CRÍTICA
Joaquín
R. Fernández
Puntuación:
6
Banda Sonora Original: ***
El Emperador y sus Locuras es, en mi
opinión, la película más
intrascendente y floja de la nueva etapa de
Disney, aquélla que comenzó con La Sirenita. No sólo
técnicamente resulta auténticamente anodina y
completamente alejada de las maravillas de Dinosaurio y Tarzan, también
en cuanto a su argumento y desarrollo la
limitación se hace evidente, no hay profundidad
en ella, aunque algo tendrá que ver en ello el
hecho de que el espíritu original del filme se
abandonara durante su producción, transformando
la cinta en una alocada comedia donde no hay
lugar para lo serio (vamos, al estilo de Hercules
y Aladdin). No obstante, y como suele suceder en
un buen número de películas de animación, esta
nueva producción Disney se deja ver con una
sonrisa en la boca, a pesar de que uno siente que
no está viendo otra cosa que un episodio
televisivo, algo más trabajado, del canal de la
mítica productora de Burbank. Sin embargo, no
hay en ella escenas memorables o personajes que
dejen huella en el espectador. Me
divirtió el momento en el cual Kuzco y Pacha
tienen que colaborar, chocando sus espaldas, para
evitar ser devorados por los cocodrilos, o el
frenético final, a pesar de que es un tanto
deslucido en comparación a las
espectacularidades a las que estamos
acostumbrados. Ni siquiera hay lugar para la
emotividad, tan presente en este tipo de
producciones familiares, aunque eso no tiene por
qué ser un defecto.
Me compadezco de Sting, creador
de las escasas canciones que se pueden escuchar
durante la película (una al comienzo y otra en
los títulos de crédito finales). Al
transformarse completamente el argumento del
filme, sus canciones no tenían sentido y tuvo
que trabajar en otras nuevas. Desgraciadamente
para él, no ha podido repetir el éxito de Phil
Collins, aunque al menos le puede quedar el
consuelo de que canta mejor en español que su
colega de profesión. Respecto a la banda
sonora instrumental de John
Debney, me ha
decepcionado bastante. Al principio no
deja de ser una aburrida comparsa, muy al estilo
de los cortos animados de toda la vida, dejando
un mal sabor de boca en el espectador (tal vez
sería más correcto decir "dolor de
oídos"). Sin embargo, el asunto cambia
cuando Pacha llega a su casa tras haber sido
recibido en audiencia por el emperador, pues
Debney nos presenta un tema melódico muy
agradable que describe perfectamente su
carácter. Tampoco lo hace nada mal durante las
secuencias finales, aunque uno tiene la
sensación de que está muy lejos de las
maravillas mostradas por Menken, Zimmer, Goldsmith, Mancina y Newton
Howard.
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