CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Siete años después del estreno de aquella involuntaria
comedia llamada "Anaconda" llega a los cines su secuela, una
cinta en la que sus responsables han optado por contratar a un
director y a un reparto de escasa reputación, consiguiendo con
ello un producto barato que sin duda les reportará algún que
otro beneficio, al me-nos si tenemos en cuenta los aceptables
ingresos que ha obtenido en todo el mundo. Lo que ya no está tan
claro es que el especta-dor, que a fin de cuentas es el que
tiene que pagar para pasar el rato con una determinada película,
vaya a sacar algún provecho tras visionar un engendro como
"Anacondas: La cacería por la or-quídea sangrienta", un filme
con claro sabor a serie B que debería haber sido lanzado
directamente en DVD.
Su
previsible introducción, en la que contemplamos cómo una temible
criatura se deshace de un indígena con una técnica muy parecida
a la que empleaba el escualo protagonista de "Tiburón" (de
hecho, uno de los personajes de la película tararea en un
mo-mento dado el tema central de la mítica banda sonora que John
Williams compuso para esta obra de Spielberg), da paso a un
breve pasaje que se desarrolla en Nueva York y en el que unos
cuantos individuos deciden viajar hasta Borneo para buscar una
orquídea que podría revolucionar el mundo farmaceútico, pues
posee un compuesto químico que alargaría la vida de las
personas.
Como no hay mucho dinero para que la acción comience de
inmediato, los guionistas deciden que el público ten-ga que
soportar durante un tiempo que podría calificarse de excesivo
los anodinos diálogos de los integrantes de la expedición
científica, encontrán-donos con el gracioso de turno o con
presumibles escenas intimistas en las que algunos de ellos nos
relatan su azarosa vida, a pesar de que no tengamos ningún
interés en conocer-la. Es por ello que ha de transcurrir más de
una hora del metraje de una cinta que dura alrededor de noventa
minutos para que las dichosas anacondas comiencen a aniquilar a
los verdaderos protagonistas, si bien antes se nos muestra, para
"disimular", un par de muertes y la peligrosa travesía de los
aventureros por el río, cayendo su bote por una cascada, o por
la jungla (ya saben, hay que darle emoción al asunto).
A todo
esto hay que sumarle el hecho de que uno de los miem-bros del
grupo es un traidor que se mueve por sus intereses econó-micos y
a quien no parece importarle demasiado arriesgar su vida, algo
increíble si lo que pretende es disfrutar de las ganancias que
le reportará el hallazgo de la dichosa flor. La imaginación,
pues, bri-lla por su ausencia en "Anacondas: La cacería por la
orquídea san-grienta", algo que también se percibe en la
realización de Dwight H. Little,
quien no tiene reparos en "asustarnos" con la repentina
aparición de inofensivos animales (el mono de Bill) o de
utilizar la consabida cámara subjetiva para ahorrar costes,
poniéndonos en la piel de las serpientes de turno sin tener que
mostrarnos sus cuer-pos. Por cierto, cuando éstas aparecen lo
hacen por rmedio de unos discretos efectos especiales, defecto
que ya encontrábamos en la cinta original, la misma que
protagonizó Jennifer Lopez.
No obstante, es obvio que aquellos que se atreven a ir a ver una
película de este tipo saben muy bien lo que se van a encontrar,
de ahí que la reco-miende encarecidamente a todos los que se
dedican a realizar guerras de palomitas o a alborotar al resto
del personal durante la proyección de un determinado
largometraje, pues "Ana-condas: La cacería por la orquídea
sangrienta" es el producto idóneo pa-ra desfogarse y no molestar
así a los espectadores que se encuentren vien-do un filme un
poco más interesante en otra sala. A destacar, dentro de tanta
mediocridad, la corrección de la banda sonora de
Nerida Tyson-Chew, una
compositora aus-traliana que no entiendo cómo ha podido
inspirarse trabajando con semejantes imágenes.
Calificación película:
    
Calificación banda sonora
original:
    
Imágenes de "Anacondas: La cacería por la orquídea
sangrienta" - Copyright © 2004 Middle Fork Productions y Screen Gems. Distribuida en
España por Columbia TriStar Films. Todos los derechos
reservados.
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