CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Picaresca de subsistencia
Argentina
está siendo una fuente permanente de buenos directores de cine.
A la lista de realizadores con talento hay que añadir ahora el
de Leonardo Di Cesare, que
con esta película ganó el premio Pilar Miró al Mejor Nuevo
Director en la Seminci’49, después de haber con-seguido los
máximos galardones en los Festivales de Toulouse y de Mar del
Plata. Y de nuevo la crisis económica que atraviesa el país
sirve de marco para una historia de amor y de supervivencia,
tratada con gran sentido del humor y frescura interpretativa.
Hernán es
un joven repartidor que se ha quedado solo en una amplia casa,
tras la partida de su familia para España. Ahora se ha
enamora-do de Patricia –Pato– que trabaja en una gasolinera y
está buscando un alojamiento tras romper con su novio. Así las
cosas, Hernán le al-quila una habitación y el idilio comienza
apaciblemente… hasta que un día se presentan los padres de Pato
y su propia hijita, con la inten-ción inicial de pasar la noche
hasta que consigan instalarse en la ciu-dad. Los días se
suceden, la situación se complica hasta convertirse en una
auténtica ocupación, y... sálvese quien pueda.
La grave crisis vivida por Argentina en el 2001 afectó
seriamente a la produc-ción de esta película, hasta obligar a
de-morar su rodaje y a interrumpirlo una vez comenzado. Pero
quizá por eso refleje, como ninguna otra, el clima de lucha por
la supervivencia y la incertidumbre ante el futuro desolador que
el país vivía. Lo hace de manera amable, entre risas y
situaciones esperpénticas, sin cargar las tintas en la gravedad
social ni personal, distanciándose de una cruda realidad en
que el trabajo es precario y la familia aparece en vías de
descompo-sición. Retrato costumbrista en que la picaresca reina
por las calles: la palabrería aduladora y la habilidad
envolvente de Venancio, el padre de Pato, consigue su objetivo
de ins-talar en el piso sus antiguas máquinas de fabricación de
churros; la necesidad de esos vendedores ambulantes les obliga a
acoger inge-nuamente el trabajo que se les ofrezca; o la soledad
de la joven Pato, que necesita un trabajo, un amor y un lugar
donde vivir, pero sobre todo una libertad que unos padres
autoritarios y posesivos le han sus-traído.
Panorama
que sería desolador, que no lo parece gracias a un guión
lineal, que se ve venir y que no guarda sorpresas ni trampas,
bien construido y llevado con brío; en ningún momento pierde el
tono jocoso, casi de chiste, con situaciones penosas pero
recogi-das con una estética poco realista, a pesar de algunos
planos que re-flejan un paisaje de chavolas destartaladas y
miserables, espejo de la crisis económica y social. Las
interpretaciones tienen la frescura habi-tual del cine
argentino, con una labia y gracejo para salir de las
situa-ciones más apuradas, siempre desprovistas del dramatismo
crudo, con un Ignacio Toselli
que efectivamente pone la necesaria “cara de boludo” para ser
atropellado por las circunstancias.
Crisis social y crisis personal de quie-nes están solos y se
sienten incapaces de construir una vida estable. La familia
aparece rota por la emigración obligada, por la precariedad
laboral o por la pica-resca de subsistencia que lleva a que cada
uno pelee únicamente por encon-trar una salida a su penuria.
Pato está cansada de que la intromisión paterna eche al traste
la viabilidad de unos amo-res incipientes, de que su madre se
adueñe del afecto de su propia hija hasta sustituirla... por lo
que siente otra nece-sidad mayor que la subsistencia mate-rial:
la de conseguir una libertad y autonomía, rompiendo las cadenas
de la dependencia y sumisión. Lucha por la libertad y desenlace
es-peranzador que Di Cesare plantea, aunque no llegue a
completar el di-bujo de esta joven, en la huida irresponsable de
sus obligaciones co-mo madre: como siempre, los hijos pequeños
son quienes pagan los platos rotos de las crisis... personales.
Comedia
agridulce para tiempos difíciles que hará pasar un buen rato al
espectador, que se verá metido de lleno en una historia
rocambolesca, e invadido por una inquietud al tiempo que los
churros llegan a la casa de Hernán.
Calificación:
    
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