CRÍTICA
por
Javier Quevedo Puchal
Suspense hecho a medida
Desde que "Psicosis" redescubriera la bañera como accesorio del hogar
(prefiero no desvelar más, en el impro-bable caso de que algún
lector aún no la haya visto), el Séptimo Arte ha sa-bido hacer
engordar de forma periódi-ca la nómina de los psicópatas de
fic-ción. Y es que, al igual que ocurre con el arquetipo de la femme
fatale, el personaje del psicópata resulta ser una variable
bastante fiable a la hora de calibrar el signo de los tiempos
que corren. A estas alturas, ya prácti-camente todo ha tenido
cabida: el metafórico lobo feroz de "La
noche del cazador" y la brutalidad irra-cional de "La
matanza de Texas", el psicópata homófobo de "A la caza" y el
psicópata neo-feminista de "Instinto básico", el taciturno slasher de "Halloween" y el slasher auto-paródico y
post-moderno de "Scream", el chapucero artesano y el exquisito
gourmet de "El silencio de los corderos", el hombre renacentista
de "El cabo del miedo" (versión Scorsese), el juguetón de "Copycat"
y, por supues-to, el brillante filósofo radical de "Seven". Como
vemos, la lista es larga y, técnicamente, imposible de resumir
en unas pocas líneas. Pero nos puede ayudar, al menos, a
formarnos una idea de la ex-plotación a la que este tipo de
personaje se ha visto sometido a lo largo de los años; una
explotación tan implacable, tan constante, que ha acabado
exigiendo por parte de guionistas y directores au-ténticos
malabarismos de inventiva con el fin de robar el aliento a un
espectador que, en resumidas cuentas, ya está de vuelta de to-do.
El objetivo de la película que nos ocupa parece ser, a simple vis-ta, dar
esa nueva vuelta de tuerca a un género (el thriller) y a un
personaje (el serial killer) con ya tantas vueltas de tuerca en
su ha-ber que amenazan con pasarse de rosca. En ese sentido,
desde luego, se puede considerar que "Saw" es una película
ambiciosa. Ambiciosa tanto porque aspira a tener una identidad
propia como porque quiere aportar algo nuevo al sufrido
espectador, lo cual ob-viamente la sitúa unos cuantos pasos por
delante de sub-productos listos para consumir y olvidar como "El
coleccionista de huesos" o "Resurrección"... Aunque,
definitivamente, también es cierto que los resultados
conseguidos la colocan algún paso por detrás de otras muestras
de suspense bastante más estimables de los últimos años, como
pueden ser "Palabras
encadenadas", "The
Hole" o incluso una más desmarcada "Arlington Road".
En cual-quier caso, "Saw" arranca con una premisa tan inquietante
que, au-tomáticamente, parece garantizarle un puesto privilegiado
dentro de las últimas cintas de corte similar: Lawrence y Adam,
dos perfec-tos desconocidos, despiertan encadenados en extremos
opuestos de un enorme y sórdido cuarto de baño de nave
industrial. En el centro de la habitación, tumbado sobre un gran
charco de sangre, el cadáver de un hombre que parece haberse
volado la tapa de los sesos con una pistola que todavía sostiene
en la mano (en la otra mano, un reproductor de cassettes). Ni
Adam ni Lawrence saben por qué están allí, ni tampoco cómo han
llegado, pero no tardarán en descubrir gracias a sendas cintas
de cassette que encuentran en sus bolsillos que se han
convertido en las cobayas de un mons-truoso juego ideado por un
asesino en serie conocido bajo el sobre-nombre de "El asesino del
puzzle", el cual pretende tensar hasta el límite la resistencia
psicológica de ambos y determinar hasta dón-de son capaces de
llegar con tal de seguir con vida.
