CRÍTICA
por
Juan Beiro Martínez
Que la prensa y los medios de
comunicación en general son el cuarto poder es una frase hecha
pero cierta. Si una misma noticia aparece repetitivamente en los
periódicos, pasa a convertirse en realidad. Si una misma opinión
es confirmada una y otra vez en un gran número de publicaciones,
esa opinión se transforma en una verdad universal (tal libro es
una joya, tal disco una maravilla, tal película una
preciosidad…). El mundo del entertainment ha desa-rrollado
un concepto de su propiedad, claro ejemplo de lo que se puede
lograr con insistencia y dinero: hype. Un hype es
todo aquel producto cultural que se publicita de manera tan
intensa y arrolla-dora que genera un interés súbito en aquellos
consumidores más ávidos de estar a la última, de ser los más
modernos del lugar, aun sin conocer del todo bien las cualidades
del producto que ansían consumir. Una de las supuestas verdades
universales que las revis-tas de tendencias nos han tratado de
inculcar desde hace ya unos cuantos años, es que
Christina Ricci
es uno de los sex symbols más morbosos de la gran
pantalla, una de las más acertadas ac-tualizaciones de las
femmes fatales del Hollywood clásico. Los gustos, y sobre
todo los relacionados con la atracción física, son variados y
obviamente subjetivos, pero hagamos un esfuerzo por apartarnos
de las corrientes de pensamiento generadas por los di-rectivos de marketing y pensemos por nosotros mismos: ¿Christina
Ricci, un sex symbol?
Evidentemente, para
Marc Mun-den,
el director de "Miranda", la res-puesta es afirmativa.
Miranda (Chris-tina Ricci), es una mujer misteriosa y
aparentemente peligrosísima, de la que cae completamente
enamorado el protagonista (John Simm), un apoca-do bibliotecario,
mientras contempla a través de la cristalera de su biblioteca
cómo ella delicadamente se saca un moco de la nariz. En fin…
Todo el personal masculino que puebla la fic-ción de la película
se arrebata con só-lo contemplar a Miranda, pagan inclu-so
millones de libras por poder acari-ciar levemente su piel. Y como
si de una muñeca Barbie en manos del departamento de
caracterización se tratase, Christina Ricci aparece con toda la
variedad de peinados posibles, con los más sofisticados
vestidos, fumando de las maneras más arrogantes, y escupiendo
frases de lo más sensual y provocativo. A lo mejor son mis ojos
los que fallan, pero allí donde todos los hombres que com-ponen
el reparto de "Miranda" ven a una irresistible mujer fatal,
yo, aunque me esfuerce, únicamente veo… a una niña disfrazada.
Obviamente, la calidad de una
actriz no se basa en su aspecto fí-sico, o al menos no tendría
que ser así. De hecho, dejémoslo claro desde un principio, yo
mismo considero que Christina Ricci es una mujer atractiva… pero
de ahí a sex symbol arrollador hay un trecho bien amplio.
Lo que no tendría mayor repercusión, si no fuera por-que "Miranda"
es una película que juega su baza a una sola car-ta: que el
espectador se crea la brutal pasión que la propia Miranda
levanta en los hombres que la rodean y que, como si de una
Helena de Troya se tratase, le permite jugar con ellos como
simples marionetas. Y en este caso, la línea de cre-dulidad del
espectador es muy, muy fina… No sólo estoy hablando de
cuestiones de atractivo físico, algo propiamente subjetivo:
estoy hablando de cualidades interpretativas. Desde hace ya
bastante tiempo, Christina Ricci ha transformado la naturalidad
y frescura que mostraba en sus interpretaciones infantiles, por
una frialdad y distanciamiento que resta mucha credibilidad a su
trabajo, convir-tiéndola en un perpetuo error de casting
que lastra la efectividad de las películas en las que
interviene. "Monster",
"Vidas furtivas", su
intervención en "Ally McBeal"… en sus títulos más recientes
la Ricci parece más preocupada por lucir atractiva en cada
fotograma, por poder clavar su letal mirada y su rictus más seco
e hiriente a la más mínima oportunidad, que por darle algo de
“carne” dramática a sus personajes, que se quedan siempre vacíos
y sosos. Y todos sabemos que no es mala actriz: "Todo lo demás"
nos lo volvió a re-cordar recientemente. Como si ella misma se
creyera a pie juntillas el hype que se ha creado a su
alrededor, Christina parece más inte-resada en resultar la más
mona, la más estupenda… aunque sea a costa del personaje que
interpreta.
Pero no echemos la culpa de
todos los males a la pobre Christina: "Miran-da" sería
igualmente una mala pelícu-la con otra actriz como protagonista.
El guión, escrito por el primerizo Rob Young,
no es más que un ridículo remedo de tópicos y situaciones
comunes, envuelto en un tonto ho-menaje al cine negro clásico, y
que nunca se centra en lo que ver-daderamente parece querer
con-tar. No hay género (¿thriller,
drama romántico, comedia…?), no hay con-flicto, los personajes
sólo tienen una cara, no hay nada más allá de la su-perficie… Con
estos tristes mimbres con los que trabajar, el tam-bién primerizo Marc Munden intenta ocultar la pobreza de los con-tenidos con una
realización efectista y apabullante, cercana al len-guaje
publicitario, en la que todo está adornado de una aparente
modernidad… pero de una modernidad ya anticuada (Tarantino, "Trainspotting",
"Amélie",
"Snatch.
Cerdos y diamantes" y "Ciudad de
Dios", entre otros, han hecho ya todo lo que se puede hacer
con la narración fragmentada, con el montaje atropellado… ¡Es
hora de que los directores con ínfulas de imaginativos se den
cuenta, por Dios!). Si todo esto lo regamos con una molesta y
subrayada pre-sencia de una banda sonora llena de éxitos del pop
más reciente, y de ese extraño y blando sentido del humor que
caracteriza a algu-nas comedias británicas, el resultado no puede
ser más indigesto. Estamos a principios de otoño, los días
siguen siendo bonitos y lu-minosos, apetece pasear… la cartelera
cinematográfica vuelve a llenarse de títulos interesantes y con
algo que contar… Pues bien, éste no es el caso. No malgasten su
tiempo, no hagan caso de to-dos los hype: suelen ser meros
globos hinchados que pierden el ai-re con sólo contemplarlos
fijamente.
Calificación:
    
Imágenes
de "Miranda de Marc Munden" - Copyright © 2002 Feelgood Films,
FilmFour y Senator Film Produktion. Distribuida en España por
Alta Films. Todos los derechos
reservados.
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