SINOPSIS
En
un complejo termal de la costa, los veraneantes se instalan con
sus costumbres urbanas. Hasta que llega Monsieur Hulot (Jacques
Tati) al volante de su viejo cacharro y rompe la calma del
lugar.
CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
El nacimiento de un
personaje inolvidable
Presenciar cómo una sala de cine llena de críticos ríe a
mandíbu-la batiente durante toda la proyección de una película
es una acon-tecimiento inusitado que merece ser tenido en
consideración. De-trás de esta festiva comunión, fruto de la
espontaneidad, debía de esconderse una poderosa razón, capaz de
alcanzar tan bullicioso consenso. Y así era. DeAPlaneta ha
tenido el gran acierto de repo-ner dos emblemáticos títulos de
la filmografía de Jacques Tati
coincidiendo con el 50º aniversario del nacimiento de Monsieur
Hu-lot, el famoso personaje que este cómico francés esculpió
para la gran pantalla; dicho en otras palabras, su alter ego en
la función. El primero, también en orden cronológico, esta
maravilla llamada "Las vacaciones de M. Hulot".
Jacques
Tati, descendiente de rusos, fue uno de los genios del humor más
reseñables de todos los tiempos, al igual que Charles Chaplin y
Buster Keaton, por cuyo trabajo se vio influenciado en distinto
grado. Como ellos, fue un artista integral de generoso talen-to
que interpretaba, escribía y dirigía sus propios proyectos. Pero
pese a haber alcanzado un gran éxito en Europa y en todo el
conti-nente americano, su nombre nunca resonó con la misma
populari-dad que la conseguida por los otros dos, tal vez a
causa de su origen galo, de su empeño por mantener la
independencia artística, y de que su producción, en cuanto a
largometrajes se refiere, no fue tan extensa si se compara con
la obra de Chaplin y Keaton, da-do que era un perfeccionista
nato y le gustaba madurar sus crea-ciones a lo largo de varios
años. Por suerte, nunca es tarde para seguir reivindicándole
como se merece.
"Las vacaciones de M. Hulot", re-alizada tras la
multigalardonada "Jour de fête" (Día de fiesta), fue la carta de
presentación de este entrañable personaje que le con-sagró a la
fama y cuyas peripecias encontraron continuidad en otros films.
El memorable Monsieur Hulot, una figura alta y delgada de
andares extraños y notable flexibilidad, lucía una apariencia
más anglosajona que francesa, con su sempiterna pipa, su
sombrero, su gabardina y su para-guas o bastón, de los que nunca
se desprendía y que se convirtieron en sus señas de identidad.
Solterón maduro, extremadamente educa-do, de buen corazón y gran
voluntad, pero también patoso, algo despistado e inoportuno,
reflejaba a la perfección a ese tipo de hombre común, anodino,
solitario, inadaptado, que intenta acercar-se con su buen
talante a los demás pero no acaba de encajar en las reuniones
sociales, donde es confundido por un excéntrico o un molesto
acompañante. Sólo las almas puras, como la suya, disfru-tarán de
su amistad. Hulot ha dejado su inconfundible huella en otras
figuras cómicas posteriores, como el Mr. Bean de Rowan At-kinson
y algunos de los caracteres que encarnó otro grande, Peter
Sellers, por ejemplo el hindú Hrundi V. Bakshi de "El guateque".
Esta
hilarante película que tenemos entre manos recibió el Pre-mio
Louis Delluc en 1953, el Gran Premio de la Crítica Internacional
en el Festival de Cannes del mismo año y fue nominada al Mejor
Guión en los Oscars de la Academia® de 1956. Rodada en la pla-ya
bretona de Saint-Marc, con un reparto desconocido, sigue la
ru-tina cotidiana de un grupo de veraneantes adinerados que se
insta-lan en un complejo termal de la costa atlántica para pasar
unos días de relax junto al mar, sin abandonar del todo sus
costumbres de la ciudad. Hasta allí llega el Sr. Hulot al
volante de su ruidoso y ruinoso coche. Desde el principio, su
presencia y su forma de con-ducirse evidencian que desentona en
aquel ambiente. La torpeza del pobre hombre, su excesiva
prudencia y ciertos malentendidos bienintencionados provocarán
una cadena de pequeñas catástrofes que romperán la calma de sus
compañeros. Eso sí, finalmente aca-barán pasando unas vacaciones
como nunca habrían esperado te-ner.
El
universo Tati podría encerrarse en una bola de cristal, como
esos souvenirs en los que milagrosamente nieva sobre ciudades
extranjeras cuando les damos la vuelta. Su mundo es una
diá-fana y delicada burbuja donde a uno le gustaría perderse;
soleado y cristalino, parece concebido por una mente infan-til,
pura, libre de prejuicios, donde domina el candor, la
in-genuidad, y no hay espacio para la maldad. Por eso no
debe sorprender la importancia que les concede a los niños, y de
ma-nera equiparable a los animales, aunque su papel sea
meramente secundario, porque se identifica bien con ellos. Hay
una secuencia en el film que recoge a la perfección este
espíritu: un pequeño com-pra un par de helados en un puesto de
la playa; es tan bajito que ni siquiera llega al mostrador y
sólo se nos muestra su mano agarran-do el dinero; después sube
con dificultad un largo tramo de escale-ras de piedra, con un
cucurucho en cada mano... Todos tememos que se le vayan a caer.
Al final, su satisfacción es la nuestra.
Sin embargo, tras esta apariencia inocente e inofensiva, y con
total na-turalidad, Tati va construyendo una crítica vitriólica
contra la sociedad bur-guesa del momento, algo que se irá
incrementando, y a la vez acentuan-do, en sus siguientes
películas, como "Mi tío", la visionaria "Playtime" y "Traffic".
