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KAFKA, LA VERDAD OCULTA (KAFKA)


cartel Dirección y montaje: Steven Soderbergh.
Paises:
Francia / USA.
Año: 1991.
Duración: 98 min.
Interpretación: Jeremy Irons (Kafka), Theresa Russell (Gabriela), Joel Grey (Burgel), Ian Holm (Dr. Murnau), Jeroen Krabbé (Bizzlebek), Armin Mueller-Stahl (Grubach), Alec Guinness (Clerk), Keith Allen (Ludwig), Simon McBurney (Oscar).
Guión: Lem Dobbs.
Producción: Harry Benn y Stuart Cornfeld.
Producción ejecutiva: Mark Johnson, Barry Levinson y Paul Rassam.
Música: Cliff Martinez.
Fotografía B/N y Color:
Walt Lloyd.
Diseño de producción: Gavin Bocquet.
Dirección artística: Les Tomkins.
Vestuario: Michael Jeffery.
Decorados: Joanne Woollard.

 

CRÍTICA

Josep Alemany

FRANZ KAFKA PROTAGONISTA DE UN «THRILLER»

Empieza la película: imágenes en blanco y negro, Praga, Franz Kafka (Jeremy Irons), el trabajo en la compañía de seguros. Todo parece indicar que se trata de una biografía con vocación documental. Pues no. Era una falsa pista. Y un aviso de lo que sucederá de ahora en adelante: nada es lo que parece, el protagonista –y con él el espectador– va de sorpresa en sorpresa.

Soderbergh rehúye las dos trampas clásicas de las películas sobre escritores: la biografía llena de detalles y anécdotas (el escritor navegando en un mar de circunstancias anodinas) y el solipsismo literario (el escritor en el momento de la creación, sentado delante de la máquina de escribir, dando vueltas a sus fantasmas). Y tampoco se dedica a adaptar una obra de Kafka o a componer un popurrí con varias obras suyas. Ni biografía ni adaptación, Kafka es una exploración sobre el universo literario de Kafka, sobre el origen de sus temas. Una investigación en forma de ficción: pone a Kafka en el centro de unos hechos misteriosos que más adelante se reflejarán en su obra. Como puede verse, Soderbergh adopta un planteamiento muy original al construir un thriller con Kafka como protagonista y presentar al escritor antes de la creación literaria.

Sería invertir los términos decir que los acontecimientos misteriosos salen de su obra. Porque ésta se inspira en ellos, como también se inspira en la realidad de su tiempo. Ahí está el interés de la película.

¿KAFKA O LOVECRAFT?

La obra de Kafka ha dado pie, fundamentalmente, a dos interpretaciones. Unos ven en ella las fantasías de un escritor ensimismado en sus elucubraciones mentales, las pesadillas de un individuo encerrado entre cuatro paredes: una especie de Lovecraft europeo con angustia existencialista o (variante Max Brod) con inclinaciones místicas. A juicio de otros, el autor no vivía de espaldas a las inquietudes de su época, sino que tocaba de pies en el suelo y captaba la realidad, de ahí que fuera capaz de entender el funcionamiento del poder burocrático moderno.

Soderbergh y el guionista Lem Dobbs hacen suya la segunda interpretación, que concuerda con lo que sabemos de la vida y de la obra de Kafka. Su trabajo en la compañía de seguros constituía un buen observatorio del mundo de la burocracia. No falta quien ve en su obra una premonición del terror burocrático que desembocó en el nazismo y en los regímenes comunistas. No digo ni que sí ni que no, porque, a fin de cuentas, esto entra de lleno en el ámbito de la libre interpretación. Lo cierto es que las relaciones con los círculos anarquistas de Praga y el interés por el sionismo de corte socialista no son hechos gratuitos en la vida de Kafka; incluso acarició varios proyectos de emigrar a Palestina. Por lo que respecta a su obra, ya lo dejó escrito en 1966 Gabriel Ferrater en el prólogo a la traducción catalana de El proceso: «Quizá sea una lástima destruir los cuentos con que se duermen los niños de Saint-Germain-des-Près [= los existencialistas franceses], pero la verdad es que Kafka tocaba perfectamente de pies en el suelo, y que su carrera profesional [...] fue un éxito. Pero lo más interesante es que "el mundo de Kafka", el de su literatura, no es ningún mundo de sueño, sino precisamente el de su experiencia, en buena medida, profesional.» La película de Soderbergh se hace eco de esas ideas.

