CRÍTICA
por
David Garrido Bazán
Notable retrato de una figura
fascinante y de su época
Quizá a alguno le suene una
intere-sante película de 1999 llamada "RKO 281", producida para
televisión y que, sin embargo, fue estrenada en las sa-las
comerciales de algunos países (entre ellos España) como una
pelícu-la más. En ella se narraba de forma bastante coherente la
apasionante historia del proceso de creación de "Ciudadano Kane", y
cómo Orson Welles y su guionista Herman Man-kiewicz conseguían
vencer la feroz oposición del magnate William Ran-dolph Hearst,
retratado claramente en el film. La mención a esta película en
relación a "El aviador", que cuenta parte de la
apasionante biografía de Howard Hughes, uno de los personajes
más fascinantes del Ho-llywood de aquella época, viene a cuento
por dos motivos: el prime-ro es que, viendo el retrato que
Scorsese ha creado de ese magna-te ambicioso, excéntrico y
visionario, uno siente tentaciones de buscar parecidos razonables
entre la gran obra de Welles y esta notable película (por más
que, además de por lo obvio, a ambas las separe una enorme
distancia tanto en la forma como en sus inten-ciones, por los
motivos que luego explicaré); el segundo, y mucho más
interesante desde el punto de vista crítico para entender
cier-tas cuestiones, es que "RKO 281" y "El aviador" tienen en común
a su guionista, el muy hábil e inteligente
John Logan, autor,
ade-más, de los libretos de dos éxitos comerciales recientes como
"Gladiator" y
"El
último samurái".
Ambas poseen en
común ser retratos de una misma época y de ambiciones parejas.
Sus protagonistas son visionarios ambiciosos con un objetivo
claro: revolucionar el mundo en el que habitan rom-piendo las
reglas hasta entonces establecidas y no aceptando ja-más un "no
puede hacerse" por respuesta. La presentación del personaje de Howard Hughes en la película de Scorsese es absolutamente
modélica. Descubrimos al Hughes adulto en me-dio de lo que parece
ser un megalómano proyecto: el rodaje de una película bélica
para la que ha contratado de su bolsillo a una au-téntica
flotilla de aviones privados que le está costando una fortuna.
En la primera media hora de película, Scorsese logra hacernos
en-tender claramente las motivaciones de su protagonista: en Holly-wood es visto, no sin cierto desprecio, como un millonario
excén-trico y arribista por los productores de la época; es capaz
de hacer detener el carísimo rodaje de su film ocho meses (y
trasladarlo a otra ciudad) por conseguir a toda costa unas nubes
para la escena final —por cierto, rodada con gran maestría por Scorsese—, y cuando todo parece haber terminado... rehacer la
película entera para convertirla en sonora. Y todo ello mientras
no descuida sus dos grandes pasiones: los aviones y las mujeres,
por ese orden.
El espectador no puede hacer
otra cosa que engancharse a este perso-naje fascinante, capaz de
gastarse el dinero a espuertas y poner peligrosa-mente al borde
de la quiebra su impe-rio financiero varias veces en busca de
cumplir sus ambiciosos objetivos. La visión de Logan y Scorsese
de Ho-ward Hughes es la de una figura trági-ca, un enfermo con
poder ilimitado so-bre cuyos puntos más oscuros, aun-que no los
disimulen, prefieren no car-gar las tintas, poniendo el acento en
su espíritu visionario y en su tremen-do empuje vital y ambición.
El Howard Hughes que encarna Leonardo DiCaprio, en el que sin
duda es uno de los mejores trabajos del actor hasta la fecha, no
es, sin embargo, un per-sonaje con el que el espectador pueda
identificarse fácil-mente (desde este punto de vista, bien podría
decirse que "El avia-dor" es un biopic muy poco usual en el sentido
habitual del térmi-no), ya que a la fascinación que produce la
tenacidad con la que persigue sus objetivos y su amplitud de
miras, se une un instintivo rechazo por su arrogancia, su
personalidad caprichosa y, por su-puesto, por las consecuencias
de su desorden obsesivo-compul-sivo y su terror irracional a los
gérmenes.