El autor, gran observador de su entorno, es una esponja infinita
que absorbe cual antropólogo inocen-te los signos de su tiempo y
los sín-tomas de la naturaleza humana. Con sensibilidad y
precisión retrata un fresco de la época y de sus gen-tes, y
ataca sus peores hábitos y vicios asociados a la tecnifica-ción
de la vida moderna y al encorsetamiento de la clase media,
esclavos de su condición, artificiales y pretenciosos. Sus
persona-jes, que rayan la caricatura, son estereotipos
absolutamente reco-nocibles en cualquier civilización industrial
avanzada, y ahí radica el gran poder de vinculación que atrapa
al espectador. La vieja y ama-ble soltera, los sufridos
camareros, la bella joven que viaja con su familia y se ve
rodeada de moscones, el marido que anda varios pasos tras su
dominante esposa, el pesado idealista de izquierdas, el
avinagrado militar... y así un largo etcétera. Todos resultan
creí-bles y cumplen una función. Tati no descuida a ninguno de
los se-cundarios, cada uno de ellos tiene un interés y la
oportunidad de lu-cirse al mismo nivel.
La línea
argumental que vertebra la cinta se antoja simple, pero esto es
también una falsa impresión. A través de la irrupción de es-te
elemento perturbador (Monsieur Hulot) en un entorno que en
prin-cipio le es ajeno (el centro turístico), se ofrece la
posibilidad de en-garzar una serie de divertidos y precisos
gags visuales, en la línea del slapstick, que denotan un
minucioso estudio de los mecanismos y resortes de la comedia.
Tati piensa en imáge-nes, y asistimos a este continuo discurrir,
ágil, fresco y transparen-te, con el asombro de quien se halla
ante un engranaje perfecto que hace diana allá donde se había
propuesto.
La obra de
Tati, a pesar de ser sonora, se podría considerar una especie de
prolongación del cine mudo, y no sólo por la abundante mímica
que despliegan los actores para transmitirnos sus senti-mientos,
intenciones y actitudes, llegando a sustituir a la palabra
hablada, que se hace del todo innecesaria por su expresiva
gestua-lidad. En "Las vacaciones de M. Hulot" apenas hay
diálogos en el sentido habitual del término. Las conversaciones
que escuchamos, murmullos, frases aisladas, exclamaciones o
asentimientos rudi-mentarios, en ocasiones casi ininteligibles,
forman parte, intencio-nadamente, del ruido ambiental, de esa
“banda sonora” donde tam-bién confluyen una iterativa pieza
musical deliciosa y la destacada profusión de otros sonidos que
resultan de la acción, como colisio-nes, golpes, crujidos, etc.
Esta concepción de lo sonoro es prodi-giosa y reafirma esa
sensación de retrato coral de un entorno deter-minado que viene
marcada por el variopinto número de caracteres que se congregan
en la trama y por la espléndida puesta en esce-na, tan auténtica
y detallada.
Algunos de
los habilidosos gags que Hulot exhibe aquí tienen co-mo
protagonista el deporte. Uno de los más desternillantes se
pro-duce durante un partido de tenis, cuando el infeliz vence a
todos sus oponentes sin haber jugado antes, limitándose a
repetir una combinación de dos movimientos que cree obligados.
En realidad, Tati fue un destacado atleta en su juventud y
comenzó en los esce-narios teatrales parodiando mediante mímica
diversos deportes in-dividuales o de equipo, material
humorístico que vuelve a recoger cuando salta al cine.
En "Las
vacaciones de M. Hulot" también empiezan a vislumbrar-se otras
constantes que irían cobrando mayor fuerza en sus títulos
venideros, y que ya había apuntado, esto es, su amor y respeto
ha-cia los niños y los animales. Su relación con los animales,
sobre todo con los domésticos, se ubicará en unas coordenadas no
de-masiado distantes de su tierna mirada hacia la infancia.
Ahora será tan sólo un perro echado sobre una carretera que
impide el paso a los vehículos o un caballo que le acarrea
problemas, pero más adelante, en "Mi tío", nos presentará a un
grupo de canes vagabun-dos y a un agradecido canario al que
Hulot le procurará sol.
"Las vacaciones de M. Hulot" reúne inteligencia,
entretenimiento, sen-sibilidad, análisis y emoción; ma-gia y
poesía; es una fascinante danza escenificada en el cine y una
lúcida expresión de vida en la que late la sabiduría del genio y
el corazón del ser humano. Decía al comienzo de esta crítica
que en los tiempos que corren resulta insólito encontrarse con
un patio de butacas sumido en una carcajada colectiva de hora y
media de duración. Un fenóme-no que es todavía más prodigioso si
tenemos en cuenta que la película que ha logrado hermanarlos
data de 1953. Y es los años no han hecho mella en "Las
vacaciones de M. Hulot". Al contrario, las dé-cadas
transcurridas desde su realización no han hecho sino
en-grandecerla, como al buen vino. Descúbranla si todavía no la
cono-cen y recupérenla si ya la habían visto. Al salir, se
sentirán como si se hubieran tomado una pócima secreta de
bienestar. Ya casi no se hace cine como aquél...
Calificación:
    
ENLACES
Ficha en
IMDb
Web oficial de Jacques Tati:
www.tativille.com
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Imágenes
y sinopsis de "Las vacaciones de M. Hulot" - Copyright © 1953
Panoramic Films, Cady Films y Specta Films. Distribuida en
España por DeAPlaneta. Todos los derechos
reservados.
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