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Dirección: Terry George.
Países: Gran Bretaña, Sudáfrica, USA e Italia.
Año:
2004.
Duración: 121 min.
Género:
Drama.
Interpretación: Don Cheadle (Paul
Rusesabagina), Sophie Okonedo (Tatiana), Nick Nolte (Coronel
Oliver), Joaquin Phoenix (Jack), Desmond Dube (Dube), David
O'Hara (David), Cara Seymour (Pat Archer), Fana Mokoena (General
Augustin Bizimungo), Hakeem Kae-Kazim (George), Tony Kgoroge
(Gregoire), Ofentse Modiselle (Roger).
Guión: Keir Pearson y Terry
George.
Producción: A. Kitman Ho y Terry
George.
Música: Andrea Guerra, Rupert
Gregson-Williams y Afro Celt Sound System.
Fotografía: Robert Fraisse.
Montaje: Naomi Geraghty.
Diseño de producción: Tony Burrough y Johnny
Breedt.
Dirección artística: Emma MacDevitt.
Vestuario: Ruy Filipe.
Estreno en USA: 22 Diciembre 2004.
Estreno en España: 25 Febrero 2005. |
CRÍTICA
por
Julio Rodríguez Chico
Lección de humanidad para
Occidente
El director de "En el nombre del hijo" y guionista de su
precedente "En el nombre del padre" o de "The boxer", se atreve
ahora con una película sobre el genocidio tribal de Ruanda, con
un millón de muertos en 1994 y bajo la pasividad del mundo
occidental. La veracidad de los hechos da fuerza a unas imágenes
que recogen de manera realista la tragedia del pueblo tutsi, que
vio cómo la venganza de los hutus se ce-baba “cortando los
árboles altos”, en alusión a su mayor altura física. Guerra
fratricida, más cruel que ninguna al ejecutarse la matanza a
golpe de machete, y suponer una auténtica y descomunal limpieza
ét-nica. Sin embargo, Terry George
no se regodea en lo macabro y muestra lo justo para remover la
conciencia de un espectador que, pro-bablemente, «después de ver
tan crueles imágenes, dirá “qué horror”... y seguirá cenando»,
como advierte el reportero americano.
Mirada
pudorosa pero también denunciatoria de una sociedad que se mueve
sólo por el beneficio que pueda obtener: ahí está la
corrupción de las autoridades internacionales o de los propios
man-datarios ruandeses, y de la que se “sirve” el protagonista
para ganarse “aliados” ante futuros problemas o para salvar más
de una vida; no son distintos los países “civilizados” que
aprovechan ese odio ancestral para dar salida a su industria
armamentística –con una alusión explíci-ta a Francia–, que
abandonan un país cuando ya no les reporta benefi-cios, o que no
es suficientemente importante como para defender allí los
derechos humanos –en referencia al patético papel de la ONU–.
Menos mal que todavía hay héroes –y de carne y hueso, no como
los Increí-bles–, gentes dispuestas a hacer lo im-posible,
incluso a dar la vida, para salvar otras. Uno de ésos –no el
único– es Paul Rusesabagina, gerente de un hotel de lujo y hutu
casado con una tutsi; es inte-ligente y astuto, pero
fundamentalmente es un hombre bueno, de esos en los que se puede
confiar y que son admirados hasta por sus rivales. Su
personalidad y sentido de la humanidad chocan con la barbarie de
hutus o la rapiña de sus je-fes. Ejemplar marido y padre, su
perso-naje evoluciona con la historia y va adqui-riendo
dimensiones heroicas conforme las dificultades le exigen mayor
sacrificio, generosidad y audacia: de una inicial postura de
indiferencia pasa a velar por la salvación de su familia, para
terminar por asumir la responsabilidad colectiva de todo un
pueblo. Acciones al límite de lo exigible, puestas en escena con
un dramatismo angustioso en unos momentos y conmovedor en otros.
Excelente interpretación de Don Cheadle
–bien podría Foxx haberle cedido su Oscar®, aunque ambos se lo
merecen– y también de Sophie Okonedo
en el papel de su mu-jer. Un guión muy bien construido y sin
altibajos que genera un ritmo trepidante y siempre controlado,
mientras que la banda so-nora ayuda a crear ese “horror y
tensión psicológica” durante la masa-cre o la identificación con
la causa del protagonista en momentos muy emotivos.
Podría ser
una historia más de buenos y malos, una exploración de las
bajezas a que el hombre puede llegar o un mero entretenimiento
para un cómodo espectador necesitado de impactos emocionales.
Pe-ro como lo que cuenta sucedió en realidad –con mayor crudeza
aún–, todo cobra un sentido nuevo: toque de atención a los
gobiernos y a las personas en particular, y llamada a un
compromiso con ese continente cuyo único problema consiste en
llamarse “África” y no tanto en ser de raza negra –como bien
apunta el general de la ONU–. Por este trata-miento personalista
del conflicto, Terry George quiso rescatar de la memoria la
acción de un gran hombre, y contar –junto a su lucha por frenar
la brutalidad– su profesionalidad en el trabajo, su sentido
religio-so de la vida, su trato afable y agradecido con los
demás, o su profun-do amor a la familia.
Historia
dura pero conmovedora –sin la frialdad y deshumanización de "El
hundimiento", por ejemplo–, y fundamentalmente una
ventana para conocer la realidad, tantas veces ocultada o
silenciada por los medios de comunicación que dejan de informar
cuando algo ya no es noticia, o que están más preocupados de
resaltar los as-pectos más excéntricos o depravados del hombre
que los valores posi-tivos que la vida también encierra. No se
ha llevado ningún Oscar®, pero ahí quedan sus tres importantes
nominaciones (actor protagonis-ta, actriz de reparto y guión
adaptado) y su valentía para mostrar la otra cara de la noticia.
Calificación película:
    
Imágenes de "Hotel Rwanda" - Copyright © 2004 United Artists,
Lions Gate Films y Kigali Releasing Limited. Distribuida en
España por On Pictures. Todos los derechos
reservados.
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