CRÍTICA
por
David Garrido Bazán
De ladrones y paisajes
exóticos
A estas alturas nadie pone en duda que las películas
protagonizadas por ladrones que llevan a cabo robos más o menos
sofisticados pueden consi-derarse un género en sí mismo, con
todo lo que eso supone respecto a la amplia variedad de robos
que nos han sido mostrados en pantalla, las infini-tas
motivaciones y personalidades tanto de los criminales que los
come-ten como de los defensores de la ley que persiguen a éstos
y, por supues-to, esos, parece que inevitables, giros del
argumento que retuercen la trama hasta límites inimaginables
buscando sorprender al cada vez más curtido espectador.
Precisamente por eso las últimas tendencias del género transitan
por caminos que apuestan por poner algo me-nos de énfasis en sus
aspectos más habituales para coquetear de manera indisimulada
con la comedia, la acción desenfrenada e in-cluso, llegando a
algunos extremos, limitarse a apostar por el atractivo de su
reparto, dejando que el golpe en sí carezca de la más mínima
importancia, como sucedía en la reciente y muy de-cepcionante "Ocean’s
twelve".
Todo ello responde a un lógico agotamiento del género y posible-mente
esto sea algo que haya preocupado bastante a los respon-sables
de "El gran golpe", absurdo, una vez más, título en España del
mucho más certero "After the sunset", a juzgar por la
indefini-ción de tono en el que se mueve (basculando
continuamente entre la comedia, el romance y una mínima acción)
esta pelí-cula un tanto rutinaria protagonizada por una
pareja de ladrones de guante blanco a un paso de disfrutar de un
bien ganado retiro en una paradisíaca isla del Caribe, y a los
que se les cruza, cómo no, la posibilidad de dar un último golpe
en forma de jugoso diamante, mientras un agente del FBI que ha
sido sistemáticamente puesto ridículo por la pareja, les sigue
los pasos de cerca. Pierce Bros-nan,
cuyo único éxito comercial relevante fuera de la franquicia Bond
en los últimos años fue precisamente otra película del género
("El secreto de Thomas Crown", irregular pero a ratos logrado
rema-ke de la película de Norman Jewison del mismo título), y
una Sal-ma Hayek que tras su
apuesta personal en "Frida" parece no tener mucha más opción que
seguir encauzando su carrera por papeles en películas
comerciales que no aportan mucho más a lo hasta ahora
demostrado, conforman esta pareja de ladrones que ya han
conseguido aquello a lo que supuestamente aspiran todos los que
ejercen su "profesión": suficiente dinero para vivir no ya
cómoda-mente, sino de una forma incluso lujosa, y un lugar
tranquilo y pa-radisíaco donde disfrutar de ese "dolce far
niente" hasta el fin de sus días. Todo un sueño, vaya.
Sin embargo, y como queda meridia-namente claro al comienzo de
la pelí-cula —tras una divertida escena intro-ductoria, propia
de las películas de Bond, en la que se escenifica el últi-mo
golpe de la pareja y la humillación a la que es sometido el
personaje de Woody Harrelson,
el agente del FBI encargado de custodiar el diamante que ambos
roban—, una vida como la descrita puede no resultar tan atracti-va
como parece y es que, como muy bien demuestra Max, ¿cuántas no-ches
seguidas puede uno cenar lan-gosta sin acabar harto de tanto
crus-táceo? ¿Cuántas noches seguidas puede uno acostarse con
Sal-ma Hayek sin...? Bueno, esto último dejémoslo estar. El caso
es que mientras Lola solo desea pasar el mayor tiempo posible
con su amado Max viendo puestas de sol y disfrutando de su
retiro, éste tiene aún metido dentro el gusanillo del más
difícil todavía y, aun-que en realidad no tiene ninguna
necesidad de hacerlo, diversas cir-cunstancias parecen empujarlo
a dar ese último golpe.
