuencia específica. Todo esto es
muy distinto del teatro, donde siempre se ensaya por orden
cronológico y se ayuda a los actores a que den forma completa a
sus interpretaciones para que puedan afrontar ocho sesiones a la
semana. Para Farrell, la experiencia teatral de Mayer ha sido un
plus. «Nos aportó tanto detalle… afrontaba una escena en
solitario, encarnando tres personajes a la vez: y pese a que no
lo hacía como lo haríamos cada uno de nosotros, entendías
perfectamente de qué estaba hablándonos».
La producción
tenía un programa de rodaje de 34 días. El rodaje principal se
efectuó en Toronto, con unos pocos días adicionales en Phoenix y
Nueva York. Para Mayer, no dejó de tratarse de un reto desde el
primero al último día. «Teníamos que recrear 4 periodos de
tiempo distintos, 4 estaciones, 4 localizaciones principales,
tres actores dando vida a Bobby, dos actores haciendo lo propio
con Jonathan... era un programa muy breve, y sin posibilidad de
tiempo extra.» Pero todo ello no hizo sino que Mayer exhibiera
lo mejor de sí mismo. «No era consciente de que era la persona
adecuada para la empresa. Realmente reinaba en mi un gran
control sobre todo. Podía controlarlo todo al milímetro.» Si de
algo ha servido esta experiencia ha sido en que la misma le ha
brindado a Mayer nuevas oportunidades en una vida profesional ya
colmada. «Haber realizado esta película ha resultado una
experiencia creativa de lo más satisfactorio. Estoy ansioso por
hacer otro largometraje, aunque si sólo me fuera dada la
oportunidad de hacer una única película, me sentiría muy feliz
de que fuera ésta».
Imágenes
y notas de cómo se hizo "Una casa en el fin del mundo" - Copyright ©
2004 Killer Films, John Wells Productions,
Plymouth y Hart Sharp Entertainment. Distribuida en España por
Manga Films. Todos los derechos
reservados.
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