En Kafka, el protagonista al principio adopta un papel pasivo, está desorientado por lo que ha ocurrido (Eduard Raban, su mejor amigo, ha desaparecido misteriosamente). Cuando empieza a investigar por su cuenta, irá descubriendo lo que se oculta detrás de la superficie bien ordenada de la sociedad. Y, al mismo tiempo, conoce a Gabriela (Theresa Russell), la compañera de Raban, quien lo presenta a su grupo de amigos anarquistas. Y tras una serie de acontecimientos y vacilaciones, Kafka se decide a pasar a la acción. ¿De qué modo? He aquí una de las grandes sorpresas que nos depara Kafka.

EN LAS ENTRAÑAS DEL CASTILLO

Las estrechas calles de adoquines de Praga, el Castillo –que domina, amenazante, la ciudad– y el blanco y negro, con su juego de sombras, crean un ambiente expresionista. Sin caer en ningún exceso. Otro de los puntos de referencia de Soderbergh ha sido Howard Hawks, el mejor antídoto para mantener a raya la tentación expresionista.

Y cuando Kafka entra en el Castillo, de repente la pantalla se inunda de colores. Como en El resplandor, de Kubrick, lo misterioso se intensifica cuanto más real es. Incluso con colores. Por lo demás, cabe señalar que Soderbergh invierte el uso normal de estos recursos técnicos en la ficción, donde el blanco y negro suele reservarse a los sueños, a los recuerdos o a los acontecimientos más oscuros. (Los documentales son otra historia, así como el uso seudodocumental del blanco y negro dentro de la ficción, como en La señora Parker.)

El episodio del Castillo responde a un tema recurrente en Soderbergh: el secreto tras la puerta. Para acceder al lugar iniciático donde está escondida la verdad, hay que recorrer un pasaje secreto (el laberinto subterráneo al que se entra por el cementerio). Las imágenes ocultas detrás de la puerta son diferentes, en total ruptura con el modo de representación empleado hasta entonces: pasamos del blanco y negro al color.

Una vez descubierta la verdad, Kafka destruye la ciudadela del poder y, transformado gracias a esa experiencia, vuelve a la realidad del blanco y negro.

FICCIÓN LÚDICA

En ningún momento hemos de apechugar con una cinta árida o una tesis sesuda. Se trata, por el contrario, de una ficción animada por un iconoclasta espíritu lúdico. Soderbergh presta la misma atención a los mecanismos abstractos de la narración que a los detalles concretos. Los chiflados por las biografías descubrirán, desparramados por la pantalla y los diálogos, un sinfín de datos con los que saciar su sed. Sin embargo, para mí, las circunstancias biográficas representan un ingrediente secundario. Imprescindible pero secundario.

Nos hallamos ante una mezcla muy atractiva: una película de intriga, de serie B, con un reparto de lujo. También se mezclan los géneros: thriller + humor. El humor, un aspecto esencial del mundo de Kafka, nos aleja del patetismo expresionista, lo que explica la referencia a Howard Hawks, especialista en mezclar tragedia y comedia.

El humor sube de tono cuando Kafka se encuentra cara a cara con la autoridad (jefes de la oficina y de la policía). La mímica y los diálogos de Jeremy Irons rezuman un humor sutil, que el actor expresa con su característico perfeccionismo infinitesimal: cf. las muecas casi imperceptibles que dedica al encargado de la oficina.

Porque ya es hora de decir que Jeremy Irons realiza una de las mejores interpretaciones de su carrera, de la categoría de Inseparables (1988) y El misterio von Bülow (1990).

En las relaciones entre literatura y cine, Kafka constituye una obra excepcional, una innovación muy osada. Y algunos no la han sabido apreciar. Se creen poseedores exclusivos del espíritu de Kafka y niegan a los demás –en este caso a Soderbergh y a Lem Dobbs– el derecho a alejarse siquiera un milímetro del icono que han forjado. En nombre de la literatura cierran el paso a la imaginación.

Vale más hacer caso omiso de querellas inútiles y dejarse llevar por las imágenes, los diálogos y la música de Kafka.


Esta crítica forma parte del artículo Escritores en pantalla: Reinaldo Arenas, Dorothy Parker, Franz Kafka


MÁS RECURSOS

-Ficha en la IMDB
-Otras películas de Steven Soderbergh:
Sexo, mentiras y cintas de video, Erin Brockovich, El halcón inglés, Traffic


Imágenes de Kafka, la verdad oculta - Copyright © 1991 Baltimore Pictures, Pricel y Renn Productions. Todos los derechos reservados.

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