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EL HUNDIMIENTO
(Der untergang)


Dirección: Olivier Hirschbiegel.
País:
Alemania.
Año: 2004.
Duración: 150 min.
Género: Drama.
Interpretación: Bruno Ganz (Adolf Hitler), Alexandra Maria Lara (Traudl Junge), Corinna Harfouch (Magda Goebbels), Ulrich Matthes (Joseph Goebbels), Juliane Köhler (Eva Braun), Heino Ferch (Albert Speer), Christian Berkel (Schenck), Matthias Habich (Werner Haase), Thomas Kretschmann (Hermann Fegelein), Ulrich Noethen (Heinrich Himmler).
Guión: Bernd Eichinger; basado en el libro "El hundimiento: Hitler y el final del Tercer Reich" de Joachim Fest; y en el libro "Hasta el último momento: La secretaria de Hitler cuenta su vida" de Traudl Junge y Melissa Müller.
Producción: Bernd Eichinger.
Música: Stephan Zacharias.
Fotografía:
Rainer Klausmann.
Montaje: Hans Funck.
Diseño de producción: Bernd Lepel.
Vestuario: Claudia Bobsin.
Estreno en Alemania: 16 Sept. 2004.
Estreno en España: 18 Febrero 2005.

 

CRÍTICA
por Tònia Pallejà

Crónica nevera del Tercer Reich terminal

  Tradicionalmente, el mismo cine que se ha sobrealimentado del nazismo y de los artefactos bélicos alemanes in-cluso en contextos argumentales har-to caprichosos, se ha asomado con notoria timidez a la figura de Adolf Hit-ler, una suerte que también han corri-do otros dignos representantes del te-rrorismo de Estado fallecidos hace décadas, como Stalin, Mussolini o Franco. Sin embargo, esta ausencia de referentes, más allá de la sátira de Chaplin en "El gran dictador" o de los recientes acercamientos de Sokurov en "Molokh" y de Meyjes en "Max", no debe entenderse como indiferencia delante de un material dra-mático de indiscutible interés, cuya espeluznante realidad supera por sí sola la ficción del más retorcido de los guionistas, sino como la evasiva respuesta que genera un tema tabú capaz de levantar ampollas todavía en la actualidad. Y es que cualquiera se atreve a hurgar en una de las mayores heridas de la Historia moderna, cuando todos, ya sea por acción u omisión, van a salir salpicados de un más que inevitable juicio moral. Condenar el exterminio de los judíos o la invasión militar de otros países a manos de actores particulares es sencillo ahora que existe un consenso sobre su ca-rácter abominable; lo difícil es hablar del máximo responsable de las atrocidades, como si de un demente o de un malvado se trata-ra, sin estar cuestionando la integridad del pueblo que le entregó mediante las urnas el gobierno de su destino, y que más tarde aprobó y consintió su legado de muerte y destrucción. Más aún re-conocer que la historia de Hitler sólo es el síntoma de una enferme-dad que se llama naturaleza humana, capaz de repudiar hoy lo que ayer aceptaba, y mañana ya se verá.

  Después de golpearnos con una concepción del hombre como lo-bo del propio hombre a través de la dura y estimulante "El experi-mento", el director alemán Olivier Hirschbiegel vuelve a enfrentar-nos a esa idea tan hobbiana con su dibujo personal de uno de los más célebres depredadores del siglo pasado, el Führer. No obstan-te, Hirschbiegel no se ha dejado seducir como otros realizadores por las epopeyas de su época de mayor esplendor, sino que recala en uno de los episodios menos explotados por la filmografía, el de los estertores del Tercer Reich, como si asistir a los últimos coleta-zos del monstruo nacionalsocialista nos permitiera alcanzar mejor la naturaleza de delirio colectivo con que se había consolidado.

  Así, partiendo de la novela homónina de Joachim Fest, que aporta la base documental, y de la biografía "Hasta la hora final", que recoge las experien-cias de Traudl Junge, secretaria per-sonal de Hitler hasta el suicidio del mandatario, como hilo conductor dra-mático, la acción de "El hundimiento" transcurre en su mayoría dentro del búnker de la Cancillería de Berlín en el que la cúpula nazi se había visto acorralada mientras las tropas rusas destruían la ciudad. El panorama físi-co y mental que se va desplegando ante nosotros es desolador. Mientras una Berlín en ruinas, ya sólo defendida por unos pocos chiquillos atrincherados, se va sembrando de cadáveres y heridos que colap-san los hospitales, Hitler desoye los consejos de sus asesores mi-litares que le instan a abandonar la capital, y continúa tomando de-cisiones inútiles para recuperar el control de la situación, ciego an-te la evidencia de una más que consumada derrota e impasible an-te el sufrimiento al que condena voluntariamente a su pueblo. Aban-donado por los que creía sus hombres de confianza,  y seguido hasta las últimas consecuencias por un grupo de reducidos adep-tos que se quitan la vida junto a él, es "El hundimiento" la radiogra-fía de un Hitler terminal, ridículamente enajenado de la realidad, incapaz de asumir su fracaso, y por tanto exento de arrepentimien-to, pero también del desmoronamiento de un entorno que, ante el inminente naufragio, huye despavorido, se entrega a la confusión, o se refugia en unas últimas horas de frivolidad y placer.

