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EL FANTASMA DE LA ÓPERA DE ANDREW LLOYD WEBBER (Andrew Lloyd Webber's The phantom of the opera)


cartel
 
Dirección: Joel Schumacher.
Países:
USA y Reino Unido.
Año: 2004.
Duración: 143 min.
Género: Musical.
Interpretación: Gerard Butler (El fantasma), Emmy Rossum (Christine), Patrick Wilson (Raoul), Miranda Richardson (Madame Giry), Minnie Driver (La Carlotta), Simon Callow (Andre), Ciarán Hinds (Firmin), Victor McGuire (Piangi), Jennifer Ellison (Meg Giry), James Fleet (Lefevre), Kevin R. McNally (Buquet).
Guión: Andrew Lloyd Webber y Joel Schumacher; basado en el musical de Andrew Lloyd Webber; basado a su vez en la novela "Le fantôme de l'opéra" de Gaston Leroux.
Producción: Andrew Lloyd Webber.
Música: Andrew Lloyd Webber.
Fotografía:
John Mathieson.
Montaje: Terry Rawlings.
Diseño de producción: Anthony Pratt.
Dirección artística: John Fenner.
Vestuario: Alexandra Byrne.
Estreno en USA: 22 Diciembre 2004.
Estreno en España: 17 Diciembre 2004.

 

CRÍTICA
por Javier Quevedo Puchal

Un musical en tierra de nadie

  ¿Es legítimo acusar a la cinta que nos ocupa de haber nacido a remol-que de los dos últimos grandes musi-cales de principios de siglo? O lo que es lo mismo: ¿existiría hoy una adap-tación cinematográfica del musical de Lloyd Webber de no haber existido inmediatamente antes dos musicales de éxito/recaudación tan rotundos co-mo "Moulin Rouge" y "Chicago"? La respuesta no es definitiva pero, desde luego, sería ingenuo por nuestra parte descartar dicha posibilidad. Lo que tampoco podemos obviar, sin embar-go, es que la adaptación cinematográ-fica del libreto de Andrew Lloyd Webber ha sido un proyecto larga-mente acariciado por diversos realizadores. No es casualidad, de hecho, que el encargado de trasladarlo a la gran pantalla haya aca-bado siendo Joel Schumacher (quien, no en vano, fue propuesto como candidato para tal labor desde 1988, tan sólo dos años des-pués del estreno teatral en el West End). Resultará quizás insólita la elección a tenor de las explosivas y, pese a ello, “económicas” últimas propuestas del cineasta (me refiero a “Última llamada” y a ese pseudo intento de Dogma a la americana que resultó ser “Ti-gerland”). Sin embargo, la decisión no es tan aleatoria como pudie-ra parecer. La razón hay que buscarla tanto en las incursiones que Schumacher ya había hecho anteriormente en los bajos, bajísimos fondos de una sociedad que prefiere “no mirar” (recordemos “Asesi-nato en 8 mm” o “Un día de furia”) como en ese cierto gusto por los personajes torturados de naturaleza oscura que el director ya de-mostró en “Jóvenes ocultos” (precisamente, la cinta que convenció a Lloyd Webber de que él era el candidato ideal).

   Una tercera razón (más importante o menos, según gustos) esta-ría sin duda en ese posicionamiento de Schumacher como artesa-no del cine más que como “autor”, como fabricante de productos bien acabados y desde luego correctos (pero, en cualquier caso, carentes de un estilo marcado y, por ende, casi desnudos de lo que podríamos llamar “alma”). Por supuesto, este “acoplamiento” a las exigencias del producto hollywoodiense le va que ni pintado a la adaptación soñada por Lloyd Webber, que no es otra que una tras-lación casi exacta del libreto original, muy poco abierta a las licencias (mención aparte merecen los flashback: tanto el primero, brillante, que devuelve a la decrépita ópera el esplendor de antaño, como aquél en el que se nos deja entrever el origen del fantasma). De este modo, lo que tenemos es una cinta técnicamente tan espectacular como cabía esperar (ni más ni menos): una esce-nografía fastuosa de Anthony Pratt, un diseño de vestuario exqui-sito a cargo de Alexandra Byrne, la espléndida fotografía de John Mathieson y, obviamente, un trabajo de cámara que realza la gran-diosidad de las emociones “bigger-than-life” que quieren recorrer la obra (travellings grandilocuentes, zooms espectaculares, planos en grúa).

  No obstante, la elección de talen-tos prometedores (y atractivos) pe-ro casi desconocidos para los dos roles principales demuestra ser, definitivamente, un arma de doble filo. Con Emma Rossum para el pa-pel de Christine, la corista que sueña con triunfar en la ópera y que roba el corazón del fantasma, Schumacher puede apuntarse un tanto: no sólo lo-gra transmitir la candidez y belleza serena que el personaje exige, sino que suya es quizás la voz más apre-miante del reparto. El fichaje de Ge-rard Butler como el fantasma, en cambio, acaba revelándose como insuficiente (no sólo por las evi-dentes limitaciones que exhibe como cantante, sino por su incapa-cidad de personificar la amenaza inherente al personaje, si bien por otro lado se desenvuelve perfectamente en sus cualidades seducto-ras). Algunos secundarios de excepción como Miranda Richard-son o Simon Callow intentan decantar la balanza, aunque sin lle-gar a conseguirlo del todo (de hecho, el mayor “miscasting” de la película está en Minnie Driver como La Carlotta, la diva de la ópe-ra que debe suplir a fuerza de histrionismo y sobreactuación la práctica ausencia de humor que de hecho recorre el libreto origi-nal).

  Precisamente, a juicio de quien esto escribe, el mayor handi-cap de la cinta (aparte del escalofriante, incomprensible do-blaje español) está ni más ni menos que en la materia prima. Al prescindir del vigor y la mala leche de otras óperas rock de Lloyd Webber que no se tomaban tan en serio a sí mismas (“Evita” y “Je-sucristo Superstar”, básicamente, que no en vano se beneficiaban de las letras de Tim Rice y de una mejor partitura), y al no llegar a rozar en ningún momento lo sublime de las grandes óperas a se-cas, “El fantasma de la ópera” se queda en un molesto punto inter-medio, en un quiero y no puedo entrar en el club de una “Norma” o una “Aída”. En ese sentido, la cinta de Schumacher no sólo es to-talmente fiel al libreto teatral, sino también a una de las funciones básicas del celuloide, esto es, agrandar: con ello, tenemos una gran historia romántica (pero mucho menos grande de lo que se pretendía) encarnada en grandes arquetipos (tristemente, mucho más planos de lo que Lloyd Webber quería conseguir) y que, en de-finitiva, no emociona ni la mitad de lo que se supone que debería.

Calificación:


Imágenes de "El fantasma de la ópera de Andrew Lloyd Webber" - Copyright © 2004 Warner Bros. Pictures, Odyssey Entertainment, Really Usefull Films y Scion Films. Distribuida en España por Aurum. Todos los derechos reservados.

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