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PRIMER


cartel
Dirección y guión: Shane Carruth.
País:
USA.
Año: 2004.
Duración: 77 min.
Género: Thriller, Ciencia-ficción.
Interpretación: Shane Carruth (Aaron), David Sullivan (Abe), Anand Upadhyaya (Phillip), Casey Gooden (Robert), Carrie Crawford (Kara), Jay Butler, John Carruth, Samantha Thomson (Rachel), Chip Carruth (Thomas), Jack Pyland, Keith Bradshaw, Ashok Upadhyaya.
Producción: Shane Carruth.
Música: Shane Carruth.
Fotografía: Shane Carruth.
Montaje: Shane Carruth.
Estreno en USA: 8 Octubre 2004.
Estreno en España: 10 Junio 2005.

 

CRÍTICA
por Tònia Pallejà

En busca del tiempo perverso

  La ciencia-ficción ha sido una cate-goría tan exprimida y desvirtuada por el cine comercial que resulta grato en-contrarse de vez en cuando con pro-ductos independientes que no vincu-lan la mayor parte de su atractivo a los efectos digitales, los ostentosos diseños de producción y las estrellas que participan en el reparto, sino que con muy pocos recursos monetarios, humanos y materiales son capaces de desarrollar buenas ideas, constru-yendo interesantes discursos narrati-vos que recuperan la voluntad espe-culativa del género y que, al entrar en un estimulante diálogo con el público, van mucho más allá de lo que se limitan a hacer explícito. Por las circunstancias que la ro-deaban, "Primer" prometía ser un nuevo logro al estilo de "Cube" o "Pi" —al parecer, las restricciones se extienden a los propios tí-tulos, a cual más breve—, dos películas levantadas a partir de una mínima expresión pero que alcanzaban una máxima impresión por su disponibilidad para sugerir manejando únicamente conceptos y prescindiendo de la épica.

  Tales circunstancias comienzan por su impulsor, Shane Carruth, un matemático reconvertido en una suerte de Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como, para su debut cinematográfico —él solito asume, nada más y nada menos, las funciones de director, guio-nista, productor, responsable de la edición, la fotografía y la banda sonora del film, además de prestar su rostro a Aaron, uno de los personajes con más peso argumental del reducido elenco—; no obstante, su casi absoluto protagonismo en los créditos quizás no responda tanto a un capricho ególatra como a la triste realidad en la que nace el proyecto: una nadería de presupuesto, traducido concretamente en 7.000 dólares, que, dicho sea de paso, una vez vistos los resultados, no le pesan en absoluto en contra, sino más bien a favor; y, por último, el suyo es un largometraje tan alejado de las agotadas y obtusas convenciones que rinden en la taquilla —in-cluso diría que poco o nada llevadero para los que gusten de ritmos frenéticos, derroches de acción, apabullantes facturas formales y argumentos requetemasticados— que parecía augurar una atractiva experiencia apoyada en el ingenio en lugar de en el eclipsante po-der de los grandes medios.

  Lamentablemente, la modestia eco-nómica no es siempre sinónimo de la modestia creativa del autor; todavía menos garantía de talento. Y a pesar de que esta ópera prima revela al-gunas aportaciones de interés y un notable esfuerzo imaginativo para sacar provecho de sus obvias limitaciones, lo cierto es que "Pri-mer" tiene más trazas de preten-ciosa tomadura de pelo que de in-teligente y sólido artefacto desti-nado a pasar a la posteridad por sobrados méritos propios: si acaso, será recordada como aquella película que la mayoría del público no llegó a entender del todo, o que se perfiló como el mejor remedio contra el insomnio veraniego para unos cuantos, lo cual no sé hasta qué punto satisface las inten-ciones comunicativas del cine. Para no faltar a la verdad, cabe de-cir que tampoco son todo pedradas en el panorama general, porque frente a los que la odian, también los hay que la adoran —si la con-troversia es una virtud, en este sentido "Primer" ha triunfado—, y no le han faltado los premios de rigor ni el beneplácito de gran parte de la crítica.

  En cualquier caso, vaya por delante un humilde consejo a quienes se acerquen a esta desabrida propuesta para que su visionado no se transforme en un soporífero reto: no traten de comprender todos los detalles de su inalcanzable superficie —olvídense de la verbo-rrea técnica, de los aspectos científicos y de ese cúmulo de situa-ciones interrelacionadas que parecen no cuadrar por completo (no se sientan estúpidos, porque efectivamente no terminan de cuadrar, pero Carruth juega al despiste a ver si cuela: es aquello de parecer un genio a costa de atribuir ignorancia a los demás)— y vayan di-rectamente a la cuestión de fondo: con sólo algunas pequeñas va-riaciones, "Primer" nos cuenta algo tan antiguo y tan manido como lo son los viajes en el tiempo y el espacio, y a partir de ahí alimenta el resto de su corto metraje con ese inevitable reguero de consecuencias —beneficios, inconvenientes y de-más paradojas— que se derivan de intervenir en el futuro manipulando el pasado —una temática que, sin ir muy lejos, han revisitado dos films recientes: la entretenida pero mediocre "El efecto mariposa" o la más recomendable "Donnie Darko"—. En el caso que nos ocupa, esa posibilidad insospechada es descubierta, casi por casualidad, por dos ingenieros que, en sus ratos libres, trabajan en una sofisticada máquina en el garaje de la casa de uno de ellos, y que, como seres humanos que son, pasada la perpleji-dad inicial, tratarán de utilizar en su provecho, hasta que se vean superados tanto por los efectos de hurgar en los engranajes del destino como por esa espiral de ambiciones, enfrentamientos, sos-pechas y "exilios" que arrastra a dos niños que no están prepara-dos para jugar con un poder más propio de los dioses.

