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LA SEÑORA PARKER Y EL CÍRCULO VICIOSO (MRS. PARKER AND THE VICIOUS CIRCLE)


cartel Dirección: Alan Rudolph.
País:
USA.
Año: 1994.
Duración: 124 min.
Interpretación: Jennifer Jason Leigh (Dorothy Parker), Campbell Scott (Robert Benchley), Matthew Broderick (Charles MacArthur), Peter Gallagher (Alan Campbell), Jennifer Beals (Gertrude Benchley), Andrew McCarthy (Eddie Parker), Wallace Shawn (Horatio Byrd), Martha Plimpton (Jane Grant), Sam Robards (Harold Ross), Lili Taylor (Edna Ferber), James LeGros (Deems Taylor), Gwyneth Paltrow (Paula Hunt), Nick Cassavetes (Robert Sherwood), Stephen Baldwin (Roger Spalding), Matt Malloy (Marc Connelly).
Guión: Alan Rudolph y Randy Sue Coburn.
Producción: Robert Altman.
Música: Mark Isham.
Fotografía:
Jan Kiesser.
Montaje: Suzy Elmiger.
Diseño de producción: François Séguin.
Dirección artística: James Fox.
Vestuario: Renée April y John Hay.
Decorados: Frances Calder.
Dirección de producción: Irene Litinsky.

 

CRÍTICA

Josep Alemany

DOROTHY PARKER Y LOS ESCRITORES DE LA MESA REDONDA

Nueva York, hotel Algonquin, años veinte. Hay mucha animación alrededor de una mesa redonda. Allí se reúne un grupo de escritores, la flor y nata del refinamiento intelectual neoyorquino. A diferencia de otros cenáculos por el estilo, no analizan obras literarias. Lo que más sorprende, sin embargo, tratándose de escritores, es que los comensales emiten comentarios ingeniosos, disparan frases brillantes destinadas a deslumbrar, pero no surge ninguna conversación de verdad.

Lo mismo ocurrirá con la película. Tras el planteamiento inicial, las imágenes fluyen y se repiten sin que La señora Parker y el círculo vicioso gane interés.

A Alan Rudolph hay que reconocerle el mérito de no ofrecer una visión idílica de los años veinte. No se limita a presentarnos un álbum de flappers, champán y fiestas a porrillo, ya que la alegría y la despreocupación no eran más que una cara de la moneda, igual que el bullicio de la mesa redonda.

Al cromo rosa de los años veinte –simbolizado por las reuniones del grupo en el Algonquin– Alan Rudolph le opone la desolación interior de Dorothy Parker, su soledad desesperada. Hasta aquí todo ha ido bien. No obstante, una vez trazado el contraste, La señora Parker se queda en una repetición monótona de esta fórmula. Oscilaremos, pues, entre las escenas que quieren captar el alma de Dorothy Parker y las que quieren reflejar el espíritu de los años veinte. Por lo que respecta al primer apartado, se sucederán intentos de suicidio, desilusiones amorosas, frases cada vez más afiladas.

Las actividades políticas de Dorothy Parker podrían haber introducido un elemento nuevo, dar un giro a la película, pues contrastan con la frivolidad del «espíritu Algonquin». Al fin y al cabo, como explica el mismo director, los comensales del Algonquin «pasan por rebeldes, pero eran más bien bohemios. Despreciaban el sistema, pero no tenían intención de cambiarlo, sino de aprovecharse de él». Alan Rudolph, sin embargo, pasa de puntillas sobre el activismo político de Dorothy Parker.

CÍRCULOS VICIOSOS

El caso es que el aumento de alcohol y de cinismo no se trueca en una intensificación dramática. Por mordaces que sean las frases y las poesías que suelta Dorothy Parker, no llegan a dar forma a la película. El director ha rehuido el didactismo y la estructuración dramática tradicional sin dar con una fórmula alternativa con la que construir una progresión expositiva. El resultado: La señora Parker entra en un círculo vicioso, porque las imágenes y los personajes van desfilando sin aportar gran cosa. Y no vale aducir, como hace Rudolph, que «en el fondo, Dorothy es un enigma». Se han creado obras excelentes que son reflejos de un enigma, como El misterio von Bülow, de Barbet Schroeder (1990), con Jeremy Irons.

Rudolph ha tenido la feliz idea de filmar los años veinte en colores, mientras que las escenas de épocas posteriores están rodadas en blanco y negro, lo que permite saltar adelante y atrás y poner los acontecimientos en perspectiva. La diferenciación no tiene en cuenta la verosimilitud técnica, sino que responde a criterios estéticos. El blanco y negro impone una tonalidad fría, propia de los documentales, en contraste con la euforia de los colores (la época legendaria de la mesa redonda del Algonquin).

Mrs. Parker and the Vicious Circle. El título inglés encierra una trampa: la palabra vicious. Se trata de un falso amigo. Significa, sobre todo, «mordaz», «malicioso». Así es como se designaban los integrantes del grupo en cuestión. Eso de círculo vicioso no hace justicia, pues, al «espíritu Algonquin». Describe bastante bien, en cambio, la película.

Alan Rudolph, negándose a hacer un biopic lineal y simplista, ha tanteado nuevos caminos en el género, siempre peligroso, de biografías sobre escritores. Ahora bien, como espectadores, hemos de admitir que, a pesar de todo –a pesar de la excelente interpretación de Jennifer Jason Leigh y los aciertos formales–, el resultado es un poco endeble.


Esta crítica forma parte del artículo Escritores en pantalla: Reinaldo Arenas, Dorothy Parker, Franz Kafka


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Imágenes de La señora Parker y el círculo vicioso - Copyright © 1994 Miramax Films, Fine Line Pictures, Artificial Eye, Mayfair Entertainment y Park Bench Productions. Todos los derechos reservados.

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