CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
Niños grandes y grandes niños
A finales del año pasado se celebra-ba
el nacimiento de Peter Pan, quizás uno de los personajes
infantiles que más repercusión haya tenido, incluso en
el mundo adulto, fuera y dentro de la ficción, y que simboliza
el eterno niño que nunca crece, incapaz de ma-durar y abandonar completamente esa
universo de fantasía del que pro-cede o que ocupa su mente. Aunque su relato ha sido transmitido
con fre-cuencia en forma de cuento, Peter Pan era, en
realidad, el protagonista de una obra teatral del dramaturgo y
novelista escocés
James Matthew Barrie, que, en compañía de otros
niños como Wendy, vivía inten-sas aventuras en el País de Nunca
Jamás, con la inevitable referen-cia a su inseparable Campanilla y al malvado Capitán
Garfio. Dicho aniversario casi imponía la ocasión de rendirle
un nuevo homenaje cinematográfico a esta popular figura, que ya ha sido trasladada va-rias veces a la gran pantalla,
tanto
desde la acción real como des-de la animación.
Marc Forster, a quien tuvimos
oportunidad de descubrir gracias a la discutiblemente
glorificada "Monster's
ball", y el guionista novel
David Magee han sido los encargados de dar forma a
este tributo que, lejos de tratarse de otra adaptación de
la célebre pieza, centra, en cambio, su atención en un fragmento de la
vida del
propio autor, James Barrie, cuando, después de entrar en
contacto con el pequeño Peter Llewelyn Davies, sus hermanos y su madre,
se inspiró para
concebir, plasmar por escrito y llevar a los escenarios la
representación que dio a conocer a esta insigne criatura.
La aproximación que hacen Forster y Magee obedece me-nos
al rigor histórico que a una visión romántica e idealizada de aquel episodio
biográfico; busca reflejar no tanto los hechos en sí, como la
forma en que éstos nutrían su imaginario mediante el proceso
creativo, y subrayar la peculiar
personalidad de un hombre que prefería sumergirse en la magia de los juegos
y la literatura in-fantiles que responder a los dictados
de la realidad. "Descubriendo Nunca Jamás" se convierte así en la
historia de un adulto que no quería crecer, y que tras conocer a
un niño al que le había tocado madurar antes de tiempo, escribió
la historia de otro que nunca lo hacía.
La película arranca en el Londres de 1903, con el estreno de "Little Mary"
en el teatro que dirige Charles Froh-man (Dustin
Hoffman). La obra resul-ta un fracaso, y Barrie (Johnny
Depp), decepcionado ante la incom-prensión del
público, se siente presio-nado para escribir algo nuevo que ponga
remedio a las pérdidas del em-presario y le ayude a recuperar la
ilu-sión. Un día, paseando a su enorme perro por los jardines de Kensington, Barrie coincide fortuitamente con la viuda Sylvia
Llewelyn Davies (Kate Winslet)
y sus cuatro hijos, e inician una estrecha relación
poco convencional: juntos se entregan a todo tipo de juegos,
como piratas o vaqueros, en
donde la imaginación les abre las puertas de otros mundos y les
permite volar, y Barrie participa en ellos como un niño más. Como era de esperar, sus ab-sorbentes
encuentros con los Llewelyn Davies disgustan a la espo-sa de Barrie, Mary
(Radha Mitchell), una mujer
educada en la tra-dición victoriana de las apariencias y la
compostura, quien, a pesar de esforzarse por comprender el
carácter pintoresco de su marido, ve cómo éste se
aleja cada vez más de ella en todos los sentidos posibles —no
sólo teme por una infidelidad, sino que cada vez pa-san menos
tiempo juntos y se siente excluida de las fantasías en las que
se encierra—. Pero Barrie también cuenta con el rechazo de la
estricta y respetable madre de Sylvia, la viuda Emma Du Ma-rier (Julie
Christie), que no considera oportuno que aquel hombre
casado substituya al padre de sus nietos. Asimismo, aquella
espe-cie de comunión espiritual que los envuelve es motivo de
habladu-rías entre los círculos sociales en que se mueven, tanto
por la natu-raleza obsesiva de su apego hacia los pequeños
—piensen en las acusaciones que merodearon a ese otro autor
infantil, Lewis Ca-rroll, y acertarán— como
por el tinte sexual que creen ver en sus lazos afectivos con la
mujer. No obstante, Barrie continuó en con-tacto con ellos
y se inspiró en sus particulares peripecias para crear "Peter
Pan".
Insinuaba antes que la visión
que aquí se ofrece de la unión entre Barrie y los Llewelyn Davies está
voluntariamente manipulada para que todo resulte más ingenuo
y amable de lo que pudo haber sido. El guión de Magee, basado en una
obra teatral de Allan Knee,
elu-de algunos detalles importantes, como, por
ejemplo, que el marido de Sylvia todavía estaba vivo en aquella
época. "Descubriendo Nun-ca Jamás" nos presenta a un James Barrie que
encuentra en la fa-milia Davies toda la complicidad, la ilusión,
la inocencia y
la fanta-sía que le niegan los adultos, desde su matrimonio en
crisis hasta la rígida sociedad victoriana que
reprueba sus excentricidades. A los Davies les aporta algo
parecido, además de una figura paterna alternativa. Aparentemente, Sylvia está tan
tocada por la muerte de su esposo —el mismo que no había
fallecido— que no quiere ini-ciar otra
nueva relación sentimental, y su amistad con Barrie es pu-ra, sincera
y desinteresada por
ambas partes. Entendemos que a principios del siglo pasado unos
lazos tan férreos entre un hombre casado y una viuda con hijos
eran vistos con malos ojos, pero tam-bién es obvio que la
recreación de su historia ha sido hábilmente sesgada y
maquillada con fines argumentales... ¿porque a princi-pios de
este siglo tampoco se vería con buenos ojos?
