49º SEMANA INTERNACIONAL DE CINE DE VALLADOLID
LA BUTACA - Revista de Cine


COBERTURA DE LA 49ª EDICIÓN DE LA SEMINCI
                                          22 - 30 Octubre 2004

 

 

 

 

 

 

 


 

PELÍCULAS   CRÓNICAS   PALMARÉS

BUENA VIDA - DELIVERY


cartel
Dirección: Leonardo Di Cesare.
País:
Argentina.
Año: 2004.
Duración: 94 min.
Género: Comedia dramática.
Interpretación: Ignacio Toselli (Hernán), Moro Anghileri (Pato), Óscar Núñez (Venancio), Alicia Palmes (Elvira), Sofía da Silva (Luli), Ariel Staltari (Beto), Pablo Ribba (Seba), Marcelo Nacci (José Luis), Ricardo Niz (Colifa), Óscar Alegre (Roberto), Hernán Ticona (Ramón), Puma Goity (Dr. Linares).
Guión: Leonardo Di Cesare y Hans Garrino.
Producción ejecutiva: Sabina Sigler y Leonardo Di Cesare.
Música: Sebastián Volco y Pablo Della Maggiora.
Fotografía:
Leandro Martínez.
Montaje: Liliana Nadal.
Dirección artística: Graciela Fraguglia.
Vestuario: Julio Suárez.
Estreno en Argentina: 12 Agosto 2004.
Estreno en España: 4 Marzo 2005.

 

CRÍTICA
por Julio Rodríguez Chico

Picaresca de subsistencia

  Argentina está siendo una fuente permanente de buenos directores de cine. A la lista de realizadores con talento hay que añadir ahora el de Leonardo Di Cesare, que con esta película ganó el premio Pilar Miró al Mejor Nuevo Director en la Seminci’49, después de haber con-seguido los máximos galardones en los Festivales de Toulouse y de Mar del Plata. Y de nuevo la crisis económica que atraviesa el país sirve de marco para una historia de amor y de supervivencia, tratada con gran sentido del humor y frescura interpretativa.

  Hernán es un joven repartidor que se ha quedado solo en una amplia casa, tras la partida de su familia para España. Ahora se ha enamora-do de Patricia –Pato– que trabaja en una gasolinera y está buscando un alojamiento tras romper con su novio. Así las cosas, Hernán le al-quila una habitación y el idilio comienza apaciblemente… hasta que un día se presentan los padres de Pato y su propia hijita, con la inten-ción inicial de pasar la noche hasta que consigan instalarse en la ciu-dad. Los días se suceden, la situación se complica hasta convertirse en una auténtica ocupación, y... sálvese quien pueda.

  La grave crisis vivida por Argentina en el 2001 afectó seriamente a la produc-ción de esta película, hasta obligar a de-morar su rodaje y a interrumpirlo una vez comenzado. Pero quizá por eso refleje, como ninguna otra, el clima de lucha por la supervivencia y la incertidumbre ante el futuro desolador que el país vivía. Lo hace de manera amable, entre risas y situaciones esperpénticas, sin cargar las tintas en la gravedad social ni personal, distanciándose de una cruda realidad en que el trabajo es precario y la familia aparece en vías de descompo-sición. Retrato costumbrista en que la picaresca reina por las calles: la palabrería aduladora y la habilidad envolvente de Venancio, el padre de Pato, consigue su objetivo de ins-talar en el piso sus antiguas máquinas de fabricación de churros; la necesidad de esos vendedores ambulantes les obliga a acoger inge-nuamente el trabajo que se les ofrezca; o la soledad de la joven Pato, que necesita un trabajo, un amor y un lugar donde vivir, pero sobre todo una libertad que unos padres autoritarios y posesivos le han sus-traído.

  Panorama que sería desolador, que no lo parece gracias a un guión lineal, que se ve venir y que no guarda sorpresas ni trampas, bien construido y llevado con brío; en ningún momento pierde el tono jocoso, casi de chiste, con situaciones penosas pero recogi-das con una estética poco realista, a pesar de algunos planos que re-flejan un paisaje de chavolas destartaladas y miserables, espejo de la crisis económica y social. Las interpretaciones tienen la frescura habi-tual del cine argentino, con una labia y gracejo para salir de las situa-ciones más apuradas, siempre desprovistas del dramatismo crudo, con un Ignacio Toselli que efectivamente pone la necesaria “cara de boludo” para ser atropellado por las circunstancias.

  Crisis social y crisis personal de quie-nes están solos y se sienten incapaces de construir una vida estable. La familia aparece rota por la emigración obligada, por la precariedad laboral o por la pica-resca de subsistencia que lleva a que cada uno pelee únicamente por encon-trar una salida a su penuria. Pato está cansada de que la intromisión paterna eche al traste la viabilidad de unos amo-res incipientes, de que su madre se adueñe del afecto de su propia hija hasta sustituirla... por lo que siente otra nece-sidad mayor que la subsistencia mate-rial: la de conseguir una libertad y autonomía, rompiendo las cadenas de la dependencia y sumisión. Lucha por la libertad y desenlace es-peranzador que Di Cesare plantea, aunque no llegue a completar el di-bujo de esta joven, en la huida irresponsable de sus obligaciones co-mo madre: como siempre, los hijos pequeños son quienes pagan los platos rotos de las crisis... personales.

  Comedia agridulce para tiempos difíciles que hará pasar un buen rato al espectador, que se verá metido de lleno en una historia rocambolesca, e invadido por una inquietud al tiempo que los churros llegan a la casa de Hernán.

Calificación:


 

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