CRÍTICA
por
David Garrido Bazán
Fascinación, morbo, sensualidad... amor
A todos nos ha pasado. En algún momento de nuestra vida,
pro-bablemente cercano a la adolescencia, se ha cruzado en
nuestro camino alguien que con su sola presencia pone nuestro
pequeño mundo del revés, alguien cuyo irresistible atractivo nos
hace cues-tionarnos conceptos que hasta ese momento creíamos
conocer bien como el deseo, la atracción sexual y la pasión,
alguien con quien fantaseamos y que nos hace perder la cabeza
hasta tal punto que, si en algún momento se digna a dirigirnos
la palabra, nos convierte en una especie de marioneta sin hilos,
incapaz de re-accionar o incluso pronunciar una palabra ante su
presencia, mien-tras nuestros ojos brillan diciendo todo eso que
nos arde por den-tro. A Chimo, un joven de origen magrebí que
vive en un barrio de la periferia de esa Marsella que tan bien
conocemos gracias a la fil-mografía de Robert Guédiguian, le
acaba de pasar. Su mundo se tambalea gracias a un ciclón en
forma de rubia de gran belleza y formas rotundas, una suerte de
lolita que, como ella misma dice, destaca en ese barrio como un
Ferrari en una chatarrería. Lila, con su aire inequívocamente
francés, sus blancas curvas y su faldita que se mece al ritmo de
su bicicleta, no parece pertenecer en ab-soluto a ese mundo
musulmán de segunda generación que aún se rige por reglas
ancestrales y en el que no parece que haya muchos visos de
futuro para unos jóvenes más destinados a la delincuencia que a
progresar más allá de los estrechos límites del barrio.
Pero a Lila no parece importarle na-da el mundo que le rodea, ni
el caos que provoca su sola presencia a su alrededor. Lila
suelta por su boquita sensual procacidades que harían son-rojar
al más liberal de los mortales, sugiere un mundo de experiencias
se-xuales que excitarían la imaginación más fértil y, a modo de
prólogo a todo lo anterior, empieza por seducir en un columpio
desde el que muestra sin el más mínimo pudor su sexo a un
para-lizado y fascinado Chimo, que no tie-ne ni la más remota idea
de por qué esa chica hermosa y desconcertante le ha elegido
precisamente a él para hacerle víctima de sus confi-dencias, una
relación que despierta en él una pasión enfebrecida con la que
no sabe manejarse muy bien. Aspirante a escritor que no acaba de
decidirse a dar el paso que le abriría la puerta hacia otra
vida, Chimo encuentra en Lila y sus historias de alto voltaje el
empujón que necesita para empezar a poner en el papel unas
pala-bras delante de otras mientras el mundo, la vida que hasta
enton-ces había conocido, comienza a articularse alrededor de esa
chica que despierta su vena soñadora y cuyo comportamiento
sensual parece estar continuamente bordeando el límite de lo que
es nor-malmente aceptado.
El libanés
Ziad Doueiri, habitual asistente de Quentin Tarantino
y Robert Rodríguez en sus primeros filmes y autor de otra
recomen-dable película, "West Beirut", en la que ya se abordaban
elementos como el despertar a la vida y las pulsiones propias de
la adolescen-cia en medio del conflicto que dividió a musulmanes
y cristianos en su Beirut natal allá por 1975, podría
perfectamente haber puesto el acento de esta su segunda película
en los problemas de integra-ción aún habituales de esa
inmigración de origen magrebí en esta nueva Europa cada vez más
globalizada en la que no acaba de en-contrar fácil acomodo. Y, de
hecho, la sombra de los conflictos de origen comunitario o
religioso está bastante presente en la más que interesante
descripción de la vida cotidiana de los habitantes de ese barrio
en el que se desarrolla la acción a través tanto de las
referencias puntuales a acontecimientos como el 11-S, el
constan-te miedo a la diferencia, la exaltación de la propia
identidad o la ne-cesidad de pertenecer a un determinado grupo
por encima de otra consideración o incluso de otras
posibilidades de futuro.
