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MAR ADENTRO


Dirección: Alejandro Amenábar.
País:
España.
Año: 2004.
Duración: 110 min.
Género: Drama.
Interpretación: Javier Bardem (Ramón Sampedro), Belén Rueda (Julia), Lola Dueñas (Rosa), Mabel Rivera (Manuela), Celso Bugallo (José), Clara Segura (Gené), Joan Dalmau (Joaquín), Alberto Jiménez (Germán), Tamar Novas (Javi), Francesc Garrido (Marc).
Guión: Alejandro Amenábar y Mateo Gil.
Producción: Fernando Bovaira y Alejandro Amenábar.
Música: Alejandro Amenábar.
Fotografía:
Javier Aguirresarobe.
Montaje: Iván Aledo.
Dirección artística: Benjamín Fernández.
Vestuario: Sonia Grande.
Estreno en España: 3 Septiembre 2004.

 

CRÍTICA
por José Luis Santos

  “Si no se entiende el sentido de la muerte, tampoco se entiende el sentido de la vida”. Es una frase presente en la carta que Ramón Sampedro Camean dirigió a los jueces el 13 de noviembre de 1996 para que le permitieran acabar con su existencia (por considerarla un derecho, no una obligación) tras 28 años de tetraplejia, después de que un mal salto de cabeza en la playa le dejara inmovilizado en una cama hasta el punto de ni siquiera poder poner fin a su vida sin ayuda. Y hoy, cuando Alejandro Amenábar ha elegido su historia para llevar a cabo una cuarta película que supone un cambio de rumbo radical en su filmografía, esa frase parece haber sido llevada a su máxima expresión plasmada en objetos a priori tan prosaicos como varios rollos de película de 35 milímetros. Y es que si la línea seguida por su cine nos llevaba desde el viaje por el snuff de inquie-tantes cercanías de “Tesis” al laberinto de ilusiones/realidades de “Abre los ojos” para desembocar en la fantasmal visión de la vida desde la muerte que ofrecía “Los otros”, ahora nos encontramos con un giro de 180 grados para ofrecernos un lento, plácido y do-loroso viaje a la muerte a través de un hermoso, cálido y poético canto a la vida, que plasma el final del periplo de este marinero gallego que amaba tanto la vida que deseaba la muerte por no prolongarla indignamente.

  Amenábar vuelve a colaborar con Mateo Gil, su insustituible media na-ranja en la escritura, para crear un guión pulido, honesto, lleno de belle-za, inteligencia y sensibilidad, que sa-be integrarse en la filosofía de su pro-tagonista hasta aplicar con enorme talento a sus páginas su habilidad pa-ra alternar drama y humor: la perenne ironía de Sampedro que le permitía “reír llorando” y que aquí incluso nos lleva también a llorar riendo. Tras un arranque en el que su realismo hace que el espectador tenga la sensación durante varios minutos (hasta que se va metiendo en la historia) de que está presenciando un documen-tal, la siempre maravillosa fotografía de Javier Aguirresarobe, or-questada con sabiduría por Amenábar, nos lleva de la mano con dulzura, discreción y una acertadísima sensación de intimidad y paz (sólo rotas por el tono de apasionada libertad con que se refle-jan las ensoñaciones del protagonista), hasta el punto de que uno tiene la sensación de estar sentado en una silla, en silencio, en una esquina de la habitación, desde la que escucha a Wagner, huele el mar (centro del universo del gallego siempre presente en la película) y oye la respiración y casi los latidos de los corazones de los personajes. Unos personajes escritos con una solidez y riqueza de matices notable, de forma que si bien Sampedro es el epi-centro del terremoto emocional al que asistimos, la historia crece exponencialmente y se cataliza a partir de los efectos que va causando en los que están a su alrededor, desde las dos mujeres que encuentran las mismas respuestas a distintas preguntas y se rinden a su efecto magnético, hasta sus amigos y cada uno de los miembros de su familia, ofreciendo un completísi-mo mapa de actitudes ante este obstinado viaje hacia la muerte. Pero ese mapa no cobraría vida si no fuera por unas interpretacio-nes prodigiosas, virtuosamente dirigidas.

  Apoyado en una perfecta caracteri-zación de la gran maquilladora Jo Allen (que ya transfigurara a Nicole Kidman en Virginia Woolf en “Las ho-ras”), la actuación de Javier Bardem podría resumirse a la perfección con una frase suya en una entrevista: “Era un problema qué hacer con la energía cuando te tiras seis meses en una cama. Comprendí que mi misión era poner esa energía en la voz, en los ojos...”. Y ya lo creo que lo hace, re-galando a la cámara una composición memorable, llena de ternura, humana, de un amplio registro que logra abar-car todo el perfil del personaje y alcanza una perfecta simbiosis en-tre actor y guión. Alrededor de él, todos sus compañeros de reparto están irreprochables, desde unos sobrecogedores Mabel Rivera y Celso Bugallo hasta una Lola Dueñas espléndida y una Belén Rueda sorprendente, sin olvidar a los Joan Dalmau, Clara Segu-ra, etc. Actuaciones que refuerzan enormemente la historia y sus múltiples matices, tanto en sus diálogos hablados como en los que fluyen a través de simples miradas. Amenábar sabe aprovecharlas para establecer con sus personajes y con el espectador una rela-ción cómplice, llena de matices, insinuaciones, susurros y pregun-tas, con la habilidad de hacer compatible la reivindicación en pro de la eutanasia del protagonista con una explosión de vida que combi-na la riqueza de sus planteamientos con la elegancia de sus fórmu-las (siempre basadas en una planificación minuciosa) y que ante todo nos muestra a un tipo que ha visto, vivido y asimilado muchísi-mo cine.

  El llanto está presente desde el primer hasta el último foto-grama, unas veces mitigado por el amargo sentido del hu-mor y otras en estado puro, pero siempre anudado en la gar-ganta del espectador, agarrado a su pecho para acompañarnos por uno de esos viajes cinematográficos que lo hacen a uno sentir persona, que lo hacen crecer y vivir, un viaje liberador, que perma-nece en la conciencia y que hace que acabada la proyección y apagadas las luces, aún resuenen en nuestra cabeza los versos de Sampedro que sabiamente cierran el metraje por ser el epílogo per-fecto: “Pero me despierto siempre, y siempre quiero estar muerto, para seguir con mi boca enredada en tus cabellos”.

Calificación:


Imágenes de "Mar adentro" - Copyright © 2004 Sogecine e Himenóptero. Distribuida en España por Sogepaq. Fotos por Teresa Isasi. Todos los derechos reservados.

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