CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Para conocer algo sobre la vida de una figura histórica tan
importante co-mo Alejandro Magno no hay nada me-jor que echarle
un vistazo a la ingente cantidad de libros que se han escrito
sobre él, bien sean estos textos de autores clásicos o modernos.
Incluso Internet puede resultar un recurso ideal para saciar el
interés de aque-llos que, por supuesto, saben que una película
jamás podrá resumir la vida de un personaje que, a pesar de
falle-cer a temprana edad, llevó a cabo ta-les gestas que
marcaron de alguna manera el devenir de varios pueblos. Es obvio
que juzgar desde el siglo XXI los comportamientos de personas
que vivieron en épocas muy lejanas a la nuestra resulta un acto
estéril, de igual modo que me parece ridículo intentar llamar la
atención del espectador con in-necesarias polémicas, en este
caso la ambigüedad sexual de Ale-jandro, quien contrajo
matrimonio con varias mujeres pero que se-guramente tuvo amantes
masculinos (no obstante, existen dudas de que Hefestión fuera
uno de ellos, tratándose más bien de un gran amigo de la
infancia cuya pérdida le afectó considerablemen-te).
En
anteriores ocasiones el cine ya ha trasladado en imágenes la
vida del hijo de Filipo II de Macedonia y de Olimpia, si bien la
más conocida de todas estas películas, "Alejandro Magno", no
brilla pre-cisamente por su calidad, ya que la realización de
Robert Rossen no tiene fuerza y tampoco posee la
espectacularidad propia de las producciones de la década de los
cincuenta (lo más destacable es, sin duda, su reparto: Richard
Burton, Fredric March, Claire Bloom o Peter Cushing, entre
otros). Lo que ahora ha intentado hacer
Oli-ver Stone no es una
recreación de las grandes batallas que libró este personaje y
que sirvieron para unificar de alguna forma la cul-tura
occidental con la oriental, sino centrarse en sus aspectos más
humanos, en especular acerca de sus comportamientos y de la
in-fluencia que pudieran haber tenido en su proceder todos
aquellos que le rodearon durante su existencia.
El director de "Nixon" utiliza la am-pulosidad de la
cinematografía actual para crear un fastuoso envoltorio que, si
bien nos brinda pasajes dignos de ser contemplados por el simple
hecho de intentar profundizar en la psicolo-gía de los
protagonistas, se ofusca en representar otros que no hacen que
el relato avance y que incluso lo vuelven excesivamente
irregular, provo-cando con ello que las casi tres horas que dura
el filme se hagan un tanto tediosas. A pesar de todo, Stone
nos muestra escenas bastante aceptables, como cuando el joven
Alejandro consigue montar a Bucéfalo, obteniendo así el respeto
de su padre, o esa peculiar rivalidad existente entre Filipo y
Olimpia por hacerse con el control de su hijo. En principio esto
nos hace pensar que la película nos explicará la lenta pero
plausible evolu-ción vital de este conquistador, mas se utiliza
a Ptolomeo para na-rrarnos la llegada al trono de Alejandro o
las primeras guerras que libra, algo que puede confundir al
espectador, pues de golpe escu-cha un buen número de nombres que
difícilmente retendrá en su memoria.
Quien
espere encontrarse ante un gran espectáculo de Hollywood repleto
de lides se quedará completamente decepcionado, puesto que la
primera de ellas se produce una vez han transcurrido cuaren-ta y
cinco minutos del largometraje, con un prolegómeno en el que
Alejandro se dirige a sus hombres para transmitirles coraje al
tiem-po que la cámara se eleva y sigue el vuelo de un águila que
se alza sobre el enemigo persa. Durante estas escenas los
efectos espe-ciales no aportan nada que no hayamos visto ya en
otros fil-mes, sobre todo después del estreno de "Troya",
como tam-poco lo hacen el uso de las masas o la visualización de
las grandes ciudades que caen en manos del forjador de este
vasto imperio.
Las
refriegas cuerpo a cuerpo no están bien resueltas, siendo en
ocasiones muy confusas, pero he de insistir nuevamente en que a
Oliver Stone sólo le interesan los personajes, bien sean sus
anhe-los, sus miedos, sus proezas, sus pasiones, sus debilidades
o sus placeres. Lástima que no consiga una historia compacta
o, más importante aún, que las emociones de los protagonistas
alcancen al público, quien a fin de cuentas también ha de
ser el receptor de las mismas. La siguiente confrontación no se
produce hasta que transcurren alrededor de ochenta minutos con
respecto a la primera, estando filmada con un montaje demasiado
confuso que, desde luego, provoca que no resulte efectista, si
bien siempre se puede rescatar alguna brillante escena de ella,
como cuando ve-mos a Alejandro enfrentándose con su montura a un
elefante.
En cuanto al reparto, me quedaría con la brillante
interpretación de An-thony Hopkins,
sobre todo teniendo en cuenta la dificultad que entraña el
recitar un monólogo al comienzo de una película y conseguir con
su de-clamación que aquél no se haga de-masiado aburrido.
Respecto a los ac-tores principales, se puede decir que todos
están correctos (Colin Farrell,
Jared Leto,
Val Kilmer,
Jonathan Rhys-Meyers,
Rosario Dawson), si bien es
llamativo que Angelina Jolie
interprete a la madre de Alejandro y que
Christopher Plummer
(Aristóte-les) aparezca tan poco en la cinta. La composición de
Vangelis no alcanza el
esplendor de otras obras que este músico ha realizado para el
cine, siendo en ocasiones demasiado intrusiva, sobre todo
durante la primera batalla, a la que no consigue otorgar esas
tonali-dades épicas que tanto necesita. Las mejores piezas son
las inti-mistas, como cuando Olimpia habla con Alejandro siendo
éste un niño, o aquellas en las que se utilizan los coros
durante la refriega en la que participan los elefantes. Como no
podía ser de otra mane-ra, tampoco faltan los sones étnicos,
casi imprescindibles cuando se relatan este tipo de epopeyas.
Calificación película:
    
Calificación banda sonora
original:
    
Imágenes de "Alejandro Magno" - Copyright © 2004 Warner Bros, Intermedia Films,
IMF Pictures y Pacifica Films. Distribuida en España por
TriPictures. Todos los derechos
reservados.
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