Siendo justos, "Descubriendo Nunca Jamás" está lejos de ser una
mala película: se trata de un producto más competente que la
media, ca-paz de entretener y entregar, al mismo tiempo, unos
contenidos de calidad con valor emotivo. Tampo-co se le
pueden achacar fallos irrepa-rables a su abordaje —si no es por
su mencionada mitificación de los acon-tecimientos o por un
final alargado in-necesariamente—, y como contribu-ción,
complementaria a la literaria, dispone de un evidente
interés. Sin embargo, no comparto el manifiesto entusiasmo con
que ha sido recibida por una buena parte del pú-blico y de la
crítica. Cierto es que nunca he abrigado una gran es-tima por
ese universo imaginario que Barrie creó, del que rescato más lo
subyacente que lo puramente explícito. Pero aun con todas estas
apreciaciones subjetivas, el film de Foster todavía se queda a
las puertas de esa gran experiencia mágica y envolvente que
pare-cía prometer, y comprobarlo me decepcionó. Sin duda alguna,
la considerada puesta en escena, sus notables interpretaciones y
una disposición narrativa llena de recursos —la forma en que los
prota-gonistas entran en ese otro mundo paralelo de sueños y
fantasías, por ejemplo—, le otorgan suficiente atractivo. Por
contra, "Descu-briendo Nunca Jamás" es un film que no
termina de encon-trar su tesitura, oscilando entre el biopic con
atisbos de dra-ma humano y melodrama costumbrista y la fábula
humana. A esta falta de concreción en el tono, que puede
restar comodidad al espectador, se suman algunas deficiencias
dramáticas en la confección de los personajes —demasiado
estereotipados o con escaso relieve— y en cómo nos muestran sus
vicisitudes interiores y exteriores, que, aunque moderadas,
contribuyen a generar un clima algo frío y desapasionado que no
logra contagiar más que en algunos momentos puntuales —de hecho,
es en su parte final cuando la película logra conectar mejor y
conseguir su efecto, con las escenas del estreno teatral de
"Peter Pan" y la representación posterior en casa de los
Llewelyn Davies delante de una Sylvia ya enferma—. También se
echa de menos una mayor explora-ción en el viaje creativo del
autor, de cómo le influyeron, no tanto los Davies, sino las
circunstancias culturales y sociales que lo determinaban,
porque el proceso de construcción de su obra más conocida apenas
queda reflejado si no es relación con esta familia.
Otro de los problemas puede
encontrarse en la apropiación que hace Johnny Depp de Barrie. A
priori, es un papel que se nos
antoja muy adecuado para él, dada el aura de eterno niño grande que rodea al
actor, y a que, bajo la dirección de Tim Burton, ya ha-bía
desarrollado caracteres excéntricos y desubicados a modo de
genios locos que vivían en su propio mundo, caso de "Sleepy
Ho-llow" o "Ed Wood". Depp retoma ese
registro aquí con una mayor contención, y su interpretación es
considerablemente creíble, pero quizás tampoco alcance el ardor
que mostraba en ocasiones ante-riores, ni la convicción que
requería un personaje complejo y difícil de asimilar. Y,
personalmente, sus interacciones con
Freddie Highmore —el tan crucial Peter— me parecieron
más distantes de lo que cabía esperar.
Decía que no se aprecian en "Des-cubriendo Nunca Jamás"
decisiones muy equivocadas en su planteamiento ni en la forma en
que es llevado a tér-mino por la dirección, y que sus
debi-lidades podrían ser excusadas por el alto nivel que alcanza
el conjunto. Así que, con franqueza, debería atribuir el poco
entusiasmo que logró arrancar-me esta cinta a esa química que
des-prende o no una película, que es pro-ducto de factores
apenas percepti-bles, difíciles de calibrar, o de su
combinación, pero cuya presencia sa-bemos reconocer en su
resultado final, y que tanto echamos de menos cuando no se
encuentra. De este modo, "Descubriendo Nunca Jamás" no
consiguió conquis-tarme, me pareció poco intensa e hipnótica
como viaje, y tampoco estamos delante de una apasionante lección
de his-toria. Pero creo que este relato sobre personajes con
carencias vitales y afectivas que las encuentran en situaciones
complicadas y que deben reprimir su voluntad —en este sentido,
no se halla tan alejada de "Monster's ball"— será del agrado de
la mayoría del pú-blico, no sólo del más adulto.
Calificación:
    
Imágenes
de "Descubriendo Nunca Jamás" - Copyright © 2004 Miramax International
y Film Colony Production. Distribuida en España por Buena Vista
International. Todos los derechos
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