CRÍTICA
Josep
Alemany
FRANZ
KAFKA PROTAGONISTA DE UN «THRILLER»
Empieza la
película: imágenes en blanco y negro, Praga,
Franz Kafka (Jeremy Irons), el
trabajo en la compañía de seguros. Todo parece
indicar que se trata de una biografía con
vocación documental. Pues no. Era una falsa
pista. Y un aviso de lo que sucederá de ahora en
adelante: nada es lo que parece, el
protagonista y con él el espectador
va de sorpresa en sorpresa.
Soderbergh rehúye
las dos trampas clásicas de las películas sobre
escritores: la biografía llena de detalles y
anécdotas (el escritor navegando en un mar de
circunstancias anodinas) y el solipsismo
literario (el escritor en el momento de la
creación, sentado delante de la máquina de
escribir, dando vueltas a sus fantasmas). Y
tampoco se dedica a adaptar una obra de Kafka o a
componer un popurrí con varias obras suyas. Ni
biografía ni adaptación, Kafka es una
exploración sobre el universo literario de
Kafka, sobre el origen de sus temas. Una
investigación en forma de ficción: pone a Kafka
en el centro de unos hechos misteriosos que más
adelante se reflejarán en su obra. Como puede
verse, Soderbergh adopta un planteamiento
muy original al construir un thriller
con Kafka como protagonista y presentar al
escritor antes de la creación literaria.
Sería
invertir los términos decir que los
acontecimientos misteriosos salen de su obra.
Porque ésta se inspira en ellos, como también
se inspira en la realidad de su tiempo. Ahí
está el interés de la película.
¿KAFKA
O LOVECRAFT?
La obra de
Kafka ha dado pie, fundamentalmente, a dos
interpretaciones. Unos ven en ella las fantasías
de un escritor ensimismado en sus elucubraciones
mentales, las pesadillas de un individuo
encerrado entre cuatro paredes: una especie de Lovecraft europeo
con angustia existencialista o (variante Max Brod) con
inclinaciones místicas. A juicio de otros, el
autor no vivía de espaldas a las inquietudes de
su época, sino que tocaba de pies en el suelo y
captaba la realidad, de ahí que fuera capaz de
entender el funcionamiento del poder burocrático
moderno.
Soderbergh
y el guionista Lem Dobbs hacen suya
la segunda interpretación, que concuerda con lo
que sabemos de la vida y de la obra de Kafka. Su
trabajo en la compañía de seguros constituía
un buen observatorio del mundo de la burocracia.
No falta quien ve en su obra una premonición del
terror burocrático que desembocó en el nazismo
y en los regímenes comunistas. No digo ni que
sí ni que no, porque, a fin de cuentas, esto
entra de lleno en el ámbito de la libre
interpretación. Lo cierto es que las relaciones
con los círculos anarquistas de Praga y el
interés por el sionismo de corte socialista no
son hechos gratuitos en la vida de Kafka; incluso
acarició varios proyectos de emigrar a
Palestina. Por lo que respecta a su obra, ya lo
dejó escrito en 1966 Gabriel
Ferrater en el prólogo a la traducción
catalana de El proceso: «Quizá
sea una lástima destruir los cuentos con que se
duermen los niños de Saint-Germain-des-Près [=
los existencialistas franceses], pero la verdad
es que Kafka tocaba perfectamente de pies en el
suelo, y que su carrera profesional [...] fue un
éxito. Pero lo más interesante es que "el
mundo de Kafka", el de su literatura, no es
ningún mundo de sueño, sino precisamente el de
su experiencia, en buena medida, profesional.»
La película de Soderbergh se hace eco de esas
ideas.
En Kafka,
el protagonista al principio adopta un papel
pasivo, está desorientado por lo que ha ocurrido
(Eduard Raban, su mejor amigo, ha desaparecido
misteriosamente). Cuando empieza a investigar por
su cuenta, irá descubriendo lo que se oculta
detrás de la superficie bien ordenada de la
sociedad. Y, al mismo tiempo, conoce a Gabriela (Theresa
Russell), la compañera de Raban, quien lo
presenta a su grupo de amigos anarquistas. Y tras
una serie de acontecimientos y vacilaciones,
Kafka se decide a pasar a la acción. ¿De qué
modo? He aquí una de las grandes sorpresas que
nos depara Kafka.
