NOTAS DE
PRODUCCIÓN de Fox
1971.
Estados Unidos. El país permanece dividido por
la escalada de la guerra en Vietnam. Miles de
jóvenes norteamericanos yacen muertos en suelo
extranjero. Y en Fort Polk, Luisiana, miles más
se preparan para correr su misma suerte.
La sombra
del combate pende sobre los hombres de la
Compañía A, Segundo Pelotón en la medida que
encaran la recta final de su período de
entrenamiento en la infantería. Van a ser
enviados a la guerra. Pero cada uno de ellos
afronta su inminente destino de una manera
distinta. El soldado Jim Paxton (Matt Davis),
libreta en mano, espera que la guerra le sirva de
fuente de información; una noción romántica
que entronca con Hemingway y James Jones. Miter
(Clifton Collins, Jr.) espera demostrarse a sí
mismo que es todo un hombre. Cantwell (Thomas
Guiry) se resigna simplemente a lo inevitable. Y
Wilson (Shea Whigham), con un ardor inquietante,
se muere de ganas por entrar en combate.
La
terquedad de un solo hombre, sin embargo,
galvaniza a todos los miembros del pelotón. Poco
antes de que Roland Bozz (Colin Farrell) se
incorpore a la Compañía A, las corrientes de
opinión que dividen la conciencia de la nación
empiezan a hacer mella en los soldados. Nada más
salir del perímetro de la base, Bozz desea dejar
el ejército y protagoniza pequeños actos de
protesta.
La
desobediencia de Bozz provoca consecuencias
inesperadas que van a tener una honda
repercusión. Empezamos a ver que Bozz, Paxton,
Miter, Cantwell, Wilson, Johnson (Russell
Richardson) y los demás son en realidad niños
que manejan fusiles y se han visto obligados a
vestir uniformes de adultos. Pero nada de lo que
Bozz haga le puede salvar a él ni a los chicos
del Segundo Pelotón de Tigerland, un erial
elegido por el ejército para simular el combate
en la jungla. Su última parada antes de la
guerra.
En lo
profundo de los bosques de Luisiana, con escasas
esperanzas de poder librarse de Vietnam, Bozz se
lanza a una acción que ninguno, ni siquiera él
mismo, podría haber previsto.
"Tigerland
se basa en gran medida en la propia realidad, en
las cosas que vi mientras me preparaba",
explica el guionista Ross Klavan. Klavan, que se
alistó en la Reserva (estadounidense) e hizo el
Entrenamiento Avanzado de Infantería (A.I.T.) en
Tigerland en 1971, trasladó su experiencia al
guión.
Como
reservista, Klavan pudo ver a la maquinaria
militar "empujando chicos a la guerra".
"Si te presentabas al programa A.I.T. en
Tigerland y eras elegido, acababas en
Vietnam", sostiene. Y, tras seis años de
implicación norteamericana en el Sudeste
Asiático, pocos hombres se hacían ilusiones
respecto a sus perspectivas de futuro. Según
Klavan "había un gran fatalismo respecto a
la guerra. No es que hubiera mucho patriotismo.
La gente iba porque no les quedaba más
remedio".
Crucial en
Tigerland, sin embargo, es un personaje que
rehusa aceptar este sino. "Roland Bozz está
basado en una persona en particular", dice
Klavan. Alguien que trataba de "encontrar su
camino fuera de toda esta maquinaria".
Aunque Klavan incorporaba rasgos de muchas
personas, un hombre que se encontró en Fort Polk
le dejó una profunda huella. "Era un
rebelde en toda regla, una persona que se
enfrenta a la abrumadora autoridad de los
militares". Y un hombre cuya desobediencia
exigía un peaje brutal. "Ellos hunden a
este chico en la mierda". Pero su espíritu
nunca desfallece. "Incluso si hubieran ido a
ejecutarlo", imagina Klavan, "habría
estado contando chistes todo el camino, sólo
para sentirse vivo".
Igualmente,
el personaje de Bozz se encuentra en un Ejército
que lo vapulea física y emocionalmente,
empleando con él la disciplina más severa
posible fuera de la de las prisiones. Con
independencia de sus metas personales, Bozz
empieza a personificar la terrible
responsabilidad que recae sobre los jóvenes que
han de enfrentarse a la muerte de forma
prematura, en apoyo de una guerra de lo más
cuestionable bajo un punto de vista ético.
La fuerza
del personaje central de Tigerland, combinada con
el duro realismo del guión resultaban sumamente
atrayentes para el director Joel Schumacher.
"Siento una gran afinidad con Bozz, cuya
rebeldía hace de él una persona relativamente
cuerda en una situación demencial", dice
Schumacher. Y la singularidad de la situación
era de por sí atractiva. "Ha habido un
montón de películas sobre Vietnam, pero creo
que Tigerland es bastante diferente",
señala Schumacher. "Es una historia
pequeña, muy personal e íntima que tiene lugar
antes de que los hombres salgan para la
guerra".
Tigerland
llegó a manos de Schumacher cuando estaba
tratando de dejar de rodar películas de gran
presupuesto. "Quería salirme realmente del
mercado de las grandes superproducciones
veraniegas por una temporada", señala.
"Había estado muy bien para mí, pero
llegué al punto en el que me parecía que la
taquilla se había convertido en algo mucho más
importante que la película".
