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EL AVIADOR
(The aviator)


Dirección: Martin Scorsese.
País:
USA.
Año: 2004.
Duración: 165 min.
Género: Biopic, drama.
Interpretación: Leonardo DiCaprio (Howard Hughes), Cate Blanchett (Katharine Hepburn), Kate Beckinsale (Ava Gardner), Alec Baldwin (Juan Trippe), John C. Reilly (Noah Dietrich), Alan Alda (Senador Owen Brewster), Ian Holm (Profesor Fitz), Danny Huston (Jack Frye), Gwen Stefani (Jean Harlow), Jude Law (Errol Flyn), Adam Scott (Johnny Meyer), Willem Dafoe (Roland Sweet).
Guión: John Logan.
Producción: Michael Mann, Sandy Climan, Graham King y Charles Evans Jr.
Música: Howard Shore.
Fotografía:
Robert Richardson.
Montaje: Thelma Schoonmaker.
Diseño de producción: Dante Ferretti.
Vestuario: Sandy Powell.
Estreno en USA: 25 Diciembre 2004.
Estreno en España: 14 Enero 2005.

 

CRÍTICA
por Miguel Á. Refoyo

El sueño convertido en pesadilla

Scorsese contiene su megalomanía fílmica para abordar de forma solemne una historia sobre los infiernos personales de una seduc-tora figura tan importante en el Hollywood clásico como lo fue Ho-ward Hughes. 

  Magnate, productor, cineasta, pione-ro de la ingeniería aeronáutica, colec-cionista de amantes, Howard Hughes pertenece a esa estirpe de personali-dades del Hollywood Clásico que se han ganado (para bien o para mal) un puesto de honor en la Historia, mucho más allá del Séptimo Arte. Sobrino del escritor y cineasta Rupert Hu-ghes, Howard fue de los hombres jó-venes más ricos del mundo al heredar la Hughes Tool Company, que admi-nistraba la mayor parte del petróleo de Texas. Apasionado por la aviación, llegó a plantarle cara al monopolio aé-reo de la PanAm al adquirir la TWA, siendo uno de los grandes de la RKO antes de llevarla a la quiebra. Descubrió starlettes como Je-an Harlow, Jane Creer, Jane Russell o Terry Moore; Hughes fue un vividor, un mecenas extravagante y uno de los modelos que no apa-reció en los títulos de crédito de "Ciudadano Kane" de Welles. Pre-cisamente con esta figura, la película de Scorsese evidencia tener algún vínculo desde su prólogo, cuando en la infancia de Hughes se observa un elemento que le perseguirá a lo largo de su vida. Pero ahí se acaba cualquier comparación entre ambas películas (sería ilícito equipararlas), a pesar de narrar la odisea de dos hombres tan parecidos como Charles F. Kane y Howard Hughes, dos complejas personalidades; megalómanos, excéntricos, ambiciosos, soñado-res y visionarios. 

  "El aviador" es el vehículo idóneo para que Martin Scorsese haya podido componer eso que tanto tiempo llevaba buscan-do: una entusiasta oda de amor al cine clásico, al viejo Holly-wood de la Época Dorada, con una cuidada reconstrucción estética y argumental. Rebelde y kamikaze no sólo en el aire, si-no también en el cine, en la vida y en el amor, la figura de Hughes es englobada en esta película en un próspero lapso de tiempo para el rico heredero, ubicándose tan sólo en sus dos décadas más glo-riosas, ya que si bien podría haber recogido numerosos capítulos de su abrumadora biografía, Scorsese ha preferido destinar el me-traje a sus logros, parte de su enajenación creciente y al taxativo viaje al tormento de un personaje problemático, de esos que tanto fascinan al director. No estamos, por tanto, ante un biopic, ni mu-cho menos ante una hagiografía, ni siquiera se ocupa "El aviador" en desglosar los episodios más importantes de su vida como pode-roso magnate, amante o aviador, sino que Scorsese y su guionista John Logan sitúan este periodo fraccionándolo a lo largo de un viaje interno, de la lucha de un hombre contra sus infiernos. Un via-je a la cima del mundo que tiene como regreso un amargo tránsito a una habitación solitaria y mugrienta. Como su propia vida, inmer-sa en un concepto enfermizo, a modo de virus que coartaba su co-lérica propensión al aislamiento, Hughes se enfrentó a todo aquello que pudiese romper sus ambiciones y deseos, con un apego a la trasgresión de los cánones de su época, de un modo obsesivo, co-mo todo en Hughes. 

