CRÍTICA
por
Julio Rodríguez Chico
Guerra a la desesperanza
El éxito
arrollador de "Amelie"
pedía volver sobre esa chica inge-nua y amable con la que se
identificó media Francia: Jean-Pierre
Jeunet nos lo ofrece con esta historia de amor en
tiempos de gue-rra. No se trata de una secuela pues su temática y
escenario va-rían, pero sí podría considerarse como una
continuación de aquélla por su estética y poesía, y por el
protagonismo que adquiere Au-drey Tautou;
muchos planos y gestos, la luz y el mismo modo de narrar hacen
que el espectador rememore a aquella jovencita parisi-na dedicada
a los demás y dar sentido a su vida por el amor, y que tenga
ahora la impresión de reencontrar su espíritu en los albores del
siglo pasado.
La
Primera Guerra Mundial ha estallado, y las tropas contemplan con
pavor las sangrías humanas de una contienda que no llega a su
fin. La desesperación reina en las trincheras y hace que algunos
soldados se automutilen para forzar la vuelta a casa. Si son
des-cubiertos, un consejo de guerra les enviará a la “tierra de
nadie”, donde su muerte es más que probable. Es lo que le sucede
a Ma-nech, un joven enamorado que sueña con volver con su querida
Ma-thilde. Terminada la guerra, es dado oficialmente por muerto,
pero su supersticiosa novia intuye que sigue con vida e inicia
su propia labor de investigación para dar con su paradero.
El
mayor mérito de Jeunet radica en lograr una puesta en escena
realista bañada en unas atmósfe-ras mágicas personalísimas.
Lo pri-mero venía exigido por el carácter an-tibelicista de la
cinta, que debía mos-trar la crudeza de unos enfrentamien-tos de
desgaste y sangre. El sentido poético –aparte de ser señal de
auto-ría– derivaba de su convicción de que el amor siempre da
alas a la esperan-za. Por eso, la mezcla entre realismo y
fantasía resulta fascinante y ade-cuada para representar la
dualidad en-tre guerra y amor, entre muerte y es-peranza. Es la
originalidad del director de "Delicatessen", que vuelve a
servirse de la estética del cómic, con toques expresionistas y
el mencionado hiperrealismo para las escenas bélicas; en este
último aspecto, incluso se permite hacer guiños cinéfilos a
"Senderos de gloria" de Kubrick, e introducir imá-genes de
archivo. Las luces frías de una fotografía efectista que re-corta
–y aplasta– las figuras en los fondos y las interpretaciones un
tanto naïf de sus actores hacen que el espectador asista al
drama desde la distancia, que contemple sin sufrir ni implicarse
en la tra-gedia, que hasta la sangre y la metralla adquieran una
dimensión poética. También se logra esa sensación merced a una
cámara que nunca se esconde y que se adivina de continuo
siguiendo a sus personajes, con continuos travellings de todo
tipo y un gusto por los picados y contrapicados.
Basado
en la novela de Sébastien Japrisot, este melodrama bé-lico de
tintes épicos goza de las características de las gran-des
superproducciones hollywoodienses, pero sin renunciar a su
identidad europea. Drama con toques de comedia, trama
detectivesca para una historia romántica, y aventura bélica con
crí-tica social, todo bien arropado por grandiosos decorados y
envuelto en una música sinfónica que crean una ambientación
convincente. La historia nos es contada por una voz en off que,
de manera anár-quica, nos lleva del instante presente de búsqueda
al momento pre-bélico en que se interrumpió el noviazgo, o al de
la niñez en que se fraguó su amor. El guión es previsible pero
no importa porque se trata de una fábula sobre la esperanza, el
amor y la perseverancia; con la atribulada novia seguimos las
pistas por todos sus vericue-tos, nos perdemos entre cambios de
identidad y por caminos que nos cierran el paso, pero sabemos
que el final nos compensará tanta espera. Por otra parte, la
manera de relatar llega a agotar a un espectador que ve cómo lo
que cuenta un personaje se nos pre-senta de inmediato en
imágenes, a modo de ilustraciones de un cómic: una opción
legítima, pero reiterativa y cargante.
Por
último, la interpretaciones no de-fraudan, aunque tampoco
entusias-man. Los personajes están poco ma-tizados –como si
fueran también de cómic–, casi huecos y con una inte-rioridad que
no queda perfilada más que por sus hechos, que por otra par-te
adolecen de un sentido moral y responsable. Audrey Tautou vuelve
a ser una joven dulce y quijotesca, aho-ra con mayor capacidad
expresiva aunque dentro de los márgenes de un cara bonita que se
acerca más a una porcelana china que a una actriz dra-mática.
Viendo a Mathilde vemos a una Amelie que vuelve a abrir su caja
de tesoros, y eso habla de un registro interpretativo reducido
al mundo imaginativo y mágico de Jeunet. En definitiva, un bonito
cuento sobre el amor y la guerra, sobre la esperanza y la
tenaci-dad, con aires románticos y toques de humor, que podía
ser una gran obra y se queda a mitad de camino, que distrae y
agra-da, y que gustará especialmente a los amantes del cine
má-gico e imaginativo.
Calificación:
    
Imágenes
de "Largo domingo de noviazgo" - Copyright © 2004
Warner Bros. Pictures y 2003 Productions. Distribuida en España
por Warner Sogefilms. Fotos por Bruno Calvo. Todos los derechos
reservados.
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