  Retrato veraz de este Hitler crepuscular que se resiste a la agonía, crónica firme y precisa del derrumbe psicológico, ideológico, político y militar del Tercer Reich, "El hundimien-to" tiene la virtud de ajustarse con rigor histórico a la recrea-ción de los hechos, tomando la necesaria distancia moral, ajena a sentimentalismos, a la hora de reproducir el caos y la perplejidad que sume a unos hombres que podían haber dominado el mundo y que terminan perdiéndolo todo. Desde una objetividad férrea y aséptica, el guión de Bernd Eichinger se limita a exponer la realidad sin aportar respuestas ni emitir valoraciones, mientras el espléndido reparto encabezado por Bruno Ganz contribuye a recu-perar a los cabecillas  y a su séquito como seres de carne y hue-sos, verosímiles en sus actitudes, comprensibles en sus reaccio-nes, espeluznantes por su elocuente humanidad. La postura de Hirschbiegel, ausente de tendenciosidad y realista en el abordaje dramático de sus protagonistas, ha sido uno de los mayores focos de controversia del film. Para la gente resulta más cómodo encerrar a los asesinos en una esfera aparte, villanos planos sin procesos mentales ni motivaciones, malvados en todas las facetas de su vi-da, simples locos, que asumirlos como parte de nuestra realidad humana. Al parecer, la corrección política exige maniqueísmo. Una parte de la audiencia no le ha perdonado a Hirschbiegel que convir-tiera a Hitler en una persona; la otra mitad que no cargara las tintas contra él. Personalmente, elogio la arriesgada perspectiva del direc-tor, alejada del panfleto, casi siempre convincente, inquebrantable ante las concesiones que podía exigir el público. Hirschbiegel trata de ser imparcial, nunca benévolo. Las palabras y los comporta-mientos de su Hitler hablan en todo momento por sí solos, y no existe en "El hundimiento" ni un solo atisbo de justificación o dis-culpa sobre su proceder. Su Hitler es creíble, por eso produce es-calofríos.

  Yo, en cambio, lo que no le consien-to a Hirschbiegel es que haya hecho una película tan decepcionantemen-te aburrida. Porque al margen de su ejemplar enfoque, es imperdo-nable que un largometraje sobre Adolf Hitler no sepa ganarse con armas propias el interés del es-pectador más allá del atractivo in-herente al personaje. Es cierto, ca-be asumir que los trabajos de Hirsch-biegel responden en gran medida al tópico frío y hermético del cine ale-mán, características que no considero en sí mismas un defecto. Pero en "El hundimiento", impermeable a cualquier emoción, tediosa por el cú-mulo de diálogos y personajes secundarios que no se terminan de ubicar, a ratos inconsistente por su errático punto de vista, con una concepción estética plomiza y sobria que reverbera en sus estu-pendos diseño de producción y fotografía —el gris domina las imá-genes, ya sea en los eventuales exteriores, con una ciudad que ex-hibe sus entrañas carbonizadas, o en los claustrofóbicos interiores del búnker, repleto de uniformes, rostros macilentos y estancias iluminadas artificialmente—, no existe para el espectador ni un sólo elemento de implicación que no derive de la importancia histórica de lo que se le está contando. Sus protagonistas, desde luego, no conmueven, pero siquiera perturban, y la fuerza dramática de la na-rración brilla por su ausencia. De este modo, asistimos a escenas como los suicidios de los matrimonios Hitler/Eva Braun y Goeb-bels, y al aún más trágico asesinato de los hijos de estos últimos, con la misma frialdad con que se ejecutan.

  No cabe sino alabar la gran labor del equipo artístico, des-tacando por méritos propios la interpretación de Bruno Ganz, quizás el Hitler más plausible que hayamos podido disfrutar en el cine por su habilidad para sortear la caricatura, su ri-queza de matices y aplomo. Alexandra Maria Lara, actriz ru-mana muy joven pero harto labrada en la gran y la pequeña pan-talla, encarna a Traudl Junge, aportando con su candoroso rostro toda la inocencia y la incertidumbre a un personaje que representa a ese pueblo alemán entregado a la causa nacionalsocialista, igno-rante en buena medida de las terribles consecuencias que ocasio-naría. Precisamente, la película se abre y se cierra con las declara-ciones de la auténtica Traudl Junge, ya anciana, que pide perdón por su ceguera y por la de tantos otros que como ella respaldaron la barbarie. Y es este testimonio real de la secretaria personal de Hitler otra de las piezas que chirrían, porque no sólo no se ajusta a la inquebrantable falta de implicación del conjunto, sino que confun-de el mensaje del film. Da la sensación de que Hirschbiegel se sin-tiera en la obligación de expiar culpas en nombre de todos los im-plicados o que en un último momento haya intentado disculpar la neutralidad de una cinta nunca complaciente. Y no me gusta, por-que anula toda la valentía e inteligencia de su propuesta.

  No hay en el "El hundimiento" ni adi-tivos ni cocción. El film de Hirschbie-gel funciona como una nevera que hu-biera conservado intactos los sucesos para mostrarlos unos cuantos años después. Por eso no dirige, ni agasa-ja, ni resuelve dudas, si acaso las plantea; se limita a la cruda exposi-ción. Pero, ¿no era descabellado es-perar lo contrario? Hace más de me-dio siglo que el hombre intenta desen-trañar los misterios del "monstruo", las razones de su éxito, los distintos factores implicados en su elección y perpetuación, y nadie ha sido capaz de arrojar una idea clara sobre su naturaleza. ¿Iba a hacerlo ahora una película de ficción?  Aun con todas sus limitaciones y desa-tinos, no podría dejar de recomendar este largometraje por la novedosa y audaz visión que ofrece sobre Hitler y el Ter-cer Reich, deshumanizadamente humanizada, certeramente rigurosa, afortunadamente no condescendiente, en la que el ajustado reparto y los méritos de una austera y efectiva pues-ta en escena compensan su áspero y desapasionado desarro-llo.

Calificación:


Imágenes de "El hundimiento" - Copyright © 2004 Constantin Films, Degeto Film, ORF, EOS Producion y Rai Cinema. Distribuida en España por DeAPlaneta. Todos los derechos reservados.

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