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LAS VACACIONES DE M. HULOT
(Les vacances de Monsieur Hulot)


cartel
Dirección: Jacques Tati.
País:
Francia.
Año: 1953.
Duración: 95 min.
Género: Comedia.
Interpretación: Jacques Tati (M. Hulot), Nathalie Pascaud (Martine), Michèle Rolla (Tía), Valentine Camax (Mujer inglesa), Louis Perrault (Fred), André Dubois (Comandante), Lucien Fregis (Propietario hotel), Raymond Carl (Camarero).
Guión: Jacques Tati, Henri Marquet, Pierre Aubert y Jacques Lagrange.
Producción: Fred Orain.
Música: Alain Romans.
Fotografía:
Jacques Mercanton y Jean Mouselle.
Diseño de producción: Henri Schmitt.
Estreno en Francia: 25 Febrero 1953.
Reestreno en España: 4 Julio 2003.

 

SINOPSIS

En un complejo termal de la costa, los veraneantes se instalan con sus costumbres urbanas. Hasta que llega Monsieur Hulot (Jacques Tati) al volante de su viejo cacharro y rompe la calma del lugar.


CRÍTICA por Tònia Pallejà

El nacimiento de un personaje inolvidable

  Presenciar cómo una sala de cine llena de críticos ríe a mandíbu-la batiente durante toda la proyección de una película es una acon-tecimiento inusitado que merece ser tenido en consideración. De-trás de esta festiva comunión, fruto de la espontaneidad, debía de esconderse una poderosa razón, capaz de alcanzar tan bullicioso consenso. Y así era. DeAPlaneta ha tenido el gran acierto de repo-ner dos emblemáticos títulos de la filmografía de Jacques Tati coincidiendo con el 50º aniversario del nacimiento de Monsieur Hu-lot, el famoso personaje que este cómico francés esculpió para la gran pantalla; dicho en otras palabras, su alter ego en la función. El primero, también en orden cronológico, esta maravilla llamada "Las vacaciones de M. Hulot".

  Jacques Tati, descendiente de rusos, fue uno de los genios del humor más reseñables de todos los tiempos, al igual que Charles Chaplin y Buster Keaton, por cuyo trabajo se vio influenciado en distinto grado. Como ellos, fue un artista integral de generoso talen-to que interpretaba, escribía y dirigía sus propios proyectos. Pero pese a haber alcanzado un gran éxito en Europa y en todo el conti-nente americano, su nombre nunca resonó con la misma populari-dad que la conseguida por los otros dos, tal vez a causa de su origen galo, de su empeño por mantener la independencia artística, y de que su producción, en cuanto a largometrajes se refiere, no fue tan extensa si se compara con la obra de Chaplin y Keaton, da-do que era un perfeccionista nato y le gustaba madurar sus crea-ciones a lo largo de varios años. Por suerte, nunca es tarde para seguir reivindicándole como se merece.

 "Las vacaciones de M. Hulot", re-alizada tras la multigalardonada "Jour de fête" (Día de fiesta), fue la carta de presentación de este entrañable personaje que le con-sagró a la fama y cuyas peripecias encontraron continuidad en otros films. El memorable Monsieur Hulot, una figura alta y delgada de andares extraños y notable flexibilidad, lucía una apariencia más anglosajona que francesa, con su sempiterna pipa, su sombrero, su gabardina y su para-guas o bastón, de los que nunca se desprendía y que se convirtieron en sus señas de identidad. Solterón maduro, extremadamente educa-do, de buen corazón y gran voluntad, pero también patoso, algo despistado e inoportuno, reflejaba a la perfección a ese tipo de hombre común, anodino, solitario, inadaptado, que intenta acercar-se con su buen talante a los demás pero no acaba de encajar en las reuniones sociales, donde es confundido por un excéntrico o un molesto acompañante. Sólo las almas puras, como la suya, disfru-tarán de su amistad. Hulot ha dejado su inconfundible huella en otras figuras cómicas posteriores, como el Mr. Bean de Rowan At-kinson y algunos de los caracteres que encarnó otro grande, Peter Sellers, por ejemplo el hindú Hrundi V. Bakshi de "El guateque".

