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Dirección: Thomas Vinterberg.
Países: Dinamarca, Alemania, Francia y Reino
Unido.
Año:
2005.
Duración: 101 min.
Género:
Drama.
Interpretación: Jamie Bell (Dick), Bill
Pullman (Krugsby), Michael Angarano (Freddie), Danso Gordon
(Sebastian), Novella Nelson (Clarabelle), Chris Owen (Huey),
Alison Pill (Susan), Mark Webber (Stevie), Trevor Cooper (Padre
de Dick), William Hootkins (Marshall Walker).
Guión: Lars von Trier.
Producción: Sisse Graum Jørgensen.
Música: Benjamin Wallfisch.
Fotografía: Anthony Dod Mantle.
Montaje: Mikkel E.G. Nielsen.
Diseño de producción: Karl Juliusson.
Dirección artística:
Jette Lehmann.
Vestuario: Annie Perier.
Estreno en Dinamarca: 4 Febrero 2005.
Estreno en España: 2 Septiembre 2005. |
CRÍTICA
por
Julio Rodríguez Chico
Por un mundo sin violencia
Dos de los
fundadores del Dogma 95 realizan una nueva fábula
política sobre la sociedad norteamericana, aunque con una
estética alejada de los postulados impuestos por el Voto de
Castidad. Lars Von Trier firma un guión de temática
similar a "Dogville" o "Man-derley", y estética cercana
al teatro reflexivo de Brecht. Por su par-te,
Vinterberg ("Celebración") aporta su visión más humana
y per-sonal —no tan trascendente como hubiera hecho su amigo—
sobre problemas cotidianos. El resultado es una alegoría
denunciato-ria contra la política armamentística de los Estados
Unidos, y una crítica hacia quienes —en su ingenuidad— pretenden
or-ganizar una sociedad sustentada en el miedo y en el uso de la
violencia.
Es la
historia de Dick, un adolescente inadaptado que vive en un
pueblo minero del suroeste estadounidense. De modo casual se
encuentra con un revólver al que bautiza con el nombre de Wendy.
Será el punto de partida para la formación del Club de los
Dandies, en el que se integrarán otros cinco chicos
marginales, necesitados de ser considerados y de conciliar unos
ideales pacifistas con su pasión por las armas de fuego.
Sometidos a unas estrictas reglas que les obligan a mantener sus
actividades en secreto, su universo utópico será puesto a prueba
por las fuerzas policiales del pueblo.
La película
se estructura en torno a una carta de despedida que Dick diri-ge
a Wendy, recordando el momento en que se conocieron y la corta
vida del Club. El tono intimista, con una voz en off que
acaba resultando pesada por reiterativa, lleva al es-pectador a
otra realidad personal y pasional en que el joven adoles-cente
busca el amor de su amada: se convierte así en una auténtica
obse-sión enfermiza de carácter erótico, sólo comprensible en el
afán del di-rector por remarcar su falta de integra-ción en una
sociedad marcada por la violencia. Las intenciones de Dick y sus
correligionarios son pacífi-cas, inicialmente reducidas al ámbito
especulativo y lúdico, lejos de cualquier acción revolucionaria.
Sin embargo, la realidad será otra cuando sean descubiertos y el
miedo invada la vida de los “es-tablecidos”. Parábola, por tanto,
sobre la paranoia americana tras el 11 de septiembre, sobre su
absurda política de armar a pueblos que después se rebelan y a
los se ven obligados a someter, o so-bre su ceguera al pretender
acabar con la violencia por medio de la fuerza. Si ésa es la
óptica propia de Lars Von Trier, su compatriota
Vinterberg estaría más interesado en resaltar el desencanto
de las nuevas generaciones que intentan cambiar un mundo
hipócrita, la frustración del joven adolescente que lucha por
unos ideales y que no se conforma con la rutina diaria. En
cualquier caso, el fatalismo planea desde los primeros compases
para desembocar en un final violento, al estilo de Peckinpah
("Grupo salvaje"), Scorsese ("Gangs of New York")
o del propio Lars Von Trier en "Dogville", en una
nueva vuelta de tuerca sobre la violencia presente en los
oríge-nes de la nación americana.
Más drama
social que melodrama romántico, más ideológi-co que sentimental,
este “western” presenta su cara más nór-dica en una puesta en
escena reducida a unos cuantos esce-narios y a objetos cargados
de sentido simbólico. La fotografía de fuertes contrastes y
claroscuros otorga un halo realista a la his-toria, y propicia la
creación de atmósferas cerradas, sin perder con ello el tono
idealista que como cuento precisa. Las interpretacio-nes,
especialmente de Jaime Bell (protagonista de
"Billy
Elliot"), están a gran altura, con una sobriedad y
credibilidad adecuadas pa-ra reflejar ese binomio entre las ideas
y la práctica, entre las inten-ciones y la realidad.
Cine de reflexión moral en
torno a la violencia y a la inmadurez de unos adolescentes y de
todo un pueblo. Su carácter alegórico y la puesta en escena
un tanto fría pueden dificultar que el es-pectador entre en la
historia; pero si se aceptan esos presu-puestos, descubrirá una
película inteligente, a pesar de no
es-tar exenta de un tono previsible en su desarrollo y parcial al
enjui-ciar al país americano.
Calificación:
    
Imágenes
de "Querida Wendy" - Copyright © 2005 Lucky Punch,
Nimbus y Zentropa. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos
reservados.
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