CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
En busca del tiempo
perverso
La
ciencia-ficción ha sido una cate-goría tan exprimida y desvirtuada por el
cine comercial que resulta grato en-contrarse de vez en cuando
con pro-ductos independientes que no vincu-lan la mayor parte de su atractivo a
los efectos digitales, los ostentosos diseños de producción y
las estrellas que participan en el reparto,
sino que con muy pocos recursos monetarios, humanos y materiales
son capaces de desarrollar buenas ideas, constru-yendo
interesantes discursos narrati-vos que recuperan la voluntad
espe-culativa del género y que, al entrar en un estimulante
diálogo con el público, van mucho más allá de lo que se limitan
a hacer explícito. Por las circunstancias que
la ro-deaban, "Primer" prometía ser un nuevo logro al estilo de
"Cube" o "Pi"
—al parecer, las restricciones se extienden a los propios
tí-tulos, a cual más breve—, dos películas levantadas a partir de
una mínima expresión pero que alcanzaban una máxima impresión
por su disponibilidad para sugerir manejando únicamente
conceptos y prescindiendo de la épica.
Tales
circunstancias comienzan por su impulsor, Shane Carruth,
un matemático reconvertido en una suerte de Juan Palomo, yo me
lo guiso, yo me lo como, para su debut cinematográfico —él
solito asume, nada más y nada menos, las funciones de director,
guio-nista, productor, responsable de la edición, la fotografía y
la banda sonora del film, además de prestar su rostro a Aaron,
uno de los personajes con más peso argumental del reducido
elenco—; no obstante, su casi
absoluto protagonismo en los créditos quizás no
responda tanto a un capricho ególatra como a la triste realidad
en la que nace el proyecto: una nadería de presupuesto,
traducido concretamente en 7.000
dólares, que, dicho sea de paso, una vez vistos los resultados,
no le pesan en absoluto en contra, sino más bien a favor; y, por último, el suyo es un largometraje tan alejado de las
agotadas y obtusas convenciones que rinden en la taquilla —in-cluso
diría que poco o nada
llevadero para los que gusten de ritmos frenéticos, derroches de
acción, apabullantes facturas formales y argumentos
requetemasticados— que parecía augurar una atractiva experiencia
apoyada en el ingenio en lugar de en el
eclipsante po-der de los grandes medios.
Lamentablemente, la modestia eco-nómica no es siempre sinónimo
de la modestia creativa del autor; todavía menos garantía de
talento. Y a pesar de que esta ópera prima revela al-gunas
aportaciones de interés y un notable esfuerzo imaginativo para
sacar provecho de sus obvias limitaciones, lo cierto es que
"Pri-mer" tiene más trazas de preten-ciosa tomadura de pelo que
de in-teligente y sólido artefacto desti-nado a pasar a la
posteridad por sobrados méritos propios: si acaso, será
recordada como aquella película que la mayoría del público no
llegó a entender del todo, o que se perfiló como el mejor
remedio contra el insomnio veraniego para unos cuantos, lo cual
no sé hasta qué punto satisface las inten-ciones comunicativas
del cine. Para no faltar a la verdad, cabe de-cir que tampoco
son todo pedradas en el panorama general, porque frente a los
que la odian, también los hay que la adoran —si la con-troversia
es una virtud, en este sentido "Primer" ha triunfado—, y no le
han faltado los premios de rigor ni el beneplácito de gran parte
de la crítica.
En cualquier caso, vaya por
delante un humilde consejo a
quienes se acerquen a esta desabrida propuesta para que su
visionado no se transforme en un soporífero reto: no traten de
comprender todos los detalles de su inalcanzable superficie
—olvídense de la verbo-rrea técnica, de los aspectos científicos
y de ese cúmulo de situa-ciones interrelacionadas que parecen no
cuadrar por completo (no se sientan estúpidos, porque efectivamente
no terminan de cuadrar, pero Carruth juega al despiste a ver si
cuela: es aquello de parecer un genio a costa de atribuir
ignorancia a los demás)— y vayan di-rectamente a la cuestión
de fondo: con sólo algunas pequeñas va-riaciones, "Primer" nos
cuenta algo tan antiguo y tan manido como lo son los viajes en
el tiempo y el espacio, y a partir de ahí alimenta el resto de
su corto metraje con ese inevitable reguero de consecuencias
—beneficios, inconvenientes y de-más paradojas— que se derivan de
intervenir en el futuro manipulando el pasado —una temática que,
sin ir muy lejos, han revisitado dos films recientes: la
entretenida pero mediocre "El
efecto mariposa" o la más recomendable "Donnie
Darko"—. En el caso que nos ocupa, esa posibilidad
insospechada es descubierta, casi por casualidad, por dos ingenieros que,
en sus ratos libres, trabajan en una sofisticada máquina en el garaje
de la casa de uno de ellos, y que, como seres humanos que son,
pasada la perpleji-dad inicial, tratarán de utilizar en su
provecho, hasta que se vean superados tanto por los efectos de
hurgar en los engranajes del destino como por esa espiral de
ambiciones, enfrentamientos, sos-pechas y "exilios" que arrastra a dos niños que no
están prepara-dos para jugar con un poder más propio de los dioses.
