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Dirección y
guión: Sebastián Cordero.
Países: México y Ecuador.
Año:
2004.
Duración: 108 min.
Género:
Thriller.
Interpretación: John Leguizamo (Manolo
Bonilla), Damián Alcázar (Vinicio Cepeda), Leonor Watling
(Marisa), José María Yazpik (Iván), Gloria Leyton (Esperanza),
Camilo Luzuriaga (detective Bolívar Rojas).
Producción: Alfonso Cuarón, Jorge
Vergara, Guillermo del Toro, Bertha Navarro e Isabel Dávalos.
Música: Antonio Pinto.
Fotografía: Enrique Chediak.
Montaje: Luis Carballar e Iván
Mora.
Diseño de producción: Eugenio Caballero.
Vestuario:
Mónica Ruiz
Ziegler.
Estreno en México: 21 Abril 2006.
Estreno en España: 22 Junio 2007. |
CRÍTICA
por
Miguel Laviña
Guallart
El circo
de las miserias
Tres años ha tardado esta
producción mexicano-ecuatoriana en llegar a nuestras pantallas,
a pesar de contar en sus créditos con nombres como
Guillermo del Toro
y Alfonso Cuarón
en la producción, y John
Leguizamo junto
a Leonor Watling
a la cabeza del reparto. El director
Sebastián Cordero
ha contado con estos apoyos
para su segundo largometraje, “Crónicas” de la vorágine de
algunos medios de comunicación, multiplicada por el sucio uso de
la miseria entre la que una cadena de televisión de Miami busca
sus noticias.
El
realizador ecuatoriano, autor del guión, aborda una cuestión
de la que se ha ocupado el celuloide en casi todas sus formas:
la manipulación informativa y la ausencia de escrúpulos a la
hora de hacerse con las audiencias. Si en algo puede
distinguirse su propuesta, es por adentrarse en unos
escenarios no demasiado vistos en la pantalla, unas
poblaciones rurales del Ecuador actual, y por afrontar un tema
tan delicado y de periódica actualidad como es la desaparición
de menores. Denuncia una explotación más del primer mundo
sobre el tercero, la extracción de la materia prima para sus
espectáculos televisivos de la vulnerabilidad de la
ignorancia, la facilidad del soborno ante la pobreza. Sin
duda, los elementos que maneja están cargados
de interés, pero sobre el conjunto planea la sensación de no
haber aprovechado al máximo todo lo que le ofrecía esta
historia.
Pocos
minutos precisa Cordero para introducir dos de las constantes
que circulan por el film: el mal casi palpable que rodea a los
presentes y la cruda violencia. Impregna la primera secuencia
con la sensación de la tragedia, el desasosiego del escenario y
restos de un crimen tan sólo adivinado. Poco después, este temor
subterráneo estalla inesperadamente con la furia extrema de un
linchamiento, poniendo al descubierto lo que allí se vive y
repartiendo un papel a cada uno: el peligro de la masa no
pensante, la inoperancia de las fuerzas de seguridad, la
condición de mártir o culpable del linchado, y el
aprovechamiento de toda esta locura por parte de un equipo de
televisión llegado a la zona. Y es la investigación de estos
últimos, un popular presentador de televisión (John Leguizamo) y
sus compañeros (Leonor Watling y
José María Yazpik),
llegados para cubrir el asesinato de varios niños –el punto de
vista de unos extranjeros en tierra extraña–, la opción
argumental que sigue el resto del metraje.
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Este vigoroso comienzo demuestra que el autor tiene esa
potencia visual, ese nervio de la cámara de muchos
realizadores latinoamericanos surgidos bajo el signo de la
imagen, suma de muy variadas influencias.
Este buen pulso no es suficiente en una narración
que mantiene una tensión relativa, pero que se desarrolla
dentro de los márgenes de lo previsible.
La decisión de centrarse en las pesquisas de los
periodistas por conseguir la exclusiva y los problemas
morales que se les plantean por el camino –resueltos con
bastante simpleza–, deja a un lado los detalles de la
investigación y, en especial, el explorar la complejísima
realidad social en la que se ven inmersos; apenas araña
una superficie que se despliega ante nuestros ojos, pero
que no llegamos a conocer desde dentro. No se decide a
tomar alguno de los caminos que se le abren a su paso,
pero sí a añadir una tambaleante complicación sentimental
que no aporta gran cosa a lo narrado.
Y éste
es precisamente otro obstáculo, las dificultadas de los
protagonistas en encajar en sus personajes, la inexpresividad de
un John Leguizamo alejado de sus caracterizaciones y sus
problemas para expresarse con soltura en castellano, y una
Leonor Watling que no parece sentirse del todo cómoda con un
papel que le viene estrecho a su talento, aunque arriesgarse a
experiencias como éstas enriquecen a cualquier intérprete. Más
destacable es la ambigüedad del mexicano
Damián Alcázar,
instrumento con el que el director se asoma a las pulsiones de
una personalidad contradictoria. Se ha de señalar que la cinta
evita el horror directo de los crímenes y sabe canalizarlo a
través de la palabra en unas secuencias que, si bien tienen
múltiples precedentes, no dejan de causar un efecto perturbador
y hacen preguntarse de nuevo por los insondables comportamientos
de algunas mentes.
A pesar de no haber
llegado hasta los límites que su escenario le ofrecía, Sebastián
Cordero logra su intención de incidir en un debate antiguo pero
vigente: la falta de ética y sus efectos allí donde las
carencias son mayores, añadiendo una visión más, sin imponer
coartadas morales. Con un preciso dominio de la
técnica y una narración algo menos convincente, es depositario y
continuador de una tradición de denuncia, una digna muestra de
las inquietudes de unas cinematografías que, pese al puente
idiomático, son prácticamente desconocidas.
Calificación:
    
Imágenes de "Crónicas" - Copyright © 2004 Producciones Anhelo,
Cabezahueca y Tequila Gang. Distribuida en España por Versus
Entertainment. Todos los derechos
reservados.
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