 
|
Dirección
y guión: Montxo Armendáriz.
País: España.
Año: 2001.
Interpretación: Lucía
Jiménez (Lucía), Juan Diego Botto (Manuel),
Mercedes Sampietro (Teresa), Álvaro de Luna (Don
Hilario), María Botto (Lola), María Vázquez
(Sole), Rubén Ochandiano (Sebas), Joseba
Apaolaza (Teniente), Asunción Balaguer (Juana),
Ramón Barea (Antonio), Gonzalo Baz (Tomás),
Maiken Beitia (Julia), Patxi Bisquert
(guerrillero), Jordi Bosch (Sargento), Joan
Dalmau (Genaro), Andoni Erburu (Juan), Pepo Oliva
(Cosme), Helio Pedregal (Matías), Alicia
Sánchez (Rosario), Kandigo Uranga (guardia
civil).
Producción: Montxo
Armendáriz y Puy Oria.
Música: Pascal
Caigne.
Fotografía: Guillermo Navarro.
Montaje: Rori
Sáinz de Rozas.
Dirección artística: Julio
Esteban.
Vestuario: Pilar
Tavera.
Dirección de producción: Puy
Oria. |
CRÍTICA
Miguel
Á. Refoyo
Reiteración antibélica
de nuestra historia más españolizada
Hermosa y estéticamente
conseguida, la magnífica fábula antibelicista
de Armendáriz se configura como el enésimo
filme que retrata la España más caduca de
nuestra historia
El cine de Montxo
Armendáriz, poético y personal, se
fundamenta, a través de su escasa y fructífera
filmografía, en la disertación emocional de
unos personajes llenos de profundidad que, a
excepción de un par de títulos, bucean en la
tradición rural y humilde, arraigada a los
cantos metafóricos de una colectividad donde
cada componente tiene voz propia, silenciosa e
introspectiva. Con Silencio Roto, el
veterano cineasta regresa a la España que mejor
ha sabido analizar y reflejar en su cine, la
España rural y más desamparada de los años 40
y 50. Parajes aldeanos, llenos de belleza
estética visual aglutinan la intrahistoria de
aquellos que, con su palabra hermética,
configuraron un capítulo importante en la
tradición histórica de nuestro país. Todos
estos son los principales elementos de un filme
deudor de la sensibilidad que el director supo
extraer en Tasio, la que
es, hasta el momento, su obra más conseguida y
hermosa. Silencio roto se sumerge
pues en la vida anónima de los guerrilleros
antifranquistas de posguerra, de aquellos
soñadores ideológicos que mantuvieron los
ideales de libertad y república durante los
primeros años de una de las dictaduras más
aberrantes de la historia.
Fiel a un entrañable y personal
estilo, Armendáriz continúa adscrito a una
mirada intimista y rural, indagando en la hondura
de unos personajes (en este caso las mujeres que
vivieron con dolor este fragmento histórico de
la España más angosta), que bajo su mirada
sentimental y quejumbrosa dilatan su interés en
una buscada emoción escénica que rezuma un
delicado realismo nostálgico. La tradición y la
modestia, llenas de lirismo y de ternura,
encuentran en la humanidad del director una
constante de belleza que fluye en una historia
autocomplaciente, de afectos y rencores, de
traiciones y amistades, de amores compartidos y
de una recóndita introspección sobre el
sinsentido de la lucha y de la doctrina utópica.
La excelente fotografía de Guillermo
Navarro, la exquisita música de Pascal
Gaigne y las maravillosas interpretaciones
aportadas por unos talentos, en estado de gracia,
como los de Lucía Jiménez, Mercedes
Samprieto y Álvaro de Luna y la
idoneidad de la dirección colmada de matices de
calidad y sabiduría de Montxo Armendáriz
conceden a Silencio Roto un
magnífico retrato histórico de la utopía como
símbolo de lucha y del amor perdido como
injusticia de las causas frustradas, del
idealismo macilento y pesimista, pero a la vez
esperanzador, simbolizado con la frase de Bertold
Brech que significa el estupendo epílogo
alegórico del filme. Pero Armendáriz,
encubierto en su habitual maestría para inquirir
en el sentimiento con sus hermosas elipsis
sugerentes, con sus historias de amor sinceras,
otoñales y elegantes o la destreza para
idealizar situaciones, entra de lleno en lo que
viene a ser la enésima cinta centrada en una
especie de disposición hacia la hagiografía de
los sufridores más castigados por la Guerra
Civil, tomando una ilusoria perspectiva de
idealismo autocomplaciente, pero a su vez,
fraccionando, de forma inteligente un doble
enfoque en la que su reflexión ulterior expone
un mensaje antibelicista encubierto en el
esplendor intencional de las miradas (patente
entre Lucía y Sole, la mujer del guardia civil),
y evidente en el personaje clave de la cinta, el
pequeño Juan (Andoni Erburu), la
metáfora esperanzadora que da título a la
película.
Puede que Silencio roto
sea una de las obras más sólidas y rotundas que
existan sobre estos grupos guerrilleros, sobre
los idealizados maquis, pero también lo es que
el nuevo y fascinante filme de Armendáriz supone
una reiteración antibélica de la historia más
españolizada, que ha acabado por agotarse en sí
misma, en la que los bandos de la conflagración
más inútil de nuestra historia han subsistido
como estereotipos de una forma en la que los
ideales de los personajes se presuponen con
decadencia, llegando a carecer de interés y de
cualquier pretensión argumental. Una obra
deliciosa que deja cierto regusto a monotonía.
Miguel Á. Refoyo © 2001
<
Página
principal de Silencio roto
Imágenes
de Silencio roto - Copyright © 2001 Oria Films.
Todos los derechos reservados.
|