CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Manipulación a cuatro
bandas
El
director de "El silencio de los corderos" hace su propia campaña
electoral con una nueva adaptación del film homónimo realizado
por John Frankenheimer. Su historia apunta críticamente hacia el
matrimo-nio entre las megacorporaciones económicas y los
políticos en Esta-dos Unidos, con la aquiescencia de los medios
de comunicación. Se-gún declaraciones suyas, el país vive
actualmente atenazado por el miedo a nuevos ataques terroristas,
y también por la pérdida de liberta-des civiles y del espíritu de
la democracia, que ha quedado a merced de intereses económicos y
ambiciones personales de poder.
Para esta
guerra particular en defensa de una mayor transparencia,
Jonathan Demme
da a Denzel Washington el papel de Marco, un comandante que
sufre pesadillas desde su participación en la Guerra del Golfo,
y que comienza a dudar de la verdad de su heroica actua-ción
cuando el que fuera su sargento Shaw es presentado como
can-didato a la vicepresidencia americana, bajo la tutela de la
senadora que interpreta Meryl Streep, su peculiar y ambiciosa
madre.
Una historia de conspiración por el poder, de hilos ocultos y de
alcantarillas políticas, en la que se lanzan dardos en-venenados
contra el gobierno norteame-ricano, contra su política exterior y
arma-mentística, contra su hipocresía y corrup-ción a todos los
niveles, pues nadie que-da libre de sospechas. Todo comienza
con la manipulación a través del control de la memoria, merced a
adelantos gené-ticos y de neurocirugía de ciencia ficción que
propician que uno no sea dueño de sus pensamientos, ni de sus
recuerdos, ni de sus acciones. En estos sofistica-dos “lavados de
cerebro” tenemos ya una clara alusión a la creación de opinión
que medios de comunicación elaboran a diario –y que la pe-lícula
pone su guinda con un final que aquí no desvelaremos– y de la
falta de libertad que puede vivirse en la nación paradigma de la
demo-cracia.
A
continuación, la creación de un candidato está servida en
bandeja, una vez creado el perfil que necesita el pueblo: basta
con dotarle del patriotismo necesario, hacer desaparecer a
contrincantes que pudieran hacerle sombra o incorporar a su
discurso unos cuantos eslóganes atrayentes. Si hay que
sacrificar lo personal, ahí está la ambición de una madre que
quiere ver a su hijo encumbrado en lo más alto del po-der. Estas
y otras manipulaciones concatenadas denuncia Demme, que aquí se
convierte en periodista de investigación, divulgador de ciencia
ficción y salvador de las libertades.
Sin
embargo, aún cabe otra manipulación: la de la propia pelí-cula,
de la que hay que dudar desde el momento en que parti-cipa de la
misma maquinaria que lo criticado y no oculta sus ideas
políticas. Cuando uno asiste a un espectáculo entretenido, con
visos de veracidad porque el guión está bien construido y
dosifica ade-cuadamente la información, cuando todo tiene su
explicación porque el director se encarga de desvelarla y
abrirnos los ojos, cuando todo es negro y apenas hay matices,
entonces hay que dudar un poco de ello. Aunque la realidad sea
complicada y existan esos intereses –tampoco vamos a ser
ingenuos, ni a salir en defensa de nadie–, no resulta ho-nesto
orientar toda la trama en una dirección tan acusada, en la que
se entrevén prejuicios y objetivos particulares. Por eso, la
película de Demme –como las de Moore– huele a podrido al
aprovecharse de ma-nera tendenciosa para hacer su propia
política, en momento y lugar oportuno.
En el
terreno estrictamente cinemato-gráfico, ya se ha dicho lo más que
co-rrecta que está construida la historia, porque los
estadounidenses son exper-tos en el arte de contar y entretener.
Por otra parte, nadie va a descubrir a la pa-reja protagonista
como actores de prime-ra línea, o la facilidad con que la música,
fotografía o montaje logran despertar in-quietudes, crear miedos
o levantar suspi-cacias. También en eso el thriller ameri-cano
camina por un sendero muy trillado. La
película gustará al gran público porque está bien realizada,
incita a la reflexión crítica, y toca temas actuales como la
guerra, la pér-dida de libertad o el miedo social. Habrá que
tener cuidado de no caer en el escepticismo más absoluto, que
nos llevaría a dudar hasta de nuestra propia personalidad y
pensamiento.
Calificación:
    
Imágenes de "El mensajero del miedo" - Copyright © 2004
Paramount Pictures, Scott Rudin/Tina Sinatra Productions y
Clinica Estetico Productions. Distribuida en España por UIP. Todos los derechos
reservados.
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