CRÍTICA
por
Julio Rodríguez Chico
Perturbador retrato del mal encarnado
Son
muchas las películas sobre el nazismo, su antisemitismo o las
secuelas tras su desaparición. Todas inciden en la crueldad,
lo-cura y atrocidades cometidas por un dictador-visionario que
llegó al poder democráticamente, y por un séquito que le adoraba
y seguía irreflexivamente. El poder de sugestión, la capacidad
de mando y su voluntad de doblegar al mundo entero bajo la
primacía de la raza aria han quedado de manifiesto
repetidamente. Lo que ahora se propone el alemán
Hirschbiegel
es adentrarse en su cabeza e in-dagar los motivos que le llevaron
a cometer tales masacres, buscar cómo eso era compatible con
otros rasgos de cierta humanidad que atraían a quien le conocía,
y plantearse la colaboración pasiva del pueblo alemán acerca de
lo que estaba sucediendo.
Para
ello, centra la historia en los úl-timos días de la vida de
Hitler, escon-dido en el búnker de Berlín junto a sus más
allegados, bajo el asedio y bombardeo soviético. Hirschbiegel
lo hace desde el rigor del historiador, apoyado en el libro del
prestigioso ca-tedrático Joachim Fest
—"El hundi-miento: Hitler y el final del Tercer Reich"—, y de los testimonios de
Traudl Junge, secretaria personal del Führer. Con una
mirada docu-mental, donde todo está medido y fríamente expuesto,
la cinta ofre-ce un retrato coral, plagado de matices, al
retratar las distin-tas actitudes y personalidades allí
escondidas. El guión es ágil y sabe mantener la tensión y
perplejidad de un espectador que se introduce también en el
búnker, y contempla las contradicciones de un dictador que está
dispuesto a morir matando, a arrastrar a su “amado” pueblo a la
autodestrucción al negarse a capitular, pero que a la vez dice no
“derramar una lágrima por él”. Asistimos a es-cenas de bombardeos
continuos, de mutilados sangrientos que los médicos no pueden
atender..., pero sobre todo —y es la de mayor dureza,
atemperada por la música— al sacrificio de los niños Goebbels
a manos de su propia madre —antes de su suicidio y del de su
marido—, que no entiende que se pueda vivir fuera del
nacio-nal-socialismo; esta escalofriante escena muestra la fe y
convenci-miento ciego de algunos alemanes en el mundo que
Hitler había ideado. La locura y los sueños de grandeza
salen a flote en el mo-mento del hundimiento del Tercer Reich, lo
mismo que la sombra de la humillación recibida tras la
capitulación en la Primera Guerra Mundial, circunstancia que no están
dispuestos a volver a sufrir; es-te recuerdo aparece como una
razón más que mueve al dictador a permanecer en el búnker,
mientras algunos de sus generales le traicionan y buscan pactar
una paz con los aliados.
La
película comienza y termina con un testimonio de la verdadera
secretaria Traudl Junge, en que declara como
injustificable el apoyo dado a Hitler, a pesar de su
juventud. Quizá ahí esté la mayor inco-herencia del guión, pues
ese inserto documental contradice la vi-sión aportada por la
actriz que la interpreta, y bajo cuya ingenua y emotiva mirada
asistimos en muchos momentos a un relato de la historia de tono
distinto. El caso es que el punto de vista de la narración de los
hechos va cambiando según las fuentes to-madas, y la película
pierde cierta unidad interna, al menos en cuanto al mensaje
pretendido. Además, mientras que no es-catima imágenes de sangre
por doquier y son numerosas las eje-cuciones y suicidios
explícitas... hace dos excepciones en el caso de los suicidios
de Hitler y Eva Braun, y del matrimonio Goebbels;
con estas pudorosas elipsis se esquiva el tratamiento humano del
Führer, el de ser uno más de los mortales —pretendido por el
direc-tor—, y se alienta una imagen de mito inmortal (aunque
negativo): es como si el espectador se percatara de que ha
muerto un indivi-duo, pero que permanece (invisible y al acecho)
la ideología nacio-nal-socialista. Y esta interpretación —hecha
por el mismísimo Wim Wenders— resulta ciertamente
perturbadora para ser alentada des-de el cine. Otro elemento del
guión un tanto confuso para el espec-tador es la densidad de
personalidades que aparecen, y que —sal-vo eruditos— cuesta
identificar, saber su relación y responsabilida-des con la
Historia.
A pesar
de todo ello, no es nada maniquea ni esquemática en la
presentación de sus personajes: Hitler queda retratado
con ciertos ras-gos de humanidad —se insiste en su estatus de
hombre, frío y calculador, lejos de la locura—, a la vez que no
se oculta su falta de escrúpulos para llevar a cabo las matanzas
de judíos, polacos católicos o gitanos —aspec-tos estos últimos
que no aparecen en la película, pero sí en el libro de Fest—,
con toda su carga de para-noia destructiva, más evidente en esos
últimos momentos de desesperanza y drama. Pero, junto a su
deshumanización y la de algunos de sus colaboradores, tam-bién se
deja ver la realidad de un “pueblo de víctimas indefensas”,
conducidas hacia la guerra y crédulas ante el paraíso prometido
por su líder, personas que seguramente ignoraban “la letra
pequeña” —aunque ésta hablase de exterminios que no admiten
excusa—, y que por tanto merecerían el perdón y humanidad del
que juzga ese momento histórico, para no caer en la misma falta
achacada a sus autoridades.
La
película se ve con el corazón encogido ante tanta vio-lencia
explícita e interior, con el ánimo lleno de angustia, y el
realismo de su puesta en escena hace que el espectador se
pregunte “¿cómo es que hayamos podido llegar a esto?”.
Decorados, fotografía y diseño de producción dan verosimilitud
a lo narrado, pero especialmente las magníficas interpretaciones
de los actores, donde destaca Bruno Ganz en el papel de
Hitler —su do-blaje no es bueno, y en los momentos de ira queda
convertido en un muñeco sin fuerza dramática y algo histriónico,
por lo que es re-comendable la versión original—.
Película
rigurosa, valiente y honesta, muy dura y nada compla-ciente, que
supone un nuevo acercamiento a una triste realidad del siglo
pasado, pero desde una óptica nueva. En ella se nos muestra el
hundimiento del régimen nazi, y también el nihilismo y la falta
de respeto a la persona que subyacía en su doctrina. Pero, a la
vez, es reflejo de la crisis de la modernidad, pues —como ha
destacado el historiador Fest— su origen está en el
movimiento ilustrado, que piensa que el hombre es bueno y basta
con unos conocimientos para alcanzar la felicidad..., olvidando
el mal y la depravación a que el hombre —Hitler es sólo
un ejemplo— puede llegar. Ésta podría ser una segunda lectura
para un espectador que, acabada la película, permanecerá en la
butaca un buen rato... mientras se recupera del shock emocional
en que las imágenes le han sumido.
Calificación:
    
Imágenes de "El hundimiento" - Copyright © 2004 Constantin
Films, Degeto Film, ORF, EOS Producion y Rai Cinema. Distribuida
en España por DeAPlaneta. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "El hundimiento"
Añade "El hundimiento" a tus películas favoritas
Opina sobre "El
hundimiento" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda "El
hundimiento" a un amigo
|