  En ese sentido, el filme muestra un personaje atormentado e ina-daptado por su forma de ser, aisla-do debido a una sociedad que no le comprende, por lo que Hughes no está muy lejos de los representados en Travis Blickle, Henry Hill, Rupert Pupkin, Jake La Motta o Jack Pierce, pues todos ellos unen sus caminos en un sendero de perdición, entre la paranoia y la desalentada lucidez de una confusión gradual. Posiblemente si Howard Hughes hubiera muerto en uno de sus aparatosos accidentes de avión, habría sido recordado como un mito, como aquellos que viven intensamente y dejan un bonito ca-dáver. Al no ser así, Scorsese disecciona un recorrido que transcu-rre del mito a la caricatura, del héroe mediático a un personaje gro-tesco víctima de sí mismo, recluido en un apartamento, torturado por sus propios delirios de grandeza. No muy lejos de los terrenos explorados por el cineasta italoamericano, donde la vida acaba co-mo una pesadilla que es necesaria vivir para expiar los errores e im-prudencias y redimirlos con una (aunque sea pasajera) ascensión al equilibrio, a la armonía perdida. "El aviador" se presenta como una lección de cine que resulta posible, en definitiva, porque a su director le interesa mucho más el declive paranoico-compulsivo de Hughes y su lucha contra los ataques de la gran industria que la re-construcción del Hollywood vivido por el personaje, su vertiente de mujeriego o su esencia aventurera y suicida. Una estructura que no abandona Scorsese con esa insurrección de Hughes en el juicio fi-nal, mostrando su mayor brillantez y saliendo airoso de sus acusa-ciones cuando parecía que su locura y manías habían acabado por devorarle. Y lo hace centrado en una historia de dobles sentidos y perspectivas, bajo las que subyace la enérgica imaginería de uno de los grandes clásicos, tal vez el último, de la Historia del cine. 

  Scorsese contiene para ello su megalomanía fílmica, pero no su propensión a cierta mitomanía que llega a someter a la historia hasta un cierto punto de convencionalismo, justifi-cando, a pesar de ello, su pericia narrativa, llena de épica en esta maravillosa crónica simultánea de una victoria oca-sional y de un fracaso personal. Por eso, tras observar la caída en los infiernos de la locura, Hughes encara al Comité que lo acusa de quedarse dinero del Ejército con una conquista momentánea, consiguiendo pilotar el Hércules en su primer y único vuelo, para dejarlo sumido nuevamente en los lóbregos pozos de su perturba-ción, delante de un espejo, repitiendo una frase (“el camino hacia el futuro”), como fatal letanía que le llevaría a acabar sus días recluido y totalmente desequilibrado. Desde un punto de vista biográfico, tal vez se haya dado demasiada importancia a la parte romántica de la vida de Hughes, ya que no fueron los triunfos en cualquiera de los campos en los que probó suerte donde reside su leyenda, sino en su final, en la paradójica locura de un hombre que pudo reinar. Sin embargo, aunque se contenga y la película sea menos turbulenta y amarga de lo que cabía esperarse, no deja de estar presente ese punto característico de corrupción y decadencia fatalista que tan bien despliega Scorsese. No obstante, se echa de menos su rela-ción con Al Capone, su desastrosa gestión al frente de la RKO y su colaboracionismo anticomunista (aunque se manifieste en la breve secuencia protagonizada por Willem Dafoe). 

  Virtuosa reconstrucción de un hombre y su época, "El aviador" va trazando ese poema de ampu-losidad operística de esplendor aventurero a través de la mirada de un personaje caótico y revolu-cionario, próvido amante con agi-tada vida sentimental. Pero, ante todo, deteniéndose en sus litigios per-sonales contra un periodo de absolu-tismo político, social y en el mundo del cine. Tres apartados que sirven a Scorsese para exponer su dominio de la narrativa en secuencias que tienen como protagonistas a un L.B. Mayer que menosprecia a un ambi-cioso Hughes, cuando éste pide dos cámaras más para incorporar-las a las 24 que ya tiene para "Ángeles del Infierno", el enfrenta-miento en los despachos de la MPAA contra Breen, que dirigió el sistema de censura de Hollywood y, en su final, el brillante plantea-miento del juicio en el que Owen Brewster pretende hundir al mag-nate en beneficio de Juan Trippe, dueño de la todopoderosa Pan-Am. Todo ello evidencia una personalidad inabarcable, movida de forma desbordante por la pasión de la ambición y el talento. Scor-sese tampoco obvia su ardua y excesiva vida sentimental que ilus-tra multitud de romances; a veces manifiestos (como con Jean Har-low, Ava Gardner o Faith Domergue) o insinuados (el caso de Jane Russell o Bette Davis). Pero el cineasta y su guionista han preferi-do concentrar este aspecto en la relación más importante de la vida de Hughes; la que estuvo a punto de acabar en boda con Katharine Hepburn, ilustrado en uno de los momentos más románticos del ci-ne de Scorsese, mientras Hughes observa pilotar a Hepburn y, consciente de su escrupulosidad, mira la botella de leche de la que acaba de beber la genial actriz para, sin miedo, sorber con la segu-ridad de haber encontrado un alma gemela, una inconformista co-mo él que comprende sus paranoicas manías, aunque, como reco-noce el personaje de Hepburn poco después, “Howard Hughes es demasiado Howard Hughes”. 

