49º SEMANA INTERNACIONAL DE CINE DE VALLADOLID
LA BUTACA - Revista de Cine


COBERTURA DE LA 49ª EDICIÓN DE LA SEMINCI
                                          22 - 30 Octubre 2004

 

 

 

 

 

 

 


 

PELÍCULAS   CRÓNICAS   PALMARÉS

LOS CHICOS DEL CORO
(Les choristes)


Dirección: Christophe Barratier.
Países:
Francia y Suiza.
Año: 2004.
Duración: 95 min.
Género: Drama.
Interpretación: Gérard Jugnot (Clément Mathieu), François Berléand (Rachin), Kad Merad (Chabert), Jean-Paul Bonnaire (Padre Maxence), Marie Bunel (Violette Morhange), Paul Chariéras (Regente), Carole Weiss (Condesa), Philippe Du Janerand (Señor Langlois), Erick Desmarestz (Doctor Dervaux), Jean-Baptiste Maunier (Pierre).
Guión: Christophe Barratier y Philippe Lopes-Curval; basado en la película "La cage aux rossignols" (1945) de Jean Dréville.
Producción: Jacques Perrin, Arthur Cohn y Nicolas Mauvernay.
Música: Bruno Coulais.
Fotografía:
Carlo Varini y Dominique Gentil.
Montaje: Yves Deschamps.
Diseño de producción: François Chauvaud.
Vestuario: Françoise Guégan.
Estreno en Francia: 17 Marzo 2004.
Estreno en España: 3 Diciembre 2004.

 

CRÍTICA
por Julio Rodríguez Chico

Un gran músico fracasado

  Esta opera prima del francés Christophe Barratier fue la encargada de clausurar la pasada Seminci’49, tras un éxito arrollador en el país vecino. Estaba fuera de concurso en el festival vallisoletano, pero fue una más que digna guinda para un certamen de alto nivel, a la vez que dejó buen sabor para lo que será la edición de sus Bodas de Oro.

  Decir que el espectador que vea la película de Barratier disfru-tará como nunca y saldrá de la sala contagiado por su positiva y esperanzada visión de la vida... es algo que no implica riesgo. Está realizada desde la verdad y sinceridad de un corazón –el del director– que contempla así la vida, y eso siempre se transmite al público. Se-gún sus declaraciones, para la película se basó en su propia infancia y en su formación musical, inspirándose a su vez en las emociones sus-citadas por la película "La jaula de los ruiseñores" que vio en la televi-sión cuando era pequeño.

  En 1949, Clément Mathieu (Gérard Jugnot), un profesor de música fracasado, es contratado como vigilante en un internado de reeduca-ción de menores. El centro está regido por estrictas y represivas re-glas educativas, y su director, Rachin (François Berléand), se esfuer-za por aplicar sin éxito el principio de “acción/reacción” para castigar a esos difíciles niños. Disconforme con esos métodos y compadecido con unos niños que sólo tienen el problema de la falta de afecto, Clé-ment ideará la creación de un coro como manera para acercarse a ellos y ayudarles a encauzar su fuerza y rebeldía hacia unas activida-des que transformarán sus vidas para siempre. Pero la tarea no será fácil, y precisará una dosis de paciencia y fortaleza, e incluso renun-ciar a lo más personal.

  Comienza la película con una especie de prólogo en el que dos per-sonajes se reencuentran después de más de cincuenta años. Son dos de aquellos niños díscolos a los que un buen hombre un día les dio una oportunidad que cambiaría sus vidas: son Pierre Morhange –ahora un prestigioso director de música– y Pépinot. En un largo flash-back recordarán aquellos tiempos del internado, con una mirada llena de cariño a su amigo Mathieu, cuyo diario tienen ahora entre las manos; el espectador respira ya en estos primeros planos unos aires llenos de nostalgia y agradecimiento, y su pensamiento se va a "Cinema Paradi-so", cuando Totó –no es causalidad que ambos papeles los interprete Jacques Perrin– rememora a su amigo Alfredo el proyeccionista.

  A partir de entonces, sólo queda disfru-tar de un viaje a los años 40, cuando los métodos educativos y las teorías psico-pedagógicas no eran muy humanizado-ras, y donde las clases eran más una es-cuela para la vida que un lugar de ins-trucción; en este punto, la labor de pro-ducción artística nos recrea un ambiente verosímil y permite al espectador trans-portase a otra época con una sonrisa en los labios por la sencillez de esas escue-las de posguerra: es el ambiente recrea-do en otros grandes filmes como "Adiós muchachos" de Louis Malle o "El espíritu de la colmena" de Erice, que vienen pron-to a la memoria. La tarea de formar un coro que se propone el bueno de Mathieu y humanizar así a través de la música nos lleva a su vez a "Sonrisas y lágrimas", aunque aquí no haya subtrama política ni ro-mántica; Barratier prefiere quedarse con el alma y la mirada de los niños, meterse en su cabeza y en su corazón, para extraer momentos de gran emoción que conmueven al espectador cuando el coro interpreta sus canciones. No se trata de un senti-miento sostenido por unas notas musicales hábilmente colocadas –aunque las canciones populares y su interpretación por el coro de Saint-Marc son dignas de elogio–, sino que poco a poco ha ido perfi-lando unos personajes con su rebeldía, orgullo, inocencia, sufrimiento, soledad, sencillez... allí donde un músico fracasado –que no una per-sona fracasada– no encuentra más que personas que necesitan cariño y no reprimendas. Es cierto que se caricaturiza la figura del director Rachin, y que juega la baza del contraste para potenciar la diferente manera de educar y ensalzar la tarea del profesor comprensivo y cari-ñoso, pero se trata de licencias del director para dibujar unas imáge-nes amables y tiernas del niño por formar..., y del hombre y sus posi-bilidades.

  Quizá uno de los mayores aciertos de la película esté en el casting. El rostro de Mathieu refleja una bondad natural y una compa-sión que hacen que su tarea no resulte nada postiza; al pensar en “una cara de ángel” –como le define cínicamente un profesor– ense-guida pensaríamos en el niño Morhange y su voz angelical, y para un pequeño que todos los sábados espera inútilmente –porque han muer-to– a que sus papás vengan a recogerle... quién mejor que Pépinot.

  Habrá quien la califique de sentimental y dulzona. Como ya se ha dicho, está realizada desde el interior –un interior positivo y esperanza-do, nada agrio– pero también es claro que ofrece una visión humanista y que confía en sus posibilidades, y para muchos esto es sinónimo de complacencia y superficialidad: por eso abunda tanto el cine amargo, nihilista y escéptico. El director francés no engaña a nadie y realiza una película honesta, con la intención de ayudar al espectador a mejo-rar su vida como persona, aunque como “músico” uno pueda haber si-do un fracasado. Y si no, que se lo pregunten a Mathieu, a Pépinot, a Morhange...

  Película llena de encanto y emociones, que gustará a todos. En Francia ha sido un grandísimo fenómeno popular, y es su candidata a los Oscars®. Nuestra sociedad necesitaría muchos “Mathieu”: bien-venidos sean.

Calificación:


Imágenes de "Los chicos del coro" - Copyright © 2004 Galatée Films, Pathé Renn Production, France 2 Cinéma, Novo Arturo Films y Vega Films. Distribuida en España por Alta Films. Todos los derechos reservados.

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