CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
Algo de esperanza para el género
Frecuentemente, los espectadores aficionados a transitar por los
caminos del terror y del suspense nos lamentamos de lo denosta-da
que se ha visto la imagen del género —que también debe supe-rar
el ridículo menoscabo de la crítica más elitista— debido a toda esa
desechable colección de largometrajes intercambiables que se
limitan a encadenar gastados tópicos de forma mecánica y
obtusa, y cuyos responsables es obvio que ni siquiera disfrutan
jugando con las claves del género, sino que expenden
productos por encar-go concebidos al por mayor y destinados únicamente a pellizcar los
bolsillos de todo aquel que se preste. Así, una categoría que
debería destacar precisamente por su estimulante ingenio e
intensi-dad, sólo logra cansar u ofender la inteligencia, además
de sobre-saturar el mercado y perder el crédito del público. Si
hablamos del maltratado subgénero entregado a los psicópatas
criminales o ase-sinos en serie, las valoraciones son todavía más
pesimistas, pues-to que desde el impulso y consideración que
recuperó gracias a las modélicas "Seven" y "El silencio de los
corderos" —amén de esa versión juerguista y ligera que fue "Scream"—,
las continuadoras no han sido más que malas fotocopias del mismo
esquema y factu-ra visual sin mayor afán innovador. Casos
recientes como la revi-sión de la fórmula "Diez negritos" en "Identidad"
o la potente "Alta
tensión", recomendables ambas cada una a su manera,
son sólo afortunados oasis en un panorama de tedio nulamente
inspirado —tampoco me olvido de mi favorita de los últimos años,
la inteligente y atípica "Escalofrío"—.
Por suerte, ahora "Saw" también viene a agregarse a ese
reducido grupo de cintas que, conscientes de que a estas alturas
queda bien poco por inventar y que nunca trascenderán como
clásicos, por lo menos no traicio-nan la tradición y se
divierten dándole un toque novedoso, estando a la vez
capacitadas en su función de inquietante entretenimiento.
"Saw" nos introduce de lleno
en una situación más que prometedora. Dos desconocidos, Adam y
Lawrence, despiertan encadenados en los extre-mos opuestos de un
ruinoso y amplio cuarto de baño que parece pertenecer a una nave
industrial abandonada. En medio de la mugrienta sala, un hom-bre
con una herida de bala en la cabe-za yace inerte sobre un charco
de sangre, sosteniendo una pistola y un reproductor de casetes
en sendas manos. Al hilo de su conversación, y de algunas pistas
y objetos harto es-clarecedores que encuentran escondidos en la
dependencia, los dos hombres pronto descubren que serán las
próximas
víctimas del macabro juego psicológico de un asesino serial que
se propone en-frentarlos a un conflicto extremo por la
supervivencia.
La película podría
haberse quedado aquí, convirtiéndose en una claustrofóbica pieza
de cámara sobre dos ratones que intentan es-capar con vida de la
madriguera del gato —es cierto, los gatos no construyen
madrigueras, pero me excusan la licencia— antes de que se vean
vencidos por sus manipulaciones emocionales con fu-nestos
resultados. Sin embargo, el siempre bien dosificado guión del
bisoño
Leigh Whannell —también
uno de los intérpretes pro-tagonistas— amplía nuestro campo de
información, de paso que enriquece la trama principal, al
recuperar, primero mediante diver-sos flashbacks y más tarde con
acciones paralelas que acontecen en el exterior, el historial
delictivo del asesino, su peculiar modus operandi, las
"altruistas" motivaciones que le mueven y el papel que le ha
asignado a cada uno en la función.
