CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
Escéptica
paranormal
Jonathan Glazer saltó de la
realización de videoclips al cine con "Sexy
beast", un largometraje recibido con discreción que
escon-día, bajo un aparente thriller criminal sobre mafiosos con
puntuales atisbos cómicos, un estimable estudio dramático de
personajes perseguidos por su historia, estupendamente
interpretados por aquel reducido reparto encabezado por Ray
Winstone y Ben Kings-ley. Aunque con "Reencarnación (Birth)" parezca haber
cambiado por completo de tercio, seguimos en el terreno
pantanoso de las falsas apariencias, pues Glazer nos vuelve a
ofrecer, aunque desde diferentes coordenadas narrativas y
estilísticas, otro atípico sus-pense que ahonda de nuevo en los
conflictos interiores de un per-sonaje que, aun tratando de
rehacer su vida, no logra liberarse de su pasado.
En "Reencarnación
(Birth)",
cuyo guión cuenta con la coparticipación de Milo Addica
("Monster's ball") y el reputadísimo
Jean-Claude Carrière,
Nicole Kidman se pone en la
piel de Anna, una inteligente y atractiva mu-jer de origen acomodado que perdió a su
marido, Sean, hace diez años. Después de haber conseguido
supe-rar aquella muerte repentina, Anna ha iniciado un nuevo
capítulo sentimental con Joseph (Danny
Huston), con quien está a punto de contraer
matri-monio. Una noche, mientras la familia celebra el cumpleaños
de su madre Eleanor (Lauren Bacall),
un niño desconocido (Cameron Bright)
se presenta de improvisto en su lujoso apartamento e insiste en
hablar con Anna a solas. El pequeño le revela entonces que él es
Sean, su esposo, y le pide que no se case con Joseph. Al
princi-pio, el selecto grupo recibe aquella noticia con
despreocupación, creyendo que se trata de una broma o de una
excentricidad del crío. Sin embargo, el joven Sean parece
conocer algunos detalles que sólo el fallecido Sean podría
saber. Estas claves que no pue-den ser simple fruto de la
casualidad y su obstinación en perseguir a Anna, lograrán
convencerla de que se encuentra delante de su esposo
reencarnado...
Resulta
arriesgado comparar este inclasificable trabajo con cual-quier
otro largometraje precedente que haya abordado el tema de la
reencarnación o de la presencia sobrenatural de un ser querido,
pues no conduciría más que a confundir al lector. "Reencarnación
(Birth)"
no podría estar más alejada en tono y planteamiento de la disparatada comedia de Emile Ardolino
"El cielo se equivocó" o del popular melodrama romántico de Jerry
Zucker "Ghost", por más que compartan unos puntos en común, y
aunque no han pasado desapercibidos sus paralelismos con el
clásico "La semilla del dia-blo" de Roman Polanski,
debido a que Nicole Kidman luce un corte de pelo similar al de
Mia Farrow, a su emplazamiento en un edificio de
pisos señorial y al entorno familiar en que transcurre la
acción, "Reencarnación (Birth)" es mucho menos explícita,
terrorífica y acuciante que aquélla. Nos encontramos, en cambio,
delante de una película con más regusto europeo que
norteamericano y que, a pesar de la primera impresión que pueda
evocar, no es en absoluto una cinta de terror; de hecho, tiene menos de
misterio paranormal que de intrigante fábula dramática que
sondea las repercusiones psicológicas que desencadena la
irrup-ción de un acontecimiento inexplicable en el curso
cotidiano de unos personajes que se rigen por la razón.
No quiero
destapar demasiados por-menores sobre una trama
que desde el comienzo, a través de una magnífi-ca introducción
que sigue a un hom-bre practicando jogging en un parque
nevado, contraponiendo a continua-ción su muerte con un nacimiento, parece estar
apuntando al tema de la reencarnación desde los códigos del
miedo, pero que después toma el rumbo del suspense psicológico y
del romance metafísico para, finalmente, tras emprender un
decisivo giro, ofre-cer una interpretación mucho más re-alista de
cuento moral —que no mora-lista—. Honestamente, se me escapan cuáles
eran las
auténticas intenciones de "Reencarnación (Birth)" y eso, al menos, se ha de
reconocer que es un elemento importante para considerar si un
film ha alcanzado o no su objetivo. Su desenlace no ayuda en
exce-so a aclarar los propósitos de la película, si acaso no los
confunde todavía más, pues es lo suficientemente abierto y
ambiguo como para aumentar las dudas, planteando dos posi-bles
alternativas, ninguna de las cuales encaja por entero con los
hechos, y una tercera a la que el guión no presume
señalar. Des-conozco si el interés de sus autores se limitaba a
sostener un mis-terio pasajero, en cuyo caso no resultaría
satisfecho por su conclu-sión, a reflexionar sobre los
indestructibles lazos románticos o acerca de las posibilidades
que se hallan más allá de la muerte, o —me inclino por esto
último— a retratar cómo una
persona culta, inteligente y de mentalidad escéptica es capaz de
ceder a la sin-razón de los sentimientos por delante de la lógica
y las evidencias empíricas. En este
último sentido, cuesta entender el alcance de la encendida
polémica que se originó a raíz de ciertas escenas pro-tagonizadas
por Nicole Kidman y Cameron Bright, ya que éstas es-tán
conducidas con tanto tacto y maternalismo que lo difícil es
en-contrar en ellas algún asomo de corte lúbrico.
