CRÍTICA
por
Javier Quevedo Puchal
El puño cubierto de sangre
Tras el visionado de “Closer”,
la última obra de Mike Nichols
para la pantalla grande, resulta irresistible caer en la
obviedad de anali-zar los paralelismos que la conectan con
“¿Quién teme a Virginia Woolf?”, su ópera prima de 1966. Las dos
se basan en sendos tex-tos del teatro anglosajón coetáneo. Las
dos ofrecen un retrato bas-tante ácido y amargo de las relaciones
humanas, estructurado so-bre la interacción de dos parejas en
mayor o menor crisis. Las dos cuentan con algunos diálogos que
superan holgadamente en crude-za la media del cine contemporáneo
que nos llega desde Holly-wood. Y, sobre todo, las dos acaban
haciendo especial hincapié en observar el poder de la mentira y
el (auto)engaño como “combusti-ble” para alimentar determinadas
relaciones de pareja.
Sin embargo, mientras su
“predece-sora” era básicamente una obra más luminosa, más
optimista, gracias so-bre todo a su mayor ironía y a aquel final
abierto a la esperanza, “Closer” se revela inesperadamente como
una propuesta más oscura y, en última instancia, aséptica. Y
digo “inesperadamente” porque no es esto, desde luego, lo que
uno espera de una película con Julia
Roberts den-tro, una película que incluso a la hora de
ser publicitada nos muestra una engañosa fachada de comedia
román-tica. Es más, incluso todo en el plan-teamiento inicial
parece apuntar hacia la comedia de equívocos: Dan (Jude
Law), un escritor fracasado en ciernes, sale con
Alice (Natalie Portman), una
ex stripper, pero se encapricha de Anna (Julia Roberts), una
fotógrafa a quien conoce en una sesión de fo-tos y que se resiste
a caer en sus redes de seductor trasnochado, pese a que de hecho
acabará saliendo con Larry (Clive Owen)
gracias a una malintencionada artimaña de Dan.
No obstante, vayan las
evidencias por delante: “Closer” NO es una comedia. Poco importa
que en determinados momentos nos consi-ga arrancar alguna sonrisa
(Dan pregunta a Anna si su ex marido es inglés, a lo que ella
responde con un rotundo: “Mucho”) e inclu-so alguna carcajada
(casi cualquier intervención de ese hombre de las cavernas
encerrado en una bata de médico a quien encarna Cli-ve Owen). El
discurso profundamente pesimista que va mar-cando la película,
las desesperanzadas conclusiones a las que apunta (mención
aparte merece Alice, el único persona-je que se beneficia de un
final redentor, al parecer inexis-tente en la obra teatral), y el
retrato de unos arquetipos sin duda resbaladizos y en general
bastante antipáticos, podrían convertir esta cinta en la peor
embajadora del ser humano como raza. Es decir, ¿no es un tanto
misógino que los dos únicos personajes femeninos de la función
se nos presenten, por un lado, como una mujer madura que nunca
llega a saber qué puñetas es lo que quiere, saltando de una cama
a otra en base a los mangoneos perpetrados por la parte
masculina, y, por otro lado, una jovencita explosiva desesperada
por mendigar un poco de atención de su no-vio, de quien sabe
positivamente que le será infiel a la primera de cambio? ¿Y no
es de un feminismo radical, casi enfermizo, retratar a los dos
únicos personajes masculinos como un par de adúlteros
caprichosos, uno más bruto que el otro, pero ambos patéticamente
obsesionados en algún punto por constatar que el amante ilícito
no la tiene tan grande ni es tan bueno en la cama como ellos?
Llegados a este punto, sería
intere-sante conocer cómo funciona sobre las tablas la exitosa
obra original de Patrick Marber,
mérito que lamenta-blemente no me puedo atribuir. Sobre
celuloide, no obstante, me dio la im-presión de que la historia
funcionaba en todo momento a medio gas, casi a golpes; lo cual,
a tenor de la marcada teatralidad de la película, sospecho ya
viene heredado de la obra original. Con una brusquedad que hace
ga-nar tantos enteros de originalidad como de verosimilitud
resta, la pe-lícula se estructura sobre una co-nexión de
secuencias que retratan momentos radicalmente contrastados en
una relación de pareja: Dan conoce a Alice y se enamora
perdidamente de ella, pero en la escena siguiente ya ha pasado
un año y pico y la relación está estancada; Dan hace lo
imposible por empezar una relación amorosa con una Anna que lo
rehuye, y en la escena siguiente ya llevan un año viéndose a
es-condidas. Así pues, es precisamente en esa profusión de
elipsis donde se acaba perdiendo todo lo que quizás nos pudiera
hacer en-tender a los cuatro personajes y, por ende, empatizar
con ellos. Ante tanto cambio emocional brusco (e inesperado para
el especta-dor), resulta muy difícil percibir que a los
personajes de la obra los mueva una fuerza más poderosa, en
realidad, que el puro capricho. Llegados a un punto de la
narración, el personaje de Clive Owen describe el corazón como
algo similar a “un puño cubierto de san-gre”. Irónicamente, la
imagen resulta perfecta para resumir la vi-sión que la película
nos da sobre los sentimientos y las rela-ciones humanas: algo
prosaico, casi desagradable y, desde luego, bastante alejado de
lo que podríamos considerar co-mo “poético”. Aun con todo,
momentos como el abandono de Ali-ce por parte de Dan (bastante
emotivo para la media de la película) nos hacen observar la
posibilidad de que, como nos ocurre a cual-quiera, también corra
sangre por las venas de los personajes.
Si hay
algo que “Closer” aporta generosamente, sin embargo, son actores
entregados. Hace tiempo que Julia Roberts ha dejado de ser la
metralleta de soltar sonrisas por la que todos la conocemos, y
cuando se pone seria como en la cinta de Nichols, hace algo más
que poner cara de estar chupando limones: en la secuencia del
abandono de Larry, sin ir más lejos, ella sola se basta
perfecta-mente para transmitir qué está a punto de hacer, y sin
siquiera abrir la boca. Jude Law está simplemente solvente, como
casi siempre, no creo en ningún momento que llegue a estar
memora-ble. A cargo de Clive Owen, en cambio, corre la labor de
defender quizás el personaje menos agraciado de la película y,
paradójica-mente, el más agradecido: la nominación al Oscar®
lo avala, en-tendida a juicio de quien esto escribe, porque sin
duda es el perso-naje con mayores posibilidades de pasarse de
rosca (llora, grita, toca fondo hasta hartarse, se sobrepone…).
Sin embargo, si hay un miembro del elenco que realmente ha
sorprendido y so-brecogido a un servidor, es sin duda Natalie
Portman. Tre-mendamente sutil, económica hasta extremos
insospechados, pa-rece haber llegado a conocer el papel de Alice
con tal precisión que no sólo resulta casi inconcebible
imaginarlo en manos de otra ac-triz, sino que, además, logra que
el suyo sea sin lugar a dudas el personaje más verosímil y
auténtico de ese puño cubierto de san-gre que es “Closer”.
Calificación:
    
Imágenes
de "Closer" - Copyright © 2004 Columbia Pictures e
Inside Track. Distribuida en España por Columbia TriStar Films. Todos los derechos
reservados.
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