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CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Trémulos
palpitaron nuestros cora-zones cuando se rumoreó que
Hayao Miyazaki tenía la
intención de aban-donar el mundo del cine. Por fortuna, el
descomunal éxito que "La
princesa Mononoke" obtuvo en Japón fue la ex-cusa
perfecta para que este genial ar-tista continuara deleitándonos
con sus trabajos, tal y como sucedió en la deliciosa "El
viaje de Chihiro", cuyos ingresos en la taquilla
nipona no sólo fueron estratosféricos, sino que ade-más cosechó
premios y reconoci-mientos por parte de personas que, hasta
entonces, miraban con recelo este tipo de obras llegadas desde
Oriente. "El castillo ambulante", que para no romper la
tradición llega a nuestra cartelera con un par de años de
retraso, también fue recibida con entusiasmo por los
espectadores del país natal de Miyazaki, de ahí que seguramente
ahora ya esté preparando futuros proyectos (o al menos ese es el
deseo de sus numerosos seguidores).
La nueva propuesta de este autor, admirado incluso por Akira Ku-rosawa,
está protagonizada por Sophie, una sencilla joven que tra-baja en
la tienda de sombreros de su difunto padre y que no se va-lora lo
suficiente. Sin embargo, su vida cambia cuando, primero, conoce
a Howl, un misterioso mago que habita en un extraño arte-facto
que de vez en cuando se puede observar desde la ciudad, y,
segundo, en el instante en el que la Bruja de las Landas, una
mujer a quien Howl no le cae precisamente muy bien, transforma a
So-phie en una anciana. Consternada, ésta se aleja de la gran
urbe pa-ra encontrar al mago, pues cree que es la única persona
que le puede ayudar a romper semejante hechizo.
"El castillo ambulante" se convierte en una muestra de la maes-tría de
Hayao Miyazaki a la hora de mezclar su desbordante fantasía con
una realidad inspirada en sociedades de diver-sos períodos
históricos (cabe recordar que no es una novedad en la
filmografía de este artista, pues son recursos que, por ejemplo,
ya empleó en "Porco Rosso" y "El castillo en el cielo"). Otra
vez nos hallamos ante una película animosa y esperanzadora en la
que tan pronto nuestros pies se mantienen pegados en el suelo
como nuestra imaginación se eleva hacia el firmamento gracias al
vasto universo de ensoñaciones ideado por los responsables de
este lar-gometraje de los estudios Ghibli.
Es cierto que la historia no resulta tan consistente como la de "El viaje
de Chihiro" y que incluso cabría la po-sibilidad de calificarla
como de exce-sivamente abstracta, de tal modo que cobra más
importancia la forma que el fondo, mas es imposible no
resistir-se a los encantos de una pintura animada en la que
sobresale una entrañable reflexión acerca de la vejez. Los
personajes devoran con su sola presencia el argumento de la
cinta, algo que tiene su explica-ción en el conocido interés
de Hayao Miyazaki por explayarse a la hora de recrear
determinadas imágenes que se le vienen a la mente. En to-do caso,
y a pesar de sus dos horas de duración, "El castillo am-bulante"
no se hace pesada en ningún momento, aunque es justo reconocer
que no está hecha para todo tipo de públicos.
Así, no existe la simplicidad de producciones como "Chicken
Lit-tle", "Madagascar"
o "Robots",
topándonos con unos personajes complejos a los que no se les
podría definir como buenos o malos. La mayoría de ellos
desprenden una contagiosa luminosidad, pero no son pocos los
pasajes en los que se manifiestan los tormentos que azoran su
alma; por el contrario, aquellas personas que a priori se nos
mostraban como odiosas y repulsivas no son otra cosa que seres
atrapados por sus caprichos, envidias y egoísmos, siendo
fi-nalmente capaces de aceptar sus defectos gracias, directa o
indi-rectamente, a la ayuda de Sophie. No obstante, existen
criaturas que encandilarán a los espectadores más menudos, caso
de Calci-fer, el demonio del fuego, o el simpático perrito Hihn.
Pero donde en verdad triunfa "El castillo ambulante" es en su
des-lumbrante preciosismo técnico, apabullándonos con un gran
deta-lle en el grafismo y en la anima-ción. Paredes
desvencijadas, estan-cias repletas de objetos, calles ates-tadas
de gente por las que circulan auténticas antiguallas o hermosos
campos en los que los cielos se fu-sionan con los lagos que los
reflejan son un ejemplo de la fuerza visual de este tradicional
largometraje de dibu-jos animados, una prueba más de que las
compañías cinematográficas no deberían dejar de lado sus obras
más artesanales, pudiendo convi-vir a la perfección con las
producciones generadas por ordenador. No quisiera olvidarme de
la maravillosa plasmación de Sophie una vez se ha convertido en
una anciana, adivinándose en su arrugado rostro las facciones de
la joven, como tampoco de la hermosa parti-tura de
Joe Hisaishi, quien no obstante
ha compuesto mejores bandas sonoras para otros filmes de
Miyazaki.
Calificación película:
    
Calificación
banda sonora original:
    
Imágenes de "El castillo ambulante" - Copyright © 2004
Tokuma Shoten, Studio Ghibli, Nippon Television Network, Dentsu,
Buena Vista Home Entertainment, Mitsubishi y Toho. Distribuida
en España por Aurum. Todos los derechos
reservados.
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