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REENCARNACIÓN (BIRTH)
(Birth)


Dirección: Jonathan Glazer.
País:
USA.
Año: 2004.
Duración: 100 min.
Género: Drama, misterio.
Interpretación: Nicole Kidman (Anna), Lauren Bacall (Eleanor), Danny Huston (Joseph), Anne Heche (Clara), Cameron Bright (Sean), Arliss Howard (Bob), Peter Stormare (Clifford), Ted Levine (Sr. Conte), Cara Seymour (Sra. Conte), Alison Elliot (Laura), Zoe Caldwell (Sra. Hill), Novella Nelson (Lee).
Guión: Jean-Claude Carrière, Milo Addica y Jonathan Glazer.
Producción: Jean-Louis Piel, Nick Morris y Lizie Gower.
Música: Alexandre Desplat.
Fotografía:
Harris Savides.
Montaje: Sam Sneade y Claus Wehlisch.
Diseño de producción: Kevin Thompson.
Dirección artística: Jonathan Arkin.
Vestuario: John Dunn.
Estreno en USA: 29 Octubre 2004.
Estreno en España: 25 Febrero 2005.

 

CRÍTICA
por David Garrido Bazán

Fascinación, ambigüedad y desconcierto

  Quizás lo primero que a uno se le viene a la mente a la hora de escribir acerca de esta elegante, perturbadora y a la vez fascinante propuesta fílmica que hoy nos ocupa, es que el director Jonathan Glazer y sus dos socios en el guión Milo Addica y Jean-Claude Carrière debían ser más que conscientes de que su estimulante premisa de partida bien podría servir para configurar a partir de ella una película que perteneciera a ese selecto grupo de obras de difí-cil catalogación que mezclan y a la vez difuminan las fronteras de lo que comúnmente conocemos como género cinematográfico, obras que a menudo suelen colocarse muy cerca del borde de un precipicio por los considerables riesgos que afrontan y por la com-plejidad que supone llevar a buen puerto lo que se cuenta, pero que, precisamente por ese coqueteo poco disimulado con el riesgo y por su deseo de experimentar con nuevas y sugerentes formas de expresión, pueden resultar particularmente atrayentes para ese tipo de espectador inquieto, ansioso por ver sometida a prueba su capacidad de sorprenderse en una sala de cine.

  "Reencarnación (Birth)" tiene desde luego un planteamiento tan perturba-dor como interesante: ¿Cómo reac-cionaría una viuda que ha llorado por diez años la triste pérdida de su mari-do y que por fin parece dispuesta a rehacer su vida con otro hombre si, de improviso, apareciera en su vida un in-quietante chaval de diez años que, comportándose con maneras de adul-to y conociendo unos hechos que na-die más que aquel marido difunto po-dría saber, afirmara convencido ser la reencarnación de éste y reclamara la atención de la que dice ser su esposa? Ante esta tesitura, parte del público, siguiendo sus propias creencias sobre el asunto, pue-de reaccionar pensando que, efectivamente, el determinado chaval puede estar en lo cierto y ser quien dice ser pese a que, por otro lado, tal cosa resulte imposible de aceptar para el espectador natu-ralmente escéptico, que preferirá pensar que todo eso no puede si-no ser una broma de mal gusto llevada al extremo y que debe ha-ber una explicación más racional al respecto. Lo verdaderamente singular de la película de Jonathan Glazer es la ambigüedad que muestra en este campo, que deja tanto espacio libre al espectador que permite avanzar por la película montado en el caballo que más le guste, a la expectativa de lo que se va descubriendo en pantalla.

  Con estos mimbres, cualquiera diría que estamos ante un produc-to propio del género fantástico y sin embargo hay algo que no en-caja. Para empezar, la factura visual de la película, elegante a más no poder, con una puesta en escena que se complace en detener los planos fijos sobre los rostros o las estancias, y con suaves mo-vimientos de cámara exentos del más mínimo efectismo que de-sembocan en un ritmo pausado en el que se presta atención sobre todo a la creación de una atmósfera, sólo puede llevarnos a un refe-rente claro dentro de dicho género: M. Night Shyamalan. Sin em-bargo, "Reencarnación (Birth)" tampoco encaja del todo dentro de ese esquema, porque por mucho que queramos rastrear paralelis-mos entre esta historia y la filmografía del autor de "El sexto senti-do", nunca hay en la cuidada atmósfera de esta película la sensa-ción de desasosiego que la constante presencia del elemento fan-tástico crea en los films del realizador de origen indio, ni tampoco el aire malsano que un Polanski podría sugerir a través de esa in-troducción de lo fantástico en lo cotidiano tipo "La semilla del dia-blo", uno de los temas sobre los que gira la trama de "Reencarna-ción (Birth)" ¿Ante qué tipo de propuesta nos encontramos enton-ces?

