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CÓDIGO 46
(Code 46)


Dirección: Michael Winterbottom.
País:
Reino Unido.
Año: 2003.
Duración: 92 min.
Género: Thriller, ciencia-ficción.
Interpretación: Tim Robbins (William), Samantha Morton (María), Om Puri (Backland), Jeanne Balibar (Sylvie), Emil Marwa (Mohan), Nina Fog (Wole), Bruno Lastra (Bikku), Christopher Simpson (Paul), David Fahm (Damian Alekan), Nina Sosanya (Anya).
Guión: Frank Cottrell Boyce.
Producción: Andrew Eaton.
Música: The Free Association.
Fotografía:
Alwin H. Kuchler y Marcel Zyskind.
Montaje: Peter Christelis.
Diseño de producción: Mark Tildesley.
Dirección artística: Mark Digby y Denis Schnegg.
Vestuario: Natalie Ward.
Estreno en Reino Unido: 17 Sept. 2004.
Estreno en España: 22 Abril 2005.

CÓMO SE HIZO "CÓDIGO 46"
Notas de producción © 2003 Manga Films

2. Imaginando el futuro

  El productor Andrew Eaton sabía desde un buen principio que crear una visión del futuro convincente con un presupuesto modesto se convertiría en todo un reto, a pesar de tratarse de un futuro que se pretende a la vuelta de la esquina. Una de las estrategias fundamentales consistía en basar la visión futurista imaginada para Código 46 en el presente que nos es conocido: «Difícilmente hay nada en el film que no tenga alguna relación con lo existente en nuestros días. Por cuanto se refiere al cambio climático y a alguna tecnología, nos hemos permitido ciertas pequeñas libertades, pero en ningún caso hay nada a miles de kilómetros de distancia de lo que existe actualmente. Probablemente, el elemento más fantástico es el “virus empático”: esa idea de que tomarse una pastilla basta para leer eficazmente la mente de otro. Pero todo lo demás, el calentamiento global; la clonación de seres humanos; los conflictivos viajes para cruzar fronteras..., son extrapolaciones muy ajustadas de nuestro presente».

  En Código 46, ha influido notoriamente la experiencia de Michael Winterbottom en la realización de su último film: In this World (In this World, 2002), que recogía el duro viaje que afrontaban dos jóvenes afganos desde un campo de refugiados en Peshawar, al noroeste de Pakistán, hasta Londres. «Hay mucho de Código 46 que fue tomando cuerpo a partir de nuestra experiencia en la realización de In This World» —reconoce Winterbottom—. «Un aspecto importante fue la frustración que se derivaba de los pasaportes, visados, y de toda la burocracia que acompaña el acto de viajar a través de distintos estados. El problema de no tener los papeles precisos. Eso se convirtió en parte de la historia: la necesidad de papeles, el bloqueo de las carreteras, la inseguridad, así como las dificultades en general al cruzar las fronteras».

  Dados los limitados recursos de la producción, y la predilección de Michael Winterbottom por rodar en localizaciones naturales, la idea de invertir tres cuartas partes del presupuesto en escenarios futuristas construidos en estudio no resultaba atractiva. Al contrario, se trataba de algo que tanto Winterbottom, como el productor Andrew Eaton, como el diseñador de producción Mark Tildesley querían evitar conscientemente. Los tres estaban convencidos de que este enfoque redundaría en beneficios no sólo del tipo financiero sino también estéticos, tal y como Eaton explica: «En lugar de gastar tres millones de libras esterlinas en la construcción de un escenario en la línea de Blade Runner, lo que habría significado diseñar todo para luego construirlo desde cero, decidimos hacer uso de espacios existentes. Michael sugirió ir a lugares como Shangai y Dubai, que poseen esa arquitectura extraordinaria y contradictoria. En Shangai, existe una pobreza de Tercer Mundo a la sombra de algunos de los más modernos rascacielos del mundo. En Dubai, existe la zona de los rascacielos y, justo tras ella, está el desierto. Esas curiosas yuxtaposiciones se hacían interesantes y atractivas».

  Todo ello encajaba perfectamente con el modo de dirigir que Winterbottom prefiere: «Me encantan las localizaciones naturales. Para mí, la historia nunca toma cuerpo realmente hasta que sabemos dónde estamos rodando, pues la interacción entre los personajes y el entorno es esencial. La mayoría de mis películas participan en cierto modo de la observación, de tal modo que sin conocimiento del lugar, y de cómo reaccionan los personajes entre sí dentro de ese espacio, se me hace difícil explicar las evoluciones de los mismos. Construir un mundo futuro completamente artificial en un estudio no hubiera funcionado, ni para mí ni para la película».

