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Dirección: José Luis Garci.
País: España.
Año:
2004.
Duración:
150 min.
Género:
Drama, comedia.
Interpretación: María Adánez, Francisco
Algora, Manuel Andrés, Ángel de Andrés López, María Asquerino,
Aurora Bautista, Frank Braña, Fernando Guillén Cuervo, Carlos
Hipólito, José Caride, Antonio Dechent, Ana Fernández, Fernando
Fernán-Gómez, Alfredo Landa, Ramón Langa, Elsa Pataky, Andrés
Pajares, Beatriz Rico, Miguel Ángel Solá.
Guión: José Luis Garci y
Horacio Valcárcel.
Producción: José Luis Garci, Juan
Carmona y Salvador Gómez Cuenca.
Música: Pablo Cervantes.
Fotografía: Raúl Pérez Cubero.
Montaje: José Luis Garci.
Vestuario: Lourdes de Orduña.
Estreno en España: 1 Octubre 2004. |
CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Cualquier
tiempo pasado fue... distinto
Auténtico
carrusel de personajes es el que nos presenta
José Luis Garci en una película
que vuelve a mirar al pasado de la ma-nera nostálgica a que nos
tiene acostumbrados. La extracción de los más de setenta
individuos que salen a escena es variada y sus situaciones de lo
más dispar, pero todos vienen a dibujar un fresco del Madrid de
posguerra en que el candor y la pasión, la lucha por la
supervivencia y la economía sumergida, la censura y el espíritu
creativo se anudan para dar vida a una época en que el tiovivo
de feria alegraba a un personal necesitado de válvulas de escape
y distracción.
Junto a su particular sello que busca lo emotivo y conmovedor en
cada es-cena, Garci se aproxima aquí al sai-nete de Berlanga y
nos ofrece varias escenas surrealistas como la corrida de toros,
o cómicas como la del Ban-co y los primos venidos del pueblo. El
tercer vértice del triángulo hay que si-tuarlo en ese espíritu
coral berlangia-no o de Robert Altman, al recoger con la
cámara pequeños fragmentos de vida, extraídos de distintos
ambientes y ligeramente conectados entre sí por un personaje:
son rápidas incursiones que le permiten crear una at-mósfera de
época, salpicada con multitud de pequeños detalles que hablan
de un esmerado trabajo de diseño de produc-ción, pero también de
una excesiva pretensión por tocar to-das las teclas de esa
sociedad, y que lleva a la cinta a una excesiva duración,
innecesaria por cuanto únicamente son trozos de vida nunca
concluidos: tanto ir y venir sin apenas avanzar la his-toria y
tampoco profundizando en ella, más bien acaba por cansar al
moverse en una espiral interminable. Durante casi dos horas y
media vemos circular a banqueros, a gentes del espectáculo y las
letras, del cine y del fútbol –siempre Garci y sus aficiones–, y
a otros provenientes de las más humildes profesiones y
estamentos sociales: de todos, quizá éstos últimos sean los
mejor retratados, con la sencillez y buenas intenciones de
aquellos que aún conser-vaban la herida y la pérdida de la
guerra fratricida, pero que miran hacia adelante.
La fotografía con filtros que enveje-cen y aportan sabor
realista a las es-cenas de interior, los decorados de
Gil Parrondo –quizá lo mejor
del film– que contribuyen decisivamente a que respiremos ese
Madrid desapare-cido, y un montaje ágil que nos lleva de una
estancia a otra, hacen que re-vivamos –o conozcamos– otra época,
otra mentalidad, otra sensibilidad. Pe-ro esto sólo
relativamente porque si el hambre, la precariedad laboral o la
fal-ta de libertad hacían que el ingenio o la necesidad
encontrasen remedio con un mendrugo de pan, la re-venta de
localidades o nuevas vías para eludir la censura, también
entonces se daban situaciones de abuso, corrupción,
frivolidad... junto a otras de amistad, amor inocente o
fidelidad conyugal. Y es que, como el propio Garci ha declarado,
esos habitantes nos han dejado una herencia, que somos nosotros
mismos. Son seres a los que el director trata con cariño, a
los que respeta y dis-culpa en su torpeza o limitación: la
mirada cálida es la de alguien que ama su pasado y su ciudad,
de quien busca llegar al corazón del espectador para revivir con
añoranza un pasado, qui-zá no el mejor posible pero sí el de los
nuestros. La relación de ac-tores de los títulos de crédito es
larga, mientras que su presencia en la pantalla es más bien
escasa: algunas jóvenes actrices no dan la talla, mientras que
Alfredo Landa vuelve a
desmarcarse con un aire castizo que conmueve y nos transporta a
un mundo de bondad y buenos sentimientos, y nos recuerda a aquel
médico de "Canción de cuna".
La nueva
película de Garci –algunos han dicho que la más perso-nal–
gustará a quien busque momentos complacientes y per-sonajes
amables, a quien le guste el cine de Berlanga o la novela de
Galdós o Baroja, a quien quiera recordar viejos tiempos
quizá un poco olvidados, a quien se haya conmovido con las
anteriores películas del director. Porque Garci no engaña ni
trai-ciona a nadie: sabe lo que puede dar y lo que la gente
espera cuando va a ver una de sus películas.
Calificación:
    
Imágenes
de "Tiovivo c.1950" - Copyright © 2004 Nickel Odeón
Dos, Enrique Cerezo y PC 29. Distribuida en España por Columbia
Tristar Films. Todos los derechos
reservados.
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