CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
Tragedia griega, cine caliente, venganza
fría
Resulta difícil imaginar una tortura psicológica peor que pasar
quince lar-gos años retenido
contra tu voluntad en una misma habitación, sin conocer la
identidad de tus raptores ni los mo-tivos de tu reclusión, y con la compa-ñía
de un televisor como única venta-na abierta a la realidad, igual
que le sucede al protagonista de la presente película durante
sus angustiosos vein-te minutos iniciales. Sin embargo, cuando terminas de conocer
todo aquello que le aguarda al salir, descu-bres que pueden
perpetrarse tormen-tos mentales mucho más
despiadados y tortuosos. Con estas in-sanas intenciones se presenta "Old
boy", un crudo thriller dramáti-co que participa de ciertos
elementos del cine de terror y de acción, y que constituye la segunda aproximación de
una trilogía que su director, el surcoreano
Park Chan-wook,
ha proyectado destinar al tema de la venganza, siendo
"Sympathy
for Mr. Ven-geance", estrenada en el 2002, su primera entrega.
Laureado con numerosos galardones internacionales, sin duda,
este largometraje debe en buena medida el prestigio que lo
precede al Gran Premio del Jurado otorgado en el último Festival
de Cannes.
Un film que basa gran parte de su
interés en preservar un enigma, en realidad dos, que no se
despejan hasta el final, ofreciendo algu-na que otra sorpresa adicional
por el camino, obliga a no desvelar demasiados detalles sobre su
desarrollo argumental. Al comienzo, conocemos a Oh Dae-su —nombre
que significa, paradójicamente, algo así como "llevarse bien con
la gente"—, un hombre
casado, padre de una niña, que ha sido retenido en una comisaría
tras verse implicado en un incidente menor fruto del alcohol. Después de
ser recogido por un amigo, Dae-su desaparece en la calle y, cuando
re-cupera el conocimiento, se encuentra confinado en una
habitación incomunicada, en la que permanecerá encerrado durante
quince años, ignorando quién y por qué razón ha sido
secuestrado. Una vez que sus captores le permitan recuperar la
libertad, con la mis-ma ausencia de explicaciones que ha recibido
a lo largo de su cau-tiverio, Dae-su emprenderá una investigación
personal para hallar a los responsables de su reclusión y
ajustarles las cuentas...
Junto a "Kill Bill"
de Quentin Taranti-no, con la que no guarda precisamen-te escasa
relación, "Old boy" podría ser uno de los claros referentes
cine-matográficos actuales para ilustrar la
famosa sentencia "La venganza es un plato que se sirve bien
frío". Es, en efecto, una escabrosa y sofisticada puesta en
práctica del odio y el rencor acumulados. A través de una atracti-va
mezcla de componentes que bebe por igual del cómic, de la tragedia griega, del
cine nortea-mericano moderno y de un clásico de la literatura
como es "El Conde de Montecristo", retrata una peculiar
historia de venganzas cruzadas en torno a unos persona-jes
señalados por la culpa de un drama pasado de consecuencias inimaginables y
abocados a un conflicto moral entre sus valores y la
necesidad del amor como mecanismo de expiación. Como atra-pado en
el juego del gato y el ratón, su atormentado protagonista será
más libre mientras permanezca en
cautividad que cuando re-cobre su autonomía, puesto que no es tan
importante saber por qué lo han mantenido recluido durante más
de una década sino por qué lo han soltado.
Pero "Old boy"
es también un relato donde el paso del tiempo cobra un valor
fundamental —es la paciente espe-ra,
la distancia que cabe superar, la memoria presente—
marcando a todos los personajes por igual y, sobre todo,
propiciando la natu-raleza de sus relaciones; de ahí que Park
Chan-wook se encargue de recordárnoslo en todo momento, desde
los títulos de crédito iniciales, cuyas cifras simulan horarios
digitales, pasando por los distintos relojes y calendarios
automáticos que aparecen de mane-ra destacada a lo largo del
film, hasta prácticamente el final, donde se muestra una
fotografía que registra la fecha en que ésta fue to-mada.
"Old boy" ha sido
anunciada
como una película violenta, y, si bien es cierto que dispone de
ciertas escenas medianamente sanguina-rias, con alguna mutilación,
amputaciones y varios ensañamientos, la cámara no se demora más
de lo imprescindible en el detalle o apenas lo refleja; no
obstante, el contenido implícito es tan trucu-lento que surte un
efecto parejo. Porque si existe algo verdadera-mente brutal en
esta historia, se encuentra, en
realidad, en esa tra-gedia que envuelve a los protagonistas más
que en las
situaciones que atraviesan de forma eventual, y en el
cruel destino que se les
ha ido tejiendo y que les aguarda; una severidad que ni
siquiera su negro sentido del humor, de una comicidad amarga,
incómoda, lo-gra ahuyentar. Al lado de esas
imágenes más impactantes convi-ven otras especialmente hermosas,
de una extraña capacidad poé-tica apoyada a menudo en el
surrealismo —la hormiga en el metro, el baúl abriéndose en medio
del césped, el pulpo, la máscara anti-gás...—.
Quizás uno de los
mayores méri-tos de esta cinta sea el de haber sabido disfrazar
con una aparente complejidad narrativa y estética una idea que
no es tan original y compleja como ecléctica y retorci-da. La
gracia de "Old boy" no radica tanto en su sorpresiva resolución, si-no
en el camino que recorre hasta lle-gar al final, y cómo éste
cobra enton-ces sentido.
Porque, siendo reduccio-nistas, "Old boy" no es más que una
revisitación tarantiniana de la tragedia griega en clave de
suspense con unos personajes más propios del cómic que de la
realidad. El resultado de este explosivo cóctel es un producto
resultón, sugestivo, bien conducido por un libreto que atina en
giros y golpes de efecto, y a todas luces entretenido. Sin
embargo, se sostiene en un precario
equilibrio sobre los difusos límites que separan la genialidad
—la misma que justifica debilidades argumentando que se trata de
un delirio caprichoso de su autor— de la más completa tomadura
de pelo —es decir, el globo lleno de aire que explota para
revelar su completo vacío—, por eso, no sorprende encontrar
opiniones dia-metralmente opuestas en torno a este film.
Pero es posible una postura intermedia, porque, haciendo
el es-fuerzo de entender "Old boy" dentro de sus coordenadas, sus
inte-reses ganan a sus limitaciones y torpes desvaríos. No cabe
duda de que nos hallamos ante un estimulante ejercicio de
narración que, mediante un transvase de géneros y formatos, nos
in-troduce en los turbadores vericuetos del alma humana,
expo-niendo a través de un discurso enérgico en formas una ele-gía
al amor y a su capacidad de redención desde la amora-lidad. Una
amoralidad que toca techo en un cierre final inolvidable,
marginal, gratamente alejado de convencionalismos, y que el
es-pectador que ha acompañado a este atribulado protagonista
llega a recibir como un alivio, el mismo que se esconde en la
voluntad de purificación de Oh Dae-su.
Park Chan-wook
adecúa su lenguaje visual al mensaje que transmite sin escatimar recursos, empleando para ello un
estilo fuertemente influido por la viñeta, en transiciones,
encuadres y continuidad, y que hace una
apro-piación oriental del trabajo de realiza-dores como Tarantino,
todo ello me-diante una puesta en escena con to-ques retro. Así, "Old boy" abunda en el gran
angular para oprimir y defor-mar a los personajes, ganando
a la vez perspectiva, en el plano corto para
reflejar sus estados de ánimo y con-flictos interiores, y en las tomas superiores y travellings laterales para
componer sus secuencias más líricas, recurriendo, asimismo, a
picados, contrapicados, divisiones de la
pantalla para mostrar acciones paralelas, o, con menor
frecuencia, a la ralentización. La meritoria fotografía de
Jung
Jung-hoon,
con un cromatismo de rojos, verdes y tonos oscuros deudores del
cómic, contri-buye a crear esta atmósfera asfixiante, sórdida,
funesta y pa-ranoide, en un film que transcurre principalmente en interiores
mal iluminados y emplazamientos urbanos nocturnos, y que se
reserva las mayores cotas de luminosidad para su parte postrera,
en donde el blanco de la nieve contrasta con los lóbregos
pasajes que la pre-ceden, ejerciendo un efecto redentor acorde
con la evolución dra-mática de la historia y los deseos de su
protagonista.
Cho Young-wuk
se agrega desde el terreno
musical con idénticas intenciones, sobresaliendo con un tema
principal muy bello, aunque las incur-siones electrónicas que
dominan determinados momentos chirríen bastante.
En último lugar, pero no por su insignificante
importancia, cabe hacer mención a
su intérprete central,
sobre cuyos hombros des-cansa la mayor parte del peso
dramático de
esta cinta.
Choi Min-sik,
que ya fue recompensado por su anterior trabajo en "Happy
end", se apropia con
absoluta entrega de un personaje que corre el riesgo de
descoyuntarse fácilmente porque se mueve entre regis-tros
extremos, pero al que sabe dotar de
matices evolutivos y, so-bre todo, de una credibilidad que no
siempre viene asistida por el propio guión, pasando de la
enajenación, la ira o el llanto al aturdi-miento mental, la
perplejidad, el afecto contenido o la determina-ción.
Sin llegar a elogiarla como
la gran obra maestra que desde ciertos sectores se aprecia, "Old
boy" constituye un recomendable viaje por las pulsiones humanas
más primitivas que explota con acierto las posibilidades
dialécticas del cine.
Calificación:
    
Imágenes
de "Old boy" - Copyright © 2003 Show East y Egg Films.
Distribuida en España por LolaFilms. Todos los derechos
reservados.
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