  Quizás la respuesta a tan delicada pregunta podría venir de analizar un poco más a fondo lo que es el verda-dero núcleo de la película: la forma en la que cualquiera de nosotros, seres humanos perfectamente racionales y seguidores de un sistema lógico a la hora de enfrentarnos a algún proble-ma, podemos abandonarnos tan pro-gresiva como desesperadamente a la solución que más nos conviene, por irracional que sea, con tal de recupe-rar aquello que perdimos en el pasa-do, que es lo que le sucede de mane-ra evidente al complejo personaje que compone de forma magistral una Nicole Kidman sin cuyo talento interpretativo la película sería incapaz de sostenerse, pues su Anna navega siempre en el mismo límite de la credibilidad. Basta con ver ese espeluznante plano fijo en el concierto al que asisten Anna y su prometido Jo-seph, poco después de planteado el dilema, en el que se registra cómo ella está considerando, por primera vez de forma seria, la po-sibilidad de que sea verdad lo que Sean plantea y, en consecuen-cia, su rostro va reflejando las terribles consecuencias de esa cer-teza, ajena su atención por completo a todo lo que le rodea. No hay en la actualidad muchas actrices capaces de conseguir trans-mitir toda esa inseguridad, ese cúmulo de sensaciones, dudas e ideas que se agolpan en su cabeza, no sólo en ese prodigioso pla-no fijo, sino a lo largo de todo el film. Es a través de ese progresivo abandono de Anna a la dulce seducción que supone pensar que tan fantástica premisa pueda ser una realidad que nosotros, como espectadores, hacemos ese viaje con ella, por más que haya una vocecita en nuestro interior que nos avise de que es una locura.

  Por supuesto, ayuda no poco a la misma empresa Cameron Bright, ese niño de mirada adulta que consigue provocar toda esa tensión a su alrededor con su simple presencia, su tenacidad inso-bornable y su naturalidad desarmante (la escena del baño, que ha sido motivo de tan absurda polémica por los impresionables mora-listas de siempre, es un modelo de planificación inteligente) y que plantea la misma duda en la mente del espectador. Admite Jona-than Glazer —un realizador que nos sorprendió con su estimulante ópera prima "Sexy beast", aparentemente en las antípodas de esta obra por su diferente acabado visual, pero en el fondo no tan aleja-da de ella por los temas que aborda— que la intención principal de la película, desde un primer momento, era mostrar de una forma creíble una historia de amor entre una mujer adulta y un niño de diez años. Y la verdad es que durante gran parte del metraje lo con-sigue sin resultar inverosímil (véase por ejemplo la secuencia de Anna y Sean en la heladería mientras hablan de sexo, o la escena en la que Anna se acerca a la cama desde la que Sean la contem-pla expectante) gracias, además del gran trabajo de interpretación citado, al esfuerzo del trabajo narrativo de una puesta en es-cena medida al milímetro que consigue generar tal clima que, al no jugar jamás Glazer con las cartas marcadas ni manipular al es-pectador, éste puede ser capaz de asumir por propia voluntad bien la propuesta más fantástica, bien la explicación más racional.

  La película tiene así momentos de una enorme fuerza dramática y un gran poder de sugerencia. Sin embar-go, cuando uno asume el riesgo de moverse por terrenos tan delicados, resulta una tarea harto difícil salir airo-so en la resolución del film mante-niendo intacto ese nivel. O, dicho de otra forma, llega ese momento inevita-ble en el que la película, por más que quiera seguir jugando con la ambigüe-dad, se ve obligada a optar por un ca-mino u otro y aferrarse a él si no se quiere caer en el precipicio que ella misma ha planteado. Y es ahí donde Glazer, consciente de que el tramo final de la película ha de resultar por fuerza insatisfactorio al tener que renunciar a una de sus mejores bazas, no puede o no se atreve a llevar el dilema moral que plantea hasta sus últimas conse-cuencias y duda en exceso, prolongando su final mucho más allá de lo que era a todas luces recomendable a juzgar por su resulta-do. Eso por no mencionar que la película ya había caído con anterioridad en un par de debilidades argumentales que los exegetas de las estructuras férreamente sólidas no dudarán en señalar como la causa de que parte de la trama se de-rrumbe como un frágil castillo de naipes, algo en lo que no ha-brá más remedio que darles la razón, pues es un hecho objetivo di-fícil de rebatir.

  Sin embargo, pese a que "Reencarnación (Birth)" es una película fallida en ese aspecto, no conviene juzgarla únicamente en función del mismo, pues sería algo muy injusto dejar de lado los muchos valores cinematográficos que posee y el atrevimiento que demues-tra: es un film completamente a contracorriente de casi todas las tendencias que ahora imperan en el fantástico, sin que por ello se resienta lo mas mínimo su capacidad de sugeren-cia; plantea un conflicto dramático de corte intimista con el que el espectador puede conectar con suma facilidad, capaz de generar cierta reflexión a la salida del cine y, no menos importante, de-muestra que su autor es un director con personalidad propia capaz de fabricar una película tan extraña y fascinante como casi imposi-ble de vender al gran público —su ritmo, tan lento como preciso, llevará por la calle de la amargura al espectador poco informado que se acerque a ella en la vana esperanza de encontrarse ante un producto comercial al uso—, y que debió desconcertar tanto a los productores de la misma que, una vez vista, no resulta extraño que éstos no supieran muy bien qué hacer con ella y la mantuvieran congelada durante un año antes de estrenarla, pese a contar con ganchos tan admirables como la soberbia interpretación de Nicole Kidman o la nueva recuperación para el cine, tras "Dogville", de Lauren Bacall, más que correcta al frente de un acertado reparto rodeando a los dos protagonistas que incluye a gente tan diversa como Danny Huston, Peter Stormare, Ted Levine o Anne He-che. La duda que surge es si estas inquietudes tan personales que ha demostrado Jonathan Glazer tendrán cabida en el futuro en una industria tan poco proclive a aceptar híbridos tan desconcertantes como esta película.

Calificación:


Imágenes de "Reencarnación (Birth)" - Copyright © 2004 New Line Cinema, Lou Yi Inc. y Academy Productions. Distribuida en España por TriPictures. Todos los derechos reservados.

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