CRÍTICA
por
David Garrido Bazán
Un alucinado y perturbador relato
Cuando
hace ya unos meses empezaron a aparecer las primeras imágenes de
"El maquinista", aficionados y comentaristas de todo tipo no
podían dejar de mostrar su asombro por el esquelético,
ca-davérico look que mostraba su protagonista, un
Christian Bale con treinta
kilos de menos perdidos expresamente para este papel que se
asemejaba más, con su rostro demacrado y sufriente y sus huesos
pegados a la piel, a un superviviente de un campo de
con-centración, a un sobrecogedor espectro, que a aquel
musculoso y desequilibrado yuppy de "American
psycho" por el que muchos le recordábamos. El anuncio
de este nuevo relato de terror de corte psicológico tenía,
además de este fascinante gancho, el atractivo de estar dirigido
por Brad Anderson, un
realizador que apenas unos años antes nos había regalado "Session
9", una más que in-teresante película de inquietante
atmósfera e impactante resolución que ya ganó el premio al Mejor
Director en el Festival de Sitges, un festival que ha
distinguido en su última edición "El maquinista" con sendos
premios a la Mejor Fotografía para Xavi
Giménez y a la Mejor Interpretación
Masculina para Christian Bale.
"El maquinista" es una película sobre el poder del
subconsciente, un paseo alucinado por la mente de Trevor, el
atormentado prota-gonista de la historia, un operario que
lleva según confesión propia casi un año sin dormir y al que esa
deses-perada situación le ha llevado a un progresivo declive
físico y mental cu-yos efectos son perfectamente visi-bles.
Trevor parece sufrir de alucina-ciones, vive en un perpetuo
estado en-tre la vigilia y el sueño y sus obsesio-nes, sus
recuerdos y sus percepcio-nes parecen estar en continua
confu-sión en una vida que más parece una pesadilla sin fin.
Desde ese punto de vista podría afirmarse que "El maquinista" es
una película cuyas claves se insertan en el género del terror
psicológico y más concretamente en aquellas historias en las que
se juega con la dualidad entre lo vivido y lo soñado, entre lo
real y lo simplemente percibido por una mente en la que no se
sa-be muy bien a ciencia cierta si se puede confiar. En realidad
no nos hallamos muy lejos de los territorios que Anderson ya
explora-ra con su anterior película "Session 9": el espectador
ve la realidad a través de los ojos de Trevor, lo que le lleva a
cuestionarse conti-nuamente la verosimilitud de lo que percibe,
más cuando progresi-vamente al protagonista le van sucediendo
cosas cada vez más inexplicables y su paranoia va en aumento,
viendo enemigos por to-das partes y persiguiendo a personajes
esquivos y misteriosos.
Lo
verdaderamente interesante de esta producción completamen-te
española de la Filmax es cómo Brad Anderson consigue que todos
los elementos de la película, ya sea la espléndida
interpreta-ción de su elenco, la tenebrosa fotografía de Xavi Giménez, la cui-dada
música de Roque Baños o un
diseño de producción que re-crea una fascinante estética
industrial, estén al servicio de una his-toria que se desarrolla
con un interés siempre creciente por parte del espectador,
deseoso de saber la verdad sobre lo que está ocu-rriendo, que
tiene la inteligencia de huir de estrambóticos golpes de efecto
y que se preocupa mucho más por recrear una atmósfera
in-quietante donde tienen perfecta cabida los delirios de su
protago-nista sin que por ello se resienta la credibilidad del
conjunto, entre otras cosas porque "El maquinista" es un film
que posee un rigor narrativo bastante inusual en otras recientes
producciones de corte fantástico, un rigor que se agradecerá y
mucho por parte del espec-tador harto de vacíos efectismos. Algo
que hay que agradecer sin duda al buen hacer de su director.
Brad Anderson construye su thri-ller con elegancia y con
mucha in-teligencia, preocupándose por en-contrar un equilibrio
entre los re-ferentes de cine clásico por los que se mueve y
algunos elemen-tos del cine de terror psicológico más reciente.
