CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Con bastante retraso llega a España la última
película de Alejandro Agresti, haciéndolo casi a la
par que su incursión en Hollywood con "La
casa del lago", filme protagonizado por Keanu Reeves y Sandra
Bullock que sin duda le servirá para que su nombre sea
conocido por espectadores de todo el planeta. Aunque
ha obtenido diversos premios en algunos festivales,
caso del Ciudad de Roma-Arco Iris Latino en Venecia y
unos cuantos galardones del certamen cinematográfico
que se celebra en Granado, Brasil, "Todo el bien del
mundo", título que se le ha dado en nuestro país a "Un
mundo menos peor", tiene tantos entusiastas como
detractores. Ciertamente no es una cinta de las que
perdura en nuestra memoria, pero posee abundantes
elementos positivos como para recomendar su visionado.
Su argumento, para nada complicado, se detiene en un
momento concreto de la vida de tres mujeres. Isabel
viaja con sus dos hijas hasta un pueblo costero en
busca de su marido, a quien creía muerto pero que, tal
y como le habían dicho, reside en esa localidad,
siendo muy conocido gracias a la panadería que allí
regenta. Sin embargo, su llegada al lugar no es un
camino de rosas y el reencuentro con su desaparecido
esposo no resulta fácil, existiendo no pocos temores
en ambos debido al tiempo que ha transcurrido desde
que se vieran por última vez (de hecho, él se ha
inventado una historia que ha llegado a creerse, en
este caso que su familia falleció en un accidente de
tráfico).
"Todo el bien del mundo" es una película sencilla y
por momentos entrañable, si bien es cierto que no está destinada
al público generalista. Su ritmo pausado y la sensación de que
no acontecen demasiadas cosas en este relato tan minimalista
pueden exasperar a no pocos espectadores. Y es que el director se toma su
tiempo en presentarnos a los personajes y en perfilar
los conflictos internos de los protagonistas,
informándonos poco a poco de la vida que se esconde
detrás de sus rostros. Dramas pasados y recientes se
aglutinan con instantes más amables, gracias a los
adecuados toques de humor que se añaden al libreto
(ver la escena en la que la dueña de la casa en la que
habitan de forma temporal Isabel y sus hijas va a
visitarlas para luego cotillear con sus amigas, por no
hablar del amigo de Cholo y su peculiar afición por la
aviación).
Cabe alabar también la cuidada ambientación que
consigue Agresti con su obra, introduciéndonos con
naturalidad en el corazón de un pueblo y en las
peculiaridades de sus habitantes, además de
sorprendernos con su elegante y cuidada realización.
Sin embargo, el guión no es perfecto y en no pocas
ocasiones se hace evidente que la aparición de
determinados personajes es un tanto forzada. La
solución a estas deficiencias no hubiera sido ahondar
en su personalidad, sino eliminarlos de la historia,
puesto que hacer lo contrario supondría un incremento
en el metraje de la cinta, lo que sin duda la
perjudicaría bastante.
Respecto a los intérpretes, sin mostrarse espléndidos
al menos nos emocionan cuando utilizan sus rostros
para exteriorizar los sentimientos de sus personajes,
especialmente en el caso de Mónica Galán y Carlos
Roffé. El compositor Philippe Sarde aporta su granito
de arena para que esto suceda gracias a su melosa
música, aunque es verdad que en determinados instantes
sobrepasa los límites de lo que debe ser una banda
sonora y sus notas van más allá de las imágenes.
Calificación película:
    
Calificación
banda sonora original:
    
Imágenes
de "Todo el bien del mundo" - Copyright © 2004 RWA Films.
Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos
reservados.
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