En lo que
no cabe ninguna duda es que se trata de una rara avis tan
escurridiza como extrañamente atractiva, que desmante-la las
convenciones y lugares comunes del género tal y como son
entendidas por la tradición comercial hollywoodiense. No sólo
por su tiempo relajado, por la ausencia de sobresaltos, efectos
especiales y acción, porque en lugar de disponer de un fi-nal
cerrado y resolutivo entrega uno completamente abierto a la
es-peculación, o porque su intriga se apoya, en cambio, en el
flujo na-rrativo y en la escasez de explicaciones, sino porque,
contraria-mente a lo establecido, sus posicionados
protagonistas son seres lógicos, de pensamiento científico,
preocupados por la compostura y la reputación, difícilmente predispuestos
a aceptar con facilidad la naturaleza sobrenatural de cualquier
acontecimiento, de modo que el enigma que planea sobre el film
es todavía más potente y pertur-bador.
Si bien su fondo puede ser cues-tionable, "Reencarnación (Birth)" debe su
evidente capacidad de magnetis-mo y sugestión a la
imaginativa forma en que está contada, verdadera artífi-ce del
suspense latente que como una corriente subterránea atraviesa la
película. Con un
aprecio por la estéti-ca visual notorio, esta obra es sobre
todo un excelente ejercicio de na-rración, elegante, preciso y
esti-mulante,
que recuerda poderosa-mente al Stanley Kubrick de traba-jos como "Eyes
wide shut". De fac-tura suntuosa, la creativa
dirección de Glazer hace un meticuloso empleo de la cámara, de
la ubicación de los personajes en los espacios, y del juego de
ruidos, silencios y música —compuesta por
Alexandre Desplat— para desembo-car,
mediante un ritmo suspendido en lo imprevisible, en un clima
hipnótico donde la tensión se puede palpar. Un estilo de
relatar que crea una atmósfera cerrada a camino de lo real y lo
irreal, lími-te más que propicio para situar esta insólita
historia en el umbral de lo posible. Pautada por el predominio
de los escenarios interio-res con iluminación artificial y por un
cromatismo de verdes, crudos y blancos, la fotografía de
Harris Savides incita a
idénticos propó-sitos.
Las
excelentes actuaciones del elenco, milimétricamente ajusta-do al
tono turbio pero costumbrista de la película, es otro de los grandes
puntales sin los cuales no se sostendría "Reencarnación (Birth)". Al lado de
intérpretes de solvencia contrastada como una estupenda
Anne Heche en el rol de misteriosa amiga de la
pareja,
Peter Stormare,
Arliss Howard,
Ted Levine o la gratamente recuperada Lauren Bacall,
despunta su protagonista femenina, una Nicole Kidman natural y
exacta en su papel de joven viuda bienestante sometida a la
presión de un dilema que se escapa a la razón, cuya
interpretación pivota en la expresividad de su rostro —el
momento en que deja traslucir su convencimiento en torno a la
identidad del niño, durante un concierto de música clásica, es uno de los más destacados del film— y sin
la cual la cinta perdería considerable credibilidad; y el pequeño Cameron Bright,
que con su solemne y huraña presencia convence en sus
dos posibles facetas.
Una bizarra
e inusitada muestra de misterio psicológico que ex-plora en las
fronteras de lo razonable, donde la deliberada realiza-ción de Glazer,
el atrayente estilo visual y las acertadas interpreta-ciones
superan las evidentes limitaciones de un argumento capri-choso de
escurridizas intenciones, envolviendo al espectador en una
atmósfera hechizante y prolongando la intriga más allá de su
fi-nal. Dejará insatisfechos a quienes busquen un
film de género al uso, y será una película que a todas luces dividirá al público
y dará que hablar tras la proyección.
Calificación:
    
Imágenes de "Reencarnación (Birth)" - Copyright © 2004
New Line Cinema, Lou Yi Inc. y Academy Productions. Distribuida
en España por TriPictures. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "Reencarnación (Birth)"
Añade "Reencarnación (Birth)" a tus películas favoritas
Opina sobre "Reencarnación
(Birth)" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda "Reencarnación
(Birth)" a un amigo
|