CRÍTICA
por
Miguel Á. Refoyo
Melancólica visión de la
realidad de Nunca Jamás
Forster proporciona una lustrosa y solvente narrativa ambientada
en la Inglaterra eduardiana para
esta historia del génesis de la obra "Peter Pan’" por parte de
J.M. Barrie.
"Peter
Pan" incumbe sin duda alguna a la cultura infantil al descri-bir
un mágico mundo en el que nadie crece y el inexorable paso del
tiempo se detiene por un cosmos de juego y fantasía. Para el
adul-to es una obra que lleva a reflexionar a los que van dejando
de ser niños, sobre algo que ocupa y preocupa a todas las
personas: el riesgo de crecer y llegar a ser quienes somos.
"Descubriendo Nun-ca Jamás" es el sorprendente primer guión de
David Magee, adaptación de la
novela de Allan Knee "The
man who was Peter Pan" para la cuarta película como director de
Marc Forster tras la
maravillosa y dramática "Monster’s
ball".
La
historia comienza observando de cerca la figura del dramaturgo
escocés James M. Barrie detrás de las bambalinas, escrutando a
la refinada sociedad eduardiana de la Inglaterra del siglo XIX.
Barrie estrena su última obra y en seguida percibe que será un
fracaso. Aún así, su leal productor Charles Frohman seguirá
confiando en él, pero su mujer, Mary Ansell, adivina la
progresiva desatención de su absorto marido. La vida del
escritor cambia radicalmente cuando pasea por los jardines de Kensington, con la aparición de la hermo-sa viuda Sylvia Llewelyn
Davies y sus cuatro hijos, en los que Ba-rrie encontrará, además
de una fuente de inspiración para su obra, unos singulares
compañeros de juegos imaginando historias de va-queros, piratas y
demás fantasías. Es el germen de su inmortal obra maestra: "Peter
Pan".
"Descubriendo Nunca Jamás" re-coge el espíritu del personaje
cre-ado por Barrie para llevarlo a su propia vida, que
transcurre en parsi-moniosa cadencia y arteramente ais-lada de
cualquier problema, donde las contrariedades más terribles
pueden ser silenciadas con la imaginación, atenuándolas con la
candidez de aquel que no quiere sufrir, pero que no se enfrenta
a la realidad para superar sus miedos. Esta esfera de engaño, en
la cual transcurre el universo que muestra la última cinta de Forster, su-pone el círculo cerrado de un hombre lacónico,
extrañamente infan-tilizado, ajeno a los problemas que le rodean.
El James M. Barrie creado para la ocasión es, más que nunca, el
del Niño Eterno por excelencia que está sumido en un mundo
ficticio, justificado en la falta de madurez afectiva respecto a
su esposa. También creativa y personalmente, existen formas
claras de inmadurez en las que destacan la inseguridad, la falta
de confianza en uno mismo y la autovaloración negativa e
inadecuada. Por eso, la escala narrativa pone de manifiesto la
idea de un Barrie que va madurando como persona a la vez que
escribe, de un modo invisible, una historia pa-ra que los niños
puedan vencer su miedo a hacerse mayores y afrontar así sus
problemas, miedos, alegrías y descubrir, represen-tando o
inventando su propia identidad, perceptible cuando George (Nick
Roud) está preparado para hablar con su madre de la
enfer-medad de ésta.
La
decisión de desdeñar la parte más siniestra y tenebrosa de la
obra de James M. Barrie responde al difícil reto de ir
conjugando la progresión dramática en la elaboración de la
personalidad de los ni-ños y de él mismo. Pero lejos de un
aparente endulzamiento colorista, "Descubriendo Nunca Jamás" es
una fábula triste y melancólica donde, aunque la magia
carezca de luminosidad y
se acuda a una conseguida mezcla
de fantasía con la calidad heroica del chico que no quería
crecer, Forster no rehuye el drama ni los
conflictos personales que rodean a todos sus personajes; ya sean
las carencias afectivas o paternales, la enfermedad, el
adulterio o la intolerancia de quienes van creando
paulatinamente "Peter Pan". Hay quien acusa al director y al
guionista de cierta sumisión y es-quivamiento de los oscuros
aspectos en la vida del escritor, echan-do en cara la
disposición a evitar los malévolos comentarios verti-dos sobre
alguien que pasa más tiempo con niños que con el resto de la
sociedad, repudiando a su vez a su esposa por una viuda que
accede a entrar en su mundo.