  Martin Scorsese ejerce en "El aviador" de exegeta fílmico, de me-tódico estudioso del cine de la Época Dorada, donde no falta cierta dosis de manierismo y virtuosa reconstrucción de la época, explíci-ta y deliberadamente enfática y grandilocuente, a veces excesiva, pero siempre delimitada a una línea narrativa de perfecta sutileza, de puro cine clásico. Este laborioso trabajo visual es ejemplar debi-do al conjunto de exquisiteces que componen la cinta. Así, Robert Richardson propone un juego cromático intencional, ya que en la primera hora no existen los verdes y todo es aséptico e higienizado (con gamas de azulados diáfanos), para avanzar con un progresivo aumento del colorido ocre y terrosos, y acabar la película en un es-cabroso verde intenso, afectado ya por toda la sociedad y el mundo que rodea a Hughes. Sólo hay color en el cielo (metáfora de la li-bertad del magnate) o en el ramo de flores que invoca sus mejores recuerdos. "El aviador" es un filme de intensidad creciente, argumentalmente eficaz y de un ritmo lúcido e intachable (hay que recordar los 166 minutos de duración), una consecu-ción procedente, como en toda obra de Scorsese, de la edi-ción de la gran maestra montadora Thelma Schoonmaker. Si a esto añadimos el trabajo que Ferretti, LoSchiavo y Powell en el diseño de producción, los decorados y el vestuario, respectiva-mente, en conjunto, el filme sólo admite adjetivos superlativos. 

  Para Leonardo DiCaprio el reto de interpretar a Hughes le podría, a priori, haber quedado muy grande, debido, en gran parte, a la invitación al histrio-nismo que conlleva dar vida a un per-sonaje en constante declive que cae en las redes de la locura. Pero el re-sultado es un espléndido trabajo de contención encomiable, tanto en la in-terpretación de los arrogantes éxitos de Hughes, como en su degeneración psíquica, su sordera y los problemas de identidad del ambicioso millonario. DiCaprio deja emerger el lento in-timismo de un hombre enfermo, atrapado por sus fobias, sus malsanas obsesiones y ese miedo que le conduce de forma inevitable a locura y la soledad. Del resto del reparto sobresale la exactitud y el riesgo con la que la gran y luminosa Cate Blan-chett aborda un papel tan difícil como es el de dar vida en una in-terpretación conmovedora, con los amaneramientos y sofisticación de la gran impulsiva e indócil Katharine Hepburn. John C. Reilly, el sobresaliente Alan Alda y un cada vez mejor Alec Baldwin com-ponen minuciosamente los apoyos del gran DiCaprio. No se puede decir lo mismo de la pobre Kate Beckinsale, que sale un tanto desafortunada en su recreación de Ava Gardner. Mejor suerte co-rren Gwen Stefani, Jude Law y Kelli Garner al realizar práctica-mente un cameo. 

  Scorsese, al que se ha intentado equiparar en minuciosidad y arrojo al mismísimo Howard Hughes, observa a lo largo del filme a su personaje con la perspicacia, la compasión y, hasta cierto pun-to, la admiración necesaria para concebir una película que, más allá de su grado de "encargo", es una cinta donde cada rasgo, cada plano y la disposición narrativa con la que lo aborda se identifica con la obra de uno de los clásicos modernos más imprescindibles de la historia del cine. Estamos, por tanto, an-te la primera gran película de este 2005 que acaba de empezar.

Calificación:


Imágenes de "El aviador" - Copyright © 2004 Warner Bros. Pictures, Miramax Films, Initial Entertainment Group, Forward Pass, Appian Way, Cappa Productions e IMF. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

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