Pero Douieri es lo suficientemente inteligente como para dejar
todo eso en un rico segundo plano que sirve de sustrato a lo que
aquí verdaderamente interesa, que no es otra cosa que la
peculiar historia de amor y fascina-ción que se establece entre
Lila –un deslumbrante descubrimiento lla-mado
Vahina Giocante que borda un papel
en el que hubiera sido terriblemente fácil precipitarse por el
abismo de la vulgaridad y que ella sabe sostener con encomiable
dignidad gracias a un excepcional y afinado trabajo– y Chimo
–un Mo-hammed Khouas al que
le toca lidiar con el difícil problema que supone que la novela
en la que se basa la película está contada por su personaje en
primera persona y cuya acción básicamente trans-curre en su
cabeza, lo que a veces provoca que su actuación sea en exceso
pasiva y contenida–, una historia de despertar sexual y
sentimental en el que nunca se pierde de vista que a menudo lo
que sentimos (y mucho más en esa convulsa etapa de nuestra vida
que es el paso del final de la adolescencia hacia la madurez) es
incapaz de expresarse con palabras y, no menos importante, que
también podemos esconder detrás de las palabras y de nuestros
actos aparentes aquello que verdaderamente ocupa nuestros
pen-samientos, lo que en el fondo nos duele y atormenta,
ilusiones y esperanzas que suelen acompañar al despertar del
amor.
Doueiri
construye una historia llena de sensualidad, morbo y, en fin,
pulsión amorosa gracias a una puesta en escena naturalista que,
sin embargo, sabe dotar a menudo de un aire irreal a las
se-cuencias que comparten Lila y Chimo –de lejos, lo más logrado
de la función–, alcanzando momentos de verdadera magia en
escenas como la seducción inicial en el columpio o ese
inolvidable paseo en motocicleta que son todo un deleite para
los sentidos. Tan fasci-nante resulta la historia de la atracción
que surge entre esos dos adolescentes que, por comparación, el
pretendido contrapeso que supone la línea argumental del
previsible enfrentamiento con los amigos de Chimo –probablemente
retratados de un modo más es-tereotipado y caricaturesco del que
sería deseable–, en cuya con-cepción del mundo no hay sitio para
un despliegue de libertad tal como el que hace Lila, carece de
la misma fuerza y, por momen-tos, supone un cierto desequilibrio
que empaña un tanto los logros de una película que, no obstante,
tiene el indudable mérito de alcanzar una gran frescura
contando una historia de amor que en el fondo ha sido abordada
por el cine en infinidad de ocasiones.
Para el
recuerdo del espectador que-dará la naturalidad y enorme
sensuali-dad de un personaje tan complejo de plasmar en pantalla
manteniendo in-tacta toda su credibilidad como el que aquí
compone Vahina Giocante, un nombre sin duda a retener para el
fu-turo por todos aquellos a los que les guste contemplar ese
extraño milagro que a veces se produce entre una ac-triz y su
reflejo en una cámara que la adora hasta límites insospechados.
Si a todo eso le sumamos la acertada descripción de la vida del
barrio men-cionada con anterioridad y que sirve de fondo a la
historia que transcurre en primer plano, una cuidada fotografía
que refleja de modo inequívoco esa luz tan peculiar y tan propia
del Mediterráneo y una acertada banda sonora a cargo del
estupendo músico Nitin Sawhney,
poco habitual en estos menes-teres, no cabe sino concluir que
"Lila dice" es una película de lo más recomendable, sobre
todo para aquellos que disfrutan de la ambigüedad, de la
sensualidad y del poder de la suge-rencia de lo intuido y lo
pronunciado en voz alta, por encima de la habitual vulgaridad de
lo simplemente mostrado.
Calificación:
    
Imágenes
de "Lila dice" - Copyright © 2004 Huit et Demi
Productions, Zeal, Passion Pictures, France 2 Cinéma y Pyramide
Productions. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos
reservados.
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