EN
LAS ENTRAÑAS DEL CASTILLO
Las
estrechas calles de adoquines de Praga, el
Castillo que domina, amenazante, la
ciudad y el blanco y negro, con su juego de
sombras, crean un ambiente expresionista.
Sin caer en ningún exceso. Otro de los puntos de
referencia de Soderbergh ha sido Howard
Hawks, el mejor antídoto para mantener a
raya la tentación expresionista.
Y
cuando Kafka entra en el Castillo, de repente la
pantalla se inunda de colores. Como en El
resplandor, de Kubrick, lo
misterioso se intensifica cuanto más real es.
Incluso con colores. Por lo demás, cabe señalar
que Soderbergh invierte el uso normal de estos
recursos técnicos en la ficción, donde el
blanco y negro suele reservarse a los sueños, a
los recuerdos o a los acontecimientos más
oscuros. (Los documentales son otra historia,
así como el uso seudodocumental del blanco y
negro dentro de la ficción, como en La
señora Parker.)
El
episodio del Castillo responde a un tema
recurrente en Soderbergh: el secreto tras la
puerta. Para acceder al lugar
iniciático donde está escondida la verdad, hay
que recorrer un pasaje secreto (el laberinto
subterráneo al que se entra por el cementerio).
Las imágenes ocultas detrás de la puerta son
diferentes, en total ruptura con el modo de
representación empleado hasta entonces: pasamos
del blanco y negro al color.
Una vez
descubierta la verdad, Kafka destruye la
ciudadela del poder y, transformado gracias a esa
experiencia, vuelve a la realidad del blanco y
negro.
FICCIÓN
LÚDICA
En ningún
momento hemos de apechugar con una cinta árida o
una tesis sesuda. Se trata, por el contrario, de
una ficción animada por un iconoclasta espíritu
lúdico. Soderbergh presta la misma atención a
los mecanismos abstractos de la narración que a
los detalles concretos. Los chiflados por las
biografías descubrirán, desparramados por la
pantalla y los diálogos, un sinfín de datos con
los que saciar su sed. Sin embargo, para mí, las
circunstancias biográficas representan un
ingrediente secundario. Imprescindible
pero secundario.
Nos
hallamos ante una mezcla muy atractiva: una
película de intriga, de serie B, con un reparto
de lujo. También se mezclan los géneros: thriller
+ humor. El humor, un aspecto esencial del mundo
de Kafka, nos aleja del patetismo expresionista,
lo que explica la referencia a Howard
Hawks, especialista en mezclar tragedia y
comedia.
El humor
sube de tono cuando Kafka se encuentra cara a
cara con la autoridad (jefes de la oficina y de
la policía). La mímica y los diálogos de
Jeremy Irons rezuman un humor sutil, que el actor
expresa con su característico perfeccionismo
infinitesimal: cf. las muecas casi imperceptibles
que dedica al encargado de la oficina.
Porque ya
es hora de decir que Jeremy Irons realiza
una de las mejores interpretaciones de su carrera,
de la categoría de Inseparables (1988) y El
misterio von Bülow (1990).
En las
relaciones entre literatura y cine, Kafka
constituye una obra excepcional, una innovación
muy osada. Y algunos no la han sabido apreciar.
Se creen poseedores exclusivos del espíritu de
Kafka y niegan a los demás en este caso a
Soderbergh y a Lem Dobbs el derecho a
alejarse siquiera un milímetro del icono que han
forjado. En nombre de la literatura cierran el
paso a la imaginación.
Vale más
hacer caso omiso de querellas inútiles y dejarse
llevar por las imágenes, los diálogos y la
música de Kafka.
Esta crítica forma parte del
artículo Escritores
en pantalla: Reinaldo Arenas, Dorothy Parker,
Franz Kafka
MÁS
RECURSOS
-Ficha
en la IMDB
-Otras películas de Steven Soderbergh: Sexo,
mentiras y cintas de video, Erin
Brockovich, El halcón
inglés, Traffic
Imágenes
de Kafka, la verdad oculta - Copyright © 1991
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