Schumacher
había ya empezado a moverse hacia los filmes
más personales y más pequeños con
"Asesinato en ocho milímetros" y
"Flawless", Pero Tigerland, rodada en
veintiocho días en una base militar de Starke,
Florida, fue un giro de ciento ochenta grados
una película concebida de acuerdo con el
espíritu del movimiento Dogma de 1995 del
director danés Lars von Trier. La filosofía de
Dogma, de la que Schumacher tuvo conocimiento
durante una visita a Escandinavia con ocasión de
la promoción de "Asesinato en ocho
milímetros", rechaza los artificios de
Hollywood, abandonando el uso de la iluminación
artificial, los efectos especiales y la música.
En colaboración con el director de fotografía
Matthew Libatique ("Pi" y "Requiem
for a Dream"), Schumacher dio a Tigerland el
aspecto de un "documental" para
mantener el "punto de vista del
soldado" del guión. Inspirándose en parte
en "Titicut Follies", de Frederick
Wiseman, los cineastas decidieron rodar en
dieciséis milímetros y sustituir en su mayor
parte los trípodes y las grúas a favor de los
movimientos cámara en mano.
El reparto
también tuvo que afrontar ciertos sacrificios.
Schumacher y su durante largo tiempo colaborador,
el director de reparto Mali Finn, reunieron a un
grupo de casi "desconocidos", que no
sólo tuvieron que aguantar sino que incluso
disfrutaron con las difíciles condiciones que
entrañaba esta forma de rodar. Los actores no
llevaban maquillaje alguno (con la excepción de
algo de sangre y algunos cardenales),
interpretaban sus propias escenas de riesgo,
prescindiendo de los trailers y las sillas de
director y, antes de comenzar el rodaje, pasaron
dos semanas en el campo de entrenamiento de la
Infantería de Camp Blanding. Privados de
cualquier lujo, los actores, la mayoría de los
cuales contaban con escasa experiencia
cinematográfica, se concentraron en la
interpretación. De acuerdo con Shea Whigham que
interpreta a Wilson, la némesis de Bozz,
"la película es como una obra de
teatro".
Schumacher
dio a Colin Farrell el papel de Bozz. Farrell, un
irreverente irlandés, admite una cierta afinidad
con su personaje. Dejó la Escuela de Arte
Dramático Gaiety, en Dublín, antes de terminar
el programa de dos años de duración porque, tal
como le volvió a contar a Schumacher, "no
creo que tuviera que pagar dos mil quinientas
libras y perder un año de mi vida para que me
dijeran que era una mierda".
Después de
unas cuantas sesiones por teléfono con el
profesor de voz Tim Monich, Farrell viajó por
Texas para aprender a hablar como Bozz.
"Engañaré a los irlandeses", bromea.
"No sé a cuántos americanos podré
engañar, pero voy a engañar a mi propia
gente".
Tigerland,
sin embargo, no trata sólo de Roland Bozz. Como
señala Farrell, "es la historia de un grupo
de jóvenes que están en una época de sus vidas
en la que deberían estar averiguando quiénes
son y, sin embargo, no se lo permiten porque su
gobierno les dice lo que deben hacer". Y el
personaje central es igual de fuerte que
cualquiera otro del reparto.
Matt Davis
interpreta el papel de Jim Paxton, el narrador de
la película y el contrapunto inocente al cinismo
de Bozz. "Paxton necesita ver cosas que
nadie haya visto antes", observa Davis. A
diferencia de Bozz, Paxton se alista. "Yo
quiero ir", declara. "Quiero vivir la
experiencia. Estoy anotando todo y quizás algún
día escriba algo sobre ella". Sus
divergentes puntos de vista unen a Paxton y a
Bozz en una extraña alianza que lleva a ambos
hombres a inesperadas conclusiones.
El
personaje de Wilson, por el contrario, encara la
guerra con introspección. A veces el ejército
saca a relucir cosas extrañas en la gente",
sugiere Ross Klavan. "En Tigerland, me
encontré con un montón de tipos como Wilson que
llegan al entrenamiento y de repente todos
quieren ser máquinas de matar". Él es un
patriota al que le pierde su propio ardor.
"Wilson quiere servir a su país, ser un
buen soldado", dice Shea Whighan, quien
interpreta el papel. Pero es una prueba palpable
de los peligros del fanatismo, incluido el
fanatismo nacionalista. Wilson, a su modo, es
víctima de la gran maquinaria militar.
Miter
(Clifton Collins, Jr.), Cantwell (Thomas Guiry),
Johnson (Russell Richardson) y los otros miembros
de la Compañía A, Segundo Pelotón, dan cada
uno testimonio del proceso deshumanizador que
supone el entrenamiento militar. Como Guiry
declara, la película cuenta una historia de
amistad durante "una etapa de inocencia en
la vida de estos hombres".
Fue esta
"historia íntima" lo que atrajo a
Schumacher. "Para mí, Tigerland funciona
tanto a nivel político como a nivel
humano", explica. "En esta historia, la
guerra es la mala, y los hombres reclutados para
luchar en ella se consideran de usar y tirar. En
el fondo, trata de la amistad, la lealtad, el
valor y la compasión que hay entre estos
hombres".
Fuente: Fox
España
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