CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Sentimiento
para una ideología
Paradójica
y controvertida película en torno a la muerte de Ramón Sampedro,
el tetrapléjico gallego cuyo caso sirvió de espita para el
debate sobre la eutanasia, a pesar de no tratarse de un enfermo
terminal. En este sentido, la nueva obra de
Alejandro Amenábar ofrece una
óptica nada imparcial: presentada con un enorme apara-to de
propaganda como una defensa de la libertad –sin límites ni
cortapisa alguna– para elegir el tipo de vida deseada, en la
práctica se convierte en una sentimental apología de la
eutanasia.
Estamos
ante una película muy cerebral en su concepción y en la
construcción de un guión muy cuidado, pero sentimental en su
eje-cución: cada plano y elemento artístico busca suscitar la
emoción del espectador hasta su identificación con el enfermo y
con postu-lados que ven la muerte como un derecho, el dolor como
elemento que esclaviza o el amor como lo que da alas para
evadirse de un mundo que es un infierno. Con esta perspectiva,
el realizador llega al corazón pero no profundiza en los
dramas personales y en sus causas, ni desarrolla el carácter
obsesivo de Sampedro; de la misma manera, no cala en el
valor del sacrificio como ele-mento indisociable al amor, y su
visión de la libertad y de la vida es un tanto superficial,
reducida ésta a lo material.
Con las mismas señas de identidad de "Tesis", "Abre los ojos" y
"Los
otros", Amenábar quiere acercarse a la muerte como si
de un viaje se trata-ra, y lo hace sin dramatismo pero con un
fuerte pesimismo, cerrado a cual-quier trascendencia y sin
adentrarse en lo íntimo de sus personajes: bajo una aparente
serenidad y luminosidad –elementos pretendidos por el
direc-tor–, prefiere moverse entre lo re-al/superficial y lo
imaginario/de-seado creando atmósferas emo-cionales pero poco
reflexivas. Obligado por la historia del enfermo postrado
en su cama –se negó a usar la silla de ruedas– busca vías de
escape a esa claustrofobia y recurre a ensoñaciones en las que
hace volar su imaginación pa-ra realizar deseos frustrados o a un
montaje que introduce intermi-tentemente recuerdos del pasado:
fáciles recursos narrativos para estructurar la historia,
los cuales, sin suponer apenas riesgo y ale-jándose del cariz
naturalista de la cinta, consiguen sin embargo el efecto de
oxigenar el drama y facilitar la evasión del propio espec-tador.
Decía que
Amenábar toma claro partido por legitimar el deseo de morir de
Sampedro, al que retrata lleno de humanidad, cultura y amor a la
libertad; pero su mirada es triste y trasluce un cálculo
torcido, mientras que su pretendido humor desaparece cuando se
indaga en la herida del alma; sus comentarios a veces cortantes
no pueden ocultar un deje sarcástico y enrabietado, y llega a
suscitar más pena por su amargura interior que por su postración
en el le-cho. A su lado, una galería de mujeres arrastran un
vacío afectivo o un problema existencial que tratan de afrontar
como pueden para sobrevivir al infierno de la vida. El cuadro se
completa con figuras intencionadamente menos luminosas: un
hermano mayor de plan-teamientos simples y tradicionales, o un
esperpéntico sacerdote presentado como un amasijo de tópicos en
lo que acaba siendo un ataque visceral a la Iglesia; contrastes
encaminados a ensalzar una falsa humanidad de los primeros y
legitimar la muerte cuando la vi-da se convierte en algo duro y
doloroso. Todo un discurso en el que Amenábar parece
identificarse plenamente con Sampedro, y que se sirve de unos
diálogos precisos y de una banda sono-ra eficaz que conducen y
envuelven al espectador en un sen-timiento facilón, y que
terminan por convertir este melodrama en un bosquejo demasiado
tendencioso.
En el terreno artístico, nada que ob-jetar a una magnífica
dirección de ac-tores, con unas interpretaciones so-bresalientes
y una perfecta caracteri-zación de
Javier Bardem: sus ges-tos van cargados de
expresividad y su mirada llena de fuerza. También el re-parto
femenino es digno de elogio, es-pecial acierto tiene el casting
del her-mano y cuñada de Sampedro. En de-finitiva, una
película conseguida en los aspectos técnicos y artísticos pero
que adolece de una profundi-dad antropológica, que prefiere
que-darse en el orden de los afectos a adentrarse con valentía
en la ver-dad de sus personajes o en descifrar los binomios
vida/muerte y amor/dolor (no era preciso para ello usar "grandes
palabras" –re-chazadas por el director en sus declaraciones–,
sino verdad y no quedarse a medio camino, sólo con el
sentimiento). Se ve que la taquilla y la ideología se han vuelto
a imponer al cine sincero y pro-fundo de Bergman o Tarkovski, de
Oliveira o del mismo Käurismäki cuando han tratado temáticas
similares. Es una lástima.
Calificación:
    
Imágenes
de "Mar adentro" - Copyright © 2004 Sogecine e
Himenóptero. Distribuida en España por Sogepaq. Fotos por
Teresa Isasi. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "Mar adentro"
Añade "Mar adentro" a tus películas favoritas
Opina sobre "Mar adentro" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda "Mar adentro" a un amigo
|