Scorsese es muy consciente de
que lo que hace a Hughes una figura verdaderamente atractiva y
recordada por el pú-blico no son sus numerosos logros, sino las
sombras que pue-blan la vida de un hombre que pudo tenerlo todo y
que ter-minó sus días de una forma triste, devorado por la
locura. Así, hay un acercamiento a su interminable lista de
famosas aman-tes, pero centrándose especialmente en sus
relaciones con Kathe-rine Hepburn, que es presentada como la
mujer que mejor supo en-tender que la misma grandeza que
diferenciaba a Hughes de otros hombres de su época también
incluía sus obsesiones y lo con-denaba a la marginación en esa
sociedad en la que se movía —en-carnada por una estupenda
Cate Blanchett, que suple su falta de parecido físico con la divina Kate con una perfecta recreación mími-ca que, a ratos, consigue
convencer al espectador, a falta de escu-charla en versión
original— y una generosa Ava Gardner, que tam-bién supo cómo
adaptarse a sus peculiaridades —Kate Beckinsa-le, menos lograda
en un reto igualmente muy difícil—, y disimulan-do hábilmente al
resto de mujeres y amantes de su ajetreada vida (Jean Peters,
con quien estuvo casado catorce años, ni siquiera aparece).
Del mismo modo, Scorsese nos
ofrece una visión de ese terrorífico fu-turo que le esperaba a Hughes, ence-rrado en una habitación solitaria y ais-lado del mundo
en un momento deter-minado de la película. Pero aquí Scor-sese
juega con las cartas marcadas: anticipar esos hechos a la fecha
en la que verdaderamente tuvieron lugar, le permiten a él y a su
guionista jugar sobre seguro en el tercio final de la película.
Así, su comparecencia en la comisión que le interroga sobre los
contratos de sus empresas de avia-ción con el Gobierno, le permite
cerrar su retrato con la imagen de un hombre capaz de
sobreponerse a sus graves problemas menta-les para defender con
éxito su causa, en lo que parece una conce-sión comercial y un
guiño a esa productora que tanto sufrió para vender al público
su anterior y espléndida "Gangs of New York": es el único momento
en el que el espectador simpatiza plenamente con Hughes, pese a
que su personalidad en la vida real no distaba tanto de ese otro
hombre de negocios, Juan Trippe (Alec Bald-win), al que se presenta
como villano/oponente.
Pero sería injusto quedarse
en esas discutibles concesiones difí-ciles de digerir y obviar el
magnífico trabajo que Scorsese hace, en una película que
avanza en todo momento con poderosa fuerza y en la que el gran
director hace gala de su dominio de la maestría narrativa,
ayudado como siempre por sus compinches habituales:
Thelma Schoonmaker en el
montaje —esta mujer sigue siendo clave en el cine de Scorsese—
y el ma-ravilloso Dante Ferretti en el diseño de producción. Y
hay muchos detalles dignos de recordarse: el uso que hace del
Technicolor en algunos pasajes del film a modo de homenaje a
toda una época, la magia que rodea la seducción en el vuelo
nocturno de Hughes a Hepburn, sobrevolando la ciudad —con el
maravilloso detalle de la botella de leche, suprema prueba de
amor—, o la que, sin duda, es una de las mejores set pieces jamás
rodadas por el realizador, la escalofriante secuencia del
accidente del prototipo XF-11, en la que Scorsese consigue
sobrecogernos mientras acompañamos a Hu-ghes en su violenta y
dolorosa caída desde los cielos, una maravilla de escena.
Lo único que se le puede
reprochar a este notable film es precisamente lo que separa una
película como "El aviador" —y con ello vuelvo al princi-pio— de
otro retrato de un magnate ambicioso y despiadado como el que Orson Welles forjó en
"Ciudadano Ka-ne": allí donde Welles demolió
a con-ciencia todas las reglas escritas y no escritas sobre cómo
debía realizarse una película, y nos ofreció una obra
revolucionaria que cambió la concep-ción del cine, Scorsese ha
decidido aprovechar "El aviador" para dar toda una lección de
clasicismo, en una película a ratos perversa pero que habrá
provocado no pocas sonrisas de felicidad en sus productores,
seguros de poder vender bien este estupendo producto. Curiosa
paradoja ésa de retratar a un hombre que se complacía en romper
las reglas y rechazar el "no puede hacerse" con una obra tan
sumamente académica. No es, por tanto, una película narrativamente
innovado-ra como pueden serlo otras obras de Scorsese, pero no se
puede negar que da gusto ver a este grandísimo director poniendo
toda su habilidad al servicio de una historia contada con todo
el glamour y la grandeza que tanto escasean en el Hollywood
actual.
Calificación:
    
Imágenes de "El aviador" - Copyright © 2004 Warner Bros.
Pictures, Miramax Films, Initial Entertainment Group, Forward
Pass, Appian Way, Cappa Productions e IMF. Distribuida en España
por Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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