CRÍTICA
por
Francisco José
Jiménez Rico
Veinte años llevaba Oliver Stone empeñado en realizar una
pelí-cula sobre el primer gran conquistador del mundo, Alejandro
Mag-no, figura que le había fascinado desde su infancia. Mucho
tiempo ha pasado desde que en 1985 comenzó a confeccionar un
guión que entonces se quedó en agua de borrajas por problemas
econó-micos y que ahora, por fin, se ha convertido en una
realidad. Pero no precisamente por la ayuda de Hollywood, que,
muy al contrario, le ha cosido a críticas sobre todo por el
puritanismo que invade de este a oeste al país estadounidense.
Son dignas
de elogio la ambición y la valentía del director de "Platoon" por
llevar al cine la vida de un perso-naje que requeriría de una
trilogía para reflejar todas sus hazañas y dotes guerreras,
todas sus preocupaciones y ansias de gloria. No llegó a los 33
años, pero cada día de su existencia necesita de un profundo
análisis. De niño estuvo bajo la tutela del filósofo Aristóteles
asimilando hasta el último conocimiento de la cultura clásica y
sufrió en sus carnes las diferencias entre su madre, Olimpia, y
su padre, Filipo, unificador de la cultura helenís-tica y origen
del que llegaría a ser gran mito de la antigüedad. Ale-jandro
Magno llegó a dudar del legado de su padre e incluso fue
desterrado hacia lejanas montañas. Sin embargo, asumió la corona
tras el asesinato de su progenitor e inició en nombre de Grecia
una expansión hacia el este, primero para vengarse de los
‘bárbaros’ persas que habían cubierto de llamas algunas de las
ciudades/es-tado helenas y, después, para unificar todo el mundo
conocido bajo su tutela y superar a su venerado Aquiles como el
hombre más grande que había pisado la faz de la tierra. Desde su
natal Macedo-nia hasta la India, Alejandro encabezó un poderoso
ejército que lle-gó hasta las selvas del sudeste asiático tras
recorrer 35.000 kiló-metros en 12 años, librando hasta 70
batallas victoriosas.
Parece
complicado condensar estas experiencias y otras muchas en tres
horas de metraje, y el resultado no es todo lo halagüeño que
desearíamos. La película es fruto de una labor de cortar y pegar
varios de los principales sucesos acaecidos al empera-dor macedonio,
mal encajados y peor explicados, incluso al-gunos con un rigor
histórico discutible. Vemos al principio al jo-ven Alejandro
recibiendo la educación e instrucción guerrera, a la vez que su
padre, reflejado con premeditación de una forma ridícu-lamente
grotesca, maltrata a su madre, a la que tacha de hechice-ra. Esta
turbia relación marcará al protagonista durante su vida y
Olimpia atormentará su pensamiento sin descanso, ya que su amor
por ella choca con la sospecha de que fuera la inductora del
magnicidio y por su afirmación de que era hijo del dios Zeus y
no de Filipo.
Oliver
Stone se ceba con este trián-gulo familiar que exagera la
realidad histórica, aunque hay que admitir que el personaje de
Olimpia, sensual, posesiva e infatigable en su empe-ño de abrir
el horizonte de la glo-ria de su hijo, es el más consegui-do, cosa
por otra parte no complicada dado el escaso margen de maniobra
de que disponen para desarrollarse. El realizador de "Nixon" tiene
como objetivo escarbar en los aspectos más psicológicos del
personaje y descubrir qué podía pensar y cómo podía comportarse
un conquistador de corte griego en el siglo IV antes de Cristo,
y por ello explicita tam-bién sobremanera su bisexualidad con
Hefestión, su gran amigo y confidente. El resto de relaciones de
Alejandro quedan en la nada, en especial las que mantenía con
sus generales y con el ejército, que durante su vida pasarán de
la veneración inicial por un valiente monarca capaz de derramar
hasta la última sangre de su cuerpo por ellos, hasta llegar a la
rebelión final (que significó la única de-rrota del infatigable
explorador), y que en la película sólo se obser-van a retazos. El
personaje de Clito, y en un momento puntual Crá-tero, son los
únicos que nos acercan a esa realidad.
En
definitiva, el resultado final es un puzzle al que le faltan
mu-chas piezas. El general Ptolomeo nos cuenta, en calidad de
biógra-fo oficial, toda la exitosa vida de ‘El Grande’ desde su
palacio de Alejandría. Algunos monólogos son excepcionales,
sobre todo el final, impresión a la que ayuda la magnífica
interpretación de An-thony Hopkins. Y en parte rebajan el sin
sentido de los brutales saltos en el tiempo que se producen en
la narración; por ejemplo, una vez que Alejandro es nombrado
rey, la acción se dirige a la de-finitiva batalla de Gaugamela
ante los persas, que se produjo cinco años después. Así, se
suceden hechos importantes que se nos presentan deprisa y
corriendo, sin relación alguna con la escena anterior, caso del
episodio de ‘la conspiración de los pajes’ contra ‘El Grande’.
La
película se convierte en un carrusel de acontecimientos sin
continuidad en el tiempo que no consiguen explotar el potencial
de los personajes, obvia algunos he-chos importantes (la
conversión de Alejandro a una cultura persa a la que había
atacado con el fin de eliminar del mundo la tiranía, la opinión
de unos pueblos sometidos que sólo se nos presentan como
perdedores de las contiendas y como bailadores en las fiestas,
su turbia relación con Gre-cia...) y elimina sucesos notorios. En
su loable empeño por centrarse en el aspecto más interior del
rey, el director apenas presta atención a las batallas, y las que
exhibe son muy confusas (especialmente la que se libra en la
India, teñida de un rojo melancólico a todas luces
prescindible), denotando poco la habilidad militar del
conquistador, aunque sí su inmenso valor. En ellas, como a lo
largo de todo el metraje, da muchas cosas por sabidas. Solamente
aquellos espec-tadores avispados y con los datos históricos en la
retina atarán ca-bos con la indumentaria de cada personaje en
cada escena o por algún diálogo salteado que proporcione la
clave.
Por eso,
se antoja necesario que el espectador conozca un poco la
historia porque, en caso contrario, pueden surgir mu-chas dudas.
La salvación para la "Alejandro Magno" de Oliver Sto-ne es la
excelente puesta en escena, algunas momentos de gran intensidad
emotiva (la pelea fatal entre Alejandro y Clito, o cuando doma a
su salvaje caballo) y la virtud de que, pese a todos los
de-fectos expuestos, se puede decir que no aburre sino que
entretie-ne, y mucho, a pesar de prolongarse por casi 180 minutos.
Aparte, por supuesto, de la fascinación que despierta toda una
vida dedica-da a la búsqueda de los confines del mundo.
Calificación:
    
Imágenes de "Alejandro Magno" - Copyright © 2004 Warner Bros, Intermedia Films,
IMF Pictures y Pacifica Films. Distribuida en España por
TriPictures. Todos los derechos
reservados.
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