Lo más novedoso de una película de desarrollo tan previsi-ble
es quizás la complicidad que se establece entre el ladrón Max y
el agente Stan, un Woody Harrelson un punto menos inso-portable
de lo que acostumbra. Éste, en su afán de recuperar la es-tabilidad
perdida por culpa de sus sucesivos fracasos, se presenta a cara
descubierta en la isla y se dedica a seguir tan de cerca las
andanzas de la pareja que acaba convirtiendo su cada vez más
es-trecha relación con Max en un más que inocente y estúpido
juego del gato y el ratón. Mientras tanto, se deja seducir por
los encantos de las Bahamas, la mejor de las cuales es una guapa
chica-florero (la agente de policía local Sophie, encarnada por
una guapísima Naomie Harris,
a la que recordamos como aquella superviviente de "28 días
después") cuya presencia en pantalla es tan testimo-nial como la
de ese desaprovechado Don Cheadle,
que interpreta a un mafioso local con el suficiente cinismo como
para decir que desea conseguir el diamante para mejorar las
condiciones de vida de los habitantes de la isla mientras afirma
sin rubor que está con-virtiendo un antiguo hospital infantil en
“un centro de entrenamiento paramilitar que dará muchos
beneficios en el futuro”.
Brett Ratner, al que le ha
caído en suerte la ingrata tarea de estar detrás de la cámara en
un producto como éste, tan condenado desde su guión al fracaso,
es al menos consciente de que su papel debe consistir en hacer
lo menos posible para interferir en el desarrollo normal de las
cosas, y se limita a sacar partido de lo que tiene delante:
registra los evidentes atracti-vos de la vida en las Bahamas con
al-guna que otra toma de esas que te hacen desear cruzar la
pantalla para disfrutar de los encantos de ese paraí-so, o se
deleita en ofrecernos las ver-tiginosas curvas de una Salma
Hayek que hace un despliegue de su atractivo que un servidor no
recuerda tan contundente desde su inolvidable baile de "Abierto
hasta el amanecer" (lo que no le ayu-dará precisamente a evitar
la imagen de ser poco más que una mu-jer impresionante),
mientras Pierce Brosnan parece aburrirse de ha-cer una vez más de
sí mismo, con las mismas cosas positivas y negativas de siempre,
y Harrelson... bueno, Harrelson parece pa-sárselo igual de bien
que su personaje con estas vacaciones paga-das en Las Bahamas.
Supongo que debió ser, de todos los inte-grantes del proyecto,
el que más rápidamente cayó en la cuenta de que no hacía falta
esforzarse demasiado porque no había mucho que se pudiera hacer
para salvar el filme.
Como apuntaba al principio, la película se esfuerza por ofrecer alguna
alternativa a los lugares comunes del género apun-tando algunas
ideas que, desarrolladas de otra forma, quizás hubieran podido
dar lugar a un producto un poco más intere-sante. Ratner
intenta sin demasiado empeño potenciar los aspec-tos cómicos e
incluso la vertiente romántica del relato, pero su es-fuerzo
queda reducido a un par de situaciones propias de la come-dia de
enredo que apenas logran arrancar la sonrisa y un par de tó-picos
sobre la imposibilidad de la pareja protagonista de conciliar
los deseos de uno y otro que no merecen mayor comentario. Así
las cosas —y viendo que tampoco puede uno agarrarse a la ejecu-ción
del golpe, cuyo éxito se sustenta en un par de ideas tan estú-pidas
que obligan al espectador a mirar para otro lado para no mo-rirse
de vergüenza ajena, ni al más que previsible giro argumental del
final— quizás lo mejor que puede decirse de "El gran golpe" es
que distrae sin llegar a aburrir por completo, que Ratner narra
de forma harto sencilla atendiendo a las necesidades de una
simple película de entretenimiento intrascendente (es decir, sin
pretender en ningún momento vender más que lo que tiene entre
manos) y que sólo el indudable atractivo (físico, claro) de
Brosnan y la exube-rante Hayek hace algo más llevadero el tiempo
invertido en esta pe-lícula condenada al olvido en el mismo
instante en el que uno aban-dona la sala.
Calificación:
    
Imágenes
de "El gran golpe (After the sunset)" - Copyright © 2004 New Line Cinema, Firm
Films, ContraFilm, Rat Entertainment y Brett Ratner Films.
Distribuida en España por TriPictures. Todos los derechos
reservados.
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