  Como advertía, Carruth aborda estos conceptos tan elementales, aunque no por ello menos sugerentes como punto de partida, bajo una impostada apariencia hermética, críptica y cere-bral. Esto se debe, principalmente, a que el libreto abusa del sobreenten-dido en todo momento —algo que ya le achaqué a "Código 46" pero que aquí se agrava hasta el extremo—, arrancando de lleno en la situación sin mayores preámbulos, y ahorrán-donos aclaraciones de cualquier tipo que arrojen luz sobre lo que estamos viendo, siendo habitual el empleo de bruscas elipsis y saltos en la acción, así como giros, más que inexplicables, inexplicados, que en nada contribuyen a dar una continuidad consistente a lo relatado, sin que tampoco el apoyo de esa voz en off, que adhiere ciertas notas de intriga, ayude demasia-do en la labor. A todo ese caos visual se suma un ritmo lento que transita por la monotonía de escenarios claustrofóbicos, oscuras conversaciones en jerga especializada y patrones reiterativos que se desprenden de la propia trama, incapaces de inyectar una mínima evolución dramática a la historia. Resulta difícil apegarse a unos personajes, tan humanos y tan mar-cianos a la vez, que no son más que meras piezas en una arquitec-tura mucho más compleja, y todavía más implicarse con un relato que oculta y mantiene todas las distancias posibles a consciencia. En definitiva, no es sino el viejo truco del almendruco de todo autor novel que busca epatar: explicarnos un cuento que tenemos más visto que nuestra cara en el espejo de la manera más espesa, de-sordenada y confusa posible para parecer exquisito y profundo, y de paso maquillar las muchas fisuras de un guión que no acaba de conectar intenciones con formas. No es que sea imposible acceder a las sinuosas cuestiones que nos plantea la película, o que su confianza en la habilidad del espectador para deducir no sea de agradecer, pero Carruth se arriesga al exigirle más de lo recomen-dable, sacrificando su comprensión e interés para fingir ser elevado y, probablemente, disimular sus carencias como narrador —en el fondo es la misma estrategia que cimentaba obras como "Memen-to" o "21 gramos", pero con un resultado mucho más logrado y convincente en aquéllas—.

  Aun así, sería injusto negarle a este arisco largometraje ciertas bondades que no sólo lo rescatan del completo olvi-do, sino que lo dotan de un encanto atípico. Con gran acierto, "Primer" nos acerca a la ciencia-ficción filosófica a través de esa alternativa más realista, cotidiana y doméstica —tan doméstica co-mo lo es, en realidad, la propia producción—, introduciéndonos en un thriller psicológico protagonizado por tipos anodinos desde el tiempo presente y las localizaciones más pedestres, y en donde todo gira alrededor de las ideas. Es esa insobornable puesta en es-cena, cuasi-documental, pausada y minimalista, que persigue re-producir en imágenes esa formulación de simetrías y bucles para-noides que sostienen el relato, arrojando auténticos hallazgos en composiciones y en las enfermizas atmósferas que oprimen esos espacios bañados por la sempiterna luz artificial, la que a fin de cuentas consigue cautivar nuestra atención hasta el final. Y, por más que pase desapercibido, conviene mencionar el desempeño de unos intérpretes, sin experiencia previa pero harto solventes, que recitan textos imposibles con la misma naturalidad con la que cual-quier mortal hablaría del tiempo o de la familia —sólo hace falta po-nerse en su piel para comprobar que cuesta lo suyo—. Aunque, so-bre todo o pese a todo, si esta película fascina no es tanto por lo que muestra como por lo que insinúa. En última instancia, nos hallamos, por un lado, ante el drama despiadado que sa-cude a unas criaturas atrapadas en un retorcido puzle que escapa a su control, y, por otro, delante de una reflexión so-bre el tiempo, como valor escaso y, por tanto, sumamente codi-ciado en nuestros días, que sirve para detonar ese retrato pesimis-ta sobre la condición humana. No estamos, pues, tan alejados de aquel primer trabajo de Darren Aronofsky que citaba al inicio o, en menor medida, del de Vincenzo Natali.

  Con su innegable vocación de llegar a unos pocos, "Primer" tiene el mérito relativo del atrevimiento y, como expe-rimento inusual, es hasta cierto punto coherente entre su continente y su contenido, apuntando una apreciable renovación del género, pero finalmente se queda a medio camino del éxito. No es la obra maestra que se preten-de, sin que tampoco merezca ser ob-jeto de desecho. Carruth se revela con una voz personal con nociones interesantes que  añadir a la tradición y con un peculiar sentido para el cine. La idea era buena, sólo le falta ganar en honestidad, claridad y sol-tura. Por desgracia, una película es lo que se cuenta, cómo se cuenta y aquello que señala sin contar. En los dos primeros aspec-tos, "Primer" ni ha descubierto la sopa de ajo ni se explica como mejor debería; el tercero ya depende de lo que cada uno quiera ver. Como toda cinta abierta —reticente a lanzar conclusiones e incompleta en sus partes—, seguramente ganará enteros pa-ra aquellos que más se presten a entrar en su juego, y al fi-nalizar sembrará una duda que se extenderá como la pólvo-ra hasta el comienzo. Esa naturaleza perversa, que imprime todos sus niveles, y que generará no pocos debates posterio-res, también es una de sus mayores bazas.

Calificación:


 

Imágenes de "Primer" - Copyright © 2004 ThinkFilm y ERBP Production. Distribuida en España por Notro Films. Todos los derechos reservados.

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