Así, no resulta difícil rastrear influencias de Hitchcock en la
forma en la que Trevor se enfrenta a lo que considera una
conspiración or-questada contra él, si bien la espeluz-nante
estampa y el inestable compor-tamiento del personaje
interpretado (de forma magnífica más allá de su aspecto, todo
hay que decirlo) por Christian Bale hacen que no sea
precisamente fácil la identificación con el personaje por parte
del espectador. Pero si hay un autor clásico al que hacer
referencia viendo "El maquinista", ése no es otro que Roman
Polanski: "El quimérico inquilino", pero, sobre to-do,
"Repulsión" son obras que vienen a la mente contemplando ese
universo esquizoide en el que las fronteras entre lo real y lo
imagi-nario se difuminan con pasmosa facilidad. Por otra parte,
no con-viene dejar de lado las posibles influencias que hayan
tenido coetá-neos como Christopher Nolan (doblemente citado
respecto a la es-tructura y ritmo muy calculado de la historia,
deudora de "Memen-to"
en algunos pasajes, y a los temibles efectos que el insomnio
puede causar en sus víctimas, como ya le sucedía a Al Pacino en
la película del mismo nombre) o Darren Aronofsky, aunque, de
igual forma, si hay que buscar paralelismos claros con algún
autor deter-minado, podríamos decir a la vista de las
implicaciones de la culpa y los monstruos que puede crear el
subconsciente que "El maqui-nista" tiene muchos puntos en
contacto con gran parte de la filmo-grafía de David Lynch y más
concretamente con "Carretera perdida" o "Mulholland
Drive", con las que comparte esa malsana mirada a una
realidad tan áspera como sofocante de la que no se puede
es-capar.
Pues pese
a que todas estas referencias podrían dar lugar a un producto
indigesto, Brad Anderson se maneja de maravilla con el material
que tiene entre manos, sabiendo dar el toque justo en ca-da
momento. No hay más que ver esa ominosa fábrica a la que Tre-vor
transporta todas sus obsesiones o esa pesadillesca atracción de
feria para darse cuenta que al director le interesa mucho más
la recreación de una atmósfera o un universo particular que el
desarrollo de la historia que está contando, aunque en ningún
momento descuide su rigor narrativo. Otra prueba de ello son
las pistas que no pasarán desapercibidas al espectador más
atento, hasta tal punto que la resolución final de la historia
con Anderson encajando las piezas del puzzle puede dejar frío a
más de uno, ya que si bien "El maquinista" podría inscribirse en
esa tendencia reciente de cierto cine fantástico de obligar a
repasar lo ya visto, la propia historia ofrece suficientes
elementos para que ese final no tenga la contundencia o la
capacidad de sorprender que podría presuponérsele por su
brillante desarrollo, lo cual hasta cierto punto no es tanto un
defecto como una virtud en la medida que hay una voluntad por
parte del director de anteponer esa evo-lución de la historia y
esa creación de atmósferas a manidos efec-tismos.
Hay que hacer una referencia eviden-te al magnífico trabajo de
los actores, desde la angustiosa (e intuimos que dolorosa, por
todo lo que implica) composición de Bale, sin la cual la
película no podría sostenerse, al siempre efectivo trabajo de
Jennifer Jason Leigh,
espléndida en su papel de comprensiva prostituta o al
impor-tante papel que juega Aitana
Sán-chez-Gijón como camarera de esa desangelada
cafetería de aeropuerto a la que Trevor acude en busca de algo
de calor y consuelo en medio de su agobiante peripecia. Quizás
"El maquinista", si se la mira objetiva-mente, no ofrece una
historia excesivamente original pero, siendo justos, hay que
reconocer que es un film inteligente que juega bien sus bazas. Y
convence, vaya que si convence.
Calificación:
    
Imágenes de "El maquinista" - Copyright © 2004 Castelao
Producciones y Filmax Group. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos
reservados.
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