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EL EXTRAÑO
(The stranger)


cartel
Dirección: Orson Welles.
País:
USA.
Año: 1946.
Duración: 95 min.
Género: Thriller, drama.
Interpretación: Edward G. Robinson (Sr. Wilson), Loretta Young (Mary Longstreet Rankin), Orson Welles (Dr. Charles Rankin/Franz Kindler), Philip Merivale (Juez Adam Longstreet), Richard Long (Noah Longstreet), Konstantin Shayne (Konrad Meinike), Byron Keith (Dr. Jeffrey Lawrence), Billy House (Sr. Potter), Martha Wentworth (Sara).
Guión: Anthony Veiller y John Huston.
Producción: Sam Spiegel.
Música: Bronislau Kaper.
Fotografía (B/N):
Russell Metty.
Montaje: Ernest Nims.
Dirección artística: Albert S. D'Agostino.
Vestuario: Michael Woulfe.

 

SINOPSIS

  Harper, Conneticutt. A esta pequeña ciudad de la Norteamérica profunda llega un hombre receloso y asustado, Konrad Meinike, en busca de un antiguo amigo, Franz Kindler. Éste se trata de un nazi huido de Alemania y que, camuflado bajo la identidad de Charles Rankin, se dedica a impartir clases de historia en el instituto local y aspira a reciclarse completamente mediante su matrimonio con la hermosa Mary Longstreet, hija de un juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos, sin por ello abandonar sus pretensiones de reactivar sus viejas aspiraciones filonazis. Meinike constituye un grave obstáculo en su camino y, ante la amenaza que supone, no encuentra otra alternativa que la de su eliminación física. Pero Kin-dler ignora que, tras los pasos de Meinike, se encuentra Wilson, un avezado cazanazis que, con la ayuda de Noah, el hermano peque-ño de Mary, intentará desenmascararlo y atraparlo, empeño que no le ha de resultar nada sencillo...


CRÍTICA por Manuel Márquez

  Supongo que debe ser normal que, de alguna manera, a los que aún vela-mos nuestras primeras armas en este noble ejercicio de la crítica cinemato-gráfica, nos impongan bastante respe-to ciertos nombres míticos, legenda-rios, de la historia del cine. Por ejem-plo, Orson Welles. ¿Qué decir, que no haya sido ya dicho? ¿Cómo valorar aquello que, de forma prácticamente unánime, es valorado como excelso? Tarea harto difícil, pero a la que no cabe renunciar: al fin y al cabo, las suyas también son películas... Cierta-mente, excepcionales. "El extraño" (o "El extranjero", que también por tal título es conocida en España) también lo es, sin duda alguna. Realizada aún bajo el manto del contrato con la RKO, antes de que el díscolo Orson fuera expulsa-do del “edén” hollywoodiense y comenzara su largo y azaroso pere-grinaje a través del océano portátil de su propia genialidad, en ella encontramos toda la maestría formal y narrativa de Welles, con un despliegue generoso de todos sus recursos.

  Una intriga política, con ribetes puros de film noir (en el que cabe enmarcarla sin el más mínimo empacho), y con un claro mensaje antifascista, tan caro al talante progresista a ultranza de su autor, "El extraño" nos envuelve en su trama de forma precisa e in-tensa, jugando con un dominio incomparable de los elemen-tos visuales del género y un sentido del ritmo sólo al alcance de los grandes.

  Confirmando todos los hallazgos formales que hicieron de "Ciuda-dano Kane" una obra seminal, que marcó un antes y un después en la historia del séptimo arte, Orson Welles nos vuelve a impresio-nar con un uso tremendamente imaginativo de los posicionamien-tos de cámara, con picados, contrapicados y tomas oblicuas que nunca son gratuitos –siempre al servicio de la intencionalidad narra-tiva–. Si a eso se une un trabajo de iluminación y fotografía excep-cionales, con claroscuros tenebristas que crean esa atmósfera in-quietante en la que se desenvuelve toda la historia, y una genera-ción de sombras que consigue que éstas se conviertan en un per-sonaje más, no cabe más que extasiarse ante tamaña exhibición de alardes técnicos, corroborados y rubricados con un montaje final soberbio.

  Y eso no es todo; quizá, con ser tan brillante, ni siquiera es lo más desta-cable. Aún deslumbra más el ma-nejo de los recursos más estricta-mente narrativos, reflejado en multitud de pequeños detalles que terminan conformando, por mera acumulación, una exhibición ma-jestuosa. Cómo descubrimos la pre-sencia “perseguidora” del personaje al que da vida Edward G. Robinson a través de esa pipa remendada que, en el plano de cierre de la secuencia ini-cial, se ha partido estrepitosamente; cómo utiliza las anillas del gimnasio como arma arrojadiza; cómo descubren el cadáver de Meinike los chicos que corren por el bosque, en una secuencia cuyo aspecto, tan insustancial, contrasta con la tensión creciente que genera; cómo el reloj de la torre de la iglesia –ése mismo con que se abren los créditos iniciales– va ganando una presencia cada vez más fuerte, en progresión paralela a su importancia como elemento es-clarecedor de las dudas de Wilson; cómo éste despierta, sobresal-tado en medio de la noche, ante la constatación de una clave iden-tificatoria de su “presa” en una simple frase predestinada a haber pasado inadvertida. Sólo un cierto exceso de truculencia en la re-solución del final podría resultar una nota discordante en esta sinfo-nía de sutilezas, pero ni aún así se pierde el regusto excelente que la totalidad del menú nos deja en el paladar.

  Tampoco es nada desdeñable el aporte que el trabajo inter-pretativo del cuadro actoral, en pleno, hace al resultado final del film. Sin entrar a profundizar en las atuaciones (brillantes) de Orson Welles –turbio y reconcentrado, un nazi de una pieza– y Ed-ward G. Robinson –síntesis milagrosa de físico chocante y trabajo sobrio–, quizá lo más destacable sea el magnífico nivel dramático que alcanza una gran dama de la comedia ligera, como es Loretta Young: el itinerario emocional de su personaje es muy exigente, y ella da la talla con creces. Entre los secundarios, destacadísimo el trabajo de Billy House, un contrapunto ligero para un cuadro den-so, casi siniestro, muy necesario para que el relato no termine abrumando en exceso.

  En fin, ya ven, era posible: no se trataba de descubrir la pólvora, sino de hacer una reseña crítica de una gran película, lo cual tam-poco era tan gran empeño. Para hacer obras geniales, ya están los genios. Como Orson Welles, por ejemplo...

Calificación:


Imágenes de "El extraño" - Copyright © 1946 International Pictures y Haig Corporation. Todos los derechos reservados.

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