De hecho, lo cierto es que "Saw" tie-ne mucho de puzzle macabro. Sobre
todo, gracias a un guión deconstruido convenientemente para que
los prota-gonistas vayan encontrando las pie-zas (flash-backs,
pistas) y haciéndo-las encajar a su debido tiempo, todo ello en
un tempo más que correcto que siempre busca anticiparse a las
conjeturas del espectador. Aún con todo, uno no puede esquivar
la sensa-ción de que "Saw" se queda un poco a medio camino de sus
pretensiones, especialmente si la comparamos con los resultados
de "Seven", su evidente modelo a seguir tanto en el look
pringoso de diseño como en la crudeza de los asesinatos, como
incluso en la sospechosa simili-tud de determinados cortes de la
banda sonora (el segundo modelo que sigue sería "El silencio de
los corderos", sobre todo en lo que se refiere a cierto giro
argumental pretendidamente inesperado). Y es que, al contrario
de las dos cintas mencionadas, desafortunada-mente la de
James Wan carece de los
elementos necesarios para hacerla trascender más allá de su
naturaleza de thriller solvente y honesto: aunque
Cary Elwes y
Leigh Whannell es-tán correctos
en sus respectivos papeles (papeles que tampoco ofrecen la
posibilidad de actuaciones especialmente destacadas, dicho sea
de paso), jamás llegan a deleitarnos con la fuerza actoral de un
Anthony Hopkins, una Jodie Foster o un Morgan Freeman; aunque
hay escenas de diálogo y conflicto entre los personajes
centrales, ninguna de ellas roza siquiera las cotas de densidad
dra-mática de sus predecesoras; aunque se intenta cargar de
cierta profundidad a las motivaciones del asesino, lo cierto es
que en nin-gún momento alcanzan la convicción y la desquiciada
lucidez que mueven al psicópata de "Seven". No en vano, y muy a
pesar de la supuesta carga psicológica de la historia, a uno se
le queda el re-gusto de que el desarrollo de los personajes ha
acabado dejándose en suspenso en favor de un mayor desarrollo de
una trama impac-tante. De este modo, tenemos un interesante
hallazgo en lo retorci-do del plan tramado por el asesino, pero
no podemos decir otro tan-to de la construcción del asesino en sí
como personaje. Tenemos una sucesión de momentos inquietantes e
ingeniosos que retoman y en algún caso amplían la senda abierta
por "Seven", pero en cambio después tenemos unas víctimas que no
diré que resulten absolutamente planas como personajes, pero a
ratos sí un tanto desdibujadas.
A fin de cuentas, la voluntad revitalizante de "Saw" como cinta de género
no excluye en absoluto su astuta voluntad de cinta comer-cial,
algo que queda corroborado sin ir más lejos por esa secuela que
ya se encuentra en fase de rodaje. Y puede que sea este con-fuso
jugar a dos bandas lo que acabe perjudicándola. Pues es pro-bable
que la cinta de Wan se hubiese beneficiado de mejo-res resultados
si no hubiera querido ser a toda costa tantas cosas a la vez, o
lo que es lo mismo, si no hubiese querido ser al mismo tiempo
una película independiente y una película al estilo de Hollywood.
Quizás si no se hubiese empeñado en tener un villano de fácil
identificación para el público en sucesivas secuelas (esas
típicas máscaras de asesino...) y se hubiese esforzado en tener
simplemente un villano más sólidamente construido. Quizás si, en
lugar de desmembrar la acción, el tiempo y el foco de atención
de manera un tanto desubicada, hubiese optado por adoptar un
posi-cionamiento más claro y seguirlo en consecuencia. Quizás si
hu-biese sido más homogénea a la hora de ahondar en su estilo
sobrio y sereno, en detrimento de moderneces poco convincentes
como esos movimientos acelerados más propios de un vídeo de
Marilyn Manson. Quizás, en definitiva, si hubiese optado por ser
más "Saw" y menos cualesquiera otras de sus múltiples
referencias.
Calificación:
    
Imágenes de "Saw" - Copyright © 2004 Evolution Entertainment,
Lions Gate Films y Twisted Pictures. Distribuida en España por
DeAPlaneta. Todos los derechos
reservados.
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