  Esta hilarante película que tenemos entre manos recibió el Pre-mio Louis Delluc en 1953, el Gran Premio de la Crítica Internacional en el Festival de Cannes del mismo año y fue nominada al Mejor Guión en los Oscars de la Academia® de 1956. Rodada en la pla-ya bretona de Saint-Marc, con un reparto desconocido, sigue la ru-tina cotidiana de un grupo de veraneantes adinerados que se insta-lan en un complejo termal de la costa atlántica para pasar unos días de relax junto al mar, sin abandonar del todo sus costumbres de la ciudad. Hasta allí llega el Sr. Hulot al volante de su ruidoso y ruinoso coche. Desde el principio, su presencia y su forma de con-ducirse evidencian que desentona en aquel ambiente. La torpeza del pobre hombre, su excesiva prudencia y ciertos malentendidos bienintencionados provocarán una cadena de pequeñas catástrofes que romperán la calma de sus compañeros. Eso sí, finalmente aca-barán pasando unas vacaciones como nunca habrían esperado te-ner.

  El universo Tati podría encerrarse en una bola de cristal, como esos souvenirs en los que milagrosamente nieva sobre ciudades extranjeras cuando les damos la vuelta. Su mundo es una diá-fana y delicada burbuja donde a uno le gustaría perderse; soleado y cristalino, parece concebido por una mente infan-til, pura, libre de prejuicios, donde domina el candor, la in-genuidad, y no hay espacio para la maldad. Por eso no debe sorprender la importancia que les concede a los niños, y de ma-nera equiparable a los animales, aunque su papel sea meramente secundario, porque se identifica bien con ellos. Hay una secuencia en el film que recoge a la perfección este espíritu: un pequeño com-pra un par de helados en un puesto de la playa; es tan bajito que ni siquiera llega al mostrador y sólo se nos muestra su mano agarran-do el dinero; después sube con dificultad un largo tramo de escale-ras de piedra, con un cucurucho en cada mano... Todos tememos que se le vayan a caer. Al final, su satisfacción es la nuestra.

  Sin embargo, tras esta apariencia inocente e inofensiva, y con total na-turalidad, Tati va construyendo una crítica vitriólica contra la sociedad bur-guesa del momento, algo que se irá incrementando, y a la vez acentuan-do, en sus siguientes películas, como "Mi tío", la visionaria "Playtime" y "Traffic". El autor, gran observador de su entorno, es una esponja infinita que absorbe cual antropólogo inocen-te los signos de su tiempo y los sín-tomas de la naturaleza humana. Con sensibilidad y precisión retrata un fresco de la época y de sus gen-tes, y ataca sus peores hábitos y vicios asociados a la tecnifica-ción de la vida moderna y al encorsetamiento de la clase media, esclavos de su condición, artificiales y pretenciosos. Sus persona-jes, que rayan la caricatura, son estereotipos absolutamente reco-nocibles en cualquier civilización industrial avanzada, y ahí radica el gran poder de vinculación que atrapa al espectador. La vieja y ama-ble soltera, los sufridos camareros, la bella joven que viaja con su familia y se ve rodeada de moscones, el marido que anda varios pasos tras su dominante esposa, el pesado idealista de izquierdas, el avinagrado militar... y así un largo etcétera. Todos resultan creí-bles y cumplen una función. Tati no descuida a ninguno de los se-cundarios, cada uno de ellos tiene un interés y la oportunidad de lu-cirse al mismo nivel.