Sin embargo, todo está presente en la película. Sir Arthur Conan
Doyle (in-terpretado fugazmente por Ian
Hart) le aconseja dejar de andar con niños, pues la
aristocracia y sus lectores ha-blan acerca de temas impúdicos,
ante lo cual Barrie, molesto, parece no dar-le importancia,
superponiendo su ino-cencia, y la de los infantes y su ma-dre, a
las habladurías de la gente. La burbuja social y personal del
escritor es, en todo momento, la clave de una película que
motiva ciertas implicacio-nes con el extraño comportamiento del
personaje. Hablando de una histo-ria como "Peter Pan" y su
fabulación melodramática,
el mundo en el que se
concibió no podía ser de otra manera que no fuera mos-trando a un Barrie enamorado de la familia, aunque de una manera asexual, ya
que los vínculos creados entre la mujer y los niños son
terapéuticos, sirviendo éstos como lenitivo de sus respectivas
heri-das emocionales. Aunque es de reconocer que se echa de
me-nos un poco más de hincapié en el proceso de creación del
libreto que tanta descripción detallista en las relaciones que
inspiraron el relato.
La percepción que se tiene del Barrie de "Descubriendo Nunca
Ja-más" es la de un hombre idealizador de las cosas y los
sentimien-tos, que alguna vez enalteció en su pasado el amor por
una mujer que prefirió acomodarse en la aristocracia a pretender
entender a su especial marido. En esa idealización imaginativa,
con la obse-sión por los niños de Sylvia, se deduce la respuesta
de la persona-lidad del escritor: la motivación que le lleva a
actuar como un niño, que no es otra cosa que la muerte de su
hermano y la suplantación de éste ante su madre, perdiendo así
su propia infancia e identidad. Es entonces cuando la joven
madre oye hablar de Nunca Jamás, transmutada al deseo de la
futura Wendy de su obra. Su fanatismo sagrado que afecta un
nivel confidencial se revela cuando hablando con su productor
teatral vislumbra la magia de una sonrisa infantil, necesaria
para el entendimiento de la obra que cambió su vida. Pa-ra ello
es fundamental la sobriedad con la que
Johnny Depp acomete uno de sus roles más logrados, al
realizar una con-tenida y sutil interpretación de un ser
torturado, mágico y he-chizador. Una composición
(merecidamente nominada al Os-car®) que encuentra la mirada
cómplice de un extraordina-rio elenco infantil que sabe
transmitir el afecto mutuo que se es-tablece entre el escritor y
los niños. Cabe destacar la afinidad con el pequeño
Freddie Highmore, que da vida a
Peter, el chiquillo menos crédulo y más escéptico de la familia,
intercambiando sus estatus, donde un adulto quiere ser niño para
evadirse de sus pro-blemas y el niño quiere crecer para no
sufrir. Kate Winslet vuelve
a estar a la altura, como siempre, esta vez acompañada de una
enve-jecida Julie Christie y
una siempre eficaz Radha Mitchell.
Forster proporciona así una lustrosa y solvente narrativa
ambientada en la Inglaterra eduardiana de comienzos del siglo XX,
gracias a un estimable trabajo de fotografía atenuadamente
colorista de Roberto Schaefer
y el diseño de producción de Gemma
Jackson que recrea a la perfección la atmósfera
agridulce británica de la época. Un entorno ideal para reflejar
la crisis profesional y personal de Ba-rrie, quien termina
hallando su inspira-ción literaria y vital en el amor de una
familia curtida por la adversidad. Hay quienes se empecinan en
señalar las libertades que David Magee se ha tomado a la ahora
de adaptar la historia literaria a su guión, ya que en el libro
el padre de los Llewe-lyn Davies aún está vivo y la enfermedad de
su mujer no es un fac-tor determinante, pero visto el resultado
de Marc Forster ha mereci-do la pena, porque ha conseguido
ilustrar, con una sensibilidad incontestable, la verdadera
finalidad de Barrie, obligando en su mensaje final a entender lo
que significa vivir de verdad y abordar el paso del tiempo como
evento ineludible al que nadie puede escapar.
Lírica y sensible, "Descubriendo Nunca Ja-más" ostenta un
ajustado equilibrio entre realidad y fantasía, con un estilo
(para bien o para mal) algo edulcorado que, pese a un plausible
manejo de las emociones, no pierde de vista su afán
me-lodramático y consigue una película de admirable sensibilidad.
Un auténtico placer tan conmovedor como recomendable.
Calificación:
    
Imágenes
de "Descubriendo Nunca Jamás" - Copyright © 2004 Miramax International
y Film Colony Production. Distribuida en España por Buena Vista
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