  Por tanto, la visión del futuro que surge de Código 46 procede de una extrapolación imaginada a partir de nuestro propio sentido de lo tangible de una realidad urbana contemporánea. Michael Winterbottom aclara ávidamente: «Nos dijimos: ‘Imaginémonos que el cambio climático connote que zonas fértiles en su día, ahora son desiertos, por lo que los alrededores de Shangai son desérticos. Imaginémonos que la capa de ozono se ha reducido drásticamente, y que la gente tiene miedo de salir a la calle de día, lo que les obliga a trabajar de noche. Asimismo, imaginémonos que debido a estos cambios, la vida fuera de un entorno urbano controlado resulta muy dura, lo que hace que todo el mundo quiera vivir dentro de la ciudad. De lo que se infiere que en esas ciudades hay una densidad de población incluso mucho mayor que en nuestros días. Para que el control de ese espacio urbano sea efectivo, hay que disponer de algún sistema de visado, que es lo que otorga el permiso a ciertas personas para vivir en la ciudad, pero sólo aquellas que posean los documentos oficiales que se imprimen en la oficina donde María trabaja. Mientras tanto, los privados de todo derecho civil, los que no tienen “papeles,” viven en la zona desértica, más allá de los límites de la ciudad».

  Puede que rodar en localizaciones de Shangai, Dubai y Jaipur no parezca el modo más barato de imaginar una visión del futuro, pero Michael Winterbottom trabajó estrechamente con el diseñador de producción Mark Tildesley y el director de fotografía Marcel Zyskind (habiendo colaborado ya ambos en In This World). Al haber explorado las localizaciones previamente, pudieron rodar con rapidez y eficiencia. Al rodar prácticamente con la luz natural disponible, el equipo fue capaz de reaccionar a las vistas, sonidos y texturas de los emplazamientos urbanos.

  Y en el film, esos espacios no siempre resultan tan familiares como cabría esperar, pues se hace un uso extensivo e inventivo de una “geografía imaginada”, haciendo concordar el exterior o la salida de un edificio de una ciudad muy conocida con la entrada o el interior de otro edificio sito en una ciudad distinta. «Creíamos que lo más interesante que podíamos hacer» —comenta el diseñador de producción Mark Tildesley—, «era intentar engañar al público captando los segmentos más apropiados de cada localización. De tal modo que se tiene la impresión de estar atravesando la puerta de salida de un edificio de una ciudad, y en realidad se acaba apareciendo en un lugar completamente distinto que se halla por entero en otra parte».

  Los planes iniciales de otorgar a los interiores de la película, particularmente los de las oficinas de la Agencia de Seguros Sphinx, donde trabaja María, un aspecto netamente futurista, se matizaron considerablemente más tarde. La razón, según aporta Mark Tildesley, estribaba en la posibilidad de que hubieran podido desvirtuar la esencia emocional de la historia, el idilio romántico entre William y María: «En cierto momento, estábamos a punto de desplegar todo tipo de pantallas con imágenes enormes de bellos parajes: paisajes marinos y cosas por el estilo, lo que hubiera ayudado a María y a sus compañeros de trabajo a hacer el día más llevadero. Sin embargo, a medida que el diseño del film fue avanzando, nos dimos cuenta de que mostrar muchos interiores sofisticados con pantallas y todo tipo de material por todas partes podía resultar un factor dispersante».

  «Así que, finalmente, decidimos que era más importante desarrollar un espacio emocional consistente que crear un mundo futurista cargado de artefactos. Lo que Michael necesita como director, es un espacio que respire, donde sea posible que el drama evolucione; de tal modo que no me permitiría elaborar el diseño hasta el punto en que pueda resultar un factor de distracción con respecto a lo esencial de la película».

  Aunque el guionista Frank Cottrell Boyce se confiesa “algo fanático de la ciencia-ficción,” también comprendió la lógica de reducir las evidentes diferencias entre el mundo futuro imaginado y el mundo en que nos hallamos actualmente. Pues, tal y como subraya, el futuro no siempre es como las novelas de ciencia-ficción, los cómics o las películas aseguran que será. Y los cambios que han revolucionado nuestra visión del mundo han devenido a la vez menos tangibles y de mayor alcance que aquellos que preconizaron eruditos de la ciencia-ficción: «En lo que llevamos de vida, el auténtico aspecto físico del mundo no ha cambiado de modo tan espectacular. Mi generación creció leyendo los cómics de Dan Dare, y nos convencimos de que para cuando llegaran los tiempos que ahora vivimos, estaríamos haciendo vacaciones en la luna, viviríamos en cápsulas a modo de apartamentos, conduciríamos vehículos futuristas, y volaríamos por ahí subidos en nuestras naves particulares de propulsión a chorro. Sin embargo, en nuestra vida se han producido muy pocos cambios radicales en lo referido al transporte o a la vida doméstica».

  «Lo que ha ocurrido es que ha habido importantes cambios en el modo de viajar y en las comunicaciones, y un enorme cambio mental en nuestro pensamiento con respecto a la genética y al comportamiento humano. Cuando Michael y yo mismo empezamos a hablar de Código 46, ambos creíamos que el próximo gran cambio sería en el terreno de la genética; y ello ocasionaría unos efectos enormes. Además, igual que en el caso de Internet, su influencia pasará considerablemente inadvertida pero al tiempo será absolutamente colosal».

3. Reparto >>


Imágenes y notas de cómo se hizo "Código 46" - Copyright © 2003 The UK Film Council, United Artists, BBC Films y Revolution Films. Distribuida en España por Manga Films. Todos los derechos reservados.

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