CRÍTICA
por
Leandro Marques
La casa tomada
La
simpleza narrativa y sin excesivas pretensiones son los puntos
salientes de "Buena vida - Delivery", una historia chiquita que,
podría decirse, forma parte de la suma de historias que reflejan
una cara de la crisis que vivió y vive Argentina desde hace unos
años. El desempleo, el éxodo masivo de jóvenes y familias a
Europa, la falta de proyectos de futuro, el desconcertante
presente.
El
protagonista del film dirigido por
Leonardo Di Cesare y ganador del premio a la mejor
película en el Festival Internacional de Mar del Plata 2004, es
Hernán (encarnado por Ignacio Toselli),
un joven de 24 años cuya familia –su hermano, su sobrina y la
mujer de su herma-no– se fue a buscar suerte a España. Él tiene
una casa y también una moto, que usa para trabajar (haciendo
delivery) y ganar un sueldo que apenas le alcanza para
vivir. No parece muy preocupado ni comprome-tido por la crisis
que sacude al país, principalmente porque en su ca-beza tiene
otra cosa que pensar: cómo hacer para que la bella Pato (Moro
Anghileri) quiera tener algo con él.
La trama
se desarrolla en clave de co-media. Hernán es tímido, algo
ingenuo, pero insiste y logra convencer a Pato, que se quedó sin
lugar para dormir, de que le alquile un cuarto de su casa, ya
que ahora que su familia se fue le queda grande. Un par de días
alcanzan para ha-cerle pensar que encontró la felicidad: Pato le
quiere, él la quiere a ella, nada podría interrumpir esa
armonía. Sin em-bargo, todo es posible, y una noche, al regresar
de su trabajo, Hernán entra a su casa y se encuentra con visitas
inespera-das, nada menos que la particular familia de su novia
(mamá, papá y una niña), con sus respectivos bolsos, ins-talados
como para no volverse a ir. Desde ese momento, en el que la
sorpresa y las risas dominan, el clima de la película empieza a
oscu-recerse y tensionarse.
Después de
un par de días de asombro, la solidaridad de Hernán, su buena
voluntad, se transforma en un extremo sentimiento de bronca y
confusión. Está siendo invadido y no sabe qué hacer para
terminar con eso. El líder de la familia, Venancio (Óscar
Núñez), es un personaje nefasto y decadente. Engaña
permanentemente a Hernán, le dice que se irá pronto, le pide
disculpas y le agradece su cordialidad, pero una tarde instala
una maquinaria para hacer churros (deliciosa confitura
argentina), contrata a gente y convierte la casa en una especie
de fá-brica. La historia ingresa en el infinito y sofocante
tobogán del nunca acabar y lo que antes era gracioso, pasa a ser
indignante.
El mérito
del realizador consiste en su capacidad para ir aumentando la
incomodidad, el malestar del espectador al mismo tiempo que sus
anhelos de justicia. De un momento para otro, sin caer nunca en
gol-pes bajos, Di Cesare se las arregla para llevar los ánimos a
distintos rincones, y posarse donde menos gusta. Los sucesos de
la trama, si bien ya vistos en el cine, tienen la particular
característica de describir personajes y situaciones de esta
Argentina en crisis. Bien actuada, con pocos recursos
consecuencia de su bajo presupuesto, la pe-lícula se desarrolla
sin decaer nunca su ritmo y concluye con un final abierto a la
esperanza.
Calificación:
    
Imágenes
de "Buena vida - Delivery" - Copyright © 2004 La
Normanda Producciones, Instituto Nacional de Artes y Ciencias
Audiovisuales (INCAA) y Tu Vas Voir Producciones. Distribuida en
España por Alta Films. Todos los derechos
reservados.
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