"Saw" nos ofrece uno de esos villanos tan atractivos, una figura
la-tente en la sombra que controla y ejecuta desde un segundo
plano sin mancharse las manos, astuto y planificado, y cuyas retorcidas y sofisticadas
actuaciones constituyen un macabro arte no de ma-tar, sino de
empujar a la muerte. Pero, paradójicamente, llevado por una
especie de moralidad existencial, confronta a sus víctimas con
la muerte para "ayudarlas" a que éstas comiencen a apreciar sus
"derrochadas" vidas. Es verdad que la influencia de "Seven" en este sentido es
incontestable por la idiosincrasia del asesino y por el patrón
que sigue en los escenarios del crimen, que son en sí mis-mos
crueles artefactos, pero no se entiende como una réplica
des-carada o deshonesta, sino como un punto de partida hacia una
po-sible alternativa. Porque a diferencia del estupendo film de
David Fincher, aquí apenas se centra la atención en la
investigación poli-cial, mera excusa para dibujar el paisaje
argumental y amenizar el ritmo, fijándose en cambio en la
perspectiva de las inminentes vícti-mas.
Precisamente, una de las bonda-des de "Saw" es que su tensión
no se alimenta tanto de la amenaza física o de la truculencia
como de la psicología de los personajes, de la impredecible
manera en que reac-cionarán y del precario equilibrio en que se sostiene su
forzada relación de colaboración, que en cualquier mo-mento puede
torcerse debido a las sospechas que destapan nuevas
reve-laciones. Y, si bien es cierto que apor-ta intensidad con
elementos más es-cabrosos o directamente sanguina-rios, siempre
los supedita al contexto, sin que se reciban como una forma
fácil y burda de impresionar. En realidad, "Saw" busca menos
asustar, por su ausencia de
efectis-mos o sobresaltos, que mantener la curiosidad del
espectador y sumergirlo en un clima opresivo y turbador, metas
que alcanza con creces. Porque otro de sus puntos a favor,
ya apuntado, es que la trama no se desarrolla de manera
rutinaria y lineal, sino que nos va deparando constantes giros y
sorpresas, haciéndose siempre im-previsible e interesante. Y
aunque conforme avanza se vaya volvien-do algo más confusa y
menos consistente, es lo suficientemente juiciosa como
para caer de pie y que sus vueltas de tuerca no se perciban como
molestas trampas. Pero ante todo creo que el ma-yor mérito radica
en la destreza con la que sabe preservar su sorpresivo final,
en las antípodas del convencional happy end, puesto que corría el peligro de ser advertido con
antela-ción y nos despista habilidosamente hasta hacerlo inespera-do.
En cualquier caso, si algún
reproche cabe hacerle a esta compe-tente cinta, conducida
con eficiencia por el australiano de origen oriental
James Wan, son los
forzados recursos visuales que el inexperto director introduce en algunos
momentos puntuales, con desquiciadas aceleraciones deudoras de
una concepción videocli-pera, y que lejos de apreciarse como
gustosos alardes formales, se quedan en un innecesario mecanismo
que desentona con la so-lemne sobriedad y febril realismo del
conjunto. Por lo demás, la es-tética de "Saw", sustentada
en la fotografía de David A. Arm-strong,
pretende recrear esa atmósfera sórdida y malsana de "Se-ven",
quizás una solución poco original pero de todas formas apro-piada.
Los actores principales,
Leigh Whannell (visto en "Matrix
reloaded") y
Cary Elwes (otrora ídolo
juvenil por su participación en "La princesa pro-metida"),
resultan resolutivos, y aun-que lo suyo no sea un
recital interpre-tativo, se perfilan como algo más que simples
marionetas planas y asusta-dizas. Por otro lado, el hecho de no
haber contado con rostros excesiva-mente conocidos ayuda a
acercarse al beneficioso anonimato de los per-sonajes. Los más populares Danny
Glover (inseparable compañero de Mel Gibson en la
saga "Arma letal") y Monica Potter
(la rubia secundaria de "Con Air" o "La hora de la araña")
disponen de escaso espacio para el lucimiento ya que su rol está
subordinado a la trama central.
"Saw" vuelve a demostrar que
desde el cine de género que se mantiene ajeno al comercio
de las grandes productoras de Holly-wood se están desarrollando
ideas creativas de apreciable calidad, que a pesar de tomar
prestados estereotipos y clichés, los llevan más allá, aportando
cierta singularidad y un más que asegurado disfrute.
Calificación:
    
Imágenes de "Saw" - Copyright © 2004 Evolution Entertainment,
Lions Gate Films y Twisted Pictures. Distribuida en España por
DeAPlaneta. Todos los derechos
reservados.
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