  La línea argumental que vertebra la cinta se antoja simple, pero esto es también una falsa impresión. A través de la irrupción de es-te elemento perturbador (Monsieur Hulot) en un entorno que en prin-cipio le es ajeno (el centro turístico), se ofrece la posibilidad de en-garzar una serie de divertidos y precisos gags visuales, en la línea del slapstick, que denotan un minucioso estudio de los mecanismos y resortes de la comedia. Tati piensa en imáge-nes, y asistimos a este continuo discurrir, ágil, fresco y transparen-te, con el asombro de quien se halla ante un engranaje perfecto que hace diana allá donde se había propuesto.

  La obra de Tati, a pesar de ser sonora, se podría considerar una especie de prolongación del cine mudo, y no sólo por la abundante mímica que despliegan los actores para transmitirnos sus senti-mientos, intenciones y actitudes, llegando a sustituir a la palabra hablada, que se hace del todo innecesaria por su expresiva gestua-lidad. En "Las vacaciones de M. Hulot" apenas hay diálogos en el sentido habitual del término. Las conversaciones que escuchamos, murmullos, frases aisladas, exclamaciones o asentimientos rudi-mentarios, en ocasiones casi ininteligibles, forman parte, intencio-nadamente, del ruido ambiental, de esa “banda sonora” donde tam-bién confluyen una iterativa pieza musical deliciosa y la destacada profusión de otros sonidos que resultan de la acción, como colisio-nes, golpes, crujidos, etc. Esta concepción de lo sonoro es prodi-giosa y reafirma esa sensación de retrato coral de un entorno deter-minado que viene marcada por el variopinto número de caracteres que se congregan en la trama y por la espléndida puesta en esce-na, tan auténtica y detallada.

  Algunos de los habilidosos gags que Hulot exhibe aquí tienen co-mo protagonista el deporte. Uno de los más desternillantes se pro-duce durante un partido de tenis, cuando el infeliz vence a todos sus oponentes sin haber jugado antes, limitándose a repetir una combinación de dos movimientos que cree obligados. En realidad, Tati fue un destacado atleta en su juventud y comenzó en los esce-narios teatrales parodiando mediante mímica diversos deportes in-dividuales o de equipo, material humorístico que vuelve a recoger cuando salta al cine.

  En "Las vacaciones de M. Hulot" también empiezan a vislumbrar-se otras constantes que irían cobrando mayor fuerza en sus títulos venideros, y que ya había apuntado, esto es, su amor y respeto ha-cia los niños y los animales. Su relación con los animales, sobre todo con los domésticos, se ubicará en unas coordenadas no de-masiado distantes de su tierna mirada hacia la infancia. Ahora será tan sólo un perro echado sobre una carretera que impide el paso a los vehículos o un caballo que le acarrea problemas, pero más adelante, en "Mi tío", nos presentará a un grupo de canes vagabun-dos y a un agradecido canario al que Hulot le procurará sol.

  "Las vacaciones de M. Hulot" reúne inteligencia, entretenimiento, sen-sibilidad, análisis y emoción; ma-gia y poesía; es una fascinante danza escenificada en el cine y una lúcida expresión de vida en la que late la sabiduría del genio y el corazón del ser humano. Decía al comienzo de esta crítica que en los tiempos que corren resulta insólito encontrarse con un patio de butacas sumido en una carcajada colectiva de hora y media de duración. Un fenóme-no que es todavía más prodigioso si tenemos en cuenta que la película que ha logrado hermanarlos data de 1953. Y es los años no han hecho mella en "Las vacaciones de M. Hulot". Al contrario, las dé-cadas transcurridas desde su realización no han hecho sino en-grandecerla, como al buen vino. Descúbranla si todavía no la cono-cen y recupérenla si ya la habían visto. Al salir, se sentirán como si se hubieran tomado una pócima secreta de bienestar. Ya casi no se hace cine como aquél...

Calificación:


ENLACES

Ficha en IMDb
Web oficial de Jacques Tati:
www.tativille.com


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Imágenes y sinopsis de "Las vacaciones de M. Hulot" - Copyright © 1953 Panoramic Films, Cady Films y Specta Films. Distribuida en España por DeAPlaneta. Todos los derechos reservados.

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