Como
advertía, Carruth aborda estos conceptos tan elementales, aunque
no por ello menos sugerentes como punto de partida, bajo una impostada apariencia
hermética, críptica y cere-bral. Esto se debe, principalmente, a
que el libreto abusa del sobreenten-dido en todo momento —algo
que ya le achaqué a "Código
46" pero que aquí se agrava hasta el extremo—,
arrancando de lleno en la situación sin mayores preámbulos, y
ahorrán-donos aclaraciones de cualquier tipo que arrojen luz
sobre lo que estamos viendo, siendo habitual el empleo de
bruscas elipsis y saltos en la acción, así como giros, más que
inexplicables, inexplicados, que en nada contribuyen a dar una
continuidad consistente a lo relatado, sin que tampoco el apoyo
de esa voz en off, que adhiere ciertas notas de intriga, ayude
demasia-do en la labor. A todo ese caos visual se suma un ritmo
lento que transita por la monotonía de escenarios
claustrofóbicos, oscuras conversaciones en jerga especializada y
patrones reiterativos que se desprenden de la propia trama,
incapaces de inyectar una mínima evolución dramática a la
historia. Resulta difícil apegarse a unos
personajes, tan humanos y tan mar-cianos a la vez, que no son más que meras piezas en una
arquitec-tura mucho más compleja, y todavía más implicarse con un
relato que oculta y mantiene todas las distancias posibles a
consciencia. En definitiva, no es sino el viejo truco del
almendruco de todo autor novel que busca epatar: explicarnos un
cuento que tenemos más visto que nuestra cara en el espejo de la
manera más
espesa, de-sordenada y confusa posible para parecer exquisito y
profundo, y
de paso maquillar las muchas fisuras de un guión que no acaba de
conectar intenciones con formas. No es que sea imposible acceder
a las sinuosas cuestiones que nos plantea la película, o que su
confianza en la habilidad del espectador para deducir no sea de
agradecer, pero Carruth se arriesga al exigirle más de lo
recomen-dable, sacrificando su comprensión e interés para fingir
ser elevado y, probablemente, disimular sus carencias como
narrador —en el fondo es la misma estrategia que cimentaba obras
como "Memen-to"
o "21
gramos", pero con un resultado mucho más logrado y
convincente en aquéllas—.
Aun así, sería injusto negarle a este arisco
largometraje ciertas bondades que no sólo lo rescatan del
completo olvi-do, sino que lo dotan de un encanto atípico.
Con gran acierto, "Primer" nos acerca a la ciencia-ficción
filosófica a través de esa alternativa más realista, cotidiana y
doméstica —tan doméstica co-mo lo es, en realidad, la
propia producción—, introduciéndonos en un thriller psicológico
protagonizado por tipos anodinos desde el tiempo presente y las
localizaciones más pedestres, y en donde todo gira alrededor de
las ideas. Es esa insobornable puesta en es-cena, cuasi-documental,
pausada
y minimalista, que persigue re-producir en imágenes esa formulación
de simetrías y bucles para-noides que sostienen el relato, arrojando
auténticos hallazgos en composiciones y en las enfermizas atmósferas
que oprimen esos espacios bañados por la sempiterna luz
artificial, la que a fin de cuentas consigue cautivar nuestra
atención hasta el final. Y, por más que pase desapercibido,
conviene mencionar el desempeño de unos intérpretes, sin
experiencia previa pero harto solventes, que recitan textos
imposibles con la misma naturalidad con la que cual-quier mortal
hablaría del tiempo o de la familia —sólo hace falta po-nerse en
su piel para comprobar que cuesta lo suyo—. Aunque, so-bre todo o
pese a todo, si esta película fascina no es tanto por lo que
muestra como por lo que insinúa. En última instancia, nos
hallamos, por un lado, ante el drama despiadado que sa-cude a
unas criaturas atrapadas en un retorcido puzle que escapa a su
control, y, por otro, delante de una reflexión so-bre el tiempo,
como valor escaso y, por tanto, sumamente codi-ciado en nuestros
días, que sirve para detonar ese retrato pesimis-ta sobre la
condición humana. No estamos, pues, tan alejados de aquel primer
trabajo de Darren Aronofsky que citaba al inicio o, en menor
medida, del de Vincenzo Natali.
Con su innegable vocación de llegar a unos pocos,
"Primer" tiene el mérito relativo del atrevimiento y, como expe-rimento inusual,
es hasta cierto punto coherente entre su continente y su
contenido, apuntando una apreciable renovación del género, pero
finalmente se queda a medio
camino del éxito. No es la obra maestra que se preten-de, sin que tampoco merezca ser ob-jeto de
desecho. Carruth se revela con una voz
personal con nociones interesantes que añadir a la
tradición y con un peculiar sentido para el cine. La idea era
buena, sólo le falta ganar en
honestidad, claridad y sol-tura. Por desgracia, una
película es lo que se cuenta, cómo se cuenta y aquello que
señala sin contar. En los dos primeros aspec-tos, "Primer" ni ha
descubierto la sopa de ajo ni se explica como mejor debería; el
tercero ya depende de lo que cada uno quiera ver. Como toda
cinta abierta —reticente a lanzar
conclusiones e incompleta en sus partes—, seguramente
ganará enteros pa-ra aquellos que más se presten a entrar en su
juego, y al fi-nalizar sembrará una duda que se extenderá como la
pólvo-ra hasta el comienzo. Esa naturaleza perversa, que imprime
todos sus niveles, y que generará no pocos debates posterio-res,
también es una de sus mayores bazas.
Calificación:
    
Imágenes
de "Primer" - Copyright © 2004 ThinkFilm y ERBP Production.
Distribuida en España por Notro Films. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "Primer"
Añade "Primer" a tus películas favoritas
Opina sobre